Amor en Oklahoma CIMARRON OIL
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Un camarero entró con un carrito con café, té y unas pastas. ¡Vaya! Todo seguía estando pensado al milímetro.

—¿Desea algo más, señora?

—No, gracias. Todo está bien.

El camarero se despidió, Linda miró el reloj y tamborileó con sus dedos sobre la mesa. Aún faltaban unos minutos.

—Si te ven hacer eso pensarán que estás nerviosa —dijo una voz conocida a su espalda.

Linda se giró y lo vio de pie junto a la puerta, sonriéndole. ¿Era una alucinación de su mente? ¿O de verdad era él?

—¡Colt! —exclamó, sintiendo un vuelco dentro de su pecho. El hombre sonrió.

—¿Por qué demonios no me has despertado? —se quejó el recién llegado.

—Yo… —Linda lo miró. Aún tenía el cabello húmedo, suponía que había tomado una rápida ducha, pero sus ojos lucían algo soñolientos. ¡Solo había estado durmiendo! —. No lo sé.

—Solo he venido a desearte suerte.

—Gracias —respondió, pensando que si se había quedado era solo para despedirse. Al menos era un detalle por su parte.

—Estaré fuera y después, —la señaló con un dedo y le guiñó un ojo— me debes un desayuno.

Linda sonrió, no era una despedida.

—Quédate conmigo —le pidió y se corrigió—. En la reunión.

—¿Estás segura? —Colt alzó una ceja.

—Sí, por favor. Sé que vendrán al menos tres ejecutivos, daré una imagen más compacta si por mi lado somos dos.

—De acuerdo —dijo Colt y dio unos pasos hacia delante para colocarse cerca de la mujer.

El olor de la amaderada fragancia de la colonia de Colt mezclada con el frescor del gel de ducha, aún presente en él, llegó a las fosas nasales de Linda y la complació, dándole una extraña sensación de compañía y seguridad.

Esa mañana el marine había optado por vestir un traje de chaqueta cruzado de tonos claros.

—Si ves que me pongo nerviosa o me equivoco, puedes intervenir libremente —le pidió en voz baja.

—No hará falta. Vas a estar genial, como siempre —respondió, con una mirada firme sobre ella.

—Solo por si acaso.

—Sí, señora —le dijo, con una sonrisa que ella le correspondió.

Linda volvió a mirar el reloj, impaciente, antes de observar intensamente a Colt. Podía haberse ido y no lo había hecho, ni siquiera se mostraba enfadado o molesto, simplemente y como le había dicho la noche anterior, olvidaría lo que había pasado, porque no sabía hacerlo de otra forma.

—Pensaba que te habías ido —le confesó.

Colt sonrió con un brillo peligroso en sus ojos verdes.

—Los marines no abandonamos —y sonó a promesa. Linda tragó saliva justo cuando la puerta de la sala de reuniones se abrió.

Tal como había previsto, tres ejecutivos entraron en la sala y se presentaron: El CEO de la compañía, el ingeniero jefe y una abogada corporativa.

Linda sintió que había hecho lo correcto pidiéndole a Colt que se quedase.

Si algo bueno había aprendido de Asher era que la imagen que se da es parte importante en el negocio.

Un camarero entró acto seguido y sirvió las bebidas calientes mientras que se sucedían las presentaciones y unas preguntas de cortesía acerca de la estancia en el Four Seasons.

Cuando el camarero abandonó la sala, el CEO hizo una breve introducción más que medida y fue al grano:

—Linda, entendemos que si ha tardado tanto en aceptar esta reunión es porque usted ama su tierra, porque tiene una historia de generaciones en su familia.

Lo primero que queremos decirle es que nosotros no queremos destruirla, queremos honrarla, al igual que usted —dijo Sterling Hayes, el CEO de Cimarron Oil.

—No creo que honrarla sea hacer fracking, algo que destruye los acuíferos subterráneos —dijo Linda, sabiendo que era lo que habían hecho en algunos ranchos de la zona.

—No es lo que le propondremos —el hombre sonrió—. Creo que debemos ir al grano. Lo que queremos es reactivar los pozos de petróleo antiguos. Y usted tiene dos en su propiedad.

El ingeniero sacó los planos, los colocó sobre la mesa y le señaló el lugar a Linda, reconociéndolo al instante. Ella no llegó a conocer a su abuelo, había enloquecido al secarse los pozos y murió no mucho después, pero su padre le había hablado de todo aquello.

—Están secos —les dijo.

—Para la tecnología de hace cincuenta años, sí. Para la nuestra actual no —el CEO sonrió.

—Haremos un estudio geológico y si sale positivo, algo en lo que realmente confiamos, perforaremos a más profundidad y cambiaremos las tuberías. Tenemos unas nuevas técnicas con cero derrames y cero impacto visual para lograrlo —añadió el ingeniero.

—Hablemos ahora de dinero —terció el CEO—. Sabemos que la situación para los rancheros este año no es buena y deseamos ser justos y ayudarles, en este caso a usted. Solo por el estudio geológico le daremos cien mil dólares. Quiero que vea que confiamos en que hay petróleo en el lugar.

—Si hubiera petróleo —continuó la abogada—, sus beneficios netos podrían alcanzar el medio millón de dólares anuales. Si encontráramos una buena bolsa de crudo puede que fuera algo más.

—¿Y si no lo hay? —preguntó Linda.

—Usted se quedaría los cien mil —dijo la otra mujer—. Por las molestias.

—Y dejaríamos el terreno tal como lo hubiéramos encontrado —añadió el ingeniero.

—Lo firmaríamos en contrato —puntualizó la abogada—. En caso de encontrar petróleo habría un monitoreo ambiental para asegurar que el agua y el pasto no sufren ninguna alteración durante su extracción.

—Eso sí sigue queriendo criar animales o cultivos —Sterling sonrió de forma brillante—. Con los beneficios petroleros puede tener una vida más cómoda sin estar pendiente de si llueve, cae granizo o si alguien sabotea a sus vacas.

Linda frunció el ceño con suspicacia. No era normal que Sterling supiera tanto.

—Sí, suelo estar informado de todo lo que ocurre en la zona en la que quiero trabajar. Lo lamento, por cierto. Este mundo se ha vuelto un lugar complicado —volvió a hablar el CEO, haciendo un gesto de desagrado.

—Podríamos hablar sobre el contrato la semana que viene —dijo la abogada, siendo directa.

—No queremos que se precipite y no jugamos así —dijo Sterling Hayes mientras se levantaba del asiento para abrocharse la chaqueta y lanzó una breve mirada hacia Colt—. Por eso creo que debe hablarlo tranquilamente con sus personas de confianza.

—Sí, lo agradezco —Linda también se levantó y el resto los imitaron.

—Solo quiero que piense en una cosa y esa es en lo que Cimarron Oil puede mejorar su vida. En todo lo que usted se merece y en lo que se podría permitir al fin.

El hombre le tendió la mano y ella la estrechó. Después, fueron saludados con una sonrisa y un gesto de cabeza por los otros dos integrantes. Los peces gordos de Cimarron Oil abandonaron la sala de reuniones.

—Ha sido… rápido —dijo Linda, mirando hacia la puerta.

—Estos tipos de las petroleras van directos al grano —convino Colt, con el ceño fruncido, tratando de hacerse una idea de todo lo que había sucedido allí y de las reacciones del CEO.

—Sin embargo, pagan un avión privado y dos noches en un hotel como este. Para mostrarme lo que podría tener si acepto su oferta.

—Es una buena estrategia si lo piensas —dijo Colt.

—Es muy buena, sí.

Linda pensó en el comentario acerca de lo que les había ocurrido a sus vacas. ¿En serio aquel tipo solo hacía su trabajo o lanzaba una advertencia velada de cara al futuro? O peor aún, ¿habían sido ellos los causantes del hecho?