Amor en Evermore & 39th (Rescatados por el amor: en la madurez nº 1) SEIS
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Cassidy se relajaba en su bañera con patas, aspirando el aroma de su bomba de baño favorita —lavanda e ylang-ylang—, perdida en los recuerdos de su viaje de diez años desde la más absoluta pobreza hasta convertirse en una de las chefs de YouTube con más visualizaciones.

La bañera era uno de los pocos lujos que se había permitido con el dinero que ganaba con su programa. La mayor parte de sus ingresos los reinvertía en el negocio y en marketing, en la hipoteca de la casa adosada que también le servía de estudio, y en el fondo de jubilación que estaba creando. Perder a su madre y luego su hogar a los dieciséis años le había enseñado lo importante que era prepararse para lo inesperado.

The Children's Club había sido un faro durante sus días más oscuros. Por suerte, una familia de acogida muy implicada y el club la habían salvado de caer en la espiral de negatividad o en la actitud derrotista en la que inicialmente se había visto atrapada. El evento benéfico de este año significaba más para ella de lo que había imaginado.

Muy pocas cosas sacudían los cimientos de Cassidy, pero Evan lo había logrado. Y le quedaba una hora antes de que él llegara para su cita. Una cita que quería desesperadamente que fuera real y no un montaje para la beneficencia. No es que no fuera capaz de hacer cualquier cosa por The Children's Club, pero quizás por eso estaba tan nerviosa. Porque ahora tenía a alguien con quien compartir el evento anual, alguien cuya opinión le importaba.

Y ahora que estaba pensando en él de nuevo, el cuerpo le hormigueaba. Cassidy cerró los ojos y se entregó a las visiones que la habían estado atormentando durante las cuarenta horas desde que lo conoció. Deslizó los dedos por los brazos y el estómago, imaginando que era él quien la tocaba. Cuando hundió la mano bajo el agua hacia la parte alta de los muslos, vaciló. El placer en solitario no era nuevo para ella. Pero algo la hizo detenerse. Imaginar no sería suficiente.

Si la noche iba bien, Evan la tocaría justo donde necesitaba, donde quería y donde había fantaseado durante las últimas dos noches.

Salió de la bañera y se envolvió en una mullida toalla de baño blanca. Cassidy no se avergonzaba de admitir que, después de su primera búsqueda en Google sobre Evan, anoche había vuelto a investigarlo a fondo. Evan no tenía mucha presencia en las redes sociales, lo cual resultaba bastante refrescante. Encontró algunos artículos sobre su carrera de béisbol y unas fotos muy sensuales que había hecho para una marca de desodorante corporal. Esas fotos habían provocado sus sueños y, oh, vaya sueños.

Cassidy apartó de la mente la imagen de Evan Slater casi desnudo y se aplicó una gota de perfume detrás de las orejas y en los puntos de pulso, se puso los pendientes y luego dio un paso atrás frente al espejo de cuerpo entero. Alisó los costados del vestido y se sintió cómoda y sexy a la vez. Era un vestido de cuello alto y manga larga que terminaba justo por encima de las rodillas. Y le sentaba de maravilla. Se calzó los zapatos nuevos de tacón bajo, porque nunca había podido llevar tacones altos. El conjunto le dio un chute de confianza.

—Bueno, Cass. Estás tan lista como vas a estar —se sonrió en el espejo, cerró los ojos y pidió un deseo. No podía hacer daño.

El sonido del timbre hizo que abriera los ojos de par en par. Pide y recibirás. Sonrió a su reflejo, cogió el bolso de mano del tocador, luego tomó el chal plateado y negro del extremo de la cama y bajó las escaleras.

Abrió la puerta cuando Evan estaba a punto de volver a llamar.

—Vaya, perdona... eh... guau, estás... preciosa —Evan bajó el brazo mientras la recorría con la mirada.

El pulso ya le latía con fuerza de camino a la puerta, pero el fuego que vio en los ojos de él lo disparó por las nubes, y habría jurado que el corazón le dio un vuelco. Es él. Las palabras susurradas en su cabeza hicieron que Cassidy parpadeara para contener las lágrimas. Contrólate, Cass.

—¿Nos vamos? —Evan le ofreció el brazo.

Ella flotó al cruzar el umbral. Aceptó su brazo y se aferró con ambas manos, luego levantó el rostro y sonrió tan ampliamente que le dolieron las mejillas. Él la sorprendió al inclinarse y atrapar sus labios en un beso suave y prolongado que la dejó sin aliento.

El beso terminó demasiado pronto, pero no antes de que el pulso acelerado le palpitara entre los muslos. Aturdida y sin palabras, caminó a su lado hacia la limusina aparcada en la acera.

El conductor mantenía abierta la puerta del coche, pero Evan se detuvo y luego la sujetó suavemente del brazo para evitar que entrara. —Vamos a hacernos una foto. Te la envío y luego decides si quieres subirla a Instagram.

Cassidy asintió. Tenía la sensación de que hacía eso mucho con él. Posaron, él hizo un par de fotos y luego subieron. El viaje no fue muy largo, pero le vino bien tener tiempo para serenarse después del beso inesperado y emocionante.

Los flashes los recibieron al salir de la limusina frente a la alfombra roja instalada en el complejo turístico. El evento benéfico era una de las noches más importantes de Pineville y ya había celebridades locales posando frente al photocall con el logotipo de The Children's Club y los nombres de los principales donantes.

Su instinto profesional se activó y dejó a un lado el torbellino de emociones mientras ella y Evan posaban, esquivando con habilidad las preguntas que les lanzaban sobre un posible romance o el nuevo podcast de Evan.

Cuando entraron en el complejo y caminaron por el amplio pasillo hacia la sala del evento, vio a Rod de pie en la mesa de registro. —Rod, me gustaría presentarte a Evan Slater, mi... cita para esta noche —Cassidy casi dijo novio. Miró de reojo a Evan para ver si había notado su titubeo, pero él ya estaba estrechando la mano de Rod.

—Es un placer conocerte, Evan. Soy un gran fan de los Outlaws y tuyo. Sin duda te echan de menos, igual que a tu promedio de bateo. Gracias por venir y apoyar a The Children's Club —Rod se volvió hacia Cassidy y le dio un abrazo—. Nos vemos luego.

Notó un cambio en el ambiente y se preguntó a qué venía el silencio de Evan mientras recorrían la sala, charlando con algunos conocidos antes de encontrar por fin su mesa. —¿Todo bien? —preguntó Cassidy.

Evan le sostuvo la mirada preocupada un momento antes de responder. —¿Hay algo que deba saber sobre Rod?

Confundida por la pregunta, frunció el ceño. —No. ¿Puedes ser más específico?

Evan estaba guapísimo con el esmoquin, y el ceño fruncido lo hacía parecer peligroso. Guapo y peligroso era una combinación embriagadora para la que no estaba preparada. ¿Estaba celoso de Rod?

—Claro. Me da la impresión de que a Rod le habría gustado ser tu cita en lugar de yo.

A Cassidy se le hinchó el corazón. Vaya, nadie había sentido celos por ella antes. Era a partes iguales un subidón para el ego y algo emocionante. Necesitaba asegurarle a Evan que no había competencia en lo que a él se refería, y que Rod y ella simplemente se habían hecho muy amigos a lo largo de los años gracias a su apoyo al club, pero que ahí terminaba todo.

—Bueno, no puedo hablar por Rod, pero nunca lo he visto de esa manera y estoy bastante segura de que él solo me ve como una amiga. Pero es mono. Que te preocupes por mí. Aunque deberías saber que hace poco conocí a un chico que es más mi tipo.

Evan le tomó la mano y empezó a trazar círculos en su palma. Al instante, una descarga eléctrica la recorrió y su confianza creció. ¿Reaccionaría así su cuerpo cada vez que él la tocara?

—Ah, ¿sí? Cuéntame de él. ¿Tiene trabajo? ¿Le has investigado los antecedentes? Hoy en día hay que andarse con cuidado. Los tíos que te escriben por privado se han convertido en un problema. O eso he oído.

Cassidy soltó una risita.

—En realidad, de los que hay que cuidarse es de los que desaparecen sin decir nada.

Él le levantó la mano y le besó el dorso, dejando que sus labios se demoraran. Más escalofríos. Más deseo. ¿Cuándo había sido la última vez que un hombre la había excitado con un simple beso en la mano? Nunca. Si antes no estaba segura de lo que sentía por él, su cuerpo le estaba dejando claro que Evan era especial.

—Ah, sí. Algo de eso he oído.

El móvil sonó e interrumpió su coqueteo. A regañadientes, apartó la mano de la de él para cogerlo. Miró la pantalla y suspiró.

—Tengo que presentar a Rod.

Una comisura de sus labios se curvó hacia arriba.

—¿Me prometes que volverás?

El tono ronco de Evan la atravesó y la calentó por dentro.

—Cuenta con ello. No tardaré.

Cassidy se levantó, sorprendida al ver que Kelsey y Maverick se habían sentado a su mesa.

Los dos los observaban con atención y Kelsey lucía una sonrisa enorme.

—Nos aseguraremos de que nadie intente robártelo, Cass.

Le guiñó un ojo y luego se volvió hacia Evan, que parecía algo desconcertado.

Cassidy se dirigió al frente del salón. No recordaba muy bien qué había dicho, pero el público estalló en risas. Rod se unió a ella y empezó a hablar ante los donantes actuales y potenciales. El director del club tenía un don para contar historias, y no cabía duda de que alcanzarían la meta de donaciones del año.

De vuelta a la mesa, pensó en el comentario de Evan sobre que Rod estaba interesado en ella. Hmm, estaba segura de que no, pero parecía que no tenía pareja. ¿Quizás conocía a alguien que pudiera gustarle? Se propuso averiguar más tarde cuál era la situación sentimental de Rod.

Sintió la mirada de Evan fija en ella mientras se acercaba. Estaban sirviendo la cena, pero él no prestaba atención al camarero ni a nadie más en la mesa. Otra pareja se había sentado desde que ella se fue, pero no los reconoció. Daba igual. Por cómo le ardían los ojos, era como si fueran los únicos en el salón.

Madre mía. Iba a ser una noche muy larga.