Amor en Evermore & 39th (Rescatados por el amor: en la madurez nº 1) TRES
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Cassidy no podía creer la montaña rusa emocional que acababa de experimentar. Primero enfadada, luego atónita y ahora confundida por la intensa reacción que sentía hacia Evan Slater. Pero ¿no acababan de aclararlo todo? ¿Estaba haciéndose el tonto para librarse de salir con ella?

La noche anterior, cuando llamó a su mejor amiga, Zoe Riordan, a esta casi se le cayó el teléfono cuando le contó lo que había pasado. Zoe sabía quién era Evan. Sus hermanos eran grandes aficionados al béisbol y su padre, médico ortopédico, había aceptado recientemente un puesto con los Outlaws, así que la puso al corriente sobre el sexy exjugador y la animó a buscarlo en Google.

Lo que Cassidy encontró resultó alentador. Evan sin duda podía permitirse la donación requerida, así que ese no podía ser el motivo de que hubiera ignorado los mensajes de su asistente. Pero tras una hora de búsqueda, se quedó inquieta y acalorada. Las fotos de él sin camiseta en varios anuncios de una marca de ropa deportiva, junto con un comercial de colonia que aceleraba el pulso, la llevaron a abrir el cajón de su mesita de noche y echar mano de su juguete a pilas antes de poder conciliar el sueño.

Ahora que estaba sentada frente a él, el pulso le latía desbocado mientras él la observaba con educación, completamente vestido. Pero ella sabía qué aspecto tenían esos anchos hombros y ese pecho musculoso sin la camiseta del Pub cubriéndolos, y notó que iba perdiendo la concentración. De algún modo, tenía que ignorar la respuesta de su cuerpo ante el sexy exjugador de la USBL.

Enfrentarse a él en persona había parecido tan buena idea unas horas antes.

Pero su presencia era abrumadora, eléctrica. Cassidy había tratado con hombres atractivos, hombres famosos, pero Evan era... no lograba identificar qué, aunque otras partes de su cuerpo sí querían tocarlo, y su mente se llenó de imágenes de ese cuerpo duro apretado contra el suyo. Intentó no removerse en el asiento, pero él seguía mirándola como si fuera su última cena.

Cassidy extendió la mano.

—¿Puedo ver tu móvil?

Tenía que haber algo más que mensajes perdidos en Instagram.

—¿Perdona?

Evan frunció el ceño y luego soltó una risita.

—Pareces una novia celosa. Créeme, no hay nada en mi cuenta que no dejara ver a mi madre.

Vaya, sentido del humor. Mono, pero eso no iba a librarle tan fácilmente.

—Hablo en serio. Aquí pasa algo y necesito averiguar qué es. Tengo que volver a preparar mi próxima grabación. Voy a hacer una hamburguesa de salchicha picante y boniato para el vídeo de esta semana.

La palma le temblaba ligeramente.

—¿Por favor?

Evan la miró como si hubiera perdido el juicio.

—Espera. ¿Eres cocinera?

—Chef.

—Vale, chef. Entonces haces vídeos en Instagram y Slade te conoce. Y eso te convierte en influencer o algo así.

—O algo así. ¿Tu móvil, por favor?

Cassidy apretó los dientes, pero mantuvo la sonrisa. Empezaba a creer que de verdad no sabía quién era ella.

Evan se frotó la cara y suspiró.

—Sí, claro.

Sacó el móvil del bolsillo, lo desbloqueó y se lo pasó.

Cassidy arrugó la nariz al captar su aroma terroso y masculino con notas cítricas. El estómago le dio un vuelco y los pechos le hormiguearon cuando sus dedos se rozaron. Una oleada de calor le recorrió el cuerpo.

Abrió la aplicación de Instagram y luego sus mensajes.

—Aquí. Cinco mensajes míos, bueno, de Sara.

Le devolvió el móvil y señaló la pantalla. Cassidy esperaba que no negara la evidencia. Rezaba para que no dijera que no. De verdad no quería elegir a otra persona. De verdad quería a Evan. Cita benéfica o no.

Cassidy dejó que su mirada recorriera el rostro de Evan mientras él miraba el móvil. Se permitió contemplarlo a placer, desde los anchos hombros hasta los brazos musculosos. Llevaba una camiseta azul oscuro de manga larga, ajustada, con las mangas remangadas hasta los codos. Los antebrazos estaban cubiertos de un vello fino y se le marcaban las venas mientras deslizaba el dedo por la pantalla. Nunca había pensado que le atrajeran especialmente los tipos cachas. Pero ahora se descubría fantaseando con pasar los dedos por esos antebrazos, por los bíceps, por los hombros redondeados. ¿Qué se sentiría al estar envuelta en todo ese acero? Dios, tenía que parar.

Evan levantó la cabeza y sus miradas se encontraron. La había pillado mirándolo, otra vez. Cassidy se humedeció los labios y tragó saliva, pero tenía la boca seca. La mirada de él se desplazó entonces hacia su boca y las aletas de la nariz se le dilataron. Vaya, esto no era lo que había imaginado.

—Eh... entonces, ¿qué piensas?

Un destello ardiente le cruzó la mirada.

—Creo que alguien cogió mi móvil y me apuntó a tu concurso.

Cassidy parpadeó. La confianza le flaqueó.

—Espera. ¿Qué?

—Créeme, me acordaría de haberme apuntado a tu concurso. Joder, si hubiera encontrado tu perfil por mi cuenta, me habría saltado el concurso directamente. Habría buscado otra forma de conocerte.

La intensidad de Evan la estremeció. ¿Eran los sentimientos abrumadores que la envolvían desde que se plantó ante él resultado de su sequía sentimental, o era cosa de él? ¿De ellos? ¿Estaría él sintiendo esa misma conexión instantánea?

Él le tendió una de sus grandes manos.

—Cassidy, no me apunté al concurso, pero iré a la cita. Y te conseguiré un cheque para la donación. Te lo prometo.

No dudó. Posó la mano sobre la de él y absorbió su calor. Una descarga eléctrica encendió en ella una necesidad que supo al instante que no podía dejar pasar. Cassidy le apretó la mano.

—Acepto.

Esperaba que la soltara, pero el corazón le dio un vuelco cuando él le acarició el dorso de la mano con el pulgar.

—Ahora cuéntame de El Club Infantil. Me da la impresión de que significa más para ti que un simple sitio al que donar dinero una vez al año.

Su interés la emocionó. El club significaba muchísimo para ella. Los recuerdos de haberse sentido a salvo durante la adolescencia y de haber encontrado su rumbo en medio del caos de una familia disfuncional, seguido de un breve período en la calle, la vinculaban para siempre a la misión de El Club Infantil. Haría casi cualquier cosa por garantizar que siguiera adelante.

—No te haces una idea, pero si tienes medio día, te doy la chapa. Digamos que mi amor por la cocina y por crear contenido nacieron y se nutrieron allí. Sinceramente, no creo que estuviera donde estoy hoy de no ser por el club. Por eso te busqué. No pensaba dejarte escapar, y eso fue antes de descubrir quién eres en realidad.

Sorprendida por su propia confesión —nunca había compartido tanto con alguien a quien acababa de conocer—, Cassidy recogió sus cosas y se levantó.

Evan también se levantó de un salto y se acercó. Tanto que sus cuerpos quedaron a escasos centímetros. El calor de él la envolvió. Cassidy se estremeció y cerró los ojos un instante.

—Me parece genial. Quizá en nuestra cita puedas contarme un poco más. —Evan le apartó un mechón suelto detrás de la oreja.

Por un momento, pensó que iba a inclinarse y besarla. Desearlo parecía absurdo. Acababan de conocerse. Cuando él se apartó, la invadió una fugaz sensación de pérdida.

Cass se echó hacia atrás, se ajustó la blusa y se colgó el bolso al hombro.

—Bueno, gracias de nuevo. Nos vemos el sábado.

Al levantarse, hizo todo lo posible por no tropezar, pero al llegar a la puerta principal, se arriesgó a mirar atrás. Evan seguía junto a la mesa, con una sonrisa boba en el rostro. El estómago le dio otro vuelco. El Evan de carne y hueso superaba con creces la versión bidimensional.

De no haber sido tan escéptica con el destino, casi habría creído que una intervención divina los había unido. Pero como solo creía en lo que podía ver y tocar, quizá aquella extraña conexión de Instagram no era más que pura casualidad.

Casualidad o no, Cassidy iba a aprovechar al máximo el tiempo que pasara con Evan Slater.

No veía la hora de que llegara el sábado.