LA TORMENTA
Colt se había servido un par de dedos de bourbon en un vaso antes de sentarse en el porche trasero de la casa para observar la noche y ver en qué deparaba aquella amenaza del cielo.
Sonrió y sacudió la cabeza. En unas pocas semanas ya le importaba aquel rancho de Kingfisher como si fuera suyo propio, porque Linda también lo hacía, ella le importaba y quería que estuviera bien.
Deseaba que lloviera, que la mujer tuviera un breve alivio a todo lo que la afligía, que no era poco.
Al menos, esa noche su mejor amiga estaba en la casa.
Él había expresado su deseo de irse a dormir pronto, para que las dos quedaran a solas y que Linda se relajara en su compañía.
Sabía que lo necesitaba. Cuando se cercioró de que ambas estaban encerradas en el despacho, había bajado y se había servido algo fuerte para beber.
Después, salió al porche trasero de la casa.
Un aroma conocido llegó a sus fosas nasales y supo que había dejado de estar solo. Era la fragancia que usaba Linda.
—¿Scarlett se ha ido a dormir o solo quieres echarme la bronca por servirme un par de dedos de tu Garrison Brothers? —habló él, dándole a entender que, aunque no hablase y estuviera a su espalda, sabía de su presencia.
—Debías ser muy bueno en tu trabajo, no he hecho ruido —ella esbozó una sonrisa.
—Realmente yo solo pilotaba, pero tienes que tener otros instintos si quieres seguir vivo cuando te bajas del avión en según qué sitios.
—Vengo desarmada —bromeó ella.
—¿En serio? —Colt se giró hacia la mujer con una sexi sonrisa y la observó. Podría no llevar un arma de fuego, pero ella en sí misma era un arma demasiado poderosa.
Linda alzó las palmas de las manos con una suave sonrisa, mostrando su inocencia. Estaba apoyada en la pared de la casa.
—En ese caso puede que no haya peligro en que te sientes conmigo un rato —le señaló un lugar a su lado en los escalones del porche trasero de la casa.
Linda aceptó la invitación y se sentó con él.
—¿De verdad te estás bebiendo mi bourbon edición Balmorhea? —le recriminó en tono de broma.
—Eso parece. Puede que debas descontarlo de mi próximo sueldo.
—O puede que tenga que hacer que me compres una botella entera a cambio.
El tono entre ambos era relajado y burlón. Linda se dijo que era justo lo que necesitaba, una conversación sencilla.
—También puedo compartirlo contigo —Colt cogió el vaso en la mano y se lo ofreció—. No lo he tocado todavía.
Linda lo tomó en su mano y se dijo que la cercanía con él no era fácil, ni el roce con sus dedos al tomar el vaso.
Se corrigió, realmente era al contrario, sí era fácil, pero a la vez, eso lo hacía difícil para ella.
Posó los labios en el vaso y bebió de él, paladeando en su boca el bourbon antes de tragarlo; las notas de cereza amarga, el regusto a chocolate y el aroma a canela. Se lo devolvió al hombre.
Colt lo asió de nuevo. El rastro del ambarino líquido por el cristal le indicaba justo el lugar por el que ella había posado los labios y bebido.
Miró el vaso y lo giró entre sus dedos ante la atenta mirada de Linda.
Lo colocó justo por aquel lugar y bebió, saboreando el bourbon y de alguna forma, a la propia mujer.
A Linda no se le había escapado el gesto de Colt y un calor comenzó a subirle desde el estómago. Podría ser el trago de bourbon que llegaba a él, o podría ser que… Linda tragó saliva y desvió la mirada hacia el cielo. Era más seguro en ese momento.
—Aquí sabe aún mejor que en el hotel de Houston —le dijo, observando unos relámpagos en el horizonte.
—Mucho mejor —corroboró Colt, antes de dejar el vaso a su lado.
—El lujo de un buen bourbon sentada en los escalones de tu porche mientras esperas ver la lluvia. Todo lo que una chica necesita. O eso espero.
—Lloverá, lo sé —corroboró él. Sabía que era su mayor anhelo.
—Sí, ¿verdad? Algo tiene que salir bien, ¿no crees? Ya es hora de ello.
—Así es.
Ambos guardaron silencio mientras el aire de la tormenta se acercaba y removía el polvo.
—¿Cómo son los días así al otro lado del mundo? —preguntó Linda, rompiendo el mutismo.
—No son tan bonitos. La mayor parte de las veces llueve barro y ensucia más que limpia. Las tormentas son violentas, los cauces pueden crecer en cuestión de minutos y la noche puede terminar siendo gélida en el desierto, más gélida de lo que nunca hayas conocido en América.
—¡Vaya! No parece un lugar al que echar de menos.
—No, no lo es —sonrió el exmarine, mirándola a los ojos—. Si bien, no es algo que pase todos los días.
—Sí, eso creo. Un amigo me habló de ello.
Colt supo quién había sido ese amigo, porque acababa de recordar la conversación.
—¿Charlie? —preguntó mirándola a los ojos y vio cómo ella se arrepintió de haberlo dicho. Se mordió levemente el labio inferior.
—Sí.
La mención de Charlie sumió en un mutismo a Colt, que tomó el vaso de nuevo entre sus manos y lo miró largamente. Se lo ofreció a Linda de nuevo y esta negó levemente con la cabeza. La figura del otro exmarine estaba presente en los momentos en los que comenzaban a acercarse.
—Linda, yo… —comenzó a decir Colt, confuso. Tenía que decirle que él era Charlie Sierra.
—Lo siento —interrumpió ella, viendo la zozobra del hombre nada más había nombrado a Charlie.
—No, no importa —desestimó él—. Es solo que… Colt bebió del vaso y lo dejó a un lado, antes de mirarla intensamente. Debía hacerlo, debía decírselo.
—Olvídalo —le pidió, sintiéndose estúpida. ¿Por qué demonios tenía que recordar la conversación de la lluvia con Charlie delante de Colt?
—Me gustaría decirte algo, pero… es muy probable que te enfades conmigo por ello y…
Un trueno resonó en el cielo demasiado cerca. Habían estado tan absortos en la conversación de los últimos segundos que ni siquiera habían sido conscientes del relámpago.
—¡Mierda! —exclamó Linda, tras estremecerse con la detonación.
Como si aquel sonido hubiera roto una bolsa de agua en el cielo, comenzó a llover, primero de forma tímida.
Unos segundos después parecieron abrirse las compuertas de la bóveda celestial.
La lluvia llegaba al suelo, primero levantando una pequeña nube de polvo y luego dejó de hacerlo, pero continuó cayendo, con más fuerza.
—¡Llueve! —Colt sonrió, mirando la escena antes de dirigir la vista hacia Linda.
—¡Está lloviendo! ¡Al fin! —exclamó ella, esbozando una amplia sonrisa.
Otro relámpago apareció no demasiado lejos y, unos segundos después, el sonido ronco del trueno reverberó. La lluvia se intensificó un poco más.
Linda, siguiendo un impulso, abandonó el porche y salió al exterior con las palmas extendidas hacia arriba y la cabeza hacia atrás, recibiendo en su rostro las gotas de lluvia que caían.
Colt se levantó y se apoyó en el poste del porche para observarla.
La lluvia era una catarsis para Linda y su rancho.
Aquella agua le daría un respiro si se prolongaba a lo largo de las horas o los días.
Justo eso era lo que decían las previsiones que sucedería, y ojalá no fallasen, al menos en esa ocasión.
Un nuevo relámpago cayó, aún más cerca y el trueno sonó todavía más amenazador.
—¡Está lloviendo, Colt! —dijo feliz, comenzando a empaparse de pies a cabeza, con una sonrisa en los labios hacia él.
—Ya lo veo —el exmarine rio.
—Ven conmigo, siéntelo —lo invitó.
Colt sonrió, diciéndose que la mujer se había vuelto loca.
—Me calaré.
—Tengo una secadora —desestimó ella y lo llamó de nuevo—. Ven conmigo.
El hombre rio de nuevo y sacudió la cabeza. ¡Qué demonios!
Se encaminó hacia donde estaba Linda y la lluvia lo fue mojando hasta llegar a la mujer.
—¿No es maravilloso? —le preguntó con una sonrisa.
—Lo es.
—Sé que debes pensar que estoy completamente loca en estos momentos, pero no es cierto.
—No pienso nada de eso.
—He deseado tanto que cayese esta lluvia —le explicó—. ¿No has deseado nunca algo con todas tus fuerzas? Tanto como para rendirte a algo tan estúpido como ponerte bajo la lluvia, empaparte de pies a cabeza y asumir el riesgo de que pueda que te parta un rayo en el camino.
Colt observó a la mujer mientras escuchaba las palabras que le decía y las hacía suyas. Sí, él deseaba algo con todas sus fuerzas. Había deseado conocer a la mujer que lo había sacado del pozo donde se encontraba en su última etapa en Siria. Lo había hecho y luego… luego la había deseado a ella.
—Sí —respondió él, esbozando una sonrisa, mientras la miraba de forma intensa. La lluvia seguía cayendo sobre ellos y, lejos de tener frío, estaba bullendo por dentro.
—¿Y qué hiciste esa vez? —le preguntó.
Colt se acercó a ella y le pasó una mano por la cintura, atrayéndola hasta su cuerpo.
Linda se mostró sorprendida y posó las manos sobre el pecho del hombre sin moverse, la intensa mirada del exmarine la atrapó.
La otra mano de Colt subió hasta el rostro de Linda y la acarició desde la mejilla hasta la mandíbula de una forma lenta y suave, haciendo que la respiración de la mujer se acelerase, como la suya propia.
—Yo… —dijo de forma ahogada, sin dejar de mantener el contacto visual con ella. Dudando si hacer lo que deseaba hacer o si resistirse a ello.
Linda tragó saliva y subió la mano hacia el cuello del hombre, que se acercó hasta ella lentamente, bajando la cabeza, notó el aliento con olor a bourbon cerca de sus labios.
Colt tragó saliva una última vez y se acercó a los labios de Linda antes de posarlos sobre los de ella.
El contacto activó todas las terminaciones nerviosas de la mujer y el beso se hizo más profundo e intenso en solo unos instantes.
Las manos de Linda se colgaron del cuello del exmarine, apretándose instintivamente contra su cuerpo.
Cuando la necesidad de respirar se convirtió en cuestión de supervivencia, los dos alejaron los labios el uno del otro mientras que con los ojos cerrados seguían respirando a una, uno en la boca del otro, mientras que las gotas de lluvia recorrían sus rostros.
Linda abrió los ojos y lo vio, observándola con curiosidad, anhelo y deseo en sus pupilas.
Ella sonrió, no supo qué hacer, solo sabía que en ese momento le apetecía sonreír.
Jamás la habían besado de aquella manera, el exmarine sabía cómo se hacía.
Estaba empapada, mucho se temía que en más lugares de los que había llegado el agua del cielo.
Había despertado otro tipo de deseo en ella, uno que llevaba mucho tiempo dormido.
Colt la observó. Sí, ella era lo que había deseado, lo que más había deseado tener jamás.
Un nuevo relámpago cercano cayó y, a continuación, el trueno que lo sobrevino los alertó. Linda bajó las manos del cuello del hombre. Ninguno de los dos dijo nada, solo escucharon el sonido ronco de la lluvia caer en la tierra.
—Será mejor que entremos —habló Linda, que ahora se sentía confusa por lo sucedido.
—Sí, claro —convino él.
La mujer se alejó y caminó delante de él en silencio, hasta llegar al porche. Vio el vaso de bourbon al que apenas le quedaba un dedo del líquido, lo tomó y bebió todo el contenido de un trago.
—Hasta mañana, Colt —dijo sin volverse hacia él.
—Hasta mañana —respondió el exmarine, sabiendo que probablemente Linda necesitaba tiempo para asimilar lo que acababa de suceder entre ambos.