INSOMNIO COMPARTIDO
De: Charlie Sierra
Re: ¿Qué tal si nos vemos en Oklahoma City?
Me parece una idea muy buena. No conocía The Jones Assembly, pero he visto fotos y parece un sitio agradable. ¿Qué te parece si te llevo unas flores, para identificarme? Espero que no haya muchos tipos así en el local este viernes.
Cuento las horas hasta entonces.
C. S.
Colt contestó el mail de Linda y una sonrisa se le instaló en el rostro antes de dormir.
Linda no podía conciliar el sueño y decidió bajar a tomar un vaso de leche.
El bourbon la tentaba, pero a la mañana siguiente tendría la firma con la petrolera y no quería llegar con cara resacosa.
Decidió salir al porche trasero y sentarse cerca de la pared de la vivienda.
Los días se habían vuelto más cálidos. El agua que no cesaba ayudaría a engordar su grano de trigo y a que la alfalfa diera un buen estirón antes del corte.
Respiró hondo, relajada. Su cosecha se salvaría por ese año y, con lo que le darían al día siguiente, podría salvar las pérdidas del ganado muerto, los terneros nonatos y el robo de alfalfa.
Además, iba a quedar con Charlie y le ilusionaba, así como lo había hecho el volver a tener contacto con él.
En solo dos noches podría mirarlo a los ojos por primera vez y ver qué sentía.
La puerta trasera de la casa se abrió y como si de un caballo desbocado se tratara, Colt salió al exterior, visiblemente perturbado.
Caminó hasta uno de los postes y colocó allí el brazo, apoyando la cabeza en el dorso de la mano, visiblemente nervioso y alterado.
Trataba de recuperar el ritmo normal de su corazón.
Mucho se temía que el exmarine había tenido una pesadilla y no parecía banal.
La mujer se acercó a él y le posó una mano en el hombro.
Colt se sobresaltó y en una llave que fue un acto reflejo para el exmarine, la volteó y la puso contra el poste del porche para mirar a su enemigo a los ojos.
Solo que no era su enemigo, sino que era la mujer que había comenzado a mover todo su mundo.
Y maldita fuera, le acababa de aplicar una llave inmovilizadora; su brazo aún estaba bajo su cuello, apretándola contra el lugar.
Ella permaneció quieta, mirándolo a los ojos, esperando que se calmara lo suficiente para reconocerla.
—Lo siento —dijo él, dejándola libre nada más ser consciente de ello. Dio un paso atrás, arrepentido y atormentado y se pasó los dedos por dentro del cabello—. ¿Estás bien? ¿Te he hecho daño?
—Estoy bien. No pasa nada. ¿Tú cómo estás?
—Avergonzado contigo. Lo siento.
—Ryan me solía decir que nunca debes sorprender por la espalda a un marine —dijo ella, rememorando las palabras de su hermano.
—Y tenía razón. Lo siento, Linda —se disculpó una vez más.
—Olvídalo. ¿Otra pesadilla?
—Sí —respondió escuetamente, desviando la mirada desde ella hacia la oscuridad de la noche.
—¿Quieres hablar?
Colt tragó saliva y cerró los ojos, permaneciendo en silencio durante unos instantes.
—Solo quiero tener una vida. No es pedir demasiado, ¿no? —la miró a los ojos, pensando que ella formaba parte de esa vida que ansiaba tener y que el saber que la cita en Oklahoma City sucedería en solo dos días le había hecho volver a las pesadillas.
—Te la mereces —le dijo ella, sintiendo compasión por el hombre—. Y la tendrás.
—Mi compañero ya no la tendrá —expresó Colt en voz alta.
—No es tu culpa —le dijo Linda.
—¿Seguro? —preguntó él, cerrando los ojos con fuerza.
—¿Hubo una investigación?
—La hubo.
—Si estás aquí y no en una cárcel militar es que no fue tu culpa.
Colt guardó silencio. Linda tenía razón.
—Su esposa no tendrá una vida.
—Es posible que conozca a alguien en el futuro.
—¿Y sus hijos?
—Puede que encuentren un padrastro que supla su hueco.
Colt respiró hondo, tratando de relajarse. Sí, la esposa de Austin podía rehacer su vida y darles un nuevo padre a los pequeños.
—Él no los verá crecer —bajó la cabeza, exhalando el aire retenido.
—No sé cómo de religioso eres, Colt —Linda se acercó a él y colocó la mano en el mentón del hombre, haciendo que la mirase—.
Pero algunos creemos que hay algo más después de esto.
Tu compañero verá cómo crecen desde otro lugar y seguro que tratará de protegerlos a todos, como energía, a los niños y a su esposa.
Eso es lo que yo espero que haya sucedido con mi padre al menos.
—Sí, creo en algo más —dijo él, sintiendo que las palabras de Linda lo reconfortaban. Las pesadillas podían opacar las creencias más profundas de un hombre.
—Quizá tu amigo también te ha ayudado, guiándote hasta Kingfisher. Puede que aquí esté esa vida que quieres —le dijo en voz baja.
—Aquí está la vida que quiero —confirmó él, mirando a la mujer de forma intensa.
La vio tragar saliva y se acercó a ella, que no se movió ni un milímetro.
Solo su respiración se aceleró, al igual que la suya propia.
Le tocó la mandíbula con una mano y la otra la deslizó por la cintura de la mujer, acercándola hasta él.
—Colt… yo —balbució Linda, a sabiendas de que la conversación había girado hacia algo demasiado íntimo que no sabía cómo gestionar.
—Te quiero en mi vida, Linda —le confesó él, acercándose peligrosa y lentamente hacia los labios de la mujer.
Algo se movió en el interior del estómago de Linda Clayton.
Colt era demasiado irresistible y se convirtió en un fuego que hizo que quisiera consumirse con él en cuanto los labios del hombre se posaron sobre los de ella y reclamaron su lugar, encajando como si hubieran sido hechos para estar unidos.
Su respiración se aceleró aún más y sintió la barandilla del porche detrás de su trasero.
Él la había alzado y ahora estaba sentada sobre ella, mientras que trataba de recuperar la razón y de mantener el equilibrio pasando una de sus manos alrededor del cuello del hombre, mientras que posaba la otra en su pecho, sopesando si empujarlo y liberarse o aferrarse a su camisa para no caer en el abismo al que él la estaba arrastrando.
—Colt, yo no… —balbució Linda en cuanto el exmarine le dio tregua en el asalto a su boca.
El hombre la miró y pudo leer en ella la confusión.
Recordó la cita que tendrían en dos noches y se dijo que no lo había planeado así.
Y que ella, se sentía en deuda con el otro marine, que era él mismo.
Podría decirle que aquel marine era él, pero…
merecía aquella cita y, sobre todo, merecía la tranquilidad necesaria para firmar el contrato con Cimarrón Oil sin que él la alterase.
Y aunque parecía tarde para detener aquello, hizo lo que un buen marine debía hacer: abortar la misión.
—Lo sé, lo sé —la interrumpió—. Lo siento, Linda. Sé que no quieres nada de esto. Solo ha sido un impulso. No es mi noche más lúcida, si te soy sincero.
El hombre se separó de ella y alargó la mano para ofrecérsela.
La ayudó a bajar de la barandilla y ella se dijo que el alma de aquel hombre ya estaba lo suficientemente atormentada por esa noche, para que ella le agregara más peso.
Sí, se habían emocionado y se habían dejado llevar por el momento, la pesadilla, los recuerdos de los que ya no estaban y los deseos de cada uno.
—Está bien —convino ella, zanjando el tema, para dirigirse hacia la mesa del porche, donde había dejado el vaso de leche.
Lo tomó en la mano y vio que su pulso no era firme.
Usó la otra mano para sostenerlo. Estaba confusa de nuevo.
Mucho. Demasiado para enfadarse o gritarle, si ni siquiera sabía qué era lo que sentía ella misma al respecto.
Colt desvió la mirada hacia la oscuridad de la noche. Supo entonces que amaba profundamente a Linda Clayton y no habría nada que no pudiera llegar a hacer por ella de ahora en adelante.