UNA NUEVA REALIDAD
Linda se sentó en el porche delantero del rancho a tomar un café a media mañana.
Respiró hondo y se sintió bien por primera vez en mucho tiempo.
Su cuerpo estaba relajado, se sentía laxa, feliz y a la vez con energía renovada para comerse el mundo y enfrentar todo lo que viniera.
Incluso una llamada de su madre para recriminarle algo sobre su estilo de vida, aunque tampoco era necesario comprobarlo justo ese día.
Observó cómo Colt y Jacob llegaban de algún lado y se sacudían las botas en la cerca. Los hombres charlaban animadamente y ella se deleitó mirando al que, al menos la noche anterior, había sido suyo.
Reconoció que el sexo en su matrimonio había sido bueno, pero lo de Colt estaba a otro nivel. Era la primera vez que un hombre la hacía llegar dos veces a lo más alto. Se estremeció recordándolo.
Puede que solo fuera que hacía más de tres años que no estaba con nadie o que había deseado al exmarine más de lo que estaba dispuesta a admitirse.
Se alegró al pensar en que Asher ya no era el último hombre con el que se había acostado. ¡A la mierda Asher! Una cosa menos que la unía a él.
Bebió un sorbo de café y en su mente apareció Charlie.
En cómo un hecho como su plantón había cambiado el rumbo de los acontecimientos.
O no, ¿quién sabía? A veces la vida tiene un camino marcado para ti y aunque te empeñes en tomar otro, acaba llevándote a él.
Como le había sucedido con demasiadas cosas en el pasado.
***
Colt limpiaba la silla de montar después de almorzar. Había preferido estar ocupado durante toda la jornada y comer con Jacob, tratando de evitar a Linda la mayor parte del tiempo.
Sí, se habían acostado la noche anterior, habían dormido juntos y habían despertado de igual manera. Había sido sublime y aquello le confirmó una vez más que amaba a la mujer. No quitaba que, a la vez, tuviera instalado un dolor en el pecho que lo hacía sentir miserable.
Jamás había pensado en llegar tan lejos con ella sin decirle su otro alias; sin decirle la verdad. Se castigó en su mente por haber permitido que las cosas pasaran a mayores entre ambos.
Lo había intentado, maldita sea. Pero ella le dijo que no quería hablar de nada y luego ella lo tocó y…
—¡Mierda! —exclamó, lanzando hacia el suelo el cepillo grueso que estaba usando para eliminar el barro de la silla de montar: un marine entrenado no podía tener una voluntad tan débil.
«Un marine entrenado también se enamora» escuchó la frase en su interior como si una voz externa la hubiera pronunciado, una voz que le recordaba a su compañero Austin y a cómo le hablaba de su esposa y sus hijos.
Recogió el cepillo del suelo y volvió a cepillar el cuero para terminar de eliminar la suciedad.
—Es curioso —habló Jacob, llegando a él.
—¿Qué cosa? —preguntó Colt, saliendo de su autocastigo mental para atender al capataz.
—Linda está de buen humor hoy y a ti parece que te llevan los demonios. ¿Puedo ayudarte en algo?
—Me temo que no, pero gracias.
—Como quieras —Jacob se dijo que no podía obligarlo a contárselo y decidió irse.
Colt gruñó.
—Hay algo de mí que… no le he contado a Linda —habló, sintiendo que probablemente necesitaba otra óptica.
Jacob se detuvo y giró sobre sus talones para mirar a Colt. El hombre parecía bastante atormentado por el asunto. Se apoyó en una de las columnas del lugar y se cruzó de brazos.
—Y es lo suficientemente serio como para hacerte estar así.
—Ajá —dijo el otro hombre, tensando la mandíbula, a la vez que pasaba a un cepillo más fino para eliminar el polvillo de la silla de montar.
—Supongo que no me dirás qué es.
—Supones bien.
Colt tomó una esponja, la humedeció y escurrió apretándola con la mano, luego abrió una lata de jaboncillo de fusta para cogerlo con la esponja y pasarlo por la silla de montar en movimientos circulares.
—¿Estás casado?
—No.
—¿Trabajas para Granger o la petrolera?
—No.
—¿Acaso no te llamas Colt Sullivan?
—Has visto mi permiso de conducir —respondió, tratando de eliminar aquella respuesta de la mesa.
—¿Le vas a hacer daño a Linda?
Colt apretó la mandíbula una vez más.
—No —dijo, bajando el tono de voz—. Jamás.
—Pero hay algo que ella no sabe de ti que crees que puede hacerla enfurecer, Dios sabe los motivos.
—Sí —maldijo para sus adentros, mientras que la espuma gris que había hecho con la esponja y el jaboncillo arrastraba la suciedad y el sudor del caballo. Pasó un paño y la limpió.
—¿Puedo preguntar por qué no se lo has dicho?
Colt dejó el paño a un lado y cerró la lata que había estado usando. Ahora tomó la de bálsamo de cera de abejas.
—Al principio no encontré el momento adecuado y luego comenzó a pasar todo lo del rancho y pensé que primero había que solucionar ese asunto.
Jacob guardó silencio, pensando en qué podía ser. Colt siempre le había parecido un hombre íntegro y le sorprendía que mantuviera un secreto con Linda, uno que para él era demasiado importante.
—Digamos que —habló Jacob—. Tú y yo nos convertimos en buenos amigos. ¿Eso que ella no sabe y que yo tampoco sé, podría dañar nuestra amistad?
—No es relevante.
—Entonces no es importante —sentenció Jacob.
—Para mí lo es —dijo, aplicando el bálsamo sobre la silla.
Jacob miró al exmarine. Había conocido a suficientes veteranos para saber que cargaban pesos que nadie más podía ver. Quizá fuera algo de su pasado. Algo que ni siquiera tendría arreglo ya. Solo que, probablemente necesitaba perdonarse a sí mismo antes.
—Sin saber a qué te refieres, permíteme que te diga algo: el pasado, pasado está, Colt. Deberías mirar al futuro y tratar de construir una vida —bajó la voz un poco para decir la última parte—. Y si es con la jefa, mejor. Porque ¿sabes qué? me gusta que esté de buen humor, como hoy.
Al rostro de Colt asomó una tímida sonrisa y miró al capataz, que le guiñó un ojo.
—Ya —respondió Colt.
—Aunque no te diré que me venga mal que estés ofuscado; la silla está impecable, buen trabajo, muchacho.
***
Linda entendió que Colt pudiera estar cansado o asimilando lo que había ocurrido entre ambos el primer día.
El nuevo cowboy se había tratado de mantener ocupado durante toda la jornada, en la cena no había apenas conversado y expresó su deseo de irse a dormir pronto.
Pero cuando en la segunda jornada el escenario fue el mismo y volvió a almorzar con Jacob en vez de con ella, supo que algo estaba pasando.
¿Quizá habían vuelto las pesadillas? O ¿se arrepentía de lo que había sucedido entre ambos? El corazón le dio un vuelco pensando en aquella posibilidad, porque ella no lo hacía. Pero si había un hecho objetivo en su comportamiento, ese era que la estaba evitando.
Encontró a Colt sentado en los escalones del porche trasero, demasiado tarde, cuando se suponía que debía llevar al menos una hora durmiendo. Ella había bajado a beber agua y lo pudo observar a través de la ventana de la cocina. Se dijo que debía hablar con él.
Colt supo que ya no estaba solo y que solo podía ser Linda la que permanecía de pie a su espalda.
Respiró hondo y se dijo que ella buscaba una explicación a su humor en los últimos días y a que hubiera mantenido tanto las distancias.
Se movió hacia un lado y palmeó el lugar en el escalón que estaba a su izquierda sin girarse a mirarla.
Linda dudó unos instantes si aceptar la invitación, pero finalmente lo hizo. Debían hablar. Caminó hacia el lugar y se sentó al lado del hombre. ¿Cómo se comenzaba una conversación como aquella? ¿Quizá con un «por qué huyes de mí»?
—¿Estás bien? —preguntó, en cambio.
Colt respiró hondo antes de responder.
—No demasiado —confesó él.
—¿Más pesadillas?
—No es eso. O no solo eso —dijo, apretando la mandíbula.
El silencio se hizo fuerte entre ambos durante unos minutos.
—¿Es por lo que pasó entre nosotros la otra noche? —preguntó Linda, sintiendo que la boca se le acababa de secar. Creyó haber usado su último aliento.
Colt volvió a tensar la mandíbula.
—Hay cosas que no sabes de mí —respondió.
Linda volvió a guardar silencio. ¿Qué le estaba ocurriendo a Colt? Meditó qué decir a continuación.
—Supongo que hay cosas que tú tampoco sabes de mí.
—Pero estoy convencido de que son cosas que no necesito saber.
—¿Te arrepientes? De lo que pasó entre nosotros —Linda tragó saliva y se acarició los brazos. Era lo que más le podía doler en aquel momento en el que había pensado que alguien bueno se había colocado en su camino por primera vez en mucho tiempo.
—¡No! ¡Maldita sea! ¡No! —exclamó Colt a continuación. No quería que ella pensara eso. Y, probablemente, su comportamiento de los últimos días se lo había dado a entender.
—Bien —Linda se mostró más aliviada y miró a la oscuridad reinante delante de ellos—. Porque yo tampoco lo hago.
Decidió levantarse para volver a la cama, pero el hombre la detuvo y la tomó de la mano.
—No te vayas —le pidió, sintiéndose algo más miserable por haberle dado a entender que se arrepentía de lo que había pasado entre ellos hacía un par de noches. Se echó hacia atrás, dejando un hueco, indicándole que quería que se sentara justo delante de él.
—¿Seguro? ¿No prefieres estar solo?
—He pasado demasiado tiempo solo.
Linda cedió y se sentó. Colt la envolvió desde atrás con los brazos e hizo que se recostara en su pecho. La mujer aspiró el aroma herbal que usaba él y se relajó en su compañía.
—Me alegra que nos encontráramos aquel día en Kingfisher —dijo ella.
—Me alegra haberte encontrado, Linda —posó los labios en la sien de la mujer y le dio un tierno beso.
—A pesar de que te disparasen después por mi culpa.
—Un disparo amortizado. Estamos aquí, ¿no crees? Me habrías dado una patada después de aquella copa.
—Odio que me busquen citas.
—Scarlett —rio suavemente Colt.
—Ajá.
Linda giró y miró a Colt a los ojos en la penumbra de la noche. Él rozó la nariz de la mujer con la suya y los labios de ambos se acercaron para unirse en un beso suave primero e intenso después.
—Eres lo mejor que me ha pasado —susurró el exmarine con los ojos cerrados, sintiendo todo lo que Linda le provocaba en su interior.
Ella no supo qué responder, solo lo besó de nuevo.
—Puede que sea hora de que nos vayamos a dormir —dijo Linda.
—Puede que sí.
Linda se levantó del escalón del porche bajo la atenta mirada de Colt.
—Si necesitas compañía, ya sabes dónde encontrarme —le dijo Linda, entrando en la casa.
Colt sonrió y sacudió la cabeza.
—¡Linda! —la llamó cuando ella llegaba a la puerta del dormitorio, en la planta de arriba. Él venía algunos pasos por detrás de ella.
—¿Mmm?
La tomó de la cintura y la acercó hasta su cuerpo, pasando las manos por la cintura de la mujer.
—¿Decías en serio lo de la compañía? —preguntó con una voz ronca y sensual.
Linda subió los brazos al cuello del hombre y colocó las manos por detrás de él.
—Muy en serio —sonrió con un brillo travieso en los ojos.
Los labios de Colt cubrieron los de ella en un intenso beso mientras que la mano del exmarine tomaba el pomo de la puerta y la abría. Después la alzó por debajo del trasero y la subió sobre su cintura para introducirla en el dormitorio.