Amor en Oklahoma UNA DECISIÓN IMPORTANTE
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UNA DECISIÓN IMPORTANTE

De: Linda Clayton

Asunto: Hey, soldado

¡Hola, Charlie!

Hace algún tiempo que no hablamos. Supongo que debes estar en alguna de esas misiones secretas que tenéis los marines. Deseo con todas mis fuerzas que todo salga bien si es así. En caso de estar en lo cierto, deduzco que en no demasiado podrás volver a casa, si acaso ya no lo has hecho.

Han pasado demasiadas cosas en mi vida desde que no contactamos, y me gustaría contártelas todas. Y que tú me cuentes las tuyas, al menos hasta donde puedas, como siempre hacemos. Seguro que te parece una tontería, pero te echo de menos.

Y ahora, simplemente estaba sentada a mi ordenador, viendo llover y te recordé. ¿Sabes? Hay un exmarine en mi rancho y me dijo que, por ahí, donde puede que estés, no llueve demasiado y que cuando lo hace, no es bonito ni agradable. Me gustaría que pudieras ver lo relajante que es desde mi ventana.

Puede que deba ir al grano. Me preguntaba si podrías conseguir que nos veamos en persona. Sinceramente, sé que es algo que debemos hacer, hace tantos meses que hablamos que me gustaría hacerlo. Espero que tu respuesta sea afirmativa y que pueda ser lo más pronto posible.

Cuídate mucho

L. C.

Colt miró la pantalla de su teléfono móvil mientras tomaba café sentado en el porche de la casa, viendo cómo la lluvia seguía cayendo sobre el rancho.

¡Un mail de Linda! Lo leyó despacio y se le fue clavando en el centro del pecho palabra tras palabra.

Aquel «te echo de menos» y la estocada final era que ella quería que se vieran en persona.

La conocía y sabía que no era una sugerencia al azar. Supo que ella necesitaba hacerlo.

Sacudió la cabeza y se levantó para apoyarse en uno de los postes del porche, mientras trataba de conseguir que el oxígeno llegase a sus pulmones.

Linda Clayton le acababa de robar el aliento con aquella misiva, haciendo que la culpa llegara a él.

Había esperado demasiado para decirle la verdad de su identidad.

Cerró los ojos y se castigó internamente por ello.

Siempre había tenido una excusa para posponerlo o alguien los había interrumpido en el momento en el que él había creído tener agallas para hacerlo.

Y puede que ahora fuera demasiado tarde y ella no lo perdonara.

Linda permaneció sentada mirando la pantalla del ordenador, esperando que la respuesta de Charlie Sierra fuera inmediata.

En alguna ocasión había sido así. Pero quién sabía dónde estaría o qué hacía en ese momento.

No podía pretender aquello. ¿Y si él necesitaba pensarse la propuesta de verse en persona?

O, directamente no le interesaba conocerla y nunca más le volvía a contestar.

Puede que, tal como decía Scarlett, tuviera ya una familia y cinco hijos esperándolo en casa.

Colt la miró desde la puerta del despacho, los dedos de Linda tamborileaban sobre el escritorio, mientras que miraba la pantalla del ordenador. Supo que estaba esperando una respuesta de Charlie Sierra. Los nudillos del exmarine sobre la madera le hicieron notar que estaba allí.

—Colt —dijo ella, sentándose más erguida en la silla.

—Voy al pueblo, tengo que comprar algunas cosas que me ha encargado Jacob. Me preguntaba si necesitabas algo.

—No, gracias.

—De acuerdo —dijo este, observando a la mujer—. ¿va todo bien?

—Sí, claro —dijo ella, esbozando una sonrisa que no convencería a nadie.

—¿En serio?

—Solo… estaba escribiéndole un mail a…—dudó—. Alguien, un amigo.

Colt la miró, sabiendo que ese amigo era Charlie Sierra y que a la vez era él y estaba justo delante de ella.

Se sintió… ¿celoso? ¿de sí mismo? Tragó saliva, inquieto y apretó la mandíbula.

¿Y si le decía la verdad? Justo allí, en ese momento, de una vez por todas, antes de que aún fuera más tarde.

Pero… ¿y si ella se enfadaba? ¿Y si lo echaba de su casa a patadas?

Entraba en lo probable que así fuera… y entonces su seguridad estaría comprometida.

Y todo lo que había sucedido en las últimas semanas no le gustaba demasiado. Colt apretó la mandíbula.

—Creo que iré al pueblo —dijo al fin el exmarine, antes de girar sobre sus zapatos y encaminarse hacia la salida.

—Colt —lo llamó ella, haciendo que se detuviera y la mirase de nuevo. Lo había notado vacilante y preocupado. Quizá se debía a lo que había sucedido entre ellos la noche anterior. No había querido herir sus sentimientos en ningún momento.

—Linda —dijo él y notó cierta intranquilidad en el rostro de la mujer.

—Ayer no fue un buen día para mí —dijo ella, deteniéndose—. Olvida lo que pasó, ¿de acuerdo?

Linda se había torturado con aquello durante toda la noche, había sido muy injusta con el hombre. Él no tenía la culpa de cómo se sentía al respecto de muchas cosas en su interior.

—No sé de qué me hablas. Bebí demasiada cerveza —dijo él, mostrando tranquilidad, a pesar de que parecía que Linda tratase de borrarlo todo, el beso, la confesión, la cercanía que ambos habían mantenido…

Linda esbozó una breve sonrisa y asintió. Recordaba cuando él le había dicho la primera vez que casi se habían besado que olvidaran lo sucedido, porque no sabía hacerlo de otra manera.

Colt salió del despacho y cerró los ojos con fuerza, otra vez más perdida sin confesarle quién era realmente. ¿Hallaría la fuerza necesaria para ello? ¿El momento oportuno? A menos que… no lo hiciera. La gente desaparecía. Esas cosas pasaban. Todo el tiempo.

—¿Y si… te estás equivocando, Linda? —se dijo a sí misma en voz baja al escuchar cómo se cerraba la puerta principal de la casa tras Colt.

Apagó la pantalla del ordenador y se dijo que tendría que activarse esa mañana y hacer algo físico, antes de comenzar a volverse loca con aquel tema.

Colt estaba allí, pendiente de ella y Charlie solo era un fantasma tras una pantalla al otro lado de una dirección de correo electrónico.