Amor en Oklahoma LA ESPERA
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LA ESPERA

Colt observó cómo Linda se bajaba del coche demasiado deprisa y sin mirar a su alrededor. La mujer volvió a patear una de las pelotas de los perros que emitió un pitido.  Después entró en la casa y cerró la puerta con pocas ceremonias.

—La jefa no ha vuelto de buen humor —observó Jacob, que estaba a su lado.

—Eso parece —dijo Colt sin dejar de mirar hacia la casa—. ¿Te importa si voy a ver si está bien?

—Adelante. Prefiero que te muerda a ti, que no a mí.

Colt esbozó una sonrisa y dejó las riendas del caballo en su sitio. Después se dirigió hacia el fregadero y se lavó las manos, antes de entrar en la casa.

Si no fuera porque el rancho Clayton era su casa, se iría de Kingfisher sin mirar atrás, tan solo por no tener que volver a cruzarse con el gilipollas de Asher Granger.

Pero las cosas no funcionaban de esa manera y tenía que aguantarlo.

Manipulador, paternalista y un cabrón de premio.

¿Quién demonios se creía para opinar de su vida o darle consejos?

¡Mierda! Si ni siquiera debía ponerse así por su culpa.

—¡Gilipollas! —exclamó en voz alta Linda a la vez que oía los nudillos en la puerta abierta del despacho. Miró hacia el lugar, era Colt.

—Si molesto… —dijo él, sin vislumbrar si la palabra iba dirigida hacia él o hacia algún pensamiento de Linda, que estaba sentada en el sillón del escritorio mientras miraba hacia la estantería de los libros de cuentas.

—No es a ti —suspiró—. Pero no es un buen momento.

—Vale —respondió girando sobre sus talones.

—¡Colt! —lo llamó ella y señaló uno de los sillones del juego de sofás—. No te vayas. Siéntate.

Él asintió con la cabeza y se sentó en el sillón que quedaba justo frente a ella, que lo observó durante un momento. Después volvió a dirigir la mirada hacia la estantería. La vio tensar la mandíbula.

—¿Estás bien? —preguntó él, rato después. Respetaba su mutismo y su enfado, pero se dijo que por algún lado tendrían que comenzar.

—Mejor que nunca —fue sarcástica de repente y se arrepintió al instante siguiente. Colt no era el cabrón de Asher y no había una doble intención en su pregunta—. Lo siento.

—No importa —desdeñó él—. Estás enfadada.

—Furiosa, más bien —aseguró.

—¿Se ha caído el negocio con la petrolera?

—No, el negocio sigue en pie.

—Será bueno para el rancho y para ti.

Colt sabía que había algo más, si había firmado y el negocio seguía adelante, no alcanzaba a comprender qué le ocurría.

—¿Por qué estás aquí, Colt? —le preguntó de repente, fijando la vista en él.

—Estoy preocupado por ti.

La sinceridad de las palabras del exmarine en sus verdes ojos la desarmó de repente y se dijo que Asher no debería tener la capacidad ni el poder de hacerla dudar de los que estaban a su lado.

—Me he encontrado con Asher en el pueblo —dijo, soltando cuál era su mayor problema.

Colt apretó la mandíbula, molesto por el hecho de que ella hubiera tenido que pasar por aquello sola.

—Debí suponerlo cuando pateaste la pelota de los perros. Lo hiciste la última vez que ese tío estuvo aquí.

—Sí, me encantaría patearle las suyas —dijo ella—. Y lo siento si no sueno como una señorita al decirlo.

Colt esbozó una sonrisa.

—Me gusta tu vena ruda —bromeó él e hizo que ella sonriera durante un momento.

—El muy cabrón se cree con derecho a opinar sobre mi vida y mis decisiones.

—¿Sabe lo de la petrolera?

—Sabe el dinero que ingresé. Se lleva demasiado bien con el director de la sucursal bancaria. Lo de la petrolera será cuestión de tiempo el que se entere.

—No le des el gusto de saber que te afecta.

—No, no lo haré. Le escupiré mi veinticinco por ciento a la cara si es necesario.

—¡Bien hecho! —Colt le sonrió, viendo que finalmente había logrado que Linda se relajara—. ¿Quieres que tomemos una taza de café mientras te cuento cómo están los cultivos? Y son buenas noticias.

—Claro —ella esbozó una sonrisa hacia el hombre.

***

Colt no podía dormir y se estaba convirtiendo en una maldita costumbre, solo que esta vez era por una buena causa; la cita que tendría con Linda al día siguiente en Oklahoma City.

—¿Otra noche en blanco? —preguntó Linda saliendo al porche después de ver a Colt por la ventana de la casa—. Sinceramente, no sé cómo puedes rendir tanto a lo largo del día, con lo poco que descansas.

—Veinte años en los marines te hacen de otra pasta —sonrió él al verla.

—Ya lo supongo. ¿Qué te parece si te invito a una copa de nuestro bourbon favorito? Quizá te ayude a conciliar el sueño.

—Queda poco, puede que quieras guardarlo para un momento especial.

—Hoy es un día tan especial como cualquier otro venidero. Dame un momento.

Linda entró en la casa y fue a por el Garrison Brothers.

Colt se sentó en las escaleras del porche y la esperó, mirando la oscuridad de la noche.

Ya hacía dos días que no llovía, pero se preveía algo más para la semana siguiente.

El ambiente se olía fresco y húmedo, diferente a cuando había llegado al lugar.

—Aquí estoy de nuevo —le pasó los vasos y se sentó a su lado mostrándole la botella, que efectivamente, no tendría más allá de dos pequeños vasos en su interior.

—Es una pena cuando las cosas buenas se terminan —dijo él, mientras que ella servía hasta la última gota de la botella en los vasos, tratando de ser equitativa en ambos. Luego la dejó sobre la madera del suelo del porche, detrás de ella.

Linda sintió que el final de la botella justo esa noche era premonitorio. Sabía que la relación con Colt sería distinta en adelante. Porque Charlie estaría en su vida en menos de veinticuatro horas.

—No mientras hayas disfrutado de cada instante —se obligó a decir, tragando el nudo que se le estaba formando en el estómago.

—En ese caso, creo que lo hemos hecho con esta mierda —Colt rio y subió el vaso para brindar con ella antes de beber.

—¿Por qué brindamos? —preguntó Linda, tratando de animarse. Pero de repente, supo que no lo estaba tanto. Ganar a Charlie suponía perder algo de Colt y el exmarine que tenía a su lado se había convertido en alguien demasiado importante.

—¿Por Cimarron Oil y la prosperidad que traerá a tus tierras? —preguntó él.

—Eso es solo material —desestimó ella.

—De acuerdo. En ese caso, lo haremos por… —ella lo observó expectante y él posó sus iris verdes en los marrones de ella—. Las personas que el destino pone en tu vida y lo cambian todo.

Linda tragó saliva y el nudo se le apretó un poco más en el estómago. Chocó su vaso con el del hombre y, tratando de esbozar una sonrisa, bebió parte del contenido del mismo.

—¡Salud! —dijo después, tratando de recuperarse. Había sido un día muy largo, tenía las emociones a flor de piel, un nudo en el estómago y una cita al día siguiente.

—¿Estás bien? —preguntó él, al notarla algo taciturna.

—Ha sido un día demasiado largo —se excusó ella.

—¿Por qué no vas a descansar? —propuso Colt.

—Si no te importa beber solo.

—No —Colt sonrió—. Ya me has acompañado un rato. Vete y descansa.

Linda bebió de otro trago el resto del bourbon del vaso y lo esparció por toda la boca antes de tragarlo, disfrutando de las notas de cacao de la exclusiva bebida texana. Se levantó de los escalones y caminó hacia la casa antes de girarse de nuevo hacia él.

—Tengo otra botella más del Balmorhea —le informó.

—¡Vaya! Linda Clayton, eres toda una caja de sorpresas —rio Colt—. En ese caso, puede que el final de una botella solo sea el comienzo de otra distinta.

Linda sopesó la analogía con lo que estaba sucediendo en su vida en esos momentos.

—Puede que tengas razón. El tiempo lo dirá.

—Estoy seguro de ello —Colt subió el vaso de bourbon hacia ella en un brindis silencioso.

—Buenas noches, Colt.

—Buenas noches, Linda.