Amor en Oklahoma TENEMOS UNA CITA
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TENEMOS UNA CITA

De Charlie Sierra:

Querida Linda:

Disculpa mi silencio en las últimas semanas.

Tienes toda la razón, hace demasiado tiempo que nos conocemos a través de una pantalla y es justo que nos veamos en persona.

No te voy a mentir: me da miedo decepcionarte cuando nos veamos cara a cara.

Porque, te has convertido en alguien muy importante para mí. Más de lo que puedas imaginar.

Como bien supones, acabo de regresar y estoy en los Estados Unidos. Dime lugar, día y hora… y allí estaré, esperándote.

C. S.

Colt terminó de escribir el mail y después de dudarlo unos segundos, pulsó el botón de enviar en su teléfono móvil. Y que el cielo lo ayudase.

Había pensado en no contestarle, en hacer que Charlie Sierra desapareciera cual fantasma, pero no era justo con Linda.

No podía mentirle de aquella forma ni pretender construir algo con ella con una mentira como cimiento.

Bebió la cerveza de un trago, tratando de bajar el nudo que se le había formado en la garganta, porque sabía que a la vez corría el riesgo de que ella lo mandara al demonio, por eso le había dicho que esperaba no decepcionarla.

—Hola, vaquero —ronroneó una voz femenina en tono sensual. Era Celeste Clayton y se apoyó a su lado en la barra de The Stack—. ¿Me invitas a tomar algo?

—Hola, Celeste —la saludó con una sonrisa y subió el botellín de cerveza, vacío—. Realmente estaba por irme. He venido a por unas cuantas cosas que me ha pedido Jacob.

—Así que bebiendo en jornada laboral —dijo la mujer, dándole a entender que lo había pillado en un desliz.

—Solo tenía sed y no he tardado demasiado.

—¿Seguro? Juraría que la camioneta del rancho lleva algo más de media hora aparcada ahí fuera. Me ha dado tiempo a hacer todas mis compras.

Colt supo que probablemente había tardado más de lo que tenía previsto en escribirle el mail a Linda y que Celeste aprovechaba la situación para conseguir una invitación de su parte, usando todas las herramientas a su alcance.

—¿Qué deseas tomar? —se rindió Colt, diciéndose que no le costaba ser amable con la joven pelirroja que ahora sonreía, complacida.

—Luke —Celeste llamó al camarero sin dejar de mirar a Colt—. Ponme un tequila reposado con hielo y lima. Y una cerveza para este vaquero estresado.

—Tengo algo de prisa —se quejó el hombre.

—A Jacob no le pasará nada por esperar diez minutos más. Y seguro que estarás mejor conmigo que soportando el mal humor de mi prima.

Celeste movió el taburete para acercarlo a Colt antes de sentarse en él y el hombre se puso en guardia. No era una amenaza como las que había aprendido a detectar en su carrera, pero la prima de Linda no se podía considerar inocua, ni mucho menos.

—Me gusta cumplir en mi trabajo —respondió, obviando el otro comentario.

—No me cabe duda —el camarero colocó las bebidas delante de ellos y Colt alargó un billete hacia él para que se cobrara—. Gracias.

—Tu prima tiene razones para estar preocupada —dijo Colt, sintiendo que no era justo que Celeste juzgase a Linda tan a la ligera—. Soporta mucho peso sobre sus hombros.

—Sí, bueno, supongo —suspiró Celeste—. Pero ahora está lloviendo, lleva meses diciendo que deseaba que lloviera, ahora lo hace. Debería estar más aliviada y, en cambio, su humor ha empeorado.

Colt bebió del botellín mientras que Celeste removía los hielos en el tequila con un suave movimiento de muñeca, antes de tomar el primer trago y emitir un sonido de aprobación al mismo.

—¿Puedo preguntar por qué vives con ella? —quiso saber Colt.

—Porque aún no tengo los suficientes seguidores en redes —bromeó la joven antes de reír con ligereza y volver a dar otro sorbo al tequila.

—¿Y aparte de ese detalle? —preguntó él de nuevo.

Celeste puso los ojos en blanco y suspiró. El hombre quería una respuesta más amplia.

—Digamos que la relación con mi madre no es idílica. No quiere que yo cumpla mis sueños.

—Lo siento.

—Sí, bueno, gracias —Celeste volvió a mover el vaso de tequila con los cubitos antes de beber de nuevo—. Linda tampoco se lleva muy bien con la suya.

Colt recordó que la otra mujer había castigado una llamada de su madre en el cajón del escritorio unos días atrás.

—Supongo que las relaciones familiares no son fáciles —dijo el hombre.

—¿No quieres saber por qué Linda se lleva mal con su madre? —preguntó Celeste con una sonrisa maliciosa.

—No soy un hombre al que le gusten los chismes, si te soy sincero—sonrió Colt, diciéndole tácitamente que no cotillearía sobre Linda a sus espaldas.

—¿No sientes ni un poquito de curiosidad? —volvió a sonreír Celeste mientras se mordía el labio inferior, siendo consciente de que aquel hombre no era sencillo, no le seguía la corriente. Le gustaba.

—Supongo que, si es algo que tengo que saber, ella misma me lo contará.

—¿Siempre eres tan recto en todo? —la mujer pasó un dedo alrededor del borde del vaso de tequila con hielo mientras lo miraba con atención.

—Supongo que es mi pasado de marine —sonrió él y bebió el último trago de cerveza de la botella antes de dejarla sobre la barra—. Ahora sí que tengo que irme. Jacob se debe estar preguntando en qué camino me he quedado atascado. Ha sido un placer, disfruta de tu tequila.

El hombre puso dos dedos en el sombrero a modo de despedida, Celeste hizo un puchero sintiendo su marcha, pero se despidió de él con un «hasta la vista» y observó cómo salía del local bajo la intensa lluvia.