¿CITA EN OKLAHOMA? #2
—Me he hecho un esguince en el tobillo y no tengo a nadie que me lleve a casa cuando acaben de vendarme.
—Puedo llamar a Jacob o a Colt —le ofreció ella—. Y luego iré directa a tu casa.
—Lo tengo muy hinchado y me da vergüenza que me lo vea el guapo de tu capataz. Prefiero esperarte, si no te causo mucha molestia.
—Cojo esas tartas y voy para allá. ¿Estás en el hospital?
—Sí, estaré en la sala de espera de urgencias. Y por favor, no se te ocurra correr, estoy bien, solo algo avergonzada por mi torpeza.
—Nos vemos en una hora —zanjó Linda.
Scarlett colgó.
—Ya viene de camino y, además, tranquila —anunció Scarlett.
—Gracias por hacer esto por mí —le dijo Jacob, mirándola a los ojos.
—Lo que sea por Linda —dijo, preocupada.
Un carraspeo llegó de detrás de ellos. Era el sheriff.
—No sé si puedo esperar mucho más aquí —miró su reloj de pulsera—. Pero podemos ir avanzando si os hago un par de preguntas.
—Claro, sheriff —convino Jacob.
—¿Qué hacía Colt en el pueblo hoy?
—No tenía idea de que pasaría por Kingfisher, pensé que iba a otro pueblo. Tenía la tarde libre y le presté mi camioneta.
—¿A qué otro pueblo? —inquirió Wyatt McCoy.
—No lo sé. Me dijo que conocía a alguien en la zona y que le tenía algo que agradecer. Por eso vino a Kingfisher, el resto ya sabe cómo sucedió.
—Ese alguien, ¿cuál es su nombre?
—Lo desconozco, sheriff.
—¿Hombre o mujer?
—No tengo idea.
—¿Scarlett? —preguntó el sheriff, ahora dirigiéndose hacia la mujer.
—Es la primera vez que oigo esa historia —la mujer se encogió de hombros, extrañada—. No sabía que conociera a nadie en el pueblo.
El teléfono del sheriff sonó y se disculpó, haciéndose a un lado. La conversación fue breve y el representante de la ley tomó nota.
—Mis chicos dicen que hay testigos que lo vieron salir de la floristería con un ramo de flores —se dirigió hacia Jacob. Están en el asiento delantero de tu camioneta, al lado del callejón donde lo encontramos.
—¿Había quedado con una mujer de Kingfisher? —preguntó Scarlett en voz alta, extrañada.
—No creo que fuera de aquí —intervino Jacob—. Me dio la sensación de que iría a otro lugar, creo que trató de decírmelo y no dejé que lo hiciera, pensé que era algo privado, no quise ser entrometido.
—En ese caso, tendremos que esperar a que el propio Colt despierte. Esa persona podría estar involucrada en el hecho.
—O estar relacionado con lo que ha estado pasando en el rancho —opinó Jacob.
—¿Se lleva bien con todos los trabajadores del rancho? —volvió a la carga el sheriff.
—Sí, en principio sí —dijo Jacob.
—¿En principio? —preguntó Wyatt.
—No sé, puede que algún chico esté receloso de que tenga algunas atribuciones extra en el rancho en tan poco tiempo.
—¿Quién?
—Es una tontería.
—Yo decidiré más adelante si lo es, ¿nombre?
—Travis, pero ya sabes lo que sucedió con los frenos de la camioneta. Creo que solo está un poco más susceptible por lo que le pasó hace unas semanas.
—¿Colt sale con alguien? ¿Hay alguna mujer que pueda estar celosa?
—No y no lo creo.
—Celeste —intervino Scarlett—. La prima de Linda, ha estado demasiado pendiente de él en las últimas semanas. Colt no le ha hecho el más mínimo caso. Puede que esté molesta.
—¿Y contratar a unos tipos para que le den una paliza? ¡Por favor, Scarlett! —Jacob frunció el ceño y miró a la mejor amiga de su jefa.
—Nunca te fíes de una mujer caprichosa como esa, Jacob.
El capataz entrecerró los ojos y la miró. Decidió que sería mejor no contestar a aquello.
—¿Sabéis si ha recibido amenazas?
—No —dijo el capataz del rancho Clayton.
Scarlett también negó con la cabeza.
—Bien —Wyatt McCoy respiró hondo y repasó todas las notas del cuaderno.
Estaba todo, de momento. Respiró hondo y miró la hora en su reloj de pulsera.
Eran las ocho y media de la tarde y él tenía otros asuntos que atender antes de terminar el turno—.
Creo que no podré esperar más. Si me haces el favor, Jacob, ¿podrías llamarme cuando Colt esté en condiciones de hablar?
—Claro, estaré aquí.
—Y si me mandas un mensaje con el parte del médico te lo agradeceré. No hay muchos tipos como el capitán Sullivan por aquí, espero que esté bien.
—Descuida, lo haré en cuanto sepamos algo.
—Gracias. Hasta la vista —se despidió el representante de la ley, colocándose el sombrero.
***
—Gracias por venir —dijo Jacob acercándose al lugar de la sala que ocupaba Scarlett, que permanecía de pie.
—Siempre —dijo la joven, sonriendo al capataz del rancho Clayton, que se perdió en los ojos de la mujer. Después se puso seria.
—¿Qué ocurre? —preguntó él.
—¿Le has dicho la verdad al sheriff?
—¡Claro! ¿Qué clase de pregunta es esa? —Jacob frunció el ceño.
—Lo de la mujer con la que iba a salir Colt… ¿Seguro que no sabes nada más?
—No sé nada más. Lo juro.
Scarlett guardó silencio durante unos instantes.
—¡Mierda! —exclamó ella.
—Ahora qué.
—Que pensaba que a Colt le gustaba Linda. Y ahora resulta que iba a salir con otra mujer. Siempre habrá más «Asher Grangers por el mundo» —aseguró, molesta.
—Nadie es como el hijo de mala madre de Granger —aseguró Jacob y se detuvo un momento—. Por lo que yo sé, Colt podría haber quedado con una señora de ochenta años. Me dijo que había alguien a quien tenía algo que agradecer y eso no suena a cita.
—¿Cómo iba vestido? —inquirió Scarlett.
Jacob pensó en ello. Bueno… eran prendas de su armario y eran buenas, ya se las había prestado con anterioridad para el viaje a Houston. Quizá iba «demasiado formal» para ir a visitar a una señora de ochenta años.
—¿Sabes a quién he visto vestida como para una cita esta tarde antes de salir del rancho? —preguntó él, tratando de darle de su misma medicina a la Scarlett que juzgaba a Colt.
Scarlett se puso nerviosa y se tocó el cabello, levantándose del asiento que ocupaba.
—¡Esto es absurdo, Jacob! —exclamó la mujer.
—Sí, sobre todo porque ahí dentro hay un hombre al que le han pegado una paliza, quién sabe si por los mismos motivos que ha pasado todo lo demás que está sucediendo en el rancho —el capataz recobró la cordura—. Y, mientras, nosotros estamos aquí hablando de… no sé ni de qué, maldita sea.
—¡Joder! ¡Lo siento! —se disculpó ella, consciente de la gravedad del asunto.
—Yo también lo siento.