Amor en Oklahoma RANCHO CLAYTON
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RANCHO CLAYTON

Estaba exhausta. No solo había ido al hospital, sino que también respondió a las no pocas preguntas del sheriff, tras el disparo ocurrido en el bar. Solo deseaba tomar una ducha y dormir. Pero todavía tenía algo más que hacer.

—No había pensado invitarte a pasar la noche en mi casa —dijo Linda, nada más entrar en el salón del rancho.

—Puedo buscar un hotel —dijo Colt, tras ella.

—No, es lo menos que puedo hacer por ti, después de lo que tú... bueno, de eso —señaló el brazo que el hombre traía en cabestrillo.

—He tenido días peores —dijo Colt, que sabía que no era más que un rasguño.

—No lo dudo, capitán —le demostró que sabía quién era y de dónde había venido.

—¡Vaya! Las noticias vuelan —dijo, percatándose de que el sheriff se había ido de la lengua.

—Es una comunidad pequeña —Linda esbozó una sonrisa.

—Tienes una casa bonita y amplia —alabó él, desviando la conversación.

—Gracias. Te prepararé una habitación —respondió, siendo práctica.

—¡Vaya! ¡Si has traído a un hombre a casa! —una mujer pelirroja envuelta en una bata de seda color rosa habló desde lo alto de la escalera y descendió los peldaños sin dejar de observar al recién llegado, que la escrutaba a su vez.

—¡Celeste! —exclamó Linda, sabiendo que habría preferido que su prima no se enterase del asunto, o no al menos no tan pronto. No estaba de humor—. El señor Sullivan es nuestro invitado esta noche, tenemos algunos negocios que tratar y se ha hecho tarde.

—¿Negocios que tratar? —preguntó Celeste, usando un tono irónico que daba a entender que no la creía en absoluto. Los hombres con los que había negocios que tratar no eran como aquel ejemplar masculino.

—El señor Sullivan está cansado y le prepararé la habitación de invitados.

—¿Dónde está su equipaje? —preguntó la otra mujer mirando tras él, suspicaz y divertida. Había pillado a su prima con las manos en la masa y aquello la divertía sobremanera.

—A resguardo, en el pueblo —respondió Colt, después de carraspear.

—Mandaré a uno de mis hombres a por él —dijo Linda, consultando el reloj de pulsera, aún no era demasiado tarde para pedirle a alguien que diera un viaje desde el pueblo hasta el rancho.

—Buen intento —Celeste rio—. Bien, creo que sobro por aquí. Has tardado, pero creo que has elegido bien para perder la virginidad.

—¡¡Celeste!! —Linda se sorprendió a la vez que ruborizó con la impertinencia de su prima. ¿Por qué demonios había dicho aquello delante del marine, que ahora la miraba, curioso e interesado en el hecho?

Celeste rio, satisfecha con el enfado de su prima. Sabía que podría costar una charla al día siguiente, pero siempre le resultaba divertido el molestarla.

—Soy Celeste Clayton —se presentó la mujer al fin y le tendió la mano.

—¿Hermanas? —preguntó Colt, tratando de hallar el parecido de ambas.

—Primas —aclaró Linda.

—Mucho gusto. Colt Sullivan.

—¡Colt! —a la joven le agradó el nombre del recién llegado—. Es todo un placer.

—No tienes que… ¿hacer un directo o subir stories? —preguntó Linda, tratando de deshacerse de su prima.

—Sí, claro —sonrió la otra mujer antes de girarse para comenzar a subir los peldaños—. Espero que hagas honor a tu nombre, Colt.

La mujer subió hacia el piso superior, riendo sonoramente.

—¿Qué pasa con mi nombre? —preguntó a Linda.

—Supongo que… es porque en inglés suena a potrillo joven y fuerte. Olvídalo, mi prima dice cosas así todo el tiempo.

—Colt también es un arma —dijo él.

—Sí, puede que de ese tema sepas algo más —desvió la mirada hacia su brazo, preocupada.

—No creas, solo cuando me muerden y esta vez no ha sido para tanto —le guiñó un ojo tras sonreír.

—Decía en serio lo de mandar a alguien a por tus cosas —dijo Linda.

—No importa, me iré del rancho mañana temprano.

—Creo que no lo harás, ahora tienes anestesia y piensas que puedes con el mundo, mañana será más complicado para ti.

—No quiero ser una molestia.

—¿Tienes familia?

—En Kansas —admitió él.

—De dos a cinco horas de viaje. No lo permitiré —dijo, segura de ello—. Llamaré a uno de mis hombres antes de que termine el turno e irá a por tus cosas.

***

—Siento no ser de más ayuda —se lamentó Colt al ver cómo Linda hacía la cama de la habitación de invitados delante de él.

—No lo sientas, has sido de mucha ayuda hoy. Si no es por ti, yo estaría en tu lugar con un disparo. Llámame egoísta, pero prefiero estar de este lado.

—¿Tienes enemigos? —preguntó Colt, serio. ¿Por qué alguien quería meterle una bala a aquella mujer? Si bien se había percatado más tarde de que no habían apuntado a un órgano vital, la intención era herirla. ¿O quizá solo asustarla? ¿Advertirle de algo?

—Solía pensar que no —sonrió Linda, mientras tendía la colcha—. Kingfisher siempre ha sido un pueblo amable, excepto…

—¿Excepto?

—No sé, creo que las compañías petroleras están presionando a algunos rancheros en los últimos meses. Pero no tendría sentido que lo hicieran conmigo.

—¿Seguro? ¿No han mostrado interés en ti?

—Llevan semanas pidiendo que nos reunamos, pero si me meten una bala no lo lograrían, ¿cierto?

—O puede que sí, si te asustan.

—No lo sé. De todas formas, me reuniré con ellos pronto, mi abogado me ha convencido hoy para escucharlos.

—Yo que tú, tendría más cuidado que de costumbre.

—No pienso vivir con miedo —aseguró ella.

—Esa bala era para ti, Linda. No lo tomes a la ligera.

—No lo hago —suspiró y colocó un último almohadón en el lecho—. Bien. Ya está lista, puedes descansar. Si quieres tomar una ducha, puedo llamar a alguien para que te ayude.

—Puedo arreglármelas, gracias.

—Si deseas comer algo, la cocina está en el piso de abajo, creo que la has visto al subir, coge lo que desees. Si necesitaras algo más avísame, a cualquier hora.

—Sí, señora.

—Y… una cosa más. Cierra la puerta por dentro si no deseas ser molestado.

Colt frunció el ceño, sin comprender.

—Mi prima.

—¿Crees que ella…?

—Yo no creo nada, solo cierra la puerta cuando me vaya, por si acaso.

—Sí, señora —volvió a decir él mientras que Linda se dirigía hacia la salida.

—Y una cosa más —se giró y lo miró—. Tengo treinta y cinco años, me casé hace cinco y me divorcié hace tres.

Colt la miró, confuso.

—¿Y esto me lo dices por…?

—No soy una damisela, pero no traigo hombres a mi casa para acostarme con ellos. A pesar de lo que puedan decir mi prima o Scarlett.

—Sí, señora —respondió de nuevo Colt, tratando de no esbozar una sonrisa. Maldita fuera si no le gustaba la fuerza de aquella mujer.

—Gracias, por lo de hoy —dijo antes de abrir la puerta y cerrarla a sus espaldas.