UN NUEVO TRABAJADOR
Después de otra dura noche de recuerdos y tras un reconfortante desayuno que les había preparado Sofía, llegó una aún más reconfortante noticia: Linda lo invitaba a acompañarla esa mañana en el trabajo.
Se sintió bien montando aquel gran caballo negro que le habían preparado.
Cabalgó al lado de Linda en silencio durante horas, escuchando las conversaciones que mantenía con Jacob acerca del trabajo en el rancho.
—¿Te aburrimos? —quiso saber Linda—. No has dicho nada en toda la mañana.
—Puede ser porque estoy impresionado con todo esto. Y contigo.
—¿Conmigo? —preguntó sorprendida, después de sonreír.
—Es un rancho enorme para una sola persona.
—Gracias por el cumplido.
—No las merecen.
—Es una pena que no lo puedas contemplar en todo su esplendor, en una primavera normal, con las praderas verdes y los cultivos aún más verdes y frondosos —se lamentó.
—Debe ser maravilloso —Colt miró alrededor y trató de imaginar el lugar.
—Le gustas a Ranger —aseguró, hablando de la montura del hombre.
—Es un caballo precioso.
—De mi hermano —lo sorprendió—. Creo que le gusta que lo monten por el rancho, no solo en el cercado.
—Apuesto por ello.
—O puede que tú le recuerdes a él, altura, peso, la postura militar.
—Pero sabe que no soy él.
—Lo sabe, los caballos son animales muy inteligentes. Aun así, creo que le consuela en cierta forma.
—Puedo montarlo a menudo hasta mi marcha, si te parece bien.
—Por favor —le pidió.
A Colt le gustó comprobar que Linda, como buena ranchera, tenía una gran sensibilidad por los animales.
—Tenemos la alambrada rota por aquí —Jacob llamó su atención y los otros dos se dirigieron hacia donde estaba el capataz y descabalgaron.
Linda sacó los alicates y un tensor del interior de las alforjas y se acercó hacia Jacob, que sostenía la grapadora en su mano, mientras que Colt acercaba los dos extremos del alambre.
Ella apretó los labios, pero no dijo nada.
El hombre no debía hacer aquello. Colocó el tensor y Jacob grapó al poste de nuevo.
Durante toda la jornada y a pesar de que se tuvo que morder la lengua en no pocas ocasiones, Colt había colaborado activamente en el trabajo físico. Supo que la herida le molestaba, pero lo vio apretar los dientes y obviar el hecho, su intención era ser útil y lo había logrado.
—¿Entonces qué, capitán? —preguntó Jacob nada más descabalgar al final del día en las caballerizas—. ¿Has decidido si quieres quedarte con nosotros? Nos vendrías bien por aquí.
—No lo sé aún —Colt sonrió.
—Apuesto a que sabes pilotar una cosechadora —bromeó el capataz.
—Supongo que después de un F-18 o un Harrier no debería suponerme un problema —el hombre rio.
Jacob fue hasta el final de las caballerizas para dejar a su caballo mientras reía con su respuesta. Linda le quitaba la cabezada a su yegua y le acariciaba la cabeza después.
—¿Y tú que opinas, Linda? —le preguntó a la mujer.
—¿De si sabrás manejar una cosechadora? No tengo la menor duda de ello si eres capaz de despegar un avión en vertical —ella también sonrió.
—No, de que si te gustaría que me quedase por aquí —le dijo y la miró a los ojos, expectante por una respuesta.
—¿Tú quieres hacerlo? —ella también le sostuvo la mirada y se deleitó en los verdes ojos del hombre, en la mandíbula cuadrada y atractiva y en su nariz recta y elegante.
—Solo si tú quieres que lo haga —le dijo y de repente se dio cuenta de que quizá no solo estaba hablando de trabajo, sino de algo más intenso que aquello.
—Podríamos probar —respondió ella, sintiendo un extraño cosquilleo en el estómago, que desechó un instante más tarde con una sonrisa que quiso mostrar neutra—. Eres un buen fichaje.
—Espero que seas una buena jefa —añadió él y el tono con el que lo hizo ocasionó que Linda tragase saliva.
—Ella es la mejor —dijo Jacob llegando a ellos—. Déjame a Ranger.
Colt sonrió, le acarició la cabeza al caballo y le agradeció el paseo, como si de un humano se tratara, antes de que Jacob se lo llevara.
—Creo que tengo que tomar una ducha antes de cenar —dijo Linda, sacudiendo el polvo de las perneras de sus pantalones vaqueros.
—Sí, yo también —añadió Colt y se miró la camisa, deteniéndose en la zona donde estaba su herida, la camisa se mostraba con algo de sangre seca—. ¡Oh, vaya!
—¡Mierda! —exclamó Linda al verlo—. Vayamos a la casa, te la miraré.
—No será nada —desestimó él.
—¡Sabía que era una mala idea llevarte! —se lamentó la mujer—. Ven conmigo.
Colt se dijo que no pensaba discutir sobre el tema con ella, porque estaba seguro de que no era nada. La siguió a la casa y se descalzó tras ella, subiendo las escaleras hasta la habitación de la mujer, entrando en su baño.
—Así que estos son tus aposentos —bromeó él, para destensar el ambiente. Ella estaba molesta y eso que aún no le había visto la herida.
—Siéntate ahí —ordenó, señalando un lugar al lado de la bañera.
—Sí, señora —el hizo caso, mientras que la mujer buscaba el botiquín del armario.
—Quítate la camisa —volvió a ordenar después de abrir el pequeño maletín y extraer lo que iba a necesitar para aquella cura.
—Voy a tomar una ducha ¿Por qué no lo dejamos para luego? —propuso él.
—Lo dejaremos para luego, pero ahora quiero ver cómo está y decidir si tenemos que volver al hospital o no.
Colt se dijo que sería mejor hacerle caso y comenzó a desabrochar los botones. La herida le tiró e hizo una mueca que ella percibió.
—Maldita sea, déjame a mí —habló de nuevo Linda, soltando el apósito y el bote de desinfectante que tenía en las manos.
Las suaves manos de ella rozaron las masculinas y grandes manos del marine antes de que se retirasen de los botones de la camisa, que desabrochó rápidamente.
—Nunca vi a una mujer hacer esto tan rápido —bromeó Colt.
—Sé hacer cosas aún más rápido —respondió sin mala intención, pero a él le pareció un comentario de lo más sexi y le hizo sonreír—. No tiene gracia.
—Yo creo que sí —la camisa de Colt bajó por los hombros y la herida del brazo quedó al descubierto.
—¡Mierda! —exclamó, al ver la sangre seca alrededor de la herida. Era la primera vez que se la veía y no sabía el alcance de la misma. Colt le había restado importancia con las palabras rasguño y mordida, pero era algo más que aquello.
—No es para tanto —dijo él, echando un vistazo y tratando de quitarle hierro al asunto.
—¿En serio? —Linda continuó seria y se giró hacia el botiquín, cogió un apósito y el desinfectante, lo primero sería limpiar toda aquella sangre y ver qué había debajo o hasta dónde se había descosido.
Linda se inclinó hacia delante y la gravedad hizo que la camisa negra de la mujer y los tres botones delanteros desabrochados dejaran al descubierto el comienzo de sus senos y el sujetador rojo que vestía bajo la prenda ese día.
Colt tragó saliva y cerró los ojos durante un instante.
Maldita fuera aquella mujer, acababa de hacerlo endurecer como a un colegial en tan solo un momento tras la visión.
—Sabía que te ibas a quejar —dijo ella, pensando que el gesto del hombre se debía al antiséptico sobre la herida. Colt sonrió, prefería que pensara aquello.
—¿Qué es, doctora? —preguntó un poco después, cuando terminó de limpiarla.
—Está bien, por suerte. Solo ha salido un poco de sangre por el esfuerzo de hoy —dijo, observando aún la herida, tratando de buscar algún resquicio que le hiciera decidir volverlo a llevar al hospital.
—Te lo dije, no es nada —Colt habló y la miró a los ojos, prefería mirarla allí, era más seguro para él, aunque la otra imagen constituía toda una tentación a la que sucumbió de nuevo sin querer.
—Sí, bueno, tenías razón —Linda se irguió y lo miró desde arriba. Luego Colt se levantó y quedaron casi igualados, con aquellos aproximadamente quince centímetros de altura que los separaban. El hombre era alto y le gustaba ese hecho.
—¿Me da permiso para ducharme, señora? —bromeó él, mientras se abrochaba la camisa con alguna dificultad.
—Permiso concedido —Linda se permitió relajarse y le apartó de nuevo las manos al hombre para ayudarlo en la tarea, propiciando un nuevo roce de la piel de ambos. Colt se sintió más abrasado por el breve roce de los dedos de la mujer que por el antiséptico que había usado con él segundos antes.
—Antes lo hacías más rápido.
—Antes estaba asustada.
—Gracias —le dijo, conmovido.
—No puedo permitir que sufras una sepsis sin ni siquiera hacerte firmar un contrato para el seguro médico —ella también sabía bromear.
—Seguro que no —Colt sonrió.
—Después de la ducha me gustaría ponerte algo cicatrizante, solo para ayudar a que vaya más rápido —dijo, terminando de abrocharle la camisa.
—Sí, claro —convino él y se dispuso a salir del baño para dirigirse a su habitación.
Linda quedó a solas en el baño y se miró al espejo, había notado la mirada de Colt a su escote. Se abrochó instantáneamente un botón de la camisa, pero luego sonrió y decidió que le gustaba, porque era algo que no le sucedía desde hacía demasiado tiempo.