Amor en Oklahoma VUELTA A LA RUTINA
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VUELTA A LA RUTINA

Linda agradeció que el regreso a Kingfisher fuera tranquilo y que Jacob no tuviera ninguna mala noticia para ella.

Travis se recuperaba de sus magulladuras.

El capataz los recogió en el aeropuerto y los condujo al rancho.

Al bajar del vehículo y pisar la grava del camino, Linda sintió que el rancho la recibía con una mezcla de paz y responsabilidad.

Aquella tierra era suya, árida en ocasiones, como ella misma, y muy distinta al falso brillo de Houston. Lucharía por su hogar.

***

—¿Y bien? —Scarlett apareció con una sonrisa en la habitación de Linda al final de la tarde—. ¿Cómo ha ido todo por Houston?

—Hola a ti también —dijo Linda mientras se secaba el cabello con una toalla.

—Sí, hola y eso —Scarlett tomó asiento en uno de los sillones, impaciente—. Cuéntame.

—Quieren reactivar los pozos de petróleo del abuelo.

—¿Eso se puede hacer?

—Parece ser que lo están haciendo en otros sitios y con buenos resultados. Perforan a más profundidad, hay otras técnicas.

—Es una buena noticia. Les habrás dicho que sí.

—No. Pensaré en ello durante esta semana.

—¿Y qué demonios tienes que pensar? Eso es un sí sin ambages, Linda.

—Tengo que pensar en mis vacas y mis cultivos, en los acres que se estropearían en la zona de los viejos pozos. Necesitan entrar por algún lado, ¿sabes? Y gracias a que están cerca del flanco norte y sería algo más limitado el impacto.

—¿Estás pensando en desestimar la oferta? —Scarlett no podía creer lo que escuchaba de los labios de su amiga.

—Estoy pensando en lo más conveniente para mi rancho.

—Lo más conveniente para tu rancho y para ti es que pueda sobrevivir. Y no creo que la oferta económica sea desdeñable.

Linda suspiró y se dirigió hacia el armario para elegir ropa para bajar a cenar.

—No, no lo es. Es una buena oferta. Pero no todo en la vida es el dinero, ¿sabes?

—Pero ayuda, más en estos tiempos. Linda, mi compañía prevé pagar unas indemnizaciones récord con esta sequía, lo sabes. Coge el dinero y corre.

—¿Y si me vuelvo loca? Como el abuelo Clayton —recordó a su abuelo, pionero en el asunto de los pozos de petróleo en el rancho. Hasta que se secaron.

—El abuelo Clayton vivía en otra época y quién sabe qué otros problemas podía tener. Eres una mujer con los pies en la tierra, no te va a suceder lo que a él.

Linda colocó la ropa sobre la cama y entró en el baño para secarse el cabello. Scarlett la siguió y observó mientras se daba aire caliente con el secador.

—¿Qué tal con Colt? —preguntó, apoyada en el quicio de la puerta mientras que su amiga se cepillaba una vez más la melena.

—Bien, me acompañó en la reunión.

—Me refiero a… —se cruzó de brazos, esperando un buen chisme—, bueno, habéis ido a cenar, te pusiste el vestido rojo, porque me llamaste para quejarte.

—La comida es deliciosa en Toro Toro, el restaurante del Four Seasons. Te lo recomiendo.

—La comida estaba bien, de acuerdo, ¿y el marine?

—Él llevaba ropa de Jacob, se la prestó. Deben tener la misma talla.

—Jacob siempre ha estado muy bueno —reconoció Scarlett.

—¡Scarly! —se quejó Linda, a pesar de que no era la primera vez que su amiga le decía tal cosa.

—¿Qué? Jacob está muy bueno, Linda. Si él quisiera, yo me lo llevaría a la…

—No necesito esa imagen en mi mente —la detuvo antes de ponerse crema facial.

—De acuerdo —rio—. Pues cuéntame qué tal han ido las cosas con el marine.

—Hemos charlado, hemos tomado bourbon muy caro, hemos comido en un restaurante muy caro y hemos disfrutado del hotel y del entorno.

—¿Y no ha pasado nada con él? —se sorprendió Scarlett—. Os he visto hace un rato ahí abajo, no te mira como lo hacía antes de ir a Houston.

—¿Y cómo me mira?

—Le gustas, más que antes.

Linda emitió una carcajada y salió del baño, pasando por el lado de su amiga.

—Tienes una gran imaginación, Scarly.

—Y tú siempre has sido muy mala mentirosa.

Linda observó a su amiga, ¿para qué engañarse? Quería contárselo, pero no quería que la juzgase por lo que había pasado.

—De acuerdo. Pasó algo —admitió.

—Te lo has tirado.

—No es eso.

—Desembucha —Scarlett se sentó en los pies de la cama mientras que su amiga se vestía.

—Estuvimos tonteando, porque bebimos demasiado en Toro Toro.

—Define tonteo.

—Casi nos besamos —dijo Linda, girándose de espaldas a su amiga para buscar el reloj que había dejado sobre la mesa. Aquella casi caricia de los labios de Colt le quemaba en la memoria como si hubiera sido un beso real.

—¿Casi? ¿Y eso es todo? ¿En serio?

—Bueno, es un paso para mí, después de lo de Asher.

—Lo de Asher pasó hace tiempo. ¿Por qué fue un «casi»?

—Porque… no sé, en el último momento lo llamé Charlie —dijo, avergonzada consigo misma.

—¡No! —Scarlett abrió mucho los ojos y la boca.

—Sí —Linda se encogió de hombros.

—¡Dios, Linda! —Scarlett se llevó la mano a la cabeza, aún en shock.

—No sé por qué sucedió.

—Te torpedeas a ti misma. ¿Tienes a un tío macizo como Colt a punto de besarte y no se te ocurre otra cosa que llamarlo por el nombre de otro?

—Ya te he dicho que no sé qué se me pasó por la cabeza.

—El miedo. A que sea como Asher —aseguró.

—No fue de forma consciente, Scarly —trató de disculparse a sí misma.

—¿Y qué dijo él? ¿Qué pasó?

—Ahí terminó todo —respondió, mientras se abrochaba los vaqueros.

—Me hace a mí un tío lo que tú le hiciste a él y no vive para contarlo. ¿Y después?

—Fue muy comprensivo, dadas las circunstancias. Le terminé explicando quién es Charlie y lo entendió.

—¿Lo entendió? —Scarlett volvió a sorprenderse—. No puede ser humano.

—Pensé que se iría al día siguiente, pero no lo hizo y allí estaba, en la sala de reuniones, apoyándome y hasta de buen humor. Solo me dijo que olvidáramos lo que había sucedido, que no conocía otra forma mejor de hacerlo.

—Ese tío es bueno, Linda.

—Ya, lo sé —Linda volvió a suspirar—. Es una pena que haya aparecido justo en este momento de mi vida.

—¿Y qué le pasa a este momento de tu vida?

—Todo lo que está pasando en el rancho.

Linda terminó de vestirse y se dejó caer en uno de los sillones de la habitación.

—Cariño, él ha aparecido y está aquí justo por lo que está pasando en el rancho.

—Sí —suspiró, pensando en lo del disparo y el resto de sabotajes.

—A veces, la vida pone a personas en tu camino por algo.

—También puso a Charlie.

Scarlett negó con la cabeza.

—¡Oh, Charlie! —se quejó—. ¿Te ha escrito últimamente?

—No —respondió, siendo sincera.

—Y tenemos a un Charlie fantasma desaparecido y a un Colt presente, al que le gustas y que te habría besado y Dios sabe qué más.

—¡Maldita sea, lo sé! —exclamó y se mordió el labio. Colt le gustaba y despertaba cosas en ella que hacía tiempo que estaban dormidas. Pero Charlie… había compartido confidencias que significaban demasiado para ella. No sabía qué iba a hacer.