VISITA
Colt se había despertado sobresaltado por una nueva pesadilla de aquel último vuelo en Siria con Austin. Decidió bajar a la cocina para tomar algo y tratar de relajarse. ¿Cuánto tiempo durarían aquellos sueños? ¿Algún día se espaciarían o desaparecerían?
Se sorprendió al ver la tenue luz emitida por el bajo de los gabinetes de la cocina y a Linda sentada a la isleta central. La mujer estaba pensativa mientras su vista permanecía fija en el vaso de leche que tenía entre las manos.
—No soy el único que necesita algo para dormir —le dijo, haciéndose visible para ella.
—Eso parece —respondió Linda con una suave sonrisa que no convencería a nadie.
Colt pensó en tomar algo frío, pero la acompañaría y tomaría un vaso de leche con ella, quizá era mejor idea para tratar de conciliar el sueño. Se calentó un vaso en el microondas y se sentó a su lado en silencio.
—¿Un mal sueño? —habló la mujer.
—Una pesadilla más bien —corroboró él.
—Lo siento.
De nuevo permanecieron en silencio durante al menos medio minuto más. Linda tomó otro sorbo de leche.
—El sheriff no ha traído buenas noticias —afirmó Colt. No necesitaba preguntárselo, lo sabía. Lo había sentido en ella durante la cena y más tarde antes de que se fuera a dormir. No había sido la de siempre, estaba preocupada, y supo que más que nunca.
—No —exhaló el aire que había retenido en sus pulmones en un suspiro y cerró los ojos un momento, aferrando con más fuerza el vaso de leche—. Los frenos de mi camioneta fueron manipulados.
—¡Joder! —exclamó Colt, que habría deseado que el hecho hubiera respondido a un accidente fortuito—. Lo siento. ¿Saben quién ha sido?
—No. Wyatt me ha vuelto a hacer un montón de preguntas. Y no hay nada, por más que pienso no hay nada. ¿Quién demonios puede querer hacerme esto, Colt? ¿Quién?
Linda lo miró, necesitaba respuestas, o ideas sobre la identidad de esa persona que estaba detrás de los actos.
—No lo sé —acertó a decir él, con el corazón encogido. Le dolía verla de aquella forma.
Linda sacudió la cabeza y respiró hondo. No se podía permitir venirse abajo en ese momento. Colt la había ayudado desde que todo aquello había comenzado, pero solo era un invitado en su casa. No tenía derecho a soltarle sus problemas o cargarlo con ellos.
—Lo siento, Colt —dijo, antes de beber el resto del vaso de leche, levantarse del taburete y dejar el vaso en el fregadero. Lo mejor sería que se fuera arriba y tratase de dormir.
—Ey, Linda —la detuvo, cogiéndola de la mano cuando pasó por su lado y ambos se miraron a los ojos en silencio.
—No es justo contigo que yo… —la mirada de Linda se tornó vidriosa y Colt supo que estaba rota por dentro, pero que trataba de sobreponerse a ello y de seguir adelante por sí misma, como parecía que había hecho desde hacía demasiado tiempo.
—Olvida la justicia y ven aquí —le dijo él tirando suavemente de ella para abrazarla contra su pecho.
Colt le pasó los brazos por encima y la abarcó completamente con ellos.
Notó cómo Linda respiraba hondo entre ellos, aliviada, consolada y arropada, por primera vez en tanto tiempo que ni siquiera lo recordaba.
Aquel hombre que había llegado en un autobús a Kingfisher y que el destino había colocado entre una bala y ella misma, la estaba abrazando, porque sabía que eso era lo que necesitaba justo en ese momento.
Linda se separó de él y ambos permanecieron hechizados a través de sus miradas.
—Gracias —dijo en un susurro, perdiéndose en los iris del hombre.
Colt sonrió levemente con suavidad y negó con la cabeza, dándole a entender que no tenía importancia.
Le acarició la mejilla con el dorso de los dedos mientras que las miradas de ambos seguían conectadas en silencio.
Una mano de Linda se posó en el pecho masculino de forma torpe y notó cómo este se henchía de oxígeno, ahora de una forma más rápida.
La nuez de Adán de Colt se movió arriba y abajo, y colocó su otra mano sobre la de Linda, que estaba en su pecho.
La respiración de ella se hizo más errática y lanzó una ojeada a la boca del exmarine antes de devolverle la mirada a los ojos, que dilataron sus pupilas.
Colt se acercó a ella lentamente y la mujer comprendió lo que iba a pasar, poniéndose nerviosa al instante.
Bajó la mano del pecho del hombre y dio un paso atrás.
—Buenas noches, Colt —le dijo, antes de girarse.
—Linda —la llamó.
—Colt, yo no…
—No es eso —la interrumpió y sonrió suavemente.
—¿Mmm? —preguntó girándose de nuevo hacia él a una distancia prudencial.
—Voy a estar aquí siempre que me necesites.
Linda sonrió y sus ojos se volvieron vidriosos de nuevo. El hombre ignoraba todo lo que significaban aquellas palabras para ella en ese momento.
—Gracias, Colt —dijo en un susurro.
—Buenas noches, Linda —respondió él, cogiendo el vaso de leche de la encimera para continuar bebiéndolo.
Linda echó una última ojeada al hombre y se preguntó qué iba a hacer con él o cuánto tiempo podría resistirse a la tentación que suponía.
***
Jacob, Linda y Colt descabalgaron de sus monturas al día siguiente. El exmarine entró en las caballerizas llevando a Ranger de las riendas. Habían estado revisando los cultivos esa mañana.
—Ojalá llueva —le dijo Linda a Jacob, mirando al cielo, notando que algo se revolvía en el ambiente.
—Eso dicen las previsiones —aseguró el capataz al lado de su jefa.
—Las previsiones fallan, no lo creeré hasta que no lo vea caer sobre todo el rancho. Y los cultivos no pueden esperar mucho más.
—Estoy seguro de que esta vez será la buena. Ya verás, yo tengo fe.
Una gran camioneta negra avanzó por el camino del rancho a toda velocidad, levantando tras de sí una gran nube de polvo, hasta detenerse cerca de la entrada de la casa. Tanto Jacob como Linda, supieron enseguida de quién se trataba: Asher Granger.
—Ocúpate de los caballos —dijo Linda.
—Lo recibiremos juntos —dijo el capataz a su lado.
—Yo lo haré, Jacob —dijo firme, indicando que prefería hablar a solas con él y ver qué tripa se le había roto esta vez a su exmarido.
—Estaré ahí dentro —indicó las caballerizas—. Llámame si me necesitas.
—Descuida.
La figura de Asher bajó de la parte trasera del vehículo después de que uno de sus cowboys, o matones, según quién lo mirase, le abriera la puerta.
El ranchero terminó una conversación telefónica e introdujo el dispositivo en el bolsillo interior de la chaqueta.
Ella lo esperó desde donde estaba, sin moverse un solo centímetro. El hombre avanzó hacia el lugar.
—¡Linda! —exclamó él, mostrándose preocupado—. He estado fuera y me acabo de enterar de lo de tu camioneta. ¡Es terrible!
—Hola, Asher.
—¿Estás bien?
—Como ves —Se señaló de arriba abajo a sí misma—, estoy bien.
—¡Gracias al cielo!
—Si esa era tu inquietud, ya está resuelta. Te agradezco la preocupación. Ahora si me disculpas, tengo cosas que hacer —lo cortó la mujer.
—Pensaba que podríamos tomar algo y ponernos al día. Supongo que debes estar disgustada al haber perdido uno de tus vehículos. Siempre te dije que el mantenimiento de la maquinaria era importante.
—Alguien manipuló mis frenos —le dijo, escrutando el rostro de su exmarido.
—¿De qué demonios estás hablando? ¡Debes estar de broma! —primero se mostró preocupado y luego sonrió, aparentemente incrédulo, como si ella le estuviera diciendo una locura.
—El sheriff está sobre la pista de quien lo hizo —le informó.
Linda no supo si estaba fingiendo o si estaba siendo sincero, pero algo le decía que Asher ya lo sabía, solo estaba cumpliendo un papel. Nada de lo que pasaba en Kingfisher se le escapaba a su exmarido, aunque hubiera estado fuera de la ciudad.
—Eso es… —Asher se quitó el sombrero y se pasó la mano por el cabello—. Me alegra que el sheriff esté a punto de encontrar a quien sea que haya hecho esa atrocidad.
—Sí, a mí también me alegra saber que tenemos un sheriff competente.
—Siento que estés pasando por todo esto sola. Puedes venir a casa o puedo quedarme contigo. Al menos hasta que detengan al culpable.
—Estoy bien, Asher. No estoy sola, tengo a mi prima y al personal del rancho.
—Puedo prestarte a alguno de mis hombres —señaló al cowboy que esperaba de pie al lado del vehículo—. Están especializados en seguridad.
—No será necesario.
—¡Dios, Linda! Primero lo del disparo, luego lo de las vacas y ahora esto —meditó Asher en voz alta, tratando de que ella fuera consciente del peligro que corría sola.
—Parece que no está siendo un buen mes —convino ella, mostrándose tranquila.
—Bueno, no quiero molestarte más, veo que estás ocupada —observó las botas de ella, llenas de polvo, así como los vaqueros y la cazadora.
Linda sonrió. Asher siempre había despreciado que ella se ensuciara en el campo, trabajando.
Opinaba que los rancheros tenían que mantener su estatus y ordenar a otros cómo hacer el trabajo.
La diferencia era que los ranchos de ambos eran muy distintos en tamaño y que a ella le gustaba ganarse el respeto de sus trabajadores siendo una más de ellos, no desde lo alto de la silla de montar.
—Sí, eso es.
—Si necesitas algo…
—Tengo tu número y estás al otro lado del rancho—dijo la mujer, sonando algo sarcástica, con una sonrisa sardónica.
—Lo que pasó entre nosotros es agua pasada, Linda —le dijo Asher, notando la frialdad de la mujer—. He cambiado.
—Me alegra por ti. Pero estamos divorciados, Asher —le recordó.
—Por desgracia. Me arrepiento de haberte perdido cada día que pasa —dijo, mirándola intensamente.
Linda subió una ceja y escrutó la mirada de su exmarido. ¿A qué demonios venía aquello casi tres años después?
***
—¡Maldito hijo de…! —masculló Jacob llegando donde estaba Colt, cepillando a Ranger.
—¿Sucede algo? —preguntó el hombre, viendo contrariado al capataz.
—El cabrón de Granger, ha venido —le informó.
—¿El exmarido de Linda? —preguntó.
—Está fuera, hablando con ella—dijo, molesto.
—Puede que deba ir a saludarlo —dijo Colt, tensando la mandíbula.
—Linda no quiere que intervengamos. Aunque no me gusta dejarla a solas con él.
—Sabe cuidarse. Pero mientras no sepamos qué es lo que está pasando en el rancho, no es buena idea dejarla sola. Voy a echar un vistazo.
Jacob se dijo que Colt tenía razón, con los hechos acontecidos en las últimas semanas y el descubrimiento del día anterior sobre los frenos de la camioneta, no era una buena idea perder de vista a la mujer.
—Que no te vea —le advirtió.
—Descuida.
—Yo le echaré un ojo al tipo que ha venido con él.
—Buena idea.
Colt observó a distancia y sin ser visto la conversación de Linda con Asher. No quería invadir su privacidad, solo estar alerta. Aquel tipo no le había gustado nada desde el día en que lo había conocido y, dados los últimos acontecimientos en el rancho, no estaba de más.
Asher trató de acercarse a Linda. Colt supuso que para besarla, y ella dio un paso atrás, dejando clara su postura, antes de cruzarse de brazos.
Pudo observar cómo el hombre sonreía, quizá de una forma retadora y no le gustó.
Se colocó el sombrero y posó dos dedos en el ala, despidiéndose de aquella manera.
Oyó a Linda decirle adiós y permanecer con los brazos cruzados, mientras el hombre se alejaba hacia el vehículo.
Este emitió un silbido, supuso que para indicarle a su esbirro que era hora de marcharse.
El susodicho, que debía haber estado dando un breve paseo algo alejado, llegó corriendo justo cuando Asher ya se había introducido en el coche.
El todoterreno abandonó el lugar, seguido de una nube de polvo, de repente parecían tener prisa.
Oyó maldecir a Linda antes de darle una patada a la pelota de alguno de los perros del rancho.
El juguete pitó al caer metros más allá.
Después, se introdujo en la casa y supo que estaba molesta.