Amor en Oklahoma UN BRINDIS Y ALGO MÁS #2
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UN BRINDIS Y ALGO MÁS #2

Colt la tomó por debajo del trasero y la subió en su cintura, ella se mantuvo a horcajadas sobre él mientras que se aferraba a su cuello, riendo, feliz y extasiada.

Después la soltó encima de la cama y vio cómo la melena castaña se esparcía a su alrededor y fijaba los ojos marrones en los suyos, mientras se mordía el labio inferior.

Ella lo deseaba, lo supo nada más ver aquella mirada traviesa.

Y él también la deseaba a ella, como nunca antes lo había hecho con otra mujer.

Se deshizo de su camisa, lanzándola al suelo bajo la atenta mirada de Linda.

Ella se incorporó lo indispensable para imitarlo.

Después se desabrochó el sujetador y liberó sus pechos delante de él, que tragó saliva con la visión de los mismos; redondos, generosos y demasiado apetecibles para un hombre como él.

—Santo cielo, eres… preciosa, perfecta —acertó a decir. Ella sonrió, se recostó de nuevo en la cama y con un dedo lo invitó a ir hacia donde se encontraba.

Los labios de Colt la besaron de nuevo intensa y profundamente, para continuar descendiendo por su cuello.

Habría adorado morderla allí, pero sabía que era muy mala opción dejar marcas visibles, así que se limitó a besarla y lamerla.

Bajó hasta sus pechos, tocó las cimas de los mismos con sus dedos, que se irguieron aún más bajo su contacto.

Luego los lamió y succionó por turnos, mientras que la respiración de Linda se hacía más errática.

Continuó el descenso por su abdomen y trazó un círculo con la lengua alrededor de su ombligo.

Volvió a subir hacia su boca y la besó una vez más.

—¿Qué te parece si llegamos algo más lejos, pequeña? —preguntó, mientras una de sus manos le desabrochaba los vaqueros a la mujer y bajaba la cremallera de los mismos.

—Me parece muy bien que lleguemos más…

La frase de Linda se vio interrumpida por un espasmo de placer y un gemido que el roce intencionado de los dedos del hombre con su clítoris a través de las braguitas había provocado. La mujer contuvo la respiración, tratando de recuperarse.

—Me gusta que reacciones así, con tan buena disposición —le dijo a su oído después de besarla de nuevo en los labios.

Colt descendió por el cuerpo de la mujer y volvió a besar su ombligo. Le bajó los pantalones por las caderas y se los sacó por las piernas, lanzándolos al suelo, mirándola con una sonrisa satisfecha.

—Ahora solo faltas tú —Linda apuntó a que él, si bien tenía los pantalones abiertos y la cremallera bajada, seguía teniéndolos puestos.

—Ahora mismo voy —el hombre se levantó de la cama, se dirigió hacia la puerta y pasó la llave.

—No quieres que escape —bromeó ella.

—Por nada del mundo —Colt esbozó una suave sonrisa, dirigiéndose de nuevo hasta la cama, se detuvo a los pies de la misma y se deshizo de los pantalones y el bóxer, abandonándolos en el suelo.

—Mucho mejor así, capitán Sullivan —dijo Linda, admirando el impresionante cuerpo del hombre a la vez que se mostraba juguetona.

Colt abrió la mesilla de noche y sacó un par de condones que puso sobre la misma. Luego volvió a subir a la cama y colocarse sobre ella.

—Puede que ya tengamos la suficiente confianza para que me llames Colt —dijo, antes de besarla de nuevo en los labios.

—Mmmm, o puede que necesitemos algo más de confianza —le dijo, cuando él se retiró de su boca.

—¿De verdad? ¿Qué te parece esto? —Colt le bajó las braguitas y las lanzó al suelo, dejándola expuesta y a su merced.

—Vas bien.

—¿Solo voy bien? —dijo, siguiendo el juego.

Colt bajó por el cuerpo de Linda y la abrió para él, posó los labios en su centro, hizo un círculo con la lengua sobre su zona más sensible y succionó levemente.

Linda se estremeció ante la íntima caricia, quedando asombrada, sin aliento y ansiosa de más. Se aferró con una mano a las sábanas de la cama.

—¡Joder! Si haces eso más, yo luego no voy a poder…

—¿En serio? —preguntó Colt con una sonrisa pícara en los labios—. Solo déjate llevar y no pienses en luego, piensa en ahora y piensa en ti.

Los labios y la lengua de Colt volvieron a bajar al centro de placer de la mujer. Solo le costó un par de minutos conseguir que Linda explotase en un potente orgasmo, agarrada a las sábanas de la cama.

—¡Mierda, Colt! ¿Qué me has hecho? —le dijo, aún sintiendo los espasmos del placer.

—Lo que mereces, nada más, cariño.

—Entra en mí —le pidió, sintiendo que necesitaba que la llenase en aquel momento, mientras aún los estertores del placer la recorrían. Seguía excitada y quería más de aquel hombre y por supuesto, quería ser justa y que él también obtuviera su recompensa.

Colt alargó la mano hasta la mesilla de noche, se colocó el preservativo y se introdujo en ella.

El contacto fue suave y sencillo, ella estaba muy lubricada, esperándolo y notó cómo aún se estremecía bajo su cuerpo y cómo sus músculos lo envolvían.

Él también estaba muy excitado y no sabía si iba a aguantar el tiempo suficiente para hacerla llegar de nuevo hasta la cima.

—¿Quieres… tomar el mando de la situación? —le ofreció él—. Ya sabes, «Save a Horse…»

—«Ride a cowboy» —respondió ella y rio.

—Adelante —la animó él y ambos giraron en la cama, invirtiendo los papeles—. La vista desde aquí es inmejorable.

Las manos de Colt subieron por las caderas de la mujer hasta llegar a sus pechos, que cubrió con ellas, amasándolos para pellizcar con cariño sus cimas, mientras que Linda se movía sobre él, buscando el placer de ambos.

—¡Oh, cariño! —exclamó él, centrándose en resistir hasta que ella llegara a la meta antes—. Lo haces tan bien.

El cuerpo de Linda no había dejado de estar excitado en ningún momento y eso la agradaba y sorprendía a partes iguales. Ahora se movía sobre el hombre buscando el placer, porque sabía que allí estaba, lo podía sentir, como si fuera nuevo, como si lo de hacía un rato no hubiera pasado.

Se acercaba a él y deseaba llegar, tragó saliva y se movió más rápido y más duro sobre Colt, que a su vez guiaba sus caderas al mismo ritmo, los dedos del hombre se marcaban en su carne, ella se apretó algo más contra su cuerpo.

Más duro, más rápido, más profundo, más…

. No quería hacerlo, no quería que la oyese nadie, pero gemió, no pudo evitarlo y cada vez se hicieron más intensos.

Cerró los ojos y un potente orgasmo la alcanzó, a la vez que lo hizo con Colt que estalló en su interior con un gruñido ronco de su garganta.

—¡Joder, Linda! ¡Joder! —exclamó tras tragar saliva.

La mujer se dejó caer sobre el pecho del hombre y este giró con ella en la cama, besándola en los labios larga y profundamente. Amaba a Linda Clayton con cada fibra de su ser. Su corazón, su cerebro y su cuerpo lo hacían.

Linda sonrió en los labios de Colt, había sido devastador en el más sexi y placentero de los sentidos y liberador al mismo tiempo. Los fantasmas del pasado eran eso, fantasmas y ante ella estaba Colt Sullivan, alguien que deseaba en su vida y en muchas noches más como aquella.

—Ha estado muy, muy, muy bien —susurró la mujer hablando muy cerca de los labios de Colt.

—Mejor que eso, cariño. Eres única y no voy a permitir que salgas de mi cama nunca más.

Linda rio y se dijo que no tenía intención de irse a ningún lado, porque allí estaba muy bien.