LLEVA CUIDADO, LINDA
Los días habían pasado rápido en el rancho Clayton.
Jacob se sentía satisfecho con la incorporación de Colt al equipo de cowboys, era un buen fichaje, trabajaba duro y no se quejaba nunca.
Sin embargo, sabía que el resto de cowboys aún lo observaba con cierto recelo.
Su llegada había coincidido con el comienzo de los sabotajes en el rancho.
En un pueblo como Kingfisher, ese hecho levantaba ciertas sospechas, más desde que los de las petroleras rondaban el condado presionando a los rancheros para obtener contratos.
—¿Qué tal si tomamos una cerveza? —Jacob lo invitó al final de la jornada nada más colgar la cabezada del caballo en la cuadra.
—¡Claro! —Colt sonrió al capataz, mientras se lavaba las manos.
Ambos hombres se dirigieron hacia el porche de la casa de Jacob, que estaba en la propiedad de Linda. Entró dentro, dejando las botas al lado de la puerta, mientras que Colt se sentaba en los escalones delanteros. Hacía un día extrañamente cálido para la época.
—Esto solo puede significar un cambio de tiempo —dijo Jacob, saliendo de la vivienda con dos botellines en la mano. Le pasó uno a Colt y se sentó en el otro extremo de los escalones, con la espalda apoyada en uno de los laterales.
—Ojalá sea así y llueva. Le daría un respiro a Linda —respondió él, mirando hacia el cielo.
—Desde luego —convino Jacob, observando al hombre en silencio.
—¿Pasa algo? —preguntó Colt, con una media sonrisa. Su trabajo en los marines había consistido en volar, pero no se le escapaba que algo rondaba la cabeza del capataz.
—Te importa Linda —dijo Jacob entrecerrando los ojos, sin dejar de observarlo.
Colt sonrió nerviosamente, miró el botellín de cerveza antes de pasarlo de una mano hacia la otra.
—Es una buena jefa. Es un cambio agradable después de estar bajo las órdenes del Tío Sam.
—No me cabe duda —Jacob esbozó una sonrisa que ocultaba más de lo que mostraba—. ¿Por qué Kingfisher? ¿Pusiste un dedo en el mapa con los ojos cerrados?
—No —Colt sonrió y se movió hasta el lateral opuesto de la escalera, para apoyar la espalda en él, imitando al capataz—. Vine a darle las gracias a alguien que fue muy importante en un tiempo complicado para mí.
—¿Esa persona vive en Kingfisher?
—Así es.
—¿Lo conozco?
—Realmente no tuve tiempo de hacerlo —dijo Colt, tratando de no responder a la pregunta anterior. No quería mentirle a Jacob. Le caía bien, era un buen tipo.
—Supongo que lo del disparo te ha retrasado.
—Así es.
—Cuando necesites un día, no tienes más que decirlo. Me alegra que te dejaras caer por aquí —Jacob bebió un largo trago de cerveza—. Creo que yo también debo agradecerle algo a quien hizo que acabaras en este pueblo.
Colt sonrió y bebió también. A continuación, la imagen del vehículo del sheriff encaminándose hacia ellos por el camino de la propiedad, hizo que los hombres se tensaran y se pusieran en guardia.
Jacob dejó el botellín en el suelo y para cuando el vehículo aparcó delante de la casa grande, este estuvo calzado de nuevo.
***
—Desearía que tu visita se debiera a que te has autoinvitado a cenar, Wyatt —le dijo Linda al sheriff nada más abrió la puerta.
—Nada me gustaría más —respondió con el gesto contraído—. ¿Podemos hablar en privado?
Linda observó a su prima sentada en uno de los sofás de la estancia, aunque tenía los auriculares puestos y dudaba que les estuviera prestando atención.
—Claro, vayamos al despacho —le ofreció, dirigiéndose hacia el lugar.
—La gente del laboratorio dice que los frenos de tu camioneta fueron manipulados —lanzó a bocajarro el sheriff nada más se cerró la puerta a sus espaldas.
—¡Vaya! —Linda cerró los ojos con fuerza y sintió un estremecimiento. Se dejó caer en el sofá y se frotó la frente con la mano—. ¿Estáis seguros? ¿No es una de esas cosas que podría ser o parecerse?
—Muy seguros. Hay una intervención humana en ello.
—¡Mierda, Wyatt! —dijo, notando que las pulsaciones de su corazón se habían incrementado. Se frotó las palmas de las manos contra las perneras del pantalón, en un gesto nervioso.
—Lo siento —El sheriff tomó asiento en uno de los sillones del conjunto del despacho—. Sé que puede no ser fácil de asimilar.
—No, desde luego —dijo, aún aturdida con la noticia.
—Esto implica que tardaremos algo más en devolverte la camioneta.
—Tenemos más camionetas y supongo que deberá pasar por el taller antes de regresar.
—Linda, sé que no es fácil y quizá debería dejarte más tiempo para asimilar esta nueva noticia. Pero tengo que hacerte algunas preguntas.
—No importa, Wyatt. Lo entiendo —dijo ella, esbozando una sonrisa de compromiso hacia el representante de la ley—. Adelante.
—¿Has recibido amenazas?
—No, ya te lo dije cuando lo del disparo. No me ha llegado nada, ni he discutido con nadie. Solo he tenido a los de la petrolera encima, esperando una reunión.
—¿Te han amenazado de alguna forma?
—No, en absoluto. De hecho, hace unos días tuvimos la reunión y todo fue bien… —Linda se detuvo, recordando las palabras del CEO de la empresa.
—¿Pasó algo en la reunión? —la apremió Wyatt McCoy, vislumbrando que ella estaba recordando algo.
—No creo que sea importante, el CEO me dijo que sabía lo de mis vacas.
—Puede que lo sea. ¿Cómo se llama ese tipo?
—Sterling Hayes —dijo tras cerrar los ojos y tratar de recordar el nombre de aquel tipo.
El sheriff tomó nota en el teléfono de aquel nombre—.
Pero no era una amenaza, era más bien una especie de…
no sé. De decirme que el mundo era complicado para un ranchero y que si aceptaba la oferta no tendría que estar tan preocupada del resto de cosas que ocurrieran en mi casa.
—Eso podría ser una amenaza.
—Lo dudo. Aparte de eso, no hay nada que yo recuerde.
—¿Qué tal te llevas con Asher Granger?
—¿Mi exmarido? —convino ella.
—Justamente.
—No me llevo, él tiene su camino y yo el mío. Solo nos saludamos en el pueblo cuando nos vemos, y solo porque trato de ser una persona educada.
—¿No te ha hablado del tema de los sabotajes?
—Sí, pero como cualquier otro que vive en este pueblo, todos se han enterado de lo ocurrido.
—¿Cuándo fue la última vez que estuvo en el rancho?
—¿Aquí? Creo que hace meses.
—¿Sales con alguien últimamente?
—Con nadie desde mi divorcio de Asher.
—¿Estás conociendo a alguien? —el sheriff hizo una pausa—. ¿Por internet, quizá?
Linda sopesó la pregunta. Estaba Charlie Sierra, pero Charlie era un marine que estaba a miles de kilómetros de Kingfisher.
Suponía que en esos momentos debía estar en una misión y no tenía contacto con él.
Además, lo conocía desde hacía meses y nada había sucedido hasta hacía poco. No tenía relevancia.
—No —dijo al fin.
El sheriff entrecerró los ojos, valorando si le estaba diciendo la verdad sobre el tema.
—¿Algún altercado con algún vecino?
—No, McCoy. Ya te lo dije, no hay nada.
—¿Has contratado a alguien nuevo en el rancho?
—Nadie, exceptuando a Colt, claro.
—Sí, claro —el sheriff entrecerró los ojos y se mostró pensativo durante unos instantes—. ¿Deudas?
—No nado en la abundancia, pero afortunadamente no le debo nada a nadie. Y nadie me debe nada a mí, por si era tu próxima pregunta —aclaró, un poco harta del interrogatorio, ya que habían tenido uno muy parecido en las anteriores ocasiones.
—Siento ser tan inquisidor, Linda. Pero es mi trabajo.
—Lo sé, discúlpame. Es solo que… no puedo entender de dónde viene todo esto o por qué. Y créeme que le he dado muchas vueltas al tema en mi cabeza desde el disparo.
—No importa, Linda —dijo el hombre, levantándose del sillón—. Trata de estar atenta y si recibes algo o alguien te dice cualquier cosa que te haga sospechar, por absurda que sea, no dejes de comunicármelo, a cualquier hora. En este momento hay que investigar hasta la más mínima pista.
—Gracias, Wyatt. ¿Te apetece quedarte a cenar?
—Me tienta la idea, pero aún tengo otra visita pendiente antes de volver a casa. Otra noche.
—Cuando quieras —sonrió la joven.
—Lleva cuidado, Linda —dijo antes de abrir la puerta y salir por ella.
—Sí. Gracias, sheriff.