CONFESIONES
Linda abrió la cortina y miró por la ventana hacia la parte trasera de la casa.
Había dejado de pensar en Charlie desde hacía días porque…
había tenido otras cosas de las que ocuparse.
No había pensado en él hasta que Scarlett le había insistido demasiado en ello ese día durante la comida.
Así que… ¿le había escrito un nuevo correo electrónico?
Había leído el encabezado del mensaje, pero no el contenido. Y no le apetecía hacerlo.
—¿Estás bien? —preguntó Colt, levantándose de la silla para acercarse a ella.
Había vuelto a cenar en el comedor con todos, pero Linda había subido a llevarle un trozo de tarta de queso de contrabando algo después.
La había comprado en la pastelería del pueblo antes de regresar a casa esa tarde.
Esa noche la encontraba algo taciturna, a pesar de que trataba de disimularlo.
En esos instantes, llevaba largo rato mirando la noche con un gesto serio, casi melancólico.
—Sí —sonrió, liberando la cortina de entre sus dedos, que se cerró.
Linda miró al hombre, quizá había sido el único en mucho tiempo que estaba allí para ella, a quien le importaba y le preguntaba cómo estaba si la veía más callada.
También la había apoyado, siempre sin exigirle nada o manipularla, como hacía Asher.
Además, le había regalado flores con una tarjeta en la que se abría a ella, como lo había hecho en varias ocasiones tras sus pesadillas.
Y, sin embargo, ella le había mentido. Y no era justo. Tragó saliva, sintiéndose culpable.
—Dime qué te ocurre, por favor —le pidió él. Sabía leer en ella más de lo que la mujer podía imaginar y tenía la certeza de que estaba luchando con algo demasiado grande en su interior.
Linda respiró hondo y se dijo que él merecía sinceridad.
—¿Recuerdas que te hablé de un marine con el que me escribía?
Colt entrecerró los ojos y el corazón le palpitó con fuerza en el pecho.
—Lo recuerdo —dijo, tragando saliva.
—Supongo que sí lo recuerdas, por la noche de Houston —dijo ella, riendo brevemente. Fue una risa nerviosa—. Charlie Sierra.
El nombre de su alias en los labios de Linda hizo que un nudo invisible se le formara en la boca del estómago.
Linda no le había respondido a su último mail.
No sabía si era porque estaba enfadada o si…
lo había descubierto. A veces deseaba que así fuera y otras se decía que el que debía descubrirse y contárselo debía ser él mismo.
—Sí —dijo y se mantuvo quieto, expectante.
—¿Recuerdas la tarde que fui a Oklahoma City? —preguntó Linda y se dio cuenta de que probablemente si alguien recordaba esa tarde era el propio Colt, ya que fue atacado en el pueblo—. Hace un par de semanas.
—Lo recuerdo —dijo y esperó.
—Quedé con Charlie —le confesó, conteniendo la respiración, esperando ver la reacción de Colt frente a ella. ¿Le molestaría?
Colt sintió que había un par de viejos golpes de aquella noche que le habían comenzado a molestar, y necesitó sentarse. Su cuerpo permanecía en tensión, esperando lo que ella tuviera que decirle. Linda no supo interpretar el gesto.
—¿Y qué…? —no sabía cómo continuar la frase. ¿Quizá preguntarle qué le quería decir?
—Lo esperé durante más de dos horas y él nunca apareció, ni siquiera me escribió para avisarme de que no iría —dijo ella y tensó la mandíbula—. Me plantó.
Colt se levantó de la silla y se acercó a ella, que esperaba una respuesta. Quizá le diría que lo había besado dos noches antes de tener una cita con otro tío o algo similar. Porque había estado mal aquella especie de doble juego con él. Seguir escribiendo a Charlie y besarlo a él después.
—Lo siento tanto, Linda —dijo, y le acarició el rostro con el dorso de los dedos, a modo de consuelo.
—Sí —dijo ella, bajando la vista hacia sus pies. Respiró hondo, tratando de ahuyentar las lágrimas de los ojos. Colt sin saberlo, había pronunciado las mismas palabras que Charlie había escrito como asunto en el correo electrónico que había visto esa misma tarde. ¡Qué peculiar era la vida!
—Lo siento —volvió a repetir el hombre y Linda vio que eran palabras de verdad, y que le importaban sus sentimientos.
Linda cerró los ojos y asintió con la cabeza. Después tragó el nudo que se había formado en su garganta y levantó la vista de nuevo; Colt seguía estando allí, frente a ella, mirándola como si sintiese su dolor como propio.
Lo siguiente que pasó fue que los labios de Colt acariciaron los suyos en un tierno beso que hizo que su cuerpo vibrase cuando las manos del exmarine la acercaron hasta él, tomándola de la cintura. Después los labios de ambos se separaron, pero permanecieron mirándose a los ojos.
Linda se preguntaba el porqué de la reacción de Colt, que no acababa de asimilar, a la vez que la agradecía profundamente.
Él se preguntó si algún día lograría que ella lo perdonase por dejarla sola en la cita de Oklahoma City y por no ser capaz de confesarle en esos instantes que Charlie y Colt eran la misma persona y que había estado frente a ella todo el tiempo.