VUELTA AL RANCHO CLAYTON
El día que Colt llegó al rancho de nuevo, había tenido las fuerzas justas para echarse sobre la cama de la habitación como si fuera un fardo.
Se dijo que estaba viejo para aquellas cosas, por eso en parte se había retirado, aunque un momento después se dijo que no era cierto; pilotar un Lightning no era igual que el que tres tipos te dieran una paliza en un callejón atacándote por la espalda.
Un par de días después, había llegado un nuevo teléfono y lo primero que hizo tras iniciarlo, fue enviarle un correo electrónico a Linda para disculparse por haberla dejado tirada.
Sabía que, en algún momento, tendría que decirle la verdad de su doble identidad, pero…
también era consciente de que ese momento debía esperar un poco más, dadas las circunstancias.
Estaba tratando de recuperar fuerzas con el descanso en la casa y algunos pequeños ejercicios con los que se obligaba a ejercitarse, a pesar del dolor.
Necesitaba estar al cien por cien cuanto antes, para estar alerta de todo lo que estaba ocurriendo en el Clayton.
—¡Buenos días! —lo saludó una sonriente Linda—. ¿Cómo te encuentras hoy?
—Mejor, gracias —él también sonrió.
—Eso veo, si ya estás sentado. Colt le había echado ganas y a los pocos días ya se duchaba solo. Esa mañana se encontraba sentado, leyendo un libro.
—Pero tremendamente aburrido —se quejó.
—¿No te gustan mis visitas? —Linda hizo un falso puchero que lo hizo sonreír de nuevo.
—Me encantan tus visitas —respondió. Recordó que las tardes de los días anteriores le había llevado un trozo de pastel y habían charlado sobre cómo iban las cosas en el rancho.
Le gustaba aquella rutina con Linda y le tranquilizaba saber que todo marchaba bien y que nada nuevo había sucedido en su baja.
—Puede que esta noche te traiga algo especial, después del trabajo —dijo Linda, que tuvo una idea.
—¿Una sorpresa?
—Algo así, pero no tengas las expectativas demasiado altas, soldado. No será para tanto.
—Las tendré altísimas —bromeó él— Soy un marine muy aburrido fuera de la acción.
—Puede que solo sea que haga una tarta típica de Oklahoma y pida tu veredicto —dijo ella, tratando de bajarlo de la nube.
—Y será perfecto —sonrió el hombre.
***
Scarlett miró el bolso que había usado a principios de semana. Cambió lo esencial a otro para los siguientes días, pero sabía que había algo allí dentro que no era suyo y que le quemaba. Ni siquiera se había atrevido a sacar la carta de Colt del mismo.
Una carta que la intrigaba en la misma medida que la hacía sentir culpable por su atrevimiento.
¿Y si… se la llevaba a Colt, diciéndole que… se había caído en el maletero de su coche hacía días? Era mentira, pero podría devolvérsela a su legítimo dueño.
Aunque también podría no hacerlo. Él no tenía por qué saber dónde estaba. Podría haberla perdido. Porque… si supiera de dicha pérdida o sospechara… ya le habría preguntado, ¿no?
Tomaba el café de la mañana mientras seguía observando el bolso.
Pensó en su amiga Linda. En la mala suerte que había tenido con Asher Granger, que las había engañado a ambas con su fachada de hombre respetable.
Pensó a continuación en Charlie Sierra y en el plantón que este le había dado a su amiga, aún sin explicaciones.
Había tenido mala suerte otra vez. Y no se merecía que Colt Sullivan fuera otra rata de alcantarilla.
—¡Maldita sea! ¡Ya que estás aquí! —dijo, dejando la taza a un lado para llegar hasta el bolso y sacar la carta.
La miró con el corazón acelerado. Estaba muy mal lo que estaba haciendo, lo sabía, pero, incluso así, lo haría. Por Linda.
Contuvo la respiración y la sacó del sobre, respiró aceleradamente y la abrió, tragando saliva. Entonces la leyó y el shock que recibió, la confundió.
¡Era la carta que Linda le había escrito a Charlie Sierra en Navidad! ¡Con razón la hallaba tan familiar! ¡Había reconocido el sobre!
Pero… ¿Qué diantres hacía Colt con aquella carta en su poder? Un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Y si… Charlie no estaba bien? ¿Y si Colt había tenido algo que ver en su desaparición?
***
—¡Hola! —saludó Celeste entrando en la habitación de Colt. El hombre estaba echado en la cama, leyendo un libro.
—Hola —le sonrió.
—¿Cómo te encuentras?
—Mucho mejor. Gracias.
—Me alegra oír eso. Te he traído una sorpresa —dijo con una mano a la espalda.
—¿En serio?
—Sí —sonrió—. Solo tienes que cerrar los ojos y abrir la boca.
—Creo que con lo que me ha pasado últimamente no estoy preparado para cerrar los ojos y esperar sorpresas —bromeó Colt.
—¡Oh! ¡Lo siento! —dijo Celeste, pensando que a ella le pasaría lo mismo.
Sacó la mano de detrás de la espalda y apareció un plato con una porción de pastel.
Después se sentó en el borde de la cama y usó el tenedor para cortar un trozo de la misma con él y acercarlo a la boca del marine—. Pastel de nueces pecanas.
—Huele delicioso —Colt acercó la mano y tomó el tenedor de entre los dedos de la joven para introducirlo por sí mismo en la boca, degustándola—. Sabe aún mejor.
Celeste se mostró algo contrariada, quería darle de comer al exmarine, le había parecido que sería algo sexi y que a él le gustaría.
—¿Te gusta? Es casero —le informó.
—Felicitaré a Sofía porque es soberbia —continuó comiéndola.
—No ha sido ella —dijo, batiendo las pestañas con una sonrisa inocente.
—¡Oh, vaya! Pues está muy buena, lo digo en serio. Felicidades.
—Tienes una migaja ahí —señaló una zona del rostro de Colt con el dedo—. Déjame que te ayude.
Celeste soltó el plato del pastel sobre la mesilla y se inclinó hacia él, tomando con dos dedos una miga que bien podría ser invisible.
Se la llevó a la boca y, sin perder el contacto visual con el hombre, a los labios, chupándolos, mientras emitía un sonido de placer. Después acercó su rostro al de Colt.
—Sabes que esto no está bien, Celeste —la detuvo en su avance, tomándole la barbilla entre el pulgar y el índice, para impedir que se acercara más. Ella lo entendió y se detuvo, Colt bajó la mano, liberándola.
—Pero es muy excitante, ¿no crees? Además, todos tenemos necesidades —dijo, usando un suave y pausado tono sensual, mientras que Colt sentía los dedos de Celeste haciendo círculos en la piel de su antebrazo.
—No lo hagas —le dijo el hombre.
—Nadie se enteraría —le prometió.
—Yo lo haría y mi respuesta sigue siendo no, Celeste —Colt usó un tono que le imprimía seguridad a sus palabras y ella supo que el exmarine hablaba en serio.
La joven dejó de acariciarle el brazo y se retiró unos centímetros de él. Volvió a tomar el plato en su mano mientras se lo ofrecía con una sonrisa, como si nada hubiera pasado.
La puerta se abrió y Jacob y Linda aparecieron ante ellos. La dueña del rancho Clayton observó la escena; su prima sentada en la cama al lado de Colt con una porción del pastel que había hecho hacía un par de horas. Él estaba sonriendo.
—Creo que se me ha olvidado algo —se disculpó Linda y dio media vuelta para salir de la habitación.
Celeste sonrió, viendo que su prima se había mostrado contrariada y le dio el plato a Colt, levantándose de la cama.
—Os dejo —dijo la más joven de las primas Clayton, antes de cerrar la puerta a su espalda—. Seguro que tenéis cosas aburridas de hombres de las que hablar.
—Solo quería saber si necesitabas algo. Iré a hacer unas compras al pueblo, pero veo que tienes todo lo que un hombre necesita por aquí —observó Jacob algo contrariado, sentándose en uno de los sillones—. En el más amplio sentido de la palabra.
—No es lo que piensas.
—Espero que no, desde luego —dijo y sonó seco.
—Celeste vino a traerme un trozo de pastel.
—No creo que la intención fuera solo esa —respondió el capataz, escéptico.
—Lo sé —se lamentó él.
—Supongo que debas dejarle algunas cosas claras en algún momento.
—Creo haberlo hecho justo ahora.
—Espero por tu bien que así haya sido —dijo y guardó unos segundos de silencio—. Linda ha madrugado esta mañana para hacer ese pastel. Nos ha prohibido tocarlo hasta la cena.
Colt se dijo que Celeste sabía jugar muy bien sus cartas. Si bien no había confirmado claramente que era suyo, tampoco lo había desmentido cuando se lo atribuyó a Sofía.
—No sé por qué no me sorprende —respondió Colt.
—Bueno —dijo Jacob, levantándose del asiento con intención de irse—. Si no quieres nada del pueblo…
***
Linda apoyó el trasero en la mesa del escritorio del despacho, se cruzó de brazos y miró al exterior a través de la ventana.
Volvía a llover y eso era bueno para los cultivos.
Respiró hondo y cerró los ojos. Vio en su mente otra vez a Celeste sentada en la cama de Colt, inclinada hacia él, ofreciéndole un trozo de pastel de nueces pecanas, que justo iba a ser la sorpresa que le había preparado al exmarine para esa tarde.
Abrió los ojos y miró de nuevo hacia fuera.
Aquella jovencita no se rendía y lo peor era que no tenía claro si Colt estaba dispuesto a decirle claramente que no o si se dejaría llevar. Después de todo, era un hombre.
—Voy a salir —dijo la voz de la susodicha tras ella.
—Perfecto —respondió sin moverse un ápice. No solía avisarle de si salía o entraba. Pero estaba segura de que quería comprobar algo más que eso en ella ese día.
—Puede que venga tarde.
—Bien. No gastes demasiado.
—¿Estás molesta conmigo? —sonó inocente.
—¿Debería? —Linda se giró hacia ella y alzó una ceja.
—No sé —dudó la joven mostrando un halo de inocencia—. Has salido rápido de la habitación hace un rato.
—Solo quería saber cómo estaba Colt y parecía estar bien.
—Sí. Estaba muy bien —sonrió—. Bueno, creo que me voy ya.
—Vale —Linda esbozó una sonrisa que no sentía hacia la joven pelirroja, que abandonó el lugar.
***
Colt se dijo que aún necesitaría unos días más para manejarse completamente solo. Y lo sabía, porque bajar las escaleras del rancho se le había hecho doloroso cuanto menos.
Unos nudillos en la puerta del despacho la alertaron de la presencia de alguien en la misma.
—¡Oh, Dios! ¡Colt! —exclamó Linda, levantándose del sillón del escritorio hasta llegar rápidamente a la puerta. Colt estaba allí y su rostro estaba cercano a la lividez— ¿Qué demonios estás haciendo aquí abajo?
—Te estaba esperando, se ha hecho tarde y no subías.
—¿Y te has lanzado a la aventura, bajando por las escaleras?
—Algo así. Hace días las subí.
—Y te quedaste hecho polvo. Sentémonos —Linda lo guio hasta el sillón y Colt hizo una mueca de dolor al sentarse.
—¿Estás bien? —le preguntó, observándola.
—Estoy bien —respondió ella, sentándose en la mesa baja, frente al sillón y a Colt.
—¿Y por qué no has vuelto a subir?
Linda no supo qué contestarle, solo lo miró, tratando de pensar una respuesta.
—Estaba esperando tu sorpresa de la tarde —volvió a hablar él.
—Creo que ya la tuviste.
—No, no la tuve —dijo, confuso.
—Era el pastel de nueces pecanas de Oklahoma. Te lo llevó Celeste —dijo Linda, rompiendo la magia. Después se levantó y se dirigió hacia el escritorio, se sentó en el sillón del mismo y abrió un cajón, simulando buscar algo.
—Jacob me dijo que lo habías hecho tú. Estaba realmente delicioso.
—Sí, bueno —sonrió tímidamente—. Gracias.
—Puede que me gustase tomar otra porción, si no tienes inconveniente —le pidió él y ella sacó un pisapapeles del cajón antes de mirarlo.
—Claro. Sin problema.
—Bien, en ese caso, creo que volveré arriba —Colt se incorporó con algo de dolor—. Cuanto antes llegue, antes me recuperaré del paseo.
—¿Te ayudo? —Linda salió rápidamente en auxilio del exmarine y se colocó a su lado.
—Estaré bien. Gracias —dijo, mirándola a los ojos con una sonrisa en el rostro—. Espero ansioso mi sorpresa.
Colt se apoyó con una mano en una de las paredes del despacho un momento, cerró los ojos un instante, respiró hondo y halló las fuerzas para emprender el camino de vuelta a la habitación.
Linda lo observó, los peldaños no se lo ponían fácil y supo que apretaba los dientes en cada uno de ellos.
Los dedos de la mano de Linda se entrelazaron con los de él.
—¿Qué te parece si te acompaño? —le dijo.
Colt primero se sorprendió, pero luego esbozó una sonrisa.
—Bien, ¿por qué no? —Apretó la mano con la de ella, sintiendo su apoyo.