HOUSTON, TEXAS
Jacob los había llevado hasta el pequeño aeropuerto de Kingfisher, donde el avión privado los esperaba para volar hasta Houston.
Ahí había comenzado todo, el avión contaba con una azafata que les había servido cava y fresas durante el vuelo, lo que había ayudado a mitigar los nervios que comenzaron a instalarse en Linda.
Cuando llegaron a Houston, un chofer sacó sus pertenencias del avión y se hizo cargo de ellas antes de ser trasladados hasta el hotel Four Seasons en un BMW negro con los cristales tintados, desde donde pudieron ver el skyline de la ciudad.
Al llegar al hotel, la opulencia continuó y de nuevo se hicieron cargo del equipaje sin que ellos tuvieran que mover un solo dedo.
El olor a cuero y a un ambientador cítrico, mezclado con los arreglos florales de la estancia se introdujo en las fosas nasales de Linda nada más pisar el interior del edificio.
—Este es el olor del lujo —dijo Colt, observando a la mujer e imaginando lo que pasaba por su mente.
—Es justo lo que quieren mostrarnos —convino Linda, observando la sonrisa de los recepcionistas hacia ellos. Se acercaron al gran mostrador de mármol y, para su sorpresa, se dirigieron a ella por su nombre, como si la conocieran.
—Señora Clayton, ambos están invitados a cenar en el restaurante Toro Toro por cortesía de Cimarron Oil, seguido de una cata de bourbons texanos —dijo la joven, esbozando una gran sonrisa tras darles las tarjetas llave.
Las sorpresas no terminaron al subir hasta el piso quince, ya que la habitación era más de lo mismo, la clase y el lujo se respiraba en cada mueble y detalle.
—Esto es… —Linda se sintió extasiada mientras permanecía de pie al lado del gran ventanal de su habitación, desde donde se veía parte del skyline de la ciudad.
—Impresionante —Colt terminó la frase por ella, una vez despidió al botones, con un apretón de manos de veinte pavos. Se acercó a donde estaba la mujer y echó un vistazo por sí mismo.
La habitación poseía un sofá alargado justo al lado de ellos, desde donde poder disfrutar de aquella vista mientras se estaba cómodamente sentado, estirado o echado.
También había una gran cama, que sabía que estaba vestida con sábanas de algodón egipcio, algo de lo que se enorgullecían en el Four Seasons.
—Se toman bastantes molestias para impresionarme —aseguró Linda.
—Más bien pregúntate cuánto pretenden ganar contigo —dijo Colt, siendo certero. Si podían permitirse todo aquello en agasajarla, sin duda lo que esperaban sacar de lo que quisieran ofrecerle debía ser mucho mayor.
—Para ganar dinero, hay que invertir dinero —respondió Linda, mientras paseaba por la habitación y cruzaba hacia la de al lado, que para su sorpresa no era la de Colt, sino un salón que podía hacer las veces de sala de reuniones o de despacho.
—Supongo que aquí es donde te reunirás con ellos.
—¿Y tu habitación?
—Al otro lado —señaló otra puerta—. Idéntica, pero sin flores o bombones.
—¿Bombones? —Linda no había reparado en aquello y volvió a su habitación, donde halló un ramo de flores con una nota a su lado en la mesa, en la que el gerente se dirigía a ella por su nombre, le deseaba feliz estancia y ponía al personal del hotel a su disposición a cualquier hora.
Al lado, una caja de bombones que tampoco tenían aspecto de ser baratos.
—Yo tengo una botella de vino en mi habitación —dijo Colt—. ¿Te apetece una copa antes de cenar?
—Claro, ¿por qué no? Tráela aquí —respondió Linda, sintiéndose sobrepasada con todas aquellas atenciones de Cimarron Oil hacia su persona. Le vendría bien templar los nervios y adecuarse a la situación.
Colt esbozó una sonrisa y se dispuso a ir a buscar la botella y unas copas.
Linda por su parte, se descalzó y se soltó el cabello antes de ponerse cómoda en el sofá, con las piernas estiradas, para observar la ciudad desde allí.
El marine volvió con la botella de vino en una mano y dos copas en la otra.
Él también se había puesto cómodo, quitándose la chaqueta y desabrochando algún botón más de su camisa, también se había descalzado y desecho del cinturón de hebilla ancha.
Linda colocó el codo en el respaldo del sofá y apoyó la cabeza en su mano, observando cómo el hombre disponía las copas sobre la mesa y servía el vino blanco en ellas.
Sonrió y se dijo que había sido un buen cambio, en vez de Jacob y sus ronquidos, aunque dudaba que aquello de los ronquidos fuera cierto.
—¿Qué piensas? —Colt le acercó una copa y ella la tomó entre las manos.
—Jacob me amenazó con venir él si no te lo pedía a ti. Y roncar mucho, para que me gastara una fortuna en cafés. Suponía que no serían muy baratos por aquí.
—Él no iba a venir —Colt sonrió a su vez con la explicación de Linda y se dispuso a confesarle algo—. Su plan era que yo entrase en su lugar en el avión en el último momento.
—¿Una encerrona? —Linda frunció el ceño, pero no abandonó una expresión divertida, Jacob era astuto.
Colt se sentó en el sillón que quedaba frente a ella y a la estupenda vista de la ciudad. Estiró las piernas y las colocó, cruzándolas, muy cerca de donde ella también las tenía estiradas.
—Algo así. No podrías negarte.
—¿Ibas a aceptar?
—Me convenció —Colt bebió de su copa, pero sin dejar de mirar el gesto incrédulo de la mujer—. Solo que yo planeaba evitar tu enfado pidiéndote que me dejaras acompañarte, solo que, después de cenar.
—¿Y si me hubiera negado?
—Eres increíblemente testaruda, Linda Clayton. Pero también muy inteligente, por eso no fue necesario que llegáramos a ese escenario —alzó la copa hacia ella en un brindis silencioso y bebió una vez más.
¿Qué demonios quería decir con aquello? ¿Que se había encabezonado en cuidar de sí misma, a pesar de que sabía el peligro que corría?
—No estoy acostumbrada a que luchen mis peleas por mi —le dijo, y también bebió, observando las reacciones y los gestos del hombre.
Colt descruzó los pies, los bajó del sofá y se inclinó hacia delante, colocando los codos sobre las rodillas con la copa entre ambas manos. Miró el vino y la miró a ella.
—No pasa nada por aceptar la ayuda de alguien cuando se necesita, o pedirla, Linda.
—Lo sé, pero… —no supo qué decir. ¿Qué tenía una imagen que dar? ¿Qué odiaba mostrarse vulnerable? ¿O que no se podía permitir que otros la vieran así? Quizá era solo que tras la ruptura con Asher le costaba confiar.
—Eres una de las mujeres más fuertes que conozco —le dijo—. Nadie que hubiera pasado por lo que tú lo has hecho en los últimos tiempos, seguiría en pie sin romperse a día de hoy. Pero, ¿sabes qué?, hasta el soldado más valiente y aguerrido, necesita un hombro sobre el que llorar de vez en cuando.
Linda le sostuvo la mirada durante un segundo, después la apartó, tragó saliva y bebió de la copa de vino.
Decidió levantarse del sofá y acercarse al ventanal de la habitación, mirando la ciudad, de espaldas al marine.
Un nudo se había instalado en su garganta y amenazaba con desbordarse a través de sus ojos en cualquier momento, algo que no iba a mostrarle a él.
No podía reconocer que sus palabras la habían tocado.
¿O quizá solo era consecuencia de tomar alcohol antes de cenar?
Colt la miró, estaba de espaldas a él, pero la cada vez más tenue luz de la tarde hacía que su rostro se reflejara en el cristal.
Pudo observar la expresión de la mujer. Se parecía demasiado a la del día en la que sus vacas murieron.
Maldita fuera si quería causarle aquel efecto, pero sí quería que tuviera claro un mensaje.
Dejó la copa sobre la mesa y se dirigió hacia donde estaba Linda, colocándose detrás.
—¿Estás bien? —le dijo, atreviéndose a colocar una mano sobre el hombro de la mujer.
Linda notó la presencia de Colt tras ella, aquella masculinidad y seguridad que emanaba, la protección que representaba y su imponente presencia en el lugar.
—Sí —respondió, después de tragar saliva y de rogar que su voz sonase segura y firme, que nada hiciera vislumbrar que la había perturbado de alguna forma.
—Yo —Colt supo que Linda se esforzaba en mantener aquella capa de dureza frente a él y se atrevió a colocar su otra mano en el otro hombro de la mujer, para bajarlas por los brazos, hasta llegar a la cintura, rodearla con las manos y abrazarla levemente desde atrás mientras que le hablaba muy cerca del oído en un tono tranquilo —.
Estoy aquí y seguiré estando a tu lado siempre que me necesites, pero quiero que me digas cuándo, porque odiaría invadir tu espacio sin tu permiso.
Después de aquello, Colt se retiró de ella y volvió hacia donde había dejado la copa, bebiendo el resto de la misma.
—Tomaré una ducha antes de bajar a cenar —le informó el hombre. Luego abandonó la habitación cruzando el salón y volvió hasta su propia estancia.
Linda se quedó observando la tarde en Houston.
Los tonos rosas del atardecer creaban una preciosa e inolvidable escena ante ella.
Cerró los ojos con fuerza y dos lágrimas escaparon de ellos, para ser limpiadas a continuación.
Respiró hondo y tembló levemente, rememorando el abrazo del marine.
Bebió el vino restante de su copa y se dijo que ella debería hacer lo mismo.
Una ducha le devolvería la cordura y alejaría el alcohol ingerido y la nostalgia que la invadía.