Amor en Oklahoma REFLEXIONES
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REFLEXIONES

Jacob había invitado a Colt a almorzar a su casa. En un día de lluvia como aquel, le apetecía comer un sándwich de asado con mostaza y tomar un café al lado de la chimenea antes de continuar con las tareas del rancho.

—No había pensado que tu casa sería así —dijo Colt llegando a la cocina, proveniente del aseo, donde había ido a lavarse las manos, mientras que el otro hombre cortaba el asado para hacer el almuerzo.

—Sí —Jacob sonrió—. Me lo dicen todo el tiempo. Todos esperan algo más rústico y deprimente, con olor a tabaco de mascar y una escupidera al lado de la mesa.

—Quizá no tanto, pero esta es una casa moderna.

—Imogene Clayton, la madre de Linda, se empeñó en hacerle un lavado de cara completo. Fue antes de morir Paul, su marido. Bienvenido a la casa de un capataz del siglo veintiuno.

—En mi próxima vida pediré ser capataz de un rancho como este —sonrió Colt.

—No es un mal trabajo, las condiciones son buenas y la jefa suele estar de buen humor, excepto hoy, por lo visto. A pesar de que al fin está lloviendo —dijo Jacob y observó a Colt con interés durante un momento, antes de montar la carne encima del pan.

Colt no respondió, solo observó la estancia una vez más.

Salón, cocina y comedor compartían la planta baja en un espacio abierto, con dos amplios sofás de cuero negro y un sillón relax del mismo material, una mesa de comedor con seis sillas y una chimenea en el centro de la estancia.

Jacob lo miró, seguía esperando una respuesta.

—Sí, no parecía tener un buen día —dijo al fin.

—Tú tampoco. Me pregunto por qué —Jacob subió una ceja mirándolo un segundo, antes de echar un buen chorro de mostaza en el interior del primero de los sándwiches—. ¿Té o café?

—Café, y yo lo serviré —dijo Colt abriendo el armario que estaba encima de la cafetera.

—Yo tomaré lo mismo —le indicó Jacob mientras cortaba la carne para el segundo sándwich.

—Perfecto —el exmarine bajó otra taza del armario y sirvió el oscuro líquido.

Colt se dijo que no necesitaba ser un lince para saber que Jacob lo había invitado a comer con alguna intención extra, como la de saber qué le pasaba a Linda o a él mismo. La mañana había comenzado bien, pero se había torcido en cuanto ambos se vieron en el granero.

—¿Me vas a contar qué te ocurre? —preguntó Jacob mientras ponía la carne sobre el pan.

—Estoy preocupado por todo lo que está pasando.

—Bien, y ¿qué le pasa a Linda contigo? —el capataz fue más directo, antes de terminar de hacer el segundo sándwich y ponerlo en la mesa delante del otro hombre.

—No lo sé —dijo Colt y sintió que el hecho le dolía y desconcertaba a partes iguales.

—Os vi anoche en el porche —confesó Jacob, sentándose a la mesa delante del otro.

—¡Vaya! —Colt se mostró sorprendido, aunque ignoraba cuánto había visto de la escena que ambos habían protagonizado.

—No sabía que estabais en ese punto —le dijo y comenzó a masticar, sin perder de vista los gestos del otro hombre.

—No quiero ofenderte, Jacob, porque sé que tienes buenas intenciones, pero… ¿voy a recibir una charla de tu parte?

El capataz dejó el sándwich en el plato y sonrió, antes de limpiarse la boca.

—No soy su padre, si eso es lo que te preocupa.

—Pero eres un hombre —le dijo Colt, que aún no había tocado la comida.

—No de esa forma —desestimó y volvió a sonreír—. Linda es algo así como una hermana. Y me preocupa.

—Ya somos dos entonces. A mí también me preocupa.

—Come, no le he echado nada extraño —le indicó—. Y relájate.

Colt comenzó a degustar el sándwich. Tenía que reconocer que el asado de Sofía, en aquel formato y con mostaza un día después, estaba más que delicioso.

—¿Qué viste en el porche? —quiso saber.

—Lo suficiente.

—No pasó nada más —le dijo Colt, aclarando aquel punto.

—¡Vaya! —Jacob se mostró sorprendido y observó cómo Colt bebía café.

Ambos hombres guardaron silencio.

—Y lo de hoy no sé cómo interpretarlo —dijo Colt, rompiendo el mutismo y dejando la comida sobre el plato. Bebió café de la taza una vez más y lo tragó lentamente. Se encontraba perdido en aquel campo y por primera vez en su vida, inseguro.

—Creo que ella tampoco —dijo Jacob.

—No lo sé —Colt tensó la mandíbula y exhaló aire.

—Ella te importa —afirmó Jacob.

Colt asintió con la cabeza y mantuvo la mandíbula apretada. Nada era sencillo, para comenzar el secreto que mantenía con ella, la verdadera identidad de Charlie Sierra, algo que le quemaba por dentro.

—Linda no lo ha tenido fácil desde hace mucho —volvió a hablar el capataz.

—Me he dado cuenta —convino Colt.

—Dale tiempo, quita esa cara de funeral y come —Jacob alzó su taza de café, como si de un brindis se tratase—. Pero no le hagas daño.

***

Scarlett se había empeñado en invitarla a cenar algo sencillo en el pueblo y, aunque tenía que reconocer que había aceptado sin tener ganas, le venía bien, porque evitaba estar frente a Colt.

No sabía cómo comportarse con él, después de lo que había sucedido entre ambos la noche anterior.

No sabía qué sentía, más allá de que estaba claro que el hombre la atraía y que besaba muy bien.

¿O puede que solo fuera que hacía años desde la última vez que un hombre la había besado? Y luego… luego estaba Charlie Sierra…

—Puede que suba una story para asegurarnos de que Celeste nos ve —bromeó Scarlett, sentada frente a su amiga.

—Seguro que tiene algún directo que hacer —dijo Linda, esbozando una rápida sonrisa.

Scarlett tomó un pepinillo, lo mojó en la salsa y se lo llevó a la boca, mientras observaba a la otra mujer.

—¿Qué es lo que pasa, Linda?

—Nada —sonrió y tomó otro pepinillo antes de untarlo en salsa ranchera y comerlo—. Mmmm están muy buenos. Creo que tenía hambre.

—No has almorzado —le recordó.

—Demasiado trabajo, demasiados problemas —se disculpó.

—Uno de esos problemas no será casualmente un marine que está muy bueno y que vive en tu casa, ¿no?

—¿Colt? —preguntó ella con un gesto de extrañeza en su rostro.

—¡Venga ya, Linda! —le espetó.

—Me han disparado, han matado a varias vacas, han herido a uno de mis hombres y ahora me han robado varias pacas de alfalfa. Créeme que tengo más preocupaciones que ese exmarine.

—Puede que tengas más, pero él es una de ellas y no puedes disimularlo. Te he visto hoy con él. Ni siquiera lo has mirado, ni le has hablado más de lo necesario. ¿Qué sucede?

—Estábamos trabajando.

—Si me vas a mentir, puede que tenga que irme —Scarlett se levantó del asiento y agarró su bolso. Linda la miró con los ojos entrecerrados un instante.

—¡Maldita sea! ¡Siéntate! —le dijo.

—Bien, pero espero que seas sincera. O te vas a tener que comer todos los pepinillos y las tiras de pollo tu solita.

—Mira, no es mala opción —sopesó la mujer.

—Linda… —el tono fue más serio.

—Está bien, te lo contaré. Siéntate, nos están mirando.

—¿Y bien? —Scarlett se sentó, dejó de nuevo el bolso a su lado en el banco y tomó otro pepinillo para mojarlo en salsa y comerlo.

—Anoche… me besó —dijo al fin.

El rostro de Scarlett se iluminó con una sonrisa hacia ella y después se mostró pensativa.

—¿Te besó? —frunció el ceño.

—Sí. —Linda tomó un nuevo pepinillo justo antes de que la camarera les dejase la cesta con las tiras de pollo y la salsa gravy.

—¿Él a ti? —inquirió—. Es decir, que no participaste del hecho y por eso estás molesta con él. ¿En serio que tú no le pusiste una mano en ese pecho duro que tiene o no le pasaste los brazos por detrás del cuello y te apretaste contra su cuerpo?

Linda tragó saliva, se removió incómoda y desvió la mirada hacia las tiras de pollo, pensando que en realidad eran de ternera, nunca se había explicado por qué las llamaban así. Cualquier cosa, menos pensar en Colt, y en el beso que había sido compartido y que le costaba reconocer.

—Oh, oh… —habló de nuevo Scarlett y sonrió ampliamente, sabiendo que su amiga sí que había participado de aquello.

—¿Quieres que te diga cómo de cachonda me puse? —preguntó Linda, bajando la voz, molesta ante la expresión de su amiga.

—¿Lo hiciste? —Scarlett ladeó la cabeza, sonrió y la miró con interés.

—Vete a la mierda, Scarlett —respondió en tono sosegado.

—No pasa nada por reconocerlo, Linda. Colt está muy bueno y es un tipo agradable. Y tú no eres de piedra, hace siglos que no estás con un hombre, si el chico besa bien pues lo agarras y te aprietas y… te calientas, ya me entiendes. Y no tiene nada de malo. ¡Deja de actuar como si fuera así!

—No puedo ser estúpida una vez más, Scarly —le dijo, echándose hacia delante para colocarse las manos en la cara, tapándola y emitiendo un suspiro—. Fui una estúpida con Asher.

—Colt no es como Asher —aseguró la otra mujer.

—¿Sí? ¿En serio? ¿Cuánto hace que lo conocemos para asegurar tal cosa? A Asher lo llevábamos conociendo desde hacía años y me convenció de que no era cierto todo aquello que se decía de él, que eran solo habladurías o envidia.

—¿Y esto es por Asher?

—En parte —suspiró de nuevo Linda—. Por Asher, por mí, por… no sé.

—Por Charlie Sierra —vislumbró su amiga y acertó de pleno—. No sé qué te ha dado con ese tipo, Linda. Empiezo a pensar que lo usas como una excusa estúpida para impedirte avanzar con nadie más después del cabrón de Asher.

—O para impedir equivocarme, otra vez. Pero no es eso, Scarly. Han sido muchos meses de conversaciones con Charlie y conectábamos tan bien que… no sé por qué, pero no puedo quitármelo de la cabeza.

—No hace falta que lo jures —respiró hondo—. Espero que al menos en esta ocasión no hayas llamado Charlie a Colt para cortarle el rollo.

—No, no lo hice.

—Bien. Sobre Charlie, escríbele. Dile que necesitas verlo, que… no sé. Que necesitas su ayuda, lo que se te ocurra que haga que reaccione, que ese tipo venga aquí y quedéis en persona. Necesitas saber qué sientes cuando os veáis cara a cara, lo tengas delante y os miréis a los ojos.

Los dedos de Linda jugaron nerviosamente con una servilleta después de limpiarse los labios con ella.

—Lo sé, lo haré —dijo.

—Y si no te responde, al minuto siguiente te tiras al cuello de ese exmarine buenorro, que ya sabes que te pone y al que, además, le importas.