Capítulo 15 #2
Vio a Deirdre hablando con Lewis. Parecía tensa, casi sombría.
Era una suerte que Stuart hubiera superado sus celos.
Sabía que Lewis no representaba una amenaza y, si lo hiciera, no podría evitarlo.
Sabía que los celos eran un sentimiento estúpido y todavía estaba un poco avergonzado de lo inadecuadamente que había reaccionado en la fiesta del fuego.
Para su alivio, Deirdre parecía haberlo olvidado.
Había aceptado sus disculpas y punto. La vida con ella era sorprendentemente fácil, no había problemas.
¿Quizás demasiado fácil? Hasta el momento no había podido encontrar nada en ella que le molestara.
Bueno, excepto por el hecho de que solo estaba en Kiltarff con un objetivo.
Su forma de vestir y de arreglarse no era un inconveniente, más bien contrario.
Le gustaba mucho su aspecto y su estilo.
Quizá demasiado. Si era sincero consigo mismo, no había mirado a otra mujer desde que la conoció.
Eso debería asustarle, pero no dejó que aflorara el miedo.
Ni ahora ni después. Quería vivir el momento, porque una cosa estaba clara, por maravilloso que fuera su tiempo con Deirdre, era limitado.
Aún no se había atrevido a preguntarle por su marcha.
Ese tema se evitaba con tanta seguridad como cualquier otro relacionado con los sentimientos o los planes de futuro.
Deirdre no hablaba de ello por iniciativa propia, y él tampoco.
Eso era bueno. Sin embargo, a menudo aparecían interrogantes en su cabeza que cada vez le costaba más disipar.
—Oye, ¿por qué pones esa cara? —Ellie le dio un codazo en el costado. Ni siquiera la había visto venir.
—Hola, Ellie, ¿qué tal? —contestó sin responder a su comentario.
Su amiga estaba radiante.
—De maravilla. Deirdre nos ayuda tanto que no sé por dónde empezar a elogiarla.
El sitio web se puso en marcha ayer y, gracias a su fantástico trabajo con los anuncios de Google y Facebook, ya hemos podido generar una cantidad considerable de tráfico y, por tanto, un montón de reservas.
Es increíble lo que ha conseguido en tan poco tiempo.
Y, por cierto, también está organizando mi boda, no sabría dónde estaría sin ella.
Probablemente habría acabado en un sanatorio por un ataque de nervios —Ellie se echó a reír.
Stuart tragó saliva, de repente había aparecido un nudo en su garganta. ¿Qué le pasaba?
—Eh, sí, es muy competente —fue todo lo que se le ocurrió.
Ellie le dio unas palmaditas en el brazo con una mirada extrañamente cómplice, lo que le irritó aún más.
—Hacéis una pareja encantadora. Espero que te parezca bien que os ponga juntos en la boda.
De nuevo tragó saliva. La boda. No había pensado en ello.
—Sí, claro. Si a Deirdre le parece bien.
«Si es que para entonces sigue en Kiltarff», pensó a continuación, aunque no lo verbalizó.
Ellie le guiñó un ojo.
—Lo averiguaré, pero para ser sincera, no tengo ninguna duda.
Kenneth se puso al lado de Ellie y rodeó con un brazo el hombro de su prometida.
—Déjame adivinar, ¿habláis de la boda? —quiso saber el conde, sonriente de oreja a oreja.
Ellie asintió.
—Por supuesto.
—No sabes lo agradecidos que estamos a Deirdre —continuó Kenneth, dirigiéndose a Stuart—. Me temo que no habría habido boda este año sin ella.
Ellie torció los labios en una sonrisa culpable.
—Me temo que mi maravilloso prometido tiene razón en eso.
Stuart no sabía qué replicar. De pronto se sintió extrañamente inquieto. Pensar que un día Deirdre ya no estaría allí le hacía sentirse mucho peor de lo que había imaginado. Sonrió, pero sospechó que era algo mecánico.
—Sois tan asquerosamente felices que apenas puedo soportarlo. —Luego tuvo que reírse. —No, en serio, me alegro mucho de que las cosas os vayan tan bien. Y vamos a solucionar lo de los coches clásicos.
Después de charlar un rato con ellos, se abrió paso entre la multitud para ir en busca de Deirdre. Estaba delante de los aseos, hablando con Michelle. Parecía emocionada. Cuando le vio, sonrió, pero no de una forma tan abierta y radiante como de costumbre. Stuart se acercó a las dos.
—Ya he tenido bastante por hoy —le dijo a Deirdre—. Mañana tengo que madrugar, ya sabes, tengo que seguir con la reforma. ¿Te importa si me voy ya?
Deirdre entrecerró los ojos un momento y luego asintió.
—Claro, por supuesto, no tienes que quedarte por mí.
No la dejó seguir hablando, le dio un beso en la frente y luego abrazó a Michelle.
—¡Que os divirtáis! Nos vemos.
Tras eso, salió por la puerta trasera. En el patio, respiró hondo.
El aire frío entró en sus pulmones, que se dilataron un poco.
Hasta ese momento, no se había dado cuenta de la presión que tenía el pecho.
No sabía qué le había pasado en el bar, pero su humor había cambiado.
Prefirió no pensar en ello, no era nada que una buena noche de sueño no pudiera arreglar.
Al menos eso se dijo a sí mismo y se marchó a casa.
Ya tumbado en la cama, sus dedos revoloteaban sobre el teléfono móvil. ¿Debía enviarle un mensaje a Deirdre diciéndole que era bienvenida si quería acercarse cuando dejara el Lantern?
Se sentía solo ahí tumbado sin ella. En las últimas noches, se había acostumbrado a su cercanía, a su calor.
No. Precisamente esa razón ya era suficiente para no escribirle.
Era peligroso habituarse a una rutina duraría poco tiempo.
Stuart apartó el móvil tras ponerlo en silencio.
Luego miró al techo en la oscuridad y esperó a dormirse.
Por desgracia, de repente estaba completamente despierto.