¿CHARLIE O COLT?
Subieron acompañados de otros huéspedes hasta el piso quince, eran los únicos en aquella planta.
Linda salió del ascensor y se recostó en una de las paredes para deshacerse de los zapatos de tacón. Eran cómodos, aunque quizá no tanto. Emitió un gemido de satisfacción al pisar la mullida alfombra del Four Seasons.
—¿Necesitas ayuda? —dijo Colt, colocándose frente a ella, dispuesto a llevar sus zapatos si era necesario.
—No, gracias —Linda sonrió y miró los ojos verdes del marine que ahora tenían las pupilas algo más dilatadas de lo habitual. ¿El bourbon, quizá? ¿O puede que… algo más?
Alargó la mano para quitarle un hilo negro del cuello de la camisa y le rozó la piel con los dedos.
Colt se la atrapó rápidamente con la suya, el tacto de la mujer le había quemado.
Ambos se miraron a los ojos y él le acarició la mano, para después llevársela a los labios y besarle los dedos sin dejar de mirarla.
Los zapatos de Linda cayeron en un sonido sordo a la moqueta desde su otra mano y se pegó instintivamente a la pared un poco más.
Colt también se acercó unos centímetros más hacia ella y lentamente le comenzó a acariciar la mejilla con el dorso de los dedos.
La respiración de la mujer se hizo más errática, acelerándose.
El marine la estaba quemando con solo dos dedos sobre su rostro.
Bajó la mano y deslizó los dedos suavemente por el cuello de la mujer, erizándole la piel a su paso.
El hombre sonrió, sabía que ella sentía al igual que él.
Apoyó una mano en la pared al lado de su cabeza y la cercó aún más para sí mismo.
Tragó saliva y le acarició la barbilla y el contorno de los labios con el dedo pulgar.
Ella los entreabrió en un suspiro que supo se le había escapado y se dijo que podría jurar que escuchaba el palpitar acelerado del corazón del marine, a menos que fuera el suyo propio.
Colt acercó el rostro al de ella y sus alientos dulces con aroma a bourbon texano se entremezclaron.
La nariz de Colt jugó con la de Linda, que cerró los ojos, rindiéndose a lo inevitable.
Lo deseaba, ambos lo hacían y aquel juego de seducción los estaba quemando por dentro, él se dijo que solo bastaría un segundo más y arderían en llamas.
—Charlie —dijo Linda en un susurro inconsciente.
Colt quedó petrificado y abrió mucho los ojos, sorprendido. ¿Había dicho Charlie? ¿Ella sabía que él…? ¿O había… otro?
Los ojos de Linda se abrieron con la misma sorpresa.
Supo que se ruborizó de la cabeza a los pies al instante, siendo consciente de que algo en su interior le había jugado una mala pasada y de que, en vez de susurrar el nombre de Colt, había nombrado al otro marine.
Lo miró, sintiéndose arrepentida. Colt estaba…
desencajado, probablemente se estaba preguntando quién diablos era aquel tío que en un momento como ese salía de sus labios.
—¿Qué? —preguntó Colt, desde unos centímetros más atrás, aún con los ojos sobre ella y la mano apoyada en la pared, aprisionándola en cierta forma, esperando una explicación que tardaba en llegar.
—Creo que… hemos bebido demasiado, ¿no?
Linda trató de sonreír de forma nerviosa, quitándole hierro al asunto, pero lo cierto era que le había dicho Charlie a Colt. A los hombres no les solía gustar que se acordasen de otro en un momento como aquel.
—Sí, claro —convino Colt, retirando la mano de la pared y separándose de ella, como si el golpe recibido hubiera sido físico. Se agachó, recogió los zapatos de la mujer y se los dio sin dejar de observarla. Ella no sabía que él era Charlie Sierra, ¿verdad? No, no podía saberlo.
—Gracias —respondió Linda, caminando hasta la puerta de la habitación. Cuando se giró, Colt estaba detrás de ella, con un gesto confuso—. Me lo he pasado muy bien, de verdad, Colt.
El marine subió una ceja. ¡Vaya, ahora sí que recordaba su nombre!
—Sí, yo también —le dijo, sintiéndose estúpido. Ella nunca le había hablado de ningún Charlie y estaba claro que había uno.
—Hasta mañana, ¿vale? —dijo ella, pasando la tarjeta por el lector de la puerta de la habitación, que se desbloqueó.
—Hasta mañana, Linda —respondió él, antes de que se cerrase detrás de ella.
Colt cerró los ojos con fuerza y se pasó una mano por el cabello, frustrado. ¿Qué demonios había pasado y qué demonios le estaba sucediendo con aquella mujer? Probablemente una ducha muy fría le despejase las ideas antes de dormir.
Linda se apoyó tras la puerta de la habitación una vez esta se cerró.
—Eres gilipollas, Linda. ¿En qué demonios estabas pensando? —se recriminó en voz baja, con la espalda pegada a la madera.
No lo sabía. O tal vez sí. Había pensado en Charlie más veces de las que estaba dispuesta a admitir, ni siquiera a Scarlett.
Había fantaseado con él, con cómo sería tenerlo cerca o cómo la tocaría…
Y ahora Colt, con sus caricias, su aliento a bourbon y sus ojos verdes, llegaba para confundirla aún más.
Charlie o Colt.
La maldita cuestión.
***
Colt no podía quitarse de la cabeza lo sucedido esa noche con Linda, sabía que Morfeo se le había escapado.
Pensó en la botella de bourbon que habían llevado al salón intermedio de la habitación.
Quizá otra copa lo ayudase a dormir. O al menos a pensar en qué pasaría al día siguiente con Linda o en cómo podrían ser las cosas en adelante con ella.
La deseaba y era un hecho que no iba a negarse a esas alturas, sin embargo, ella…
le pareció ver señales claras, pero la realidad era que pensaba en otro hombre.
Ni siquiera se atrevió a encender la luz, la tenue iluminación de la noche de Houston al otro lado del ventanal era más que suficiente para disfrutar de una copa de bourbon mientras reflexionaba.
Se sentó con el vaso en la mano, mirando hacia el skyline de la ciudad y tomó el primer sorbo del mismo, respirando hondo. Era un bourbon de gran calidad.
No demasiado tiempo después, la puerta que conectaba la habitación de Linda con el salón se abrió y su figura entró en el lugar. Por fortuna no había reparado en su presencia, no al menos de momento.
La mujer se dirigió al carrito de las bebidas y buscó la botella de bourbon que sabía que les habían subido, pero no la halló. Colt sonrió a pesar de la situación.
—¿Buscas el bourbon? —le preguntó la voz de Colt, rompiendo el silencio de la habitación.
Linda se sobresaltó y las bebidas del carrito, así como los vasos, tintinearon al chocarse con ellos.
—Sí —dijo, escueta, como si nada hubiera pasado, pero con el corazón en la boca.
—Trae un vaso —ordenó él, mientras que subía la botella, para que ella viera su figura, a pesar de la oscuridad reinante.
Linda le hizo caso y cogió uno de los vasos, acercándose a él. Se lo tendió, él lo tomó, rozándole los dedos y quemándose con ellos una vez más. ¿Qué demonios iba a hacer con ella?
Le sirvió bourbon y le pasó el vaso de nuevo, mientras que la mujer permanecía de pie a su lado, tratando de decidir qué hacer a continuación o qué decir.
—Siéntate conmigo —la invitó Colt.
—¿No te importa? —preguntó ella.
—Disfruta de la vista —dijo y Linda no supo si se refería a la ciudad o si a él, a pesar de lo tenue del interior del salón.
Cuando el hombre dirigió su mirada hacia el ventanal, supo que se había referido a lo primero.
No había previsto hacerle daño y, probablemente, lo había hecho.
Colt no lo había merecido, no después de cómo se había portado con ella.
Linda tomó asiento en el otro sillón y miró en silencio al marine.
—Siento lo de hace un rato —se disculpó ella.
—Podría decirte que no tiene importancia, pero sabrías que miento. Mañana… hagamos como si nada hubiera pasado, ¿de acuerdo? No sé hacerlo de otra manera.
Colt estaba dolido, Linda lo sabía. Guardó silencio mientras disfrutaba del bourbon y miraba la ciudad, al igual que él lo hacía.
—¿Quién es Charlie? —preguntó Colt al fin, incapaz de contenerse.
—Es una tontería —respondió ella, bajando la mirada.
—No consideraría una tontería besar a alguien pensando en otro tipo —replicó él.
—No te he besado —corrigió Linda.
Colt se recolocó en el sillón, molesto. Tenía razón, no se habían besado, pero el juego de seducción había estado presente entre ambos desde que había comenzado la velada.
—Y Charlie no es una tontería —aseguró él, sintiendo una punzada de dolor en el pecho.
—Creerás que soy estúpida, pero puede que ya no importe si lo haces —suspiró Linda—. Scarlett me habló del programa Soldiers' Angel. ¿Lo conoces?
Colt cerró los ojos, aliviado. El dolor del pecho se convirtió en otra cosa más cálida que se instaló en su estómago.
—He oído hablar de él —dijo.
—Hice unas galletas de jengibre y le escribí una carta a un desconocido.
La idea era animar a uno de nuestros soldados que están al otro lado del mundo, especialmente si están pasando por un momento complicado.
Se supone que ahí quedaría todo, una carta, unas galletas y ánimo para el marine, pero puse mi e-mail y él me respondió.
—Él es Charlie, ¿no? —preguntó Colt, aunque ya lo sabía.
—Sí. Y aquella respuesta se convirtió en muchas más por parte de los dos a lo largo de los meses.
—Entiendo.
Linda se levantó del sillón y se acercó al ventanal, para ver la ciudad aún más de cerca, a sus pies.
—Creo que… él me ayudó también a mí de alguna forma.
Después de lo de Asher… Pienso que fue el primer hombre en el que volví a confiar.
Puede que lo sienta como algo seguro, no lo sé.
Scarlett cree que tiene cinco hijos y está casado.
Que esto solo es un juego para él y que yo le he dado más importancia de la que tiene.
—¿Y tú qué crees? —preguntó él.
Linda lo pensó durante unos largos instantes.
—Yo no lo creo, no creo que sea un juego. Hay cosas… cosas de las que hemos hablado en estos meses, con las que nadie puede jugar.
—¿Habéis hablado de vosotros? ¿De un futuro?
—No —Linda suspiró y se enfureció consigo misma a continuación—. Suena patético, ¿a que sí? Puede que solo tenga miedo a… no sé. Puede que solo me aferre a él para evitar equivocarme de nuevo.
—Venga, Linda, no seas tan dura contigo misma —Colt se levantó del sillón y se acercó hasta ella.
Quería consolarla por más de un motivo ahora.
Era el culpable de todo aquel remolino de emociones que sentía la mujer.
Pero a la vez todo se había complicado demasiado.
Ya no podía decirle «Ey, Linda, ¿sabes qué?
Resulta que yo soy Charlie». Sabía que se pondría furiosa.
Y, llegados a aquel punto, tampoco podía hacer como que Charlie no existía y pasar página, porque ella no lo olvidaría.
Por segunda vez esa noche, supo que estaba jodido y ahora, además, no sabía cómo iba a solucionar todo el embrollo en el que se había metido él solito.
Solo había una cosa que lo consolaba y era el saber que, para Linda, Charlie era tan importante como ella para él, incluso antes de haberla conocido en persona.
Algo que también se había negado durante algún tiempo, mientras intercambiaban mensajes.
Pensó en acariciarla, pero se dijo que en ese momento no era una buena idea, porque ella podría malinterpretarlo.
—Buenas noches, Colt —dijo Linda, echando una última ojeada al skyline de Houston antes de dejar el vaso en la mesita que se encontraba entre los dos sillones del salón.
—Buenas noches —dijo, esbozando una suave sonrisa que tranquilizó a la mujer, para quedar de pie, mirando la inmensidad de la ciudad en sus horas más silenciosas. Tenía mucho en lo que pensar.
Linda abandonó la estancia y se dijo que después de aquella noche, entraba en lo posible que Colt desapareciera a la mañana siguiente.