Amor en Oklahoma CONTACTO
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CONTACTO

Los días pasaron rápido. Colt se recuperaba, aunque aún no se encontraba al cien por cien. Ya podía permitirse el pasear por el rancho sin cansarse y hacer algunas tareas sencillas. Pronto volvería a montar a caballo. El exmarine acarició a Ranger, que se alegró de su visita.

—Te echa de menos —dijo Jacob, llegando hasta él—. Creo que todos lo hacemos por aquí abajo.

—Yo también echo de menos un poco más de acción y montar a este muchacho.

—Lo agradecerá. Tuvo un tiempo complicado cuando Ryan desapareció. No aceptaba a cualquiera sobre su grupa.

—Linda me ha hablado de ello —confesó Colt—. ¿Crees que su hermano Ryan volverá?

—Si está vivo, no dudes que lo hará.

—¿Y tú qué piensas?

Jacob se quitó el sombrero, respiró hondo y se pasó la mano por el cabello.

—Puede que suene iluso, pero pienso que está trabajando en algo tan grande que ha hecho creer a todos que ha muerto. Pero que volverá, para vivir una pacífica vida de jubilado del Tío Sam, como tú —sonrió.

Colt lo miró con respeto y en silencio. Sabía que Linda no tenía exactamente la misma esperanza, aunque ansiaba terminar aquella incertidumbre.

—Espero que eso ocurra. Aunque no definiría como pacífico mi retiro en este rancho —el hombre sonrió y se llevó la mano al costado, que aún le dolía en ocasiones—. Espero que a él le vaya mejor.

—Amén —Jacob también sonrió, y se volvió a colocar el sombrero—. ¿Almuerzas conmigo?

***

Linda había acudido al despacho de su abogado en Kingfisher a resolver algunos asuntos que tenía pendientes con él.

Había quedado para almorzar con Scarlett y el hecho suponía un alivio, una especie de vuelta a la normalidad, ya que Jacob parecía mantenerla vigilada desde hacía varias semanas.

Estaba preocupado por el ataque que había sufrido Colt, el que el sheriff seguía sin resolver.

A su capataz se le había metido entre ceja y ceja que estaba relacionado con ella y con el rancho.

—Hacía mucho que no nos veíamos —dijo una voz demasiado conocida y desagradable para ella.

—Asher —respondió de mala gana. Estaba sentada a la mesa en The Shed, esperando a su amiga.

—¿Así que los cien mil eran de esos peces gordos de Houston? —dijo él, sentándose frente a ella, mientras que dejaba su bebida sobre la mesa—. He visto sus malditos camiones en tu rancho.

—No te he invitado a sentarte —sonrió rápidamente, indicándole que su compañía no era bienvenida.

—¿Fracking? —preguntó el hombre, entrecerrando los ojos—. Pensaba que tenías principios.

—Son cien de los grandes, Asher.

—No solías venderte tan barata.

—¡No me he vendido! —exclamó, molesta y supo que su tono de voz se había alzado. A continuación, se riñó por mostrarle aquella emoción a su exmarido. Él sabía qué teclas tocar aún, y eso también le molestaba.

—Si necesitabas dinero podrías habérmelo pedido. Siempre estaré encantado de ayudarte.

—No necesito tu dinero, pero gracias. Simplemente he hecho un negocio ventajoso para mí y para el rancho Clayton.

—¿Haciendo fracking? ¿Envenenando los acuíferos subterráneos?

—Ahora me dirás que si a ti te lo hubieran ofrecido no lo habrías hecho, ¿eso es?

—¡Tengo principios!

Linda rio sin poder reprimirse.

—Ninguno que no se pueda comprar con una buena suma de dinero —le dijo ella.

«O un par de tetas», añadió mentalmente, recordando que lo de la fidelidad tampoco estaba entre los principios de Asher.

—No te reconozco.

—Pues encantada de conocerte —dijo, siendo sarcástica—. Ahora si me lo permites, estoy esperando a alguien.

—¿Ese tío? Habría apostado a que se largaría del pueblo después de lo que le pasó.

Linda miró a su exmarido y trató de escudriñar en su interior, pero aquel hombre era prácticamente impenetrable. ¿Habría tenido algo que ver en la paliza de Colt?

—Te habría gustado, ¿verdad? —preguntó, observándolo.

Asher cambió su rictus y alargó la mano para tratar de tocar la de ella, que fue más rápida y las bajó de la mesa, sentándose recta frente a él con ellas sobre su regazo.

La mirada del ranchero fue afilada durante un segundo, pero suave al siguiente.

—Creo que sabes de mis sentimientos hacia ti.

A Linda se le revolvió el estómago y no sabía si se podría recomponer para comer más tarde.

—¿Tuviste algo que ver con lo que le pasó a Colt? —le preguntó.

—Me enviaste al sheriff para averiguarlo.

—Ah, ¿sí?

Linda ignoraba que Wyatt McCoy hubiera tomado aquella vía de investigación. Aunque sí que ella le había hablado de la conversación surgida el día anterior entre ambos en la tienda de ropa.

—Veo que no lo sabías. Ese McCoy se toma ciertas atribuciones que… —se detuvo. Luego sonrió—. No estuve en Kingfisher. Si hubiera sido yo, ese tío ya no estaría en el pueblo.

Linda se estremeció, sonaba a amenaza y no le gustaba. Apretó la mandíbula.

—No te acerques a nadie de mi rancho, Asher Granger —le dijo sin poder controlarse.

El hombre la miró intensamente y sonrió de lado.

—Solo hay una persona a la que me interesa acercarme en tu rancho y ya sabes quién es.

—Eso no va a pasar.

—Pasó una vez, cariño.

Asher observó que quien entraba por la puerta del local no era otra que Scarlett Holloway, a quien se le heló la sonrisa en el rostro al verlo.

—Nunca más, Asher.

—Te dejo con tu cita —dijo, levantándose, para colocarse el sombrero y saludarla con dos dedos en él a modo de despedida.

Scarlett chocó deliberadamente con el hombre. La bebida que llevaba en la mano se derramó sobre el traje sastre del ranchero.

—¡Oh, lo siento! —exclamó la mujer, colocándose la mano delante de la boca.

Asher apretó la mandíbula y la fulminó con la mirada.

—No importa. Tengo más como este.

—Me alivia saberlo.

Asher tomó varias servilletas de una mesa y se limpió, mientras que la mujer continuaba su camino hasta la que ocupaba su amiga, a la cual saludó y se sentó frente a ella.

—¿Por qué demonios has hecho eso, Scarly?

—Tuve que decidir, entre darle una patada en los huevos o tirarle la bebida encima. Opté por lo que parecía más casual.

Linda apretó los labios tratando de no reír.

—No deberías, Asher tiene influencias.

—¿Crees que va a hacer que me despidan?

—No lo sé, Scarly, pero no vuelvas a hacer algo así, ¿vale? Solo por si acaso.

Scarlett puso los ojos en blanco.

—¿Cómo van las cosas por el rancho? —preguntó para comenzar la conversación.

—Me da miedo decirlo, pero bien. Los de Cimarron están con el estudio, la lluvia ayudando a engordar el grano y nada nuevo ha pasado —cruzó los dedos—. Creo que ya necesitaba algo de paz.

—¿Cómo está Colt?

—Mejorando, por suerte.

—¿Trabaja?

—No a pleno rendimiento, pero hace lo que puede.

La camarera se acercó hasta ellas y tomó nota del pedido.

Scarlett llevaba la carta que había tomado prestada de la chaqueta de Colt en el bolso y no sabía qué iba a hacer con ella. ¿Enseñársela a su amiga? ¿Enfrentar a Colt?

—¿Cómo llevas lo de Charlie? —preguntó.

—¿Lo de Charlie? ¿Ese tipo que me dejó tirada en la primera cita?

—Ajá.

—Cabreada, si te digo la verdad.

—¿Ha contactado de nuevo contigo?

—No —dijo, molesta.

—¿No? —preguntó Scarlett, tensándose en su asiento.

—No lo sé —aclaró a continuación—. No he tenido demasiado tiempo para entrar en la cuenta de mail.

—Y si… ¿le pasó algo?

—Ya, claro. Seguro que no tuvo ni un solo segundo para enviar un mail de «Ey, Linda, no puedo ir». ¿Una misión ultra urgente en la que no pudo dedicar ni un solo minuto a escribirme? —Linda sonó realmente molesta.

—¡Vaya! Eso es mucho cabreo —observó Scarlett.

—Lo siento —Linda suspiró. Después respiró hondo, tratando de relajarse—. ¿Por qué me estás preguntando esto?

—No sé, puede que esté algo preocupada.

Linda subió una ceja, incrédula.

—¿Por alguien del que decías que estaba casado y con cinco hijos en algún estado paleto de nuestro país?

—Bueno —titubeó Scarlett—. Es… un… ser humano. No sé. Había dado por hecho que iría. Y puede que esté pensando que era un buen tío y… tú… a ti te gustaba.

Linda entrecerró los ojos. Cuando pensaba que ya nada de su amiga Scarlett podría sorprenderla, iba y lo hacía.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó, ladeando la cabeza.

—Estoy perfectamente, Linda —se recompuso y trató de sonar más firme—. Solo que me gustaría saber si ha contactado contigo, creo que es lo que alguien como él debería hacer.

—De acuerdo —Linda lo dio por bueno y tomó el teléfono móvil.

Abrió la aplicación del correo electrónico e inició la cuenta que usaba para contactar con Charlie.

Había un mensaje en la bandeja de entrada sin leer y era de él.

Leyó el asunto del mismo y le pasó el dispositivo a su amiga, para enseñárselo.

Lo siento tanto, Linda

Scarlett leyó el encabezado y se dijo que parecía que Charlie Sierra estaba lo suficientemente sano para escribir correos electrónicos.

Algo que la tranquilizó en cierta medida e hizo tambalear las sospechas que había acumulado sobre Colt.

La fecha del correo correspondía a cuatro días después de la cita fallida.

—¿No lo vas a leer? —le preguntó, volviendo a pasarle el teléfono, cuando vio que su amiga bloqueaba la pantalla y lo ponía boca abajo sobre la mesa.

—No tengo el más mínimo interés —respondió, tranquila—. Me escribió casi una semana después. ¿Eso está bien? No, no lo está.

—Puede que… alguien lo secuestrara.

—¡Ja! A un marine entrenado.

—Bueno… —pensó en aquello—. Colt también es un marine entrenado y unos tipos le dieron una paliza en un callejón.

Linda la miró fijamente y entrecerró los ojos, preguntándose qué mosca le había picado a Scarlett con aquel tema de Charlie y el porqué de repente trataba de justificarlo.

—¿Quieres leerlo? —Linda volvió a activar la pantalla y abrir la aplicación de mail para ofrecerle su teléfono por encima de la mesa.

—Sí… claro —dijo Scarlett, confusa ahora ante el nuevo escenario de los hechos que se había formado en su mente.

De: Charlie Sierra

Asunto: Lo siento tanto, Linda

Querida Linda:

Sé que probablemente estás muy enfadada y lo comprendo si así es.

Te prometo de todo corazón que habría querido estar contigo en Oklahoma City, darte las flores que te había comprado y haber compartido una agradable cena juntos.

Pero ese día, las cosas se complicaron en el último momento y sucedió algo que me impidió llegar hasta ti o tan siquiera avisarte de mi ausencia hasta ahora.

Sabes cómo es mi vida y que, desgraciadamente por el momento, no puedo contarte el motivo de lo sucedido. Pero te prometo que, si me das una oportunidad más adelante, lo haré. Tendrás todas y cada una de las explicaciones y tendremos la cita que nos merecemos.

Tuyo, siempre.

C. S.

Scarlett terminó la lectura del mail. El marine no era tonto y sabía que Linda estaría muy molesta. No era para menos. Pero parecía estar bien y no había nada que indicara que Colt le hubiera hecho algo, porque en tal caso, debía avisarla del peligro que corría y no era así.

Una nueva idea se cruzó en la mente de Scarlett, una que cambiaba totalmente el escenario. ¿Y si… Charlie Sierra había sido el autor de la paliza a Colt? Puede que estuviera vigilando a Linda desde hacía semanas y que no le gustase que otro hombre estuviera rondándola.

A veces aquellos marines tenían traumas muy profundos y hacían cosas que… ¡No! Sonaba a locura, pero… también había pensado que Colt le hubiera podido hacer algo a Charlie y ahora lo veía menos probable.

Aunque, por otra parte, explicaría algo que seguía sin encajar: la carta.

Si Charlie la llevaba encima, pudo habérsele caído y terminar en la chaqueta de Colt.

Probablemente ni siquiera él la había visto y por eso no le había preguntado por ella.

Puede que quien lo atendió en el lugar de los hechos, la recogiera del suelo pensando que era suya.

La camarera les trajo el pedido a ambas y Scarlett observó a su amiga.

—Ten cuidado Linda.

—¿Ahora a qué viene eso?

—El ataque de Colt —dijo—. Puede que… esté relacionado contigo.

—¡Oh, Dios! —dijo, sonando cansada—. Jacob piensa que fue por el rancho. Desde entonces parece que es mi sombra, excepto hoy, que me he escabullido de él.

—Deberías hacerle caso —volvió a refrendar—. Al menos hasta que todo se aclare, o el sheriff lo aclare.

Linda pinchó una patata frita de su plato con el tenedor y se quedó mirando a su amiga.

—Estás muy rara, Scarly. Me has preguntado por Charlie y ahora me estás diciendo que tenga cuidado. Y en cambio no me has hecho ni una sola pregunta sobre si me he tirado a Colt.

—Estoy preocupada —le respondió.

—Pues deja de hacerlo, porque estoy bien. Y solo por si te lo preguntas; no, no me lo he tirado —sonrió Linda y su amiga hizo lo mismo, más por disimular que por convencimiento.

Sobre Colt… Scarlett se dijo que lo mantendría en cuarentena, al menos de momento.