Amor en Oklahoma CAMBIOS
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CAMBIOS

El sueño había sido reparador para Linda esa noche y se alegró de ello. Quizá el hablar de Charlie con Colt le había quitado un peso de encima que no sabía que existía. Recordó uno de los sueños de la noche; él la abrazaba y se sentía muy reconfortada, como hacía años que no le pasaba.

—Veo que hoy estás de buen humor —apreció Colt, llegando a la cocina para tomar una taza del armario y servirse café—. Bonita sonrisa.

—He dormido bien —lo miró mientras el hombre se desenvolvía en la estancia y se dijo que era muy guapo y que estaba muy bueno. De repente fantaseó con algo más íntimo y supo que se ruborizó. ¿Cuándo había comenzado a mirarlo así?

Colt se sintió observado. Acababa de tomar una ducha, pero que lo aspasen si aquella mujer no lo estaba mirando de una forma demasiado intensa. ¡Dios! Podría necesitar otra ducha muy fría pronto.

—Creo que —carraspeó él—, iré a ver qué está haciendo Jacob y si le puedo echar un cable hoy. Es decir, si no me necesitas para algo por aquí.

A Linda se le ocurrían un par de ideas, pero sería más seguro que Colt fuera con Jacob.

—Yo tomaré un caballo e iré a ver cómo siguen los chicos de Cimarron —desestimó ella.

—Me gustaría acompañarte, pero aún no estoy seguro de poder aguantar tanto a caballo.

—Lo sé, no te preocupes. Tómatelo con calma.

—Y tú lleva cuidado, ¿vale?

—Sí, señor guardaespaldas —bromeó ella.

***

Scarlett no podía dejar de dar vueltas a la carta que seguía teniendo en el bolso. No sabía qué hacer con ella. Había pensado en dársela a Linda y que ella decidiera qué hacer, pero no se atrevió. Su amiga tenía demasiadas cosas en las que pensar.

¿Y si… enfrentaba a Colt y le preguntaba directamente? No, demasiado violento y potencialmente peligroso, no sabía cómo podía reaccionar.

Necesitaba algo más suave… Y si… se la llevaba diciéndole, «Ey, he encontrado esto en el coche. ¿Es tuyo?»

Podría ser que él le contase algo y le diera una explicación.

O que se la guardase sin más.

O que no la reconociera.

O que le rompiera el cuello.

«Vale, Scarly, demasiadas películas de acción».

Quitando el pensamiento más absurdo de su mente, se dijo que valía la pena intentarlo, cada uno de los escenarios le daría una información valiosa. Excepto lo de su cuello, que era algo que no iba a pasar. «Tranquila, Scarly».

Garabateó en un papel los nombres de los dos hombres, antes de plantarse delante de Colt con la carta, necesitaba averiguar cuáles eran los puntos en común.

Colt Sullivan

Charlie Sierra

Mordió el lápiz y miró lo que tenía escrito, dos nombres, dos hombres, dos… volvió a escribir.

Exmarines

Los dos eran exmarines. ¿Recordaba dónde había servido Charlie o qué hacía? ¿Linda se lo dijo alguna vez? ¿O Charlie no lo hizo nunca? Sabía que era un hombre reservado y no le contaba demasiado de lo que hacía al otro lado del mundo.

Vale, recordó el mail del día anterior. Charlie dijo que le había pasado algo. Ella lo creía, porque si no hubiera tenido interés en Linda, no le habría vuelto a escribir después de dejarla plantada.

A pesar de ello, no le decía el motivo, solo recordaba algo así como: «Sabes cómo es mi vida». Pero también le decía que no podía contarle de momento lo que había pasado. Callejón sin salida.

¿Qué más había en el mail que había leído? ¡Flores! Charlie decía que le había comprado flores. Ergo, pensaba ir a la cita. Escribió la palabra debajo de lo anterior.

Flores

Recordó que Colt también le había comprado flores a Linda y frunció el ceño porque no tenía demasiado sentido.

Era una extraña coincidencia. Estaba convencida de que él sabía que Linda estaría esa tarde-noche en Oklahoma City.

¿Por qué lo haría justo esa tarde? Si, además, él había quedado con alguien para agradecerle algo.

Eso había dicho Jacob. O eso le había contado Colt a Jacob.

Escribió una nueva palabra debajo del texto.

Cita

Vale. ¿Dónde la llevaban aquellos hechos? Observó las palabras escritas. No había nada que tuviera sentido. Igual solo estaba sacando las cosas de quicio y sospechando sin motivo de dos hombres íntegros.

No, no era eso. Había una relación, porque la carta de uno estaba en poder del otro. Y eso era algo muy raro que tenía que tener una explicación.

¿Y si le preguntaba a Colt por Charlie Sierra? Puede que se quedara lívido y se viera obligado a contarle de qué lo conocía. Porque si de algo estaba segura era de que lo hacía. ¿Desde cuándo? Otra incógnita más.

***

—Señora Clayton —la saludó el jefe de ingenieros al llegar a la zona de los viejos pozos de petróleo—. Creo que viene en el momento justo, estamos a punto de saber si hay algo o no lo hay. Estamos procesando los datos recogidos; los primeros sondeos son muy esperanzadores.

—Parece que he llegado en el momento adecuado —dijo Linda, siguiendo al ingeniero hasta el camión laboratorio.

Unas pantallas comenzaron a mostrar datos. Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro del ingeniero, al que otros colegas palmearon en la espalda.

—Señorita Clayton, la roca está empapada en crudo. Los pozos tienen más potencial del que esperábamos, solo necesitan que le demos un buen empujón hacia arriba a todo ese oro negro. Felicidades.

Linda no supo qué decir; acababa de convertirse en una mujer rica. Bueno, quizá no tanto, pero sí lo suficiente para que su rancho no tuviera que depender del tiempo atmosférico en muchos años.

—Gracias —respondió, estrechando la mano del ingeniero mientras sonreía, a pesar de que no pudo evitar sentir vértigo por los cambios que se avecinaban.

—Aseguraremos la zona. La semana que viene comenzaremos la limpieza de los pozos y cuando eso esté, pondremos tuberías nuevas.

—¿Podríamos contar con seguridad privada? —preguntó Linda, sintiendo que no necesitaba más sorpresas.

—¡Claro! El señor Hayes siempre lo hace.

Linda sonrió, quería ser prudente, pero había un par de personas que tenían que saber la noticia. Iría en su busca.

***

—¿Cómo vas? —preguntó Celeste a Colt, mientras este cepillaba a uno de los caballos.

—Mejor, gracias —le sonrió—. Hace días que no te veo demasiado por el rancho.

—¿Me echas de menos? —preguntó en tono sensual.

—Solo me preguntaba si estabas bien —dijo él, pensando si había sido duro con ella al rechazarla. No había pretendido herirla.

—Estoy bien —respondió y siguió observando al hombre.

—Me alegra que sea así —sonrió Colt.

—He encontrado nuevas «amistades» —dijo, remarcando la última palabra.

—Tener buenos amigos siempre está bien.

—¿No me preguntas si salgo con alguien? —lo incitó ella.

Colt dejó el caballo un momento y la miró, interesado.

—¿Lo haces?

—Puede.

—Me alegro por ello, si es bueno para ti.

Celeste no dijo nada más, solo se mantuvo cerca de Colt, observando trabajar al hombre atentamente.

Linda descabalgó y observó cómo Colt y su prima hablaban, él le sonrió y volvió al trabajo, mientras que Celeste lo observaba, o más bien le observaba el trasero al hombre. Un sentimiento de desasosiego se apoderó de ella sin saber por qué.

O sí lo sabía; su prima intentaba algo con Colt desde hacía un tiempo. Lo que había cambiado era que, ahora a ella, también le interesaba el exmarine.

—¡Hola, prima! —la saludó Celeste, impostando una sonrisa que supo que no sentía.

—Hola —sonrió ella.

—Hola, Linda —dijo Colt sonriendo hacia la recién llegada, que traía a su yegua Misty cogida de las riendas—. ¿Todo bien con los de Cimarron?

—Muy bien, de hecho —sonrió—. Voy a ocuparme de Misty antes de buscar a Jacob. Tengo que hablar con él.

—Creo que está haciendo inventario en el cobertizo de los fitosanitarios. Deja a Misty, me ocuparé de ella cuando acabe con Bandit, que será en dos minutos.

—¿Seguro? ¿Te encuentras bien para hacerlo?

—Me encuentro estupendamente. Ve con Jacob —Colt sonrió y Linda le devolvió la sonrisa antes de dejar las riendas sobre uno de los cercados y caminar hacia el cobertizo que le había indicado el ahora vaquero.

—¿Siempre haces lo que ella te pide? —preguntó Celeste, visiblemente molesta cuando su prima se alejó de ellos.

—Técnicamente no me ha pedido nada —respondió Colt, viendo una vez más aquellos celos que parecía tener la joven sobre Linda—. Me he ofrecido yo.

—Te equivocas con ella —le dijo.

Colt dejó de cepillar al caballo, le pasó la mano por la grupa y se quitó los guantes guardándolos en el bolsillo trasero de sus vaqueros.

—Estoy agradecido a ella —habló el hombre.

—¿En serio? —Celeste se mostró escéptica.

—Ser marine de los Estados Unidos y servir fuera, donde hay bombardeos, no es nada sencillo —comenzó a decirle—. Hay bajas entre los que conoces, a veces son tus amigos los que mueren. ¿Sabes qué? Puedes caer en depresión, pesadillas o volver con el síndrome de estrés postraumático.

—Lo siento —se arrepintió.

—Linda ha sido la persona que más me ha ayudado con ese tema. Porque, ¿sabes qué? No es sencillo volver a casa, ni encontrar un sitio para ti cuando cargas con demasiado aquí —señaló su cabeza.

Celeste lo miró y tragó saliva. Después, guardó silencio mientras que Colt tomaba a Bandit de las riendas para llevarlo al interior de las caballerizas. Cuando volvió a salir, no había rastro de la joven.

Se dijo que ojalá su charla le hubiera hecho tomar conciencia de que a ella también la estaba ayudando Linda.