Amor en Oklahoma DECISIONES COMPLICADAS
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DECISIONES COMPLICADAS

Linda disfrutaba de una copa de bourbon en el salón intermedio de las habitaciones, y, como la noche anterior, en penumbra.

Solo que, en esta ocasión sí que estaba lo suficientemente relajada para saborear las notas a chocolate, cereza y canela de la bebida.

El día fue más tranquilo una vez aconteció la reunión con Cimarron Oil.

El lujo había vuelto a hacer acto de presencia y la cena volvió a ser exquisita.

Se habían retirado temprano y en la soledad de la habitación había disfrutado de un relajado baño de espuma, algo que no se solía permitir hacer en el rancho.

El camisón de nuevo no era de su estilo, de color rojo, sexi y corto.

Había sido otra de aquellas cosas que había comprado y ni siquiera había estrenado, que su amiga había tenido a bien colocar en la maleta.

Y se dio cuenta que no le importaba, desde el día anterior se sentía más sexi y capaz de ponerse algo como aquello, mirarse al espejo y sentirse cómoda.

Colocó un puf delante de uno de los sillones para colocar las piernas en alto y cruzar una de ellas, se arrellanó en el asiento y descansó la cabeza.

Miró hacia el skyline de Houston y a su mano con el vaso de bourbon Garrison Brothers, después echó una ojeada a la mesa intermedia donde descansaba la botella del mismo.

Quedaba al menos la mitad del contenido en ella.

¿Sería muy inconveniente llevársela a casa?

Mmmm, probablemente no debería hacerlo. La gente con clase no hacía ese tipo de cosas.

Y ella estaba jugando a ser uno de ellos.

Sterling Hayes había sembrado la semilla en ella y el muy cabrón lo sabía, por eso le había ofrecido todo aquel despliegue de lujo en las últimas cuarenta y ocho horas de su vida.

Solo que, en menos de doce, la magia se desvanecería y la vida de rica de los últimos dos días terminaría en un instante.

La puerta interior que conectaba con la habitación de Colt se abrió y el hombre apareció vestido solo con un pantalón de pijama y el torso al descubierto. Linda se fijó en el brazo en el que lo habían herido, ya no lucía ningún vendaje y se alegró de que cicatrizase tan bien.

—¿Un bourbon? —preguntó Linda, haciéndose presente en la penumbra.

Colt se sobresaltó en cierta medida, no había esperado que ella estuviera allí, ya que había expresado su deseo de tomar un largo baño y había supuesto que dormía a esas alturas.

Aun así, ajustó la visión a la penumbra y pudo observarla estirada en uno de los sillones con un puf debajo de las piernas.

—Creo que nos gusta demasiado esta mierda —bromeó Colt, sabiendo que a ella también.

—Es el sabor del lujo. Trae un vaso y disfruta de la vista.

Colt sonrió y sacudió la cabeza, recordando que la noche anterior habían tenido una conversación similar, pero muy diferente a la vez.

Fue hasta el carrito de las bebidas y tomó un vaso, lo dejó al pie de la botella y se dispuso a servir el ambarino líquido.

Al acercarse, la vio con un camisón rojo, corto y sugerente.

Sabía que no lo había elegido ella. Se le secó la boca de golpe.

Sacudió la cabeza, tratando de quitarse la imagen de la mujer de la mente y de centrarse en el bourbon.

Luego se dejó caer en el otro sillón y bebió.

—Puede que debamos comprar una botella de esto antes de irnos —dijo Colt, disfrutando más esa noche de la bebida.

—¿A doscientos pavos la unidad? —Linda lanzó una carcajada—. No lo creo, cariño.

—Si estuviera Sterling Hayes aquí te diría que si aceptas su oferta podrías tener todas las botellas de esto que quisieras —le dijo Colt.

—Los tipos como él saben cómo hacerte sentir pobre.

—¿Te sientes así? —quiso saber Colt.

—A ratos —Linda se encogió de hombros—. Pero solo porque ellos quieren hacerme sentir así.

—Ese tipo no sabe que la verdadera riqueza no reside en el dinero —añadió Colt.

—¡Correcto! —le agradeció Linda, subiendo el vaso hacia él en un brindis silencioso—.

Puede que yo no tenga mucho de eso que a él le sobra, pero ¿sabes qué?

cuando monto sobre Misty y doy un paseo por el rancho que ha sido de mi familia durante generaciones, te aseguro que soy más rica de lo que él puede llegar a ser, por mucho champán y bourbon que pueda tener en su casa.

Colt sonrió con la respuesta de Linda, le gustaba.

—¿Sabes ya qué le vas a decir? —le preguntó.

—No tengo la más mínima idea —dijo Linda, siendo completamente sincera—. Me temo que va a ser una semana muy larga.

—La afrontaremos —dijo y bebió de su vaso.

Linda lo miró. Aquel plural natural donde se incluía a sí mismo en su semana, le gustaba. No parecía que Colt fuera de los que salen corriendo o de los que se rinden fácilmente.

La mirada de Colt también se posó sobre ella, primero sobre su rostro y luego, descaradamente durante un instante sobre sus piernas desnudas por el corto camisón. Una sonrisa traviesa apareció en sus labios, antes de volver la vista a su propia copa. Era más seguro.