Amor en Oklahoma ¿CITA EN OKLAHOMA?
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¿CITA EN OKLAHOMA?

Linda tenía la ropa de medio armario expuesta delante de sus narices sobre la cama.

No sabía qué demonios ponerse esa tarde.

Paseaba la vista desde lo más formal hasta lo más informal.

¿Qué mensaje quería darle a Charlie? Si se ponía el vestido que había usado en la cena con Colt en Houston resultaría demasiado agresiva.

Ir en unos vaqueros sencillos demasiado casual.

Y el pantalón de vestir, quizá demasiado serio, sobre todo si él se presentaba con vaqueros y sombrero, lo que era bastante común en la zona, por otra parte.

¡Dios! Se iba a volver loca con aquello.

***

—¡Toma, chico! —dijo Jacob lanzándole un juego de llaves de la camioneta a Colt nada más entró en el establo esa tarde.

—Gracias. ¿Seguro que no la necesitas?

—Puedes quedártela todo el fin de semana si quieres. No saldré del rancho. Está recién lavada y con el depósito lleno.

—Gracias, iré con ella hasta…

—No te voy a pedir cuenta de las millas que hagas —lo cortó—. Solo asegúrate de devolvérmela con el depósito lleno, sin condones usados en los asientos, ni manchas raras de esas que se ven con la luz azul de la poli.

—Yo no la usaría para eso —dijo él.

—Sí, bueno, pero no está de más decirlo —sonrió el hombre y se rascó la cabeza, observándolo—. ¿Necesitas ropa, como la otra vez?

—Yo… Creo que me las arreglaré.

—Pásate por mi armario si necesitas algo. Ya sabes que la puerta de mi casa está siempre abierta.

—Gracias. Supongo que estaría bien renovar mi vestuario, pero no ha sido una de mis prioridades hasta ahora.

—La jefa va a Oklahoma City esta tarde, si no estuvieras comprometido podrías ir con ella y hacer unas compras. Quizá la próxima vez.

—Quizá a la próxima.

***

Linda se había decidido finalmente por una falda marrón con vuelo que le llegaba por debajo de las rodillas, a juego con las botas altas y una blusa blanca con algunas pequeñas flores azules salpicadas.

Terminaba el conjunto un cinturón ancho con una hebilla con una rosa de Oklahoma tallada.

Ni informal, ni formal, se dijo que estaría correcta cualquiera que fuera la indumentaria que eligiera Charlie.

Tomó una chaqueta por si refrescaba esa noche o si volvía tarde a casa y su bolso, antes de salir hacia la capital del estado.

Aprovecharía para realizar algunas compras antes de la cita, tratando de calmar los nervios.

***

Colt se alegró al ver que el vehículo de Linda enfilaba el camino de salida del rancho.

No la había visto, pero sabía que estaría preciosa.

Ahora era su turno, se pasaría por Kingfisher para comprar un ramo de rosas rojas que tenía encargadas en la floristería local antes de dirigirse hacia Oklahoma City.

Finalmente había optado por recrear la vestimenta de la noche de la cena de Houston; la camisa blanca con flores negras del armario de Jacob que de nuevo le había prestado el capataz.

La noche en la que supo que Charlie Sierra era importante para Linda, tanto como ella lo era para él.

***

—¿Colt Sullivan? —preguntó una voz a su espalda, nada más abrió la puerta del copiloto de la camioneta de Jacob para dejar el ramo de flores en el asiento.

—Sí, soy yo —dijo, girando sobre sí mismo para ver quién lo llamaba.

—Tengo una entrega especial para usted —dijo una voz que sonó divertida.

El sonido de un arma amartillándose llegó a los oídos de Colt antes de que todo se volviera negro.

***

Linda llegó a The Jones Assembly a las cinco y media, aunque habían quedado a las seis de la tarde.

Se dijo que quería ver llegar a Charlie.

¿Saldría huyendo si el hombre de las flores no le gustaba?

No, ella no era así y habían hablado demasiado durante meses para portarse de aquella manera.

Charlie tenía más que una oportunidad en su corazón y ella lo sabía, fuera cual fuera su físico, aunque vaya, esperaba que fuera guapo, no se iba a mentir a sí misma.

Sonrió. Al menos tan guapo como Colt. «¡Mierda Linda!

No puedes quedar con un tío y fantasear con otro» se riñó mentalmente y a continuación se justificó a sí misma, pensando que los hombres tenían muchas similitudes, ambos eran marines.

¡Hasta era posible que se hubieran cruzado alguna vez en la base!

Puede que cada uno de ellos pudiera dar informes del otro.

Aunque Colt no había reconocido el nombre de Charlie Sierra cuando habló de él.

Bueno, no había que ser estúpida para saber que era solo un alias militar y que habría otro nombre debajo de aquel.

¿O quizá lo único distinto podía ser el apellido?

¿Por qué nunca le había preguntado por aquello?

Puede que porque entendiera que era más seguro para un marine preservar su intimidad cuando estaba desplegado en el extranjero.

Dio un sorbo a su copa y se dijo que estaba farfullando consigo misma, porque estaba nerviosa.

Miró de nuevo el reloj y vio que al menos había avanzado algo, ya eran las seis menos cuarto de la tarde, aunque él seguía sin llegar.

***

—¡Ehhh! ¿Qué demonios hacéis ahí? —oyó la voz de alguien gritar, mientras trataba a duras penas de mantenerse despierto.

—Me llevaré esto y esto —dijo otra voz, acercándose hasta su cara. Le llegó un olor a sangre y alcohol, y no supo sobre qué hablaba.

—Kingfisher no es lugar para ti —fue lo último que oyó de una tercera voz, antes de no poder resistir más y perder el conocimiento.

***

Linda tocó la pantalla del teléfono y miró la hora, las seis y media. ¿Le habría pasado algo a Charlie? Comprobó el mail; nada. Si hubiera tenido algún imprevisto, le escribiría un mail, ¿no?

—¡Ahora no, sheriff! ¡Fuera de aquí! —oyó decir a la voz de una mujer desconocida que sonaba lejana—. ¡Colt! ¿Puedes oírme?

Solo pudo emitir un gruñido en respuesta y no volvió a escuchar nada más.

***

Eran las siete de la tarde y a menos que Charlie apareciera con un gran ramo de flores y una disculpa muy buena, había perdido la tarde de su viernes.

Y sinceramente, el que aquel marine apareciera, era un escenario cada vez menos probable.

Todo hacía indicar que Charlie Sierra le había dado plantón ¿Pero por qué demonios había concertado una cita con ella si no pensaba acudir?

Volvió a comprobar el correo electrónico. Nada.

***

—¿Qué demonios ha pasado? —dijo Jacob Vann nada más entrar en la sala de urgencias del hospital de Kingfisher.

—Es Colt. Lo han encontrado inconsciente en un callejón —informó el sheriff, dándole la mano a modo de saludo.

—Es un marine, ¡por el amor de Dios!

—Sí, ya no se respeta absolutamente nada —dijo con disgusto Wyatt, el sheriff.

—¿Cómo está? —preguntó Jacob.

—Había mucha sangre, toda suya.

—¡Mierda! —Jacob se quitó el sombrero y se pasó los dedos por dentro del cabello, frustrado.

—Le han dado una buena paliza.

—Dime que los vas a atrapar, Wyatt.

—Trabajaré en ello.

—Voy a hacer una llamada, ¿te quedarás por aquí?

—No pienso moverme hasta que pueda hablar con Colt —dijo el sheriff con determinación.

Jacob salió de la sala.

***

—Señora, ¿desea cenar algo o va a seguir esperando? —le preguntó un camarero a Linda. Eran las siete y media de la tarde. Oficialmente, Charlie Sierra le había dado plantón y ella se sintió patética.

—No. Sírvame un café. Volveré a casa —dijo Linda, pensando que tenía por delante una hora de camino hasta el rancho.

***

—¿Linda está bien? Sabía que no tenía que dejarla ir sola —era la voz alterada de Scarlett la que lanzó la pregunta, entrando en la sala de espera y dirigiéndose hacia Jacob, que frunció el ceño.

El sheriff también estaba allí, debía haber sido algo grave.

¡Dios! Si algo le sucedía a su amiga, ella…

—No es Linda —dijo Jacob, que había sido quien había llamado a la mujer—. Es Colt.

—¿Colt? —se mostró confusa.

—Le han dado una paliza. Linda está en Oklahoma City y no quería molestarla.

—¿Está muy mal?

—No lo sabemos aún. Wyatt —señaló con la cabeza hacia el sheriff—, dice que había mucha sangre en la escena.

—Llamaré a Linda —dijo Scarlett, dispuesta a ello, maldiciendo tener que interrumpir su cita con Charlie Sierra, pero también la necesitaban allí y aquel tío tendría que entenderlo.

—No quiero que la asustes y que tengamos otra desgracia esta noche —la detuvo.

—¿Por eso me has llamado? —preguntó Scarlett.

—Sí. Me conoce demasiado y ahora mismo no sé qué inventarme.

—Vale, déjalo de mi cuenta —dijo, cerrando los ojos para pensar qué demonios le iba a decir a su amiga.

***

Linda puso un billete de cincuenta pavos sobre la barra del local.

Las ocho, toda una tarde desperdiciada para nada en The Jones Assembly, viendo cómo otras parejas tenían una cita y cómo a ella la plantaban como a una estúpida.

El teléfono le vibró en la mano después de comprobar una última vez que no tenía ningún mail de parte de Charlie.

Era Scarlett y probablemente quería saber cómo estaba yendo la cita.

—Scarly.

—Hola, Linda —dijo, más correcta que de costumbre su amiga y tuvo un presentimiento.

—¿Qué ocurre?

—No ocurre nada, solo estoy algo preocupada por ti. ¿Todo va bien con ya sabes quién?

Linda guardó silencio durante unos instantes y sintió que se podía venir abajo en cualquier momento, pero se lo tenía que decir. Era su mejor amiga.

—Charlie no ha venido.

Se hizo un silencio al otro lado de la línea.

—Lo siento, cariño. De verdad, no sabes cuánto.

—Sí, ya. Tuve que hacerte caso, soy una estúpida.

—El estúpido es él. Pensé de verdad que iría, cielo.

—Sí, bueno, sé que es tarde, pero… ¿quieres que me gaste otros cincuenta pavos en tartas y me paso por tu casa luego?

—Claro, cariño. Lo afrontaremos juntas ¿Pero… qué te parece si vienes a buscarme a otro sitio antes?

—¿Qué sucede, Scarly? —preguntó ella, sabiendo que algo más pasaba, y que, en caso contrario, su amiga no la habría interrumpido nunca, pensando que estaba en una cita.

—Me siento torpe y me da vergüenza, pero…

—¡Desembucha! —la urgió.