Amor en Evermore & 39th (Rescatados por el amor: en la madurez nº 1) CINCO
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Cassidy se secó las manos en el delantal y suspiró. Sara tocó el icono de parar la grabación y soltó un «¡yupi!».

—Cada vez lo haces mejor. ¿Y ese plato? Tenemos que inventar la olfatovisión, porque si tus espectadores pudieran olerlo, sobre todo los hombres, te lloverían las propuestas de matrimonio.

Sara se inclinó sobre la encimera e inspiró hondo.

—Me encanta mi trabajo. ¿Puedo probar un bocado ya?

Cass se rio de las payasadas de Sara y aceptó el cumplido sobre sus dotes culinarias y de presentación. Sin embargo, el comentario sobre las propuestas de matrimonio hizo que su mente volara hacia el hombre que había conocido ayer. La atracción había sido tan rápida e intensa que la había llevado a repasar relaciones pasadas, intentando recordar si alguna vez se había sentido así.

Pero al hacerlo, ocurrió algo extraño y aterrador. El rostro de Evan se había superpuesto al de todos los demás hombres con los que había salido. ¿Qué significaba eso?

Había sido toda una sorpresa ayer. Una sorpresa que le había provocado un cosquilleo de pies a cabeza y le había quitado el sueño. Cómo había logrado concentrarse en la complicada receta y la narración de hoy mientras pensaba en la sonrisa de Evan y en su interés por ella como persona, no como la popular chef de YouTube en la que se había convertido, la llenaba de una alegría que no había sentido en... bueno, nunca.

Cassidy recogió la cocina y dejó marchar a Sara con un táper que hizo cantar a su asistente. Todavía no había decidido qué ponerse mañana. Sus pensamientos no le daban tregua, y a las diez de la noche estaba agotada de resistir la tentación de escribirle a Evan por privado. Mañana llegaría pronto y podría averiguar si esa conexión que había sentido era real y si Evan también la había experimentado.

Evan tenía los nervios a flor de piel. Estaba alteradísimo después de una noche soñando con Cassidy. Se había despertado con la polla palpitante, con imágenes de ella debajo de él, gritando su nombre. Pensó en hacerse una paja, pero quería que la persona real se corriera con él. Se levantó de la cama y se dio una de las duchas frías más largas desde que tenía veintitantos años; luego se puso los pantalones cortos y las zapatillas de correr y salió a trotar.

Pasó la mayor parte de la mañana ocupándose de pequeños proyectos en casa. Le entregarían el esmoquin alquilado a última hora de la tarde. Todavía tenía horas que matar antes de que la limusina pasara a recogerlo. Necesitaba una distracción, o acabaría cediendo y acosando a Cassidy en las redes sociales para averiguar más sobre ella. Pero eso le parecía hacer trampa. La noche anterior había abierto su perfil de Instagram y mirado su foto, pero no se permitió ir más allá.

Esa extraña sensación le impedía seguir mirando, y no solo porque rara vez consultaba las redes sociales de nadie, ni siquiera las de su familia y amigos. Quería saber más sobre Cassidy, pero quería oírlo de sus labios, no a través de fotos publicadas al azar o comentarios de sus seguidores.

Joder, estaba pillado. ¿Pero era solo deseo puro o algo más? Dio un respingo al oír el móvil. Lo cogió de la encimera de granito de la cocina, donde estaba cargando. Por un instante tuvo la esperanza de que fuera un mensaje de Cassidy. No le avergonzaba admitir que se llevó una decepción al ver el nombre de Ken en la burbuja del mensaje.

En lugar de contestarle por mensaje, decidió llamar.

—Hola, ¿qué tal? ¿Cómo te fue la reunión con los LA Knights? —preguntó Evan antes de darle a su nuevo socio la oportunidad de saludar.

—Tío, no hacía falta que llamaras —lo reprendió Ken—. Quería saber cómo te fue la reunión con Kelsey. Seguro que fue puro trámite, con lo bien conectado que estás con los Outlaws.

—Sí, están dentro. Parece que vamos a tener más jugadores interesados en el podcast de los que podemos gestionar. Al principio, al menos.

Evan cogió una cerveza de la nevera.

—Lo mismo con los LA Knights. De hecho, ha sido igual con casi todos los equipos que he contactado esta semana. Estoy deseando empezar. ¿Cómo va lo del estudio de grabación?

La emoción de Ken se notaba a través del altavoz, mezclada con gritos de niños de fondo.

—Los técnicos vienen a finales de la próxima semana para hacer la instalación en un día, y luego podemos empezar con las sesiones de práctica.

Evan volvió a mirar la hora. Dos horas más.

—Oye, parece que te pillo en mal momento, así que podemos dejarlo para el lunes si te viene mejor.

—No te preocupes. Stephanie está aquí. Creo que todavía no se fía de dejarme solo con los críos. La última vez que me los dejó, los dos acabaron con sirope en el pelo y en las sábanas. Por cierto, ¿sabías que los niños de tres años no deberían beber refrescos?

Ken se rio con sarcasmo de su metedura de pata como padre.

—¿En serio? ¿Cuánto tardaste en calmarlos y meterlos en la cama? —Evan se rio imaginando a Ken persiguiendo a dos críos pasados de cafeína por toda la casa.

—Todavía estaban despiertos cuando Stephanie llegó a casa. Solo puedo decir que es una santa aguantándome a mí y a los críos, y que le debo más días de spa de los que puedo contar.

Al oír mencionar a la esposa de Ken, Evan se puso a pensar. Bastantes de sus amigos se habían casado y tenido hijos en los últimos años. ¿Eran los sentimientos que tenía por Cassidy similares a los que sintieron sus colegas cuando conocieron a las que acabarían siendo sus esposas? ¿A otros tíos también les daba un flechazo así tan pronto después de conocer a una mujer?

Qué demonios, podía preguntar.

—Oye, Ken, hablando de tu media naranja... ¿Cuándo lo supiste? O sea, que Stephanie era la indicada.

La risa aguda de Ken resonó a través de la línea.

—¿Te refieres a cuándo conoces a la mujer por la que borrarías el número de todas las demás de tu lista de contactos? Mmm, yo diría que tardé unos buenos cinco minutos en que los ángeles dejaran de cantar y la sangre volviera a mi cerebro después de un rápido desvío hacia el sur. Entonces mi voz interior me gritó: «bésala, idiota, y no la dejes escapar para que ningún otro tío le ponga las zarpas encima».

Atónito por la crudeza de las palabras de Ken y por lo mucho que su experiencia reflejaba la suya propia, Evan se frotó el pecho y dio otro trago a la cerveza.

—Slater, ¿sigues ahí? ¿Quién es la mujer?

La pregunta de Ken lo trajo de vuelta a la realidad.

—Gracias. Supongo que eso responde a mi pregunta. Es... eh, es chef. Tiene un programa de cocina en YouTube. Se llama Cassidy Love y acabo de conocerla. Es una locura, pero vamos a ir juntos a un evento benéfico esta noche y creo que... bueno, no puedo dejar de pensar en ella. O sea, cada puto minuto. Es casi como si...

—Cupido te clavó una flecha en el culo y ahora andas embobado y con ojos de corderito por Cassidy… oye, espera un momento, ¿es la Cassidy de Cocinando con Amor? A Stephanie le encanta lo que hace. Yo nunca lo he visto, pero Steph está loca con sus recetas. Y yo me zampo felizmente los resultados.

Joder, ¿cómo era posible que todos menos él supieran quién era Cassidy?

—Esa misma. Gané un concurso para tener una cita con ella, vino a verme al pub y ¡ZAS! Me quedé mudo, con la polla a media asta, y no he podido pegar ojo desde entonces.

Evan se frotó la frente. No podía creer que acabara de soltarle todo eso a Ken.

—Tío, parece que te ha dado fuerte. Oye, pásatelo bien esta noche y cuéntame la semana que viene qué tal fue, ¿vale? Me están fulminando con la mirada, así que tengo que irme. Buena suerte, tío.

Evan se quedó sentado con el móvil en la mano, mirando por la ventana que daba a su patio trasero; no sabía cuánto tiempo llevaba así. Menos mal que había puesto una alarma, porque si no seguiría ahí sentado, atontado por todo lo que le rondaba por la cabeza y lo que se estaba planteando para después de su cita con Cassidy.