ESGUINCE O PALIZA
—Scarly —la llamó Linda nada más entrar en la sala de urgencias del Hospital Mercy. Su amiga estaba sentada y a su lado estaba Jacob, algo que la extrañó.
—Linda —dijo la mujer, levantándose del sillón para ir hacia ella.
—¿Puedes… caminar? —preguntó Linda, mirándola a los pies, buscando un vendaje que no estaba allí. Después miró a Jacob —¿Qué haces tú aquí?
—Lo siento, Linda. Teníamos que conseguir que vinieras tranquila de vuelta —dijo Scarlett y alargó las manos para tomar las de su amiga.
—¿Qué es lo que ha pasado? —preguntó, temiendo una nueva mala noticia.
—Es Colt —dijo Jacob, poniendo voz al problema.
—Dime que Colt está bien —le pidió la dueña del Clayton. El corazón le acababa de dar un vuelco.
—Lo han atacado —intervino Scarlett y notó cómo las manos de Linda se volvieron frías en cuestión de segundos.
—Lo están atendiendo —informó Jacob—. Pero aún no sabemos nada.
—¿Qué demonios ha pasado? —volvió a preguntar ella, sintiendo que había salido del rancho tratando de que él no la viese, como si quisiera hacer algo a sus espaldas. Y si… ¿no lo volvía a ver nunca más? Se le heló la sangre en las venas solo de pensarlo.
—Solo sabemos que varios tipos le han dado una paliza en un callejón —informó Jacob.
—¿Por qué? —Linda no era capaz de procesar aquella información. ¿Quién podría querer pegarle una paliza a Colt?
—El sheriff dice que no estaban ni el teléfono ni la cartera de Colt.
—¿Un robo? ¿En Kingfisher? —se extrañó Linda, como si aquello fuera algo realmente marciano en una pequeña localidad como la del centro de Oklahoma.
—Eso indican las pruebas. Al menos, de momento.
—Colt Sullivan —dijo una enfermera en voz alta.
—¡Aquí! —respondieron Linda y Jacob al unísono, levantándose del sofá donde esperaban.
—Puede pasar una persona a verlo, ya está en la habitación, descansando. De momento no podrán hablar con él, le hemos dado un sedante. El doctor irá después.
La enfermera les indicó en qué habitación se encontraba y los tres se dirigieron al lugar. Jacob y Scarlett decidieron esperar en la sala de la planta, mientras que Linda entraba a verlo.
Linda respiró hondo y colocó la mano en el pomo de la puerta para abrirla.
Miró hacia la cama y la imagen de un Colt dormido la tranquilizó y preocupó a partes iguales.
Una sábana lo tapaba hasta la cintura y de ahí para arriba se podían ver los golpes que había recibido el hombre, comenzaban a salir los primeros amoratamientos.
En el estómago, el costado… su torso parecía un mapa del mundo.
Y su rostro… quizá no había salido tan mal parado, pero estaba hinchado, especialmente en uno de sus pómulos que ya lucía amoratado, al igual que la mandíbula.
Uno de los ojos se veía a duras penas. Colt se quejó y se removió en una especie de duermevela semiconsciente.
—Austin —susurró entre sueños, aunque Linda sabía que más bien eran pesadillas.
—Shhh —dijo la mujer, acercándose a la cama para tomarle la mano entre las suyas—. Descansa, todo va a estar bien.
El hombre se removió un poco, pero a continuación se tranquilizó de nuevo.
La puerta se abrió y el médico la saludó en voz baja mientras que acudía hacia la cama del hombre y anotaba las constantes vitales de los monitores.
Después de auscultarlo brevemente, le indicó si podían salir fuera de la habitación.
—El señor Sullivan ha tenido mucha suerte —comenzó a decir el doctor una vez la puerta quedó cerrada a sus espaldas—. A pesar de todo lo que se puede ver en su cuerpo, no tiene nada roto y eso es casi un milagro, porque créame que le han dado una buena paliza.
—Me alegra escuchar eso, doctor —Linda sonrió con las buenas noticias. Los golpes sanarían con el tiempo, la hinchazón bajaría y los morados se irían diluyendo.
—No todo son buenas noticias, perdió el conocimiento y llegó al hospital de la misma forma.
Le hemos visto un buen golpe en la base del cráneo y aunque los resultados de las pruebas realizadas son positivos en estos momentos, nos preocupa bastante el que surja alguna complicación en las próximas horas.
Lo vamos a mantener monitorizado y veremos la evolución.
Mañana podremos hacer más estudios neurológicos.
Ahora solo necesita descanso y tranquilidad.
—Descuide, lo tendrá. Gracias.
Linda supo que podía respirar de nuevo, pero aún tenía que pasar esa noche y ver que nada se complicaba.
Tras despedirse del médico entró de nuevo en la habitación, le echó un vistazo a Colt, que descansaba tranquilo y se dijo que tendría que decirle a Jacob y a Scarlett que se fueran a casa. Que solo quedaba esperar.
—Linda —la saludó Wyatt McCoy, el sheriff de Kingfisher cuando la mujer se acercó hasta ellos.
—Pensaba que ya estarías en casa, sheriff.
—Me he pasado antes de irme. ¿Cómo está Colt?
—No tiene nada roto, pero está muy magullado. Tiene un golpe en la cabeza que les preocupa. Hay que esperar a más pruebas neurológicas.
—¿Está despierto?
—No lo vas a interrogar, Wyatt —dijo Linda, categórica.
—Tengo que hacerlo y lo sabes.
—No ha despertado, supongo que esté bastante sedado por esta noche. Puedes entrar a verlo por ti mismo.
Wyatt McCoy entrecerró los ojos y Linda le señaló la puerta de la habitación de Colt. El hombre se encaminó hacia el lugar y entró. Observó los golpes y hematomas que ya a esas horas se vislumbraban claros. Si no tenía nada roto, sin duda había tenido suerte.
—¿Convencido? —preguntó Linda cuando el hombre salió de la habitación.
—Siento haber dudado de ti.
—Supongo que es parte de tu trabajo —le dijo Linda.
—Le han dado una buena paliza al capitán —dijo Wyatt, impresionado por la cantidad de moratones que tenía en el torso.
—Eso parece —Linda exhaló aire.
—¿Podemos hablar a solas? —le pidió el sheriff.
—Veo que quieres interrogarme a mí a cambio, Wyatt.
—Hago mi trabajo.
—De acuerdo. Dame un momento —se dirigió hacia donde estaban Jacob y Scarlett—. Chicos, es hora de que os vayáis a casa.
—Me quedo contigo —dijo Scarlett, segura de sí misma.
—No —rebatió Linda—. Ve a casa y descansa. Es posible que te necesite mañana.
—¿Te vas a quedar con él esta noche?
—Sí, me gustaría vigilarlo, lo que ha dicho el médico me preocupa. Puede que esté conectado a un montón de máquinas, pero quiero estar aquí por si algo va mal.
—Me quedaré yo —se ofreció Jacob, adelantando un paso al frente.
—No, me eres más útil en el rancho y lo sabes. Pero gracias. Y tú, Scarly, puede que me vengas mejor mañana.
—De acuerdo, haremos turnos —dijo la otra mujer.
—Eso es —Linda esbozó una sonrisa hacia sus amigos, porque eso eran ambos, aunque a Jacob le pagase un sueldo—. Gracias por avisarme sin asustarme.
Jacob le apretó el hombro a modo de consuelo y curvó levemente los labios hacia arriba en una suave sonrisa.
—Llámame enseguida si sucede algo.
—Espero no tener que hacerlo, pero gracias.
Jacob comenzó a caminar hacia la puerta de la sala. Scarlett abrazó a su amiga y le habló al oído:
—Siento lo de Charlie.
—Lo sé —Linda puso un gesto triste—. Supongo que hay cosas más importantes que el que te dejen plantada en una cita. Cosas como esta. Descansa, Scarly.
—Llámame si necesitas cualquier cosa a cualquier hora.
Linda sonrió y vio alejarse también a su amiga, a la que esperó en la puerta Jacob, supuso que para acompañarla hasta el coche.
—Soy toda tuya, McCoy —dijo, respirando hondo. Estaba comenzando a odiar los interrogatorios del sheriff.