Amor en Evermore & 39th (Rescatados por el amor: en la madurez nº 1) CUATRO
44%

CUATRO

Dos horas después de salir del O'Malley's y su encuentro con Cassidy, Evan no podía dejar de pensar en ella ni de revivir su conversación. Había pasado una eternidad desde su primer flechazo por una chica, pero la respuesta de su cuerpo ante la sexy chef de internet seguía distrayéndolo como si fuera un adolescente lleno de hormonas. A pesar de la ducha fría, volvió a sentirse alterado solo de pensar en el fuego en sus ojos cuando lo acusó de hacerle ghosting.

Había tenido que buscar en Google qué era el ghosting y su canal de YouTube. Se quedó hambriento después de verla preparar plato tras plato. Pero no era precisamente comida lo que quería de ella. Quería saborear a Cassidy Love largo y tendido, desnuda y en su cama. O en la de ella.

Los vídeos le dieron una idea del tipo de persona que era. A veces tenía invitados en el programa, y su forma de ser cercana y afable traspasaba la pantalla. Además, poseía un sentido del humor afilado. Estaba claro por qué había tenido tanto éxito. Y luego estaba la admiración que sentía hacia ella por seguir ayudando a quienes la habían apoyado cuando lo necesitaba, mucho después de que la mayoría en su posición hubiera dejado de hacerlo.

Lo que de verdad le hizo pensar que estaba loco fue encontrarse en la cama esa noche ideando temas de conversación. Quería averiguar cuáles eran sus metas para el futuro. ¿Había estado casada alguna vez? Parecía rondar los treinta, así que era posible. Quizá tenía hijos. ¿Quería tener hijos? «Para el carro, Slater. Acabas de conocerla».

¿Qué tío se preocupa por estas cosas después de pasar menos de una hora con una mujer? Necesitaba sacarse esos pensamientos de la cabeza y averiguar quién había entrado en su teléfono y lo había etiquetado en el concurso de Instagram de ella. No sabía si quería estrangular a quien fuera por invadir su privacidad o darle las gracias por traerla a su vida. Pero de cualquier forma, lo averiguaría. Mañana.

Dio vueltas un rato, pero justo antes de quedarse dormido, su mente pasó de Cassidy a quién podría haber accedido a su cuenta de Instagram. Eso le hizo pensar en la barbacoa a la que había asistido hacía un par de semanas con la mayoría de los Outlaws, justo antes del inicio de la temporada. Había sacado un par de fotos y, en un momento dado, le había pasado el móvil a alguien para que hiciera una foto de grupo.

Entonces cayó en quién había accedido a su Instagram. Se rio entre dientes y se quedó dormido pensando en esa persona y su famoso grupo de amigas casamenteras.

El trayecto al Estadio Outlaw fue agridulce para Evan. Hacía menos de seis meses, estaba en su mejor momento como miembro veterano del equipo, titular en cada partido en la segunda base y con un promedio de bateo de .345. Habían ganado el campeonato un año antes, pero durante la última jugada del partido, se torció la rodilla al recoger un roletazo y oyó un crujido al hacer el tiro para eliminar al corredor en primera.

Durante la celebración, estaba tan eufórico que ignoró el dolor, se puso hielo en la rodilla sin mucho esmero y luego bebió lo que le pareció un galón de champán. No fue hasta la mañana siguiente, cuando un dolor punzante lo despertó, que lo reconoció y llamó al médico del equipo. Le preocupaba que las radiografías mostraran un menisco desgarrado similar al del receptor Luke Garibaldi, copropietario del O'Malley's, la temporada anterior. Luke se había recuperado y había vuelto, así que Evan tenía algo de esperanza a lo que aferrarse.

Pero el de Evan no estaba desgarrado, estaba destrozado. Años de maltrato y de contorsionarse para hacer jugadas que nadie más en la liga se atrevía a intentar habían pasado factura. La cirugía no era garantía de nada, pero era la única opción si quería otra temporada jugando al deporte que amaba.

La rehabilitación no había ido bien, pero había aceptado los hechos. Había jugado su último partido en las grandes ligas. La lucha por encontrar el equilibrio en la vida después del béisbol lo había llevado a alejar a todos y a beber demasiado. Fue entonces cuando Maverick apareció aporreando su puerta y le cantó las cuarenta. Y gracias a Dios que lo hizo. Evan tenía dinero de sobra para vivir, pero no tenía ningún plan para después de sus días como jugador. Trabajar a tiempo parcial en el O'Malley's le había dado algo estable que hacer y le permitía mantenerse en contacto con sus amigos.

También lo había llevado a su siguiente capítulo: los podcasts.

Tenía buena voz, un profundo amor por el juego y conocimiento tanto del deporte como de sus jugadores actuales, además de la experiencia de que se lo hubieran arrebatado todo. Cuando XYZ Nation se puso en contacto con él para empezar un programa con uno de los comentaristas deportivos más populares del país, Ken Abrams, no lo dudó. Evan creía en el trabajo duro y en un poco de suerte.

Hoy, ambas cosas eran la razón por la que iba al estadio a hablar sobre entrevistar a jugadores actuales con la vicepresidenta sénior de Comunicaciones de los Outlaws, Kelsey Jansen, y una de sus principales coordinadoras de relaciones públicas, Thea Lynch.

Kelsey estaba casada con Maverick, y Evan era amigo de ambos. De hecho, había estado en su casa hacía un par de semanas. Sin embargo, era lo suficientemente listo como para saber que tenía que tratar esta reunión, y a ella, como a cualquier otro contacto profesional. Eso no significaba que fuera a contener todo su encanto al negociar la lista de jugadores que él y Ken querían para su primera temporada.

Evan pasó el control de seguridad en el vestíbulo y entró en el ascensor que lo llevaría al piso ejecutivo. Al salir, la vista nunca dejaba de asombrarlo. Era impresionante. Ventanales del suelo al techo enmarcaban el paisaje que se extendía más allá del estadio. Pinos ponderosa y alerces salpicaban la cresta al otro lado del río Kokanee, proporcionando un telón de fondo espectacular al estadio de techo retráctil.

—Evan, cuánto me alegro de verte. Kelsey y Thea están en la primera sala de conferencias a la izquierda. Hay refrescos, pero si prefieres algo diferente, solo tienes que pedirlo —dijo Lois Campbell, la que controlaba el acceso al piso ejecutivo y asistente personal de Thomas «TS» Scott, propietario mayoritario de los Outlaws.

—Seguro que lo que hay está bien. Me alegro de verte, Lois —sonrió y siguió sus indicaciones por el pasillo. Ambas mujeres estaban sentadas cuando llegó—. Por favor, no hace falta que se levanten. Voy a coger un poco de agua y empezamos.

Nunca había conocido a Thea, así que Kelsey hizo las presentaciones. Notó que Thea tenía aproximadamente la misma edad que Cassidy, con complexión y tono de piel similares, pero su cuerpo no reaccionó igual ante ella. Al estrecharle la mano, no sintió chispas ni ganas de prolongar el contacto. Dejó a un lado la observación, tomó asiento y cruzó la pierna derecha sobre la izquierda—. Gracias por aceptar reunirte conmigo con tan poca antelación, Kelsey.

—Por supuesto. Para nosotros es pan comido. Estamos muy contentos por ti, Evan —Kelsey miró a su izquierda—. Thea va a ser tu contacto principal para coordinar a los jugadores que acepten aparecer en tu podcast. Para serte sincera, lo más difícil para ti y Ken va a ser elegir a quién queréis entrevistar. En cuanto corrió la voz, casi todos los jugadores nos hicieron saber que se apuntaban. Puede que tengas un éxito entre manos antes siquiera de empezar a grabar.

Los nervios de Evan se calmaron al escuchar las palabras de Kelsey—. Son muy buenas noticias. Nuestro plan es empezar a grabar en unos cuarenta y cinco días. Cuando se acerque la fecha, Ken o yo nos pondremos en contacto para concretar los días. Si esto despega, pasaremos la coordinación a alguien del equipo de producción, pero hasta entonces os toca aguantarnos.

Thea se sonrojó. La coordinadora se tocó el pelo y le dedicó una sonrisa radiante. —Suena perfecto, Evan. Si necesitas algo, llámame.

Sabía reconocer cuándo una mujer estaba interesada, y Thea le estaba lanzando todas las señales, pero, una vez más, solo podía pensar en Cassidy. —Eh, claro. —Dio un trago de agua—. Entonces, Kelsey, ¿tienes un minuto?

Thea se disculpó y le hizo un gesto de despedida desde la puerta.

—Parece que tienes otra admiradora. La verdad es que no me sorprende. Estaba bastante emocionada con esta reunión. Bueno, ¿qué puedo hacer por ti, Evan?

Las confrontaciones no eran lo suyo, pero tenía que empezar por algún lado. Se aclaró la garganta y se irguió en el asiento. —¿Has oído hablar alguna vez de una chef de YouTube llamada Cassidy Love?

Si acabaras de conocer a Kelsey, el leve arqueo de su ceja podría haber pasado desapercibido. Casi lo consiguió, pero luego lo echó a perder al sonreír, confirmando quién lo había organizado todo. —Algo me dice que vas a llevarla al evento benéfico de mañana. Felicidades.

¿Cómo iba a enfadarse? Saber que había sido una amiga quien había hecho esto, y no un hacker cualquiera, hacía la situación menos estresante. Y si las cosas salían bien mañana con Cassidy, sin duda le debería un favor a Kelsey.

—Debería estar enfadado. ¿Y si no nos hubiéramos soportado? O...

—No pareces muy enfadado; de hecho, diría que pareces un hombre muy «pillado». Tenías un brillo especial en los ojos cuando dijiste su nombre. —Evan se puso de pie y se acercó a ella. Kelsey le tomó del brazo—. Te acompaño a los ascensores. Tengo otra reunión en unos minutos. Vas a pasarlo genial, estoy segura. La he visto un par de veces. Ha estado muy ocupada desde que consiguió ese puesto en el ranking de YouTube.

Evan se rio con la explicación de Kelsey. Así se ahorraba tener que preguntarle cómo conocía a Cassidy. Kelsey se detuvo frente al ascensor, pulsó el botón de bajada y le dio unas palmaditas en el brazo. —Mav y yo también estaremos en el evento, así que quedamos para tomar algo, ¿vale?

Evan se rio. —Invitas tú.

—Por supuesto. —Kelsey le guiñó un ojo mientras se cerraban las puertas del ascensor.