EPÍLOGO
Seis meses después
Cassidy respiró hondo una vez más y abrió los ojos para encontrarse con el rostro sonriente de su padre.
—Estarás bien. No dejaré que tropieces —le dijo su padre. Le apretó la mano y le dio un beso en la frente—. ¿Vamos?
La música creció y las puertas del santuario interior de la pequeña iglesia se abrieron. Era el escenario perfecto para intercambiar sus votos frente a familiares y amigos. No necesitaba una ceremonia ni una recepción extravagantes para marcar el día ni publicarlo en todas sus redes sociales. Sus fans lo entenderían, y los que no, bueno, ya se preocuparía por eso en otro momento. Hoy era su día.
Con todos los cambios en su vida desde el día en que ella y Evan se conocieron, el más fácil había sido reducir sus publicaciones diarias. Llevaba tiempo queriendo tener su propio restaurante, así que se propuso encontrar un local en el centro de Pineville.
Como todo lo demás en su vida últimamente, sucedió rápido: Hecho con Amor, un local de tapas y comida para llevar, abriría en dos semanas. Se habrían casado el primer mes que estuvieron juntos si Evan se hubiera salido con la suya, pero Cass lo convenció de que, con su nuevo podcast —que encabezó las listas poco después de su debut— y su nueva empresa, que necesitaba despegar, tenían que esperar antes de siquiera pensar en una luna de miel.
Además, una vez que todos se enteraron de su romance relámpago, tuvieron que buscar hueco en sus agendas para conocer a la familia y amigos del otro. A Evan le encantaba contar la historia de cómo se conocieron en cuanto tenía ocasión, y cuando los medios locales se enteraron, todo se volvió una locura.
Cassidy se fijó un momento en sus damas de honor y luego en Zoe, su dama de honor principal, porque sabía que en cuanto mirara al novio, se echaría a llorar. Normalmente no era muy emocional, pero los últimos días, con las pruebas de última hora y el ensayo de la noche anterior, habían demostrado lo contrario.
Ahora, a solo unos pasos de Evan, cruzó la mirada con él. El corazón y el estómago le dieron un vuelco y luego se calmaron; entonces sintió un hormigueo en los dedos de los pies que le recordó lo que él le había susurrado por teléfono la noche anterior, antes de que cada uno se fuera a dormir por separado. La mirada en sus ojos confirmaba que él también lo recordaba.
Al tomar la mano de su futuro esposo, deseaba con todas sus fuerzas que llegara la promesa de esa noche y de todas las noches con el hombre que, sin saberlo, la había dejado en visto y luego lo había compensado dándole lo que nunca supo que necesitaba, pero que quería para siempre: el amor de un Outlaw.