EL SECRETO DE COLT
—Buenos días —era la voz de Scarlett la que escuchó nada más abrir los ojos.
—¿Qué hora es?
—Demasiado tarde para un hombre como tú, pero te lo perdonaré hoy. Y sí, te ha tocado la amiga mala para comenzar el día.
Colt esbozó una sonrisa y trató de acomodarse en la cama, ahogando el dolor que aún sentía.
—No creo que seas la amiga mala.
—Deja que te ayude. Te ahuecaré la almohada —se acercó a él y tomó el objeto antes de colocarlo de nuevo en su espalda, notando que el hombre hacía un gesto de malestar—. En unos días pasará.
—¿Linda? —preguntó.
—Los de la petrolera están en el rancho.
—Me habría gustado acompañarla.
—No parece que sea posible por el momento —Scarlett fijó la vista en una pequeña maceta con flores y un peluche. Se acercó hasta la mesa. Una tarjeta colgaba de la misma.
Ponte bien pronto, guapo
Te espero en casa
Celeste
—La prima de Linda me visitó ayer —dijo él.
—Ya lo veo, «guapo» —dijo, entrecerrando los ojos, mientras observaba al hombre—. ¿Es con ella con quien sales?
—No salgo con nadie —dijo, manteniéndole la mirada.
—Lo disimulas bien, sobre todo porque todo el mundo sabe que compraste flores en el pueblo y que ibas a ir a ver a alguien antes de que te atacaran —lo siguió escudriñando.
—No has hablado demasiado con Linda, hoy, ¿verdad?
—¿Importa?
—No es asunto tuyo ni de nadie, pero ya que te empeñas: Las flores que compré eran para Linda.
—¿¡En serio!? —de repente se mostró emocionada con la idea. Colt volvía a ser muy mono ante sus ojos.
—Pregúntale y basta de interrogatorios, creo que tengo bastante con los del sheriff McCoy.
—En ese caso, no sé, te arreglaré el armario.
—No tienes por qué…
—Te has ganado mi favor si le has regalado flores a mi amiga.
Colt sonrió y sacudió la cabeza, relajándose en la cama. Scarlett abrió una bolsa, pensando que era la de la ropa limpia. Se encontró con la camisa ensangrentada y la sacó, cogiéndola por los hombros. Los botones habían saltado y apenas si quedaban dos o tres.
—Le debo una camisa a Jacob. Me la había prestado —dijo él, viendo el estropicio en la misma.
—Me la llevaré y veré qué puedo hacer. Me gusta arreglar cosas en mi tiempo libre.
—No tienes por…
—Sí, sé que no tengo por qué, pero será un reto para mí y puede que te ahorres el comprarle otra a Jacob —dijo, introduciéndola en la bolsa de papel de nuevo.
Abrió otra bolsa, una que era de viaje y comenzó a sacar prendas de la misma, diciéndose que estarían mejor colgadas que dobladas. Y así lo hizo.
—¿Podrías hacer algo por mí? —preguntó Colt.
—Claro —Scarlett lo miró, esperando instrucciones, mientras colgaba una camiseta en una percha.
—Necesito un teléfono.
—Por supuesto.
La mujer se dirigió hacia su bolso y sacó el suyo, desbloqueándolo antes de pasárselo. Colt tomó la cartera de la mesilla y la colocó a su lado.
—Solo necesito comprar un teléfono nuevo —le informó.
—Lo que quieras, adelante.
Scarlett llegó a una bonita chaqueta y se dijo que era un crimen que alguien, supuso que Jacob, la hubiera dejado metida en una bolsa de viaje en vez de colgarla.
¡Se podría deformar! La sacudió para estirarla y algo se cayó de uno de los bolsillos.
La colgó y recogió lo que parecía ser una carta. El sobre tenía un estampado floral.
A uno de nuestros bravos soldados
¡Feliz Navidad!
¿Por qué le resultaba tan familiar?
—Ya está. Gracias —dijo Colt y Scarlett se apresuró a guardar el sobre en el bolsillo de la chaqueta, desde donde se había caído.
—¿No necesitas llamar a nadie? ¿Tu familia?
—No es necesario asustar a mi hermana. Estoy bien.
Scarlett terminó de poner las prendas en el armario y miró una última vez al bolsillo de la chaqueta donde había metido la carta de nuevo. Después cerró la puerta y miró su reloj.
—Se me hace tarde. Tengo que volver al trabajo. Espero haberte sido de ayuda.
—Gracias por la visita y por dejarme el teléfono.
Scarlett sonrió, cogió sus cosas y salió por la puerta de la habitación.
***
Linda acompañaba al equipo de Cimarron Oil que había comenzado a descargar material en un flanco del rancho para hacer el estudio sobre la posibilidad de reactivar los pozos. Jacob llegó a su lado con un termo de café y se lo pasó.
—Dios te bendiga —le dijo la mujer, tomándolo en su mano para servirse una taza sobre el capó de la camioneta. No había dormido mal en el hospital, pero echaba de menos hacerlo en su cama.
—¿Cómo van las cosas por aquí? —preguntó el capataz, observando a los peones de la petrolera trabajar.
—Solo un montón de materiales y algunas mediciones. Nada destacable. Pero no pienso moverme de aquí, al menos de momento.
—Puede que llueva —Jacob miró las nubes que comenzaban a amenazar en el horizonte. El cielo parecía darle la razón.
—A nadie le hizo mal un poco de agua.
Jacob sonrió a Linda. Le gustaba su practicidad y dureza en el trabajo, era cómodo trabajar con ella.
El teléfono móvil de Linda sonó, era del hospital y se mostró contrariada.
—¿Pasa algo? —preguntó el hombre.
—El médico ha decidido darle el alta a Colt. Cree que el peligro ha pasado por el golpe de la cabeza. Solo tenemos que estar pendientes de él durante los próximos días.
—Llamaré a Scarlett —dijo Jacob, observando que su jefa fruncía el ceño—. Supongo que no vas a querer moverte de aquí mientras estos tipos de Cimarron no se vayan. Y yo me quedaré contigo. Seguro que puede ir a por él cuando termine su jornada.
Linda sonrió al capataz y asintió con la idea.
No se le había escapado que, después de la agresión que había sufrido Colt, Jacob se mostraba más protector.
No era una mujer frágil, pero había notado el mismo sentimiento en el propio Colt y se dijo que, probablemente, tenían razón y no estaría mal ir con cuidado.
***
¡Soldiers' Angel! ¡Sí! ¡Eso era! De ahí provenía la carta que Colt tenía en el bolsillo de su chaqueta.
La idea vino a la mente de Scarlett como un rayo mientras conducía tras salir del trabajo.
Bueno, ese o algún programa similar, ya que había unos cuantos.
Lo sabía porque hacía unos meses, tanto Linda como ella participaron escribiendo cartas a marines desplegados en zonas de conflicto.
¡Así que el bueno de Colt también había participado de aquello! El mundo era un pañuelo. Ahora que lo pensaba, cuadraba con lo que le había dicho Jacob acerca de que la noche en que habían atacado al exmarine, iba a quedar con alguien.
Explicaba la camisa formal que había usado y estaba manchada de sangre y que hubiera necesitado la camioneta del capataz.
Y por supuesto, no tenía nada que ver con las flores… porque las flores eran para Linda, ¿verdad? De repente en la cabeza de Scarlett surgieron más dudas que certezas.
¿Y si… finalmente sí que había otra mujer en la vida de Colt y habían estado a punto de pillarlo? ¿Puede que fuera una mujer casada? ¿Que su marido le hubiera dado aquella paliza y que no tuviera nada que ver con Linda y sus tierras?
Lo iba a descubrir. Vaya que sí que lo haría.
Tocó a la puerta de la habitación de Colt, antes de entrar.
—¿Qué demonios crees que estás haciendo? —preguntó Scarlett mirando cómo el hombre estaba sentado en la cama vestido solo con un bóxer y un gesto de dolor en su rostro.
—Trataba de vestirme, me han dado el alta.
Un pantalón vaquero y una camisa estaban a su lado, esperando su turno.
—Y no te está siendo nada fácil, ¿eh?
—No —exhaló aire. Solo he logrado ponerme esto.
—Ya veo —observó el cuerpo de Colt, cincelado por los mismos dioses, pero sin duda, muy magullado—. Te das cuenta de que no vas a llegar muy lejos así, ¿no?
—Solo necesito un poco de tiempo.
—Puede que esta sea una de esas cosas para las que, de momento, necesites que te echen una mano. Te ayudaré y te llevaré al rancho. A eso he venido, por cierto —sonrió la mujer y se dirigió hasta el armario. Buscó entre la ropa y halló un pantalón de chándal y una camiseta sencilla.
—Gracias —dijo él, viendo cómo Scarlett se dirigía hasta él con prendas más cómodas que unos vaqueros.
—Para eso están las amigas. Suelo preferir desvestir a los hombres como tú, pero hoy haré una excepción y te ayudaré a todo lo contrario —dijo, haciendo que Colt riera con el comentario—. Y puede que tú prefirieses que fuera Linda quien lo hiciera, pero te aguantas. Mejor yo que Jacob, ¿no?
Scarlett le guiñó un ojo al hombre y continuó con paciencia vistiendo a Colt, mientras trataba de intentar que no se moviera de forma brusca y le provocara dolor.
—Parece que llevo desplegado setenta y dos horas seguidas —se quejó Colt.
—Recogeré las cosas del armario y luego iré a por una silla de ruedas. Nos facilitará el asunto a ambos.
Con un Colt vestido y recostado en la cama de nuevo, Scarlett dobló cada una de las prendas que había colgado esa mañana para introducirlas de nuevo en la bolsa de viaje.
Cuando llegó a la chaqueta, observó el bolsillo de la misma y no se pudo resistir a volver a tomar la carta en la mano y mirarla una vez más.
—Siento las molestias que te estoy causando —dijo Colt. Ella se sobresaltó e introdujo la carta de repente en su bolso, que estaba en una de las baldas.
—Lo hago por Linda —respondió y supo que se refería tanto a ir a buscarlo al hospital como a que aquella carta hubiera terminado en su bolso. Tenía que saber de quién era y si Colt era realmente un hombre del que su amiga podría fiarse.