Amor en Oklahoma CELESTE AL ACECHO
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CELESTE AL ACECHO

La más joven de las dos mujeres Clayton pasó los siguientes días demasiado pendiente de Colt, algo que no se le escapaba a Linda, que no sabía qué hacer con ello. ¿Debería hablar con Celeste o dejarlo correr? Colt no parecía abiertamente incómodo, aunque continuaba manteniendo las distancias.

Un chasquido de lengua distrajo la mirada de Linda hacia Sofía, la mujer que la ayudaba con la casa. Observaba en dirección a Colt y Celeste y negó con la cabeza a continuación, donde ella misma ya estaba mirando.

—¿Sucede algo? —preguntó.

—Tu prima. Resulta demasiado evidente. Las señoritas no deben hacer ese tipo de cosas.

Linda sonrió y se mordió el labio inferior. Su ama de llaves parecía estar un poco chapada a la antigua y nunca había tenido esa imagen de ella.

—Se llama feminismo, Sofía —trató de bromear, aunque sabía que le podría resultar más divertido si no se tratara de su prima y de Colt de quienes hablasen.

—No, eso no es feminismo. No puedes tratar de entrarle por los ojos así a un hombre.

—Podría ser peor —dijo Linda.

—Sí, claro —sonó sarcástica—. Podría pasearse en ropa interior por el rancho.

Linda rio con la ocurrencia de la mujer, aunque se dijo que probablemente su prima consideraría el asunto si su táctica actual no le funcionaba.

—No creo que llegue tan lejos.

—Deberías decirle algo.

—No soy su madre, Sofía.

—Sí, bueno, Esther no fue demasiado buena en ese asunto de educarla —gruñó el ama de llaves.

—Es una mujer de veinticinco años, no creo que tenga potestad para educarla a estas alturas.

—Vive bajo tu techo y pagas la mayor parte de sus caprichos, porque el fideicomiso de su padre no le llega.

—Supongo que necesita algo de tiempo para madurar.

—Mientras alguien no le cierre el grifo no lo hará.

Sofía entró en la casa a continuación. Sí, la mujer tenía razón, era permisiva con Celeste, pero era una de aquellas cosas que había ido posponiendo porque siempre existía algún otro fuego que apagar en el rancho.

Decidió dejar de mirar la escena y entrar en el interior de la casa para hacer algunas tareas de oficina.

***

—Podríamos salir el viernes por la noche —dijo Celeste mientras que Colt esparcía paja con una horca en el box de uno de los caballos.

—¿Podríamos? —Colt se apoyó en la horca y la miró, esperando una aclaración.

—Sí, podríamos divertirnos. No sales con nadie.

—No es cierto, he salido con Jacob.

—Pero no con una mujer —dijo suavizando el tono.

Colt se dijo que Celeste mostraba finalmente sus cartas y sonrió.

—Ya tengo planes para el viernes, pero gracias.

—Puede ser otro día, ¿qué tal esta noche? —dijo ella, improvisando.

Colt volvió a sonreír, mostrándose relajado.

—No creo que sea una buena idea.

—¿No? ¿Por qué no? —inquirió Celeste, mostrándose de repente algo caprichosa.

—Créeme, no lo es —Colt volvió a sonreír.

Celeste entrecerró los ojos, le molestaba ser rechazada por Colt.

—De acuerdo —masculló, dolida.

La mujer no se fue, solo permaneció en silencio y se acercó a acariciar las cabezas de varios de los caballos mientras que Colt terminaba su tarea.

—¿Cómo va todo? —era la voz de Linda que aparecía en las caballerizas.

—Un día más de lluvia —respondió Colt mientras colocaba la horca en un lateral, una vez terminada la tarea.

—Sí, esa siempre es una buena noticia —Linda sonrió hacia el exmarine—. La cena estará lista en media hora.

—¡Vaya! El tiempo vuela —Colt observó su reloj de pulsera—. Creo que me lavaré un poco antes de subir a tomar una ducha para cenar. Solo necesito terminar de echarle algo de pienso a los caballos.

—De acuerdo. Os veo dentro —Linda se dirigió hacia su prima, que no había abierto la boca, pero la observaba ceñuda y en silencio. ¿Qué bicho le habría picado? Probablemente lo descubriría en no demasiado tiempo.

La dueña del rancho Clayton se alejó y salió del edificio dirección a la casa mientras que Colt echaba pienso en un cubo.

—Ella no sabe hacer feliz a un hombre —dijo Celeste de repente, dirigiéndose hacia Colt y hablando claramente de su prima—. Estuvo casada con el mejor partido de todo Kingfisher y ni siquiera pudo retenerlo a su lado.

Colt entrecerró los ojos y se preguntó por qué hacía aquello con Linda.

Fue a abrir la boca para contestar, pero la melena pelirroja se giró delante de su cara para comenzar a caminar hacia el exterior de las caballerizas.

Quizá era mejor así, porque no iba a ser una respuesta amable la que tenía en mente.