CENA ELEGANTE #2
—Eso solo fue la punta del iceberg. La realidad era que quería que uniéramos nuestros ranchos y meter mano a mis cuentas, que en ese momento eran mucho más saneadas que ahora.
Es un cerdo codicioso que nunca parece tener suficiente.
Supongo que su siguiente paso habría sido despedir a mi gente y poner en su lugar a los matones.
—Siento que hayas pasado por eso —le dijo sinceramente y se sintió preocupado por lo que le acababa de contar, que suponía que seguía siendo solo un resumen edulcorado de lo que realmente había vivido con él.
—Sí, yo también.
Colt la observó en silencio, Linda era una mujer fuerte y lo demostraba a cada paso, pero también llevaba cicatrices que alguien sin escrúpulos como Asher Granger le había dejado.
Sintió el impulso de protegerla, incluso en contra de su voluntad en el futuro, y de asegurarse de que nunca volviera a pasar por algo así.
La cena terminó de forma agradable y más relajada que como había comenzado, a pesar de que había algún tipo de tensión que fluía entre ellos desde esa tarde, desde que Colt se había acercado a ella y la había abrazado desde atrás mientras observaba el atardecer en Houston a través de los grandes ventanales de la habitación.
—¿Qué te parece si damos un paseo hasta que comience la cata? —le propuso Colt, mirándole los tacones—. Solo si te ves capaz.
—Son cómodos, Scarlett se cercioró de ello.
—¡Vaya! Veo que no soy el único al que lo visten sus amigos.
Linda rio con la ocurrencia del marine y este sonrió antes de ofrecerle el brazo de nuevo para salir al exterior. Ella lo tomó y el frescor de una noche de primavera les dio la bienvenida. Colt se apresuró a quitarse la chaqueta y ponerla sobre los hombros de Linda.
—Gracias —dijo ella, aunque había estado tentada a responder que no era del tipo de chica débil que no puede soportar un poco de primaveral brisa nocturna.
Pero, solo para variar, se dijo que quizá debía bajar un poco la guardia y dejarse cuidar.
No estaba en el rancho y, al menos por esa noche, no tenía que demostrarle nada a nadie.
Colt no trataba de invadir su espacio, solo estaba siendo amable.
—También es de Jacob —dijo Colt y Linda sonrió.
—El vestido es mío, pero Scarlett lleva un tiempo queriendo que lo use. Incluso la otra noche para cenar en el rancho.
—¿La noche en la que llevabas una blusa negra algo más desabrochada de lo normal? —preguntó Colt y Linda se detuvo a mirarlo, frunciendo el ceño. El marine le mantuvo la mirada, pensando si había llegado demasiado lejos. La mujer sonrió y le dio un puñetazo en el hombro antes de seguir caminando.
—¿Te fijaste? —dijo, sintiendo que se había ruborizado.
—Soy un marine que…
—¡Dios! No acabes esa frase —Linda cerró los ojos, pensando que lo siguiente que diría era que hacía meses que no estaba con una mujer.
Colt lanzó una carcajada, sabiendo lo que estaba pensando Linda.
—Me fijo en los detalles. ¿Qué creías?
—No sé qué es lo que creía —dijo ella, ruborizándose claramente. Agradeció que era de noche y la luz de las farolas era tenue.
—No era tu estilo. Me di cuenta enseguida. Pero tampoco me voy a quejar. Felicitaré a Scarlett por este vestido, porque estás preciosa esta noche. Y es algo difícil de conseguir.
—¡¡Eh!! —Linda se detuvo de nuevo y lo volvió a mirar con el ceño fruncido mientras que Colt se reía una vez más. ¿La estaba llamando adefesio?
—Es algo difícil de conseguir porque estás preciosa hasta cuando acabas de atender el parto de una vaca después de un largo día de trabajo —le dijo, con una sonrisa mientras que ahora sí, veía cómo comenzaba a sonreír y se ruborizaba en una calle cualquiera de Houston—. No dejas que termine y te escandalizas.
Continuaron caminando en silencio por la avenida, el uno al lado del otro.
—Creo que no me relajaba tanto desde… —Linda respiró hondo pensando en ello—, hace años.
—Me temo que es lo que pretenden los de Cimarron Oil antes de la reunión.
—Sí, lo sé. Y hasta casi que se lo agradezco. Necesitaba un respiro.
—Ya, yo también —rememoró Colt, sabiendo que él también tenía heridas, por las que aún sangraba, especialmente cuando aparecían la mayor parte de las noches en forma de pesadillas.
A lo largo de la velada ni se había acordado de su amigo Austin, hasta ese momento.
La culpa, el dolor, la tristeza… todo parecía disiparse cuando Linda estaba cerca.
Se sorprendió a sí mismo, pensando que quizá no solo había ido a Kingfisher a darle las gracias.
Tal vez, en el fondo, había ido a buscar un motivo para quedarse.
A pesar de que se celebraba bastante tarde en el bar del hotel, la cata de bourbon texano estaba más que concurrida.
Tomaron asiento en una de las mesas y se dejaron llevar a través de la historia de la famosa bebida texana y les sirvieron uno de ellos, haciéndoles paladear cada una de las notas: miel, roble, especias…
—Este tiene carácter, como tú —le dijo Colt, en la tercera copa de degustación. Linda sonrió y lo miró a los ojos, probándolo por sí misma, apreciando notas de caramelo, se dijo que tenía un fondo dulzón que le gustaba.
—Señores —un camarero apareció ante ellos mostrando una botella—. Por cortesía de la casa, hemos dado la orden de subirles una botella de nuestro bourbon exclusivo, para que puedan disfrutarlo durante su estancia. Creo que encontrarán agradables sus notas de chocolate, cereza y canela.
—Si es un sueño no me despiertes —bromeó Linda hacia Colt, después de agradecerle al camarero el detalle.
—Te lo mereces —dijo él.
—Creo que también me merezco un descanso. Ha sido un día largo y… muy intenso —dijo, sonriendo con picardía, consciente de que el marine entendería aquellas palabras.