Amor en Oklahoma LOS PROBLEMAS NO SE DETIENEN
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LOS PROBLEMAS NO SE DETIENEN

Cuando Linda se levantó aquella mañana, Colt permanecía sentado en la mesa de la cocina, mirando la taza de café. Un día más, había sido él quien lo había preparado. Se lo veía taciturno y pensativo.

—Buenos días —lo saludó y se dirigió a la cafetera para servirse la primera dosis de cafeína del día.

—Buenos días —dijo el hombre.

Linda se apoyó en la encimera con la taza en la mano y lo observó, tenía un aspecto cansado y en esa ocasión ni siquiera llevaba puesta una camiseta, solo un pantalón de chándal, lo que hacía que quedase al descubierto todo aquel perfecto torso masculino.

Si en algo tenía razón Scarlett era en que el hombre estaba muy bueno y no dudaba que ganase desnudo.

Cerró los ojos y sacudió la cabeza, su amiga le había metido aquello en la mente y no estaba bien.

Tenía los suficientes problemas en el rancho como para andar fantaseando sobre un hombre.

—¿Estás bien? —se interesó Linda, tratando de alejar aquellas locas ideas de Scarlett de su mente.

—Sí, gracias —le respondió. Supo que mentía.

—¿Más pesadillas? —inquirió.

Colt asintió con la cabeza y exhaló el aire retenido.

—¿Puedo ayudarte en algo?

—No es algo que esté en tu mano.

—Puedo escuchar, soy buena para eso.

—Lo sé —Colt sonrió y recordó los e-mails que habían mantenido en los últimos meses. Le había dado detalles vagos, porque no sabía quién estaba al otro lado del ordenador.

—¿Perdiste a alguien allí? —preguntó Linda, sentándose en la esquina de la mesa, al lado del marine. Recordó a Charlie Sierra, aquel era el dolor que había tenido su… ¿amigo?

Colt dudó la respuesta, por suerte recordaba todas las conversaciones mantenidas con ella bajo su otra personalidad. Puede que fuera una forma de llegar hasta aquella verdad que deseaba confesarle.

—Sí —le dijo y la miró a los ojos.

—Lo siento —Linda fue sincera—. Es demasiado común en vuestro trabajo.

—Lo es.

—¿Alguien importante para ti?

—Éramos compañeros desde hacía años. Solíamos volar juntos en las misiones de reconocimiento. Nos cubríamos las espaldas.

—¿Qué sucedió?

—Su avión fue derribado durante una de esas misiones.

—Lo lamento —dijo Linda y alargó la mano para ponerla sobre una de las de él, que asía la taza de café. El contacto de la cálida mano de la mujer le devolvió la paz que hacía mucho tiempo que no sentía.

—Gracias —Colt tomó la mano de Linda y la miró sobre la suya, tenía un tacto suave, a pesar del duro trabajo que desempeñaba cada día en el rancho. Con la otra mano se la cubrió y la acarició, centrándose en ella.

—¿Te sientes culpable? —preguntó la mujer.

—Puede, pude volar tomando su espacio. A veces me pregunto por qué no fui yo.

Él tenía una esposa, hijos… —Colt dejó de acariciar la mano de Linda y cerró los ojos, se pasó la mano por dentro del cabello y volvió a ver a los hijos de Austin cuando su madre les dijo sin paños calientes que su padre había muerto en Siria.

—A veces el destino tiene otros planes para nosotros —le dijo ella.

—Aún no sé cuáles son los míos —admitió él. Solo había tenido una cosa clara tras salir de los marines: ir a conocer a la mujer que le había ayudado a salir del pozo.

—No hay prisa, ¿verdad? —sonrió levemente Linda.

—Yo...

El sonido de unas botas caminando deprisa hasta ellos, interrumpió la frase de Colt y aquel momento íntimo entre ambos.

—¡Señora! —la llamó Dylan, uno de los cowboys, que entró en la cocina y pareció asustado.

—¿Qué ocurre?

—Una de las camionetas, la que sueles usar, se ha salido de la carretera. Travis había ido con ella al pueblo.

—¿Travis está bien? —preguntó Linda, levantándose de la silla como un resorte.

—Va camino del hospital —informó Dylan.

—¡Mierda! —exclamó Linda, sabiendo que aquel tampoco iba a ser un día tranquilo en el rancho Clayton—. Subiré a por unas cosas e iré al hospital. Llama a Jacob y díselo.

—Me cambio de ropa y te acompaño —dijo Colt, poniéndose en marcha a su vez.

Linda no tuvo fuerzas para negarse, otra desgracia golpeaba el rancho Clayton, y agradecía que Colt estuviera allí prestándole su apoyo.

Para cuando llegaron al hospital, Jacob ya estaba allí. Travis estaba siendo atendido, y el capataz les informó de que, afortunadamente, parecían ser heridas superficiales.

El sheriff apareció antes de que pudieran ver a Travis.

—Wyatt —saludó Linda al verlo.

—Linda. No te va a gustar lo que te voy a decir.

—Apuesto a que no —dijo, viéndole el rostro a Wyatt McCoy. Lo conocía desde hacía años y si una conversación comenzaba de aquella forma, unida al rostro serio del representante de la ley, no cabía duda de que no eran buenas noticias. ¿Alguien más herido? ¿Una multa?

—Llegué al escenario antes que los servicios de emergencia. Travis decía que intentó frenar pero que no pudo hacerlo, que los frenos no le respondieron.

Linda cerró los ojos. Prefería no seguir oyendo aquello, pero tenía que saberlo.

—¿Qué estás queriendo decir, Wyatt?

—Que nos vamos a quedar tu camioneta un tiempo para comprobarlo. Podría ser un fallo mecánico, pero dados los últimos incidentes que has sufrido, es posible que no lo sea. Necesitaré llamar a Oklahoma City y vendrá gente del laboratorio.

—Quédatela todo el tiempo que quieras, Wyatt.

—¿Necesitas que ponga un par de muchachos en el rancho para vigilar?

—No creo que sea necesario, pero gracias.

—Entiendo que estés asustada, Linda.

—Supongo que es lo que busca alguien, pero no va a suceder.

—Yo estaré pendiente de todo lo que ocurra y le informaré, sheriff —dijo Colt.

—Confío en usted, capitán —respondió Wyatt McCoy, agradecido de tener un marine con su hoja de servicios justo en el lugar donde más problemas había en la ciudad—. Estamos en contacto, Linda.

—Mañana viajaré a Houston, por negocios, estaré un par de días fuera —le informó.

—Espero que no vayas sola.

—No tengo previsto ir acompañada.

—Yo que tú me lo replantearía. Todo esto que está sucediendo ya no es casual —dijo mirando de reojo a Colt, que no apartaba la vista de Linda.

***

—¡Travis! —exclamó Linda, llegando al lado de su cama cuando la dejaron pasar y concluyeron las pruebas médicas—. ¿Cómo estás?

—Dolorido —respondió y a pesar de ello, esbozó una sonrisa hacia la mujer.

—Lo sé y lo siento. Era mi camioneta.

—Siento lo de la camioneta —su sonrisa se desdibujó.

—¡No, no lo sientas! ¡Dios! Quiero decir que… quien quiera que lo haya hecho pretendía que yo fuera dentro de ella. Siento tanto que hayas sido tú.

—Y yo —se quejó para subirse en la cama, no sin dificultad—, me alegro de haber sido quien la condujese y que tú estés bien. Esto pasará.

Linda se sintió agradecida por las palabras del cowboy, pero no logró que se sintiera mejor. Aquel accidente estaba destinado para ella, igual que la bala del bar de Kingfisher.

—Una vez que salgas del hospital, tendrás un par de semanas de descanso pagado —le anunció.

—No las cogeré. Volveré al rancho tan pronto pueda —dijo él.

—No lo harás, descansarás —Linda lo tomó de la mano para reafirmar aquella idea—. Jacob y Colt están fuera, ¿quieres que les diga que entren?

—Me siento como si me hubiera atropellado un camión —respondió para darle a entender que prefería que no lo hicieran.

—Entendido. En ese caso yo también me iré y te dejaré descansar.

—Puedes quedarte, Linda —le dijo, asiéndole con algo más de fuerza la mano.

Linda posó su otra mano sobre la del hombre y tras palmearla unos momentos deshizo el agarre de la misma.

Entendía que, a pesar de su entereza, el hombre aún estaba en shock por lo sucedido.

No obstante, ella tenía un rancho que dirigir con un par de manos menos y un viaje de varios días en puertas.

—Mañana viajo a Houston, tengo una reunión con los de Cimarron Oil.

Travis la miró unos segundos en silencio, con un gesto que oscilaba entre la desaprobación y algo más profundo.

—¿Vas a negociar con ellos? ¿A pesar de esto?

—¿A pesar de esto? Con más motivo después de esto, Travis.

—¿Con más motivo? —Travis frunció el ceño, como si aquel argumento le molestara.

—Sequía, seis reses muertas, un vehículo menos… se me acaban las opciones, Travis.

—Yo… te ayudaré, Linda. En lo que haga falta —Su tono arrastraba algo más que la mera promesa de un empleado, como si llevara tiempo esperando a que ella le pidiera ayuda de verdad.

—¿En serio? ¡Tienes cien de los grandes a mano? —bromeó, aunque el fondo del asunto no era una broma. No solo se enfrentaba a los problemas comunes, sino que dos sabotajes con apenas unos días de por medio le habían costado un buen puñado de miles de dólares.

—Si pudiera… —comenzó a decir, mirándola fijamente y se detuvo. Cerró los ojos y sacudió la cabeza, no sin sufrir un pinchazo en las sienes.

—Ya haces demasiado Travis, y te lo agradezco. Ahora solo descansa. ¿De acuerdo?

La mujer le palmeó la mano suavemente un par de veces, antes de esbozar una suave sonrisa. Travis se arrellanó en la cama, sintiéndose rendido y Linda abandonó la habitación, cerrando la puerta tras de sí.

Colt conducía el vehículo a la vuelta del hospital, ella se lo había pedido. Necesitaba pensar en qué hacer, o en quién estaba detrás de aquello. ¿La petrolera? No tendría mucho sentido, ya tenían su reunión y ni siquiera sabían su respuesta. ¿Quién y por qué?

Linda suspiró, esperaba que la investigación del sheriff arrojase algo más de luz que sus cábalas.

—¿Cómo estás? —Colt se mostraba preocupado.

—No lo sé. ¿Harta de que todo sean problemas?

—Lo entiendo.

Linda miró hacia la ventanilla del coche y observó el paisaje. Sequía por doquier, solo algunos árboles resistían, otros doblaban sus hojas hacia dentro y el resto amarilleaba. Ni siquiera la visión del otrora frondoso paisaje del campo en Kingfisher podía animarla.

—Travis trabaja en el rancho desde hace catorce años —Linda habló y Colt notó cierto cariño en el tono usado—.  Mi padre lo contrató, era uno de esos chicos que no sirven para estudiar y se meten en problemas todo el tiempo. Su padre poco menos que se lo rogó al mío. Y funcionó, a pesar de todo.

—Parece que tienes una estrecha relación con tus hombres —alabó él.