Amor en escocés (Pasión en el Lago Ness 6) Capítulo 3
14%

Capítulo 3

—¡ N o puedes estar hablando en serio! —exclamó Deirdre.

Michelle acababa de salir del dormitorio y entraba en el salón. Deirdre la miró fijamente, parpadeando un par de veces.

—¿Vas a ponerte eso?

Michelle llevaba un vestido hasta los tobillos adornado con un tartán sobre el hombro.

—Esta noche es noche tradicional en el Lantern. Los hombres llevan kilts y las mujeres… —empezó a explicar Michelle.

Deirdre la interrumpió levantando una mano.

—Sí, sí, ya lo he entendido. Perdona, pero es que me ha sorprendido. No puedo seguirte el ritmo en la conversión hacia una auténtica escocesa. Lo siento, me resulta muy extraño.

—¿No me queda bien? —preguntó Michelle, algo inquieta.

Deirdre sintió remordimientos de inmediato. No había querido hacerla sentir incómoda ni insegura. Agarró a su amiga por el hombro y la apretó con afecto.

—Oh, cariño, claro que sí. ¡Te queda espectacular! —respondió con entusiasmo—. Cuando me dijiste que íbamos al pub , pensé… no sé, imaginé otra cosa.

—Cuando te dije lo del traje tradicional debería haberte explicado que me refería a uno escocés. Lo siento. ¿Te molesta que no haya conseguido algo similar para ti?

—No —respondió Deirdre rápidamente, quizá demasiado—. Nadie me creería con un vestido así. No me pega, simplemente no encajo.

Por un instante, Deirdre lamentó ese hecho, pero enseguida recordó que jamás podría soportar vivir en el campo y la extraña sensación desapareció.

—Por lo que veo, al final sí que voy a destacar con mi atuendo, ¿verdad? —comentó con una sonrisa irónica.

Deirdre llevaba un vestido azul zafiro ajustado que le llegaba justo por encima de la rodilla, combinado con zapatos de tacón a juego. Aunque no tenía escote y era de manga larga, realzaba su figura sin dejar demasiado a la imaginación.

—Estás buenísima —declaró Michelle con un guiño—. Tendré que vigilarte esta noche.

Deirdre soltó una carcajada.

—Yo me cuido sola, ya lo sabes.

—Muy bien, entonces vamos. ¿Quieres que lleve yo las llaves?

—¡No hace falta! —dijo Deirdre, mientras metía el llavero y su tarjeta de crédito en el sujetador.

Michelle negó con la cabeza, divertida.

—Qué bueno saber que algunas cosas no cambian. ¿Nunca has perdido nada?

—¡Por favor! No con este método. Es infalible.

—De todas formas, no creo que necesites la tarjeta de crédito. Estoy segura de que habrá muchos que quieran invitarte a copas.

—Y estarán todos casados o serán viejos y feos —respondió Deirdre con sorna.

Michelle rio por lo bajo.

—Bueno, yo sé de alguien que estará esta noche que no es ni viejo ni feo.

—Ya, pero Wallace es tu novio.

Michelle la empujó suavemente.

—No me refería a Wallace, tonta. Me refería a Stuart.

—¿Tengo vía libre? —preguntó Deirdre, arqueando las cejas con picardía. Había pensado en Stuart, pero no había querido mencionarlo.

—No sé qué significa eso. Pero, como dijiste antes, eres adulta y puedes cuidar de ti misma. Ya te advertí sobre él. Busca muchas cosas, pero no una relación para toda la vida.

—Perfecto. Quizás habría que advertirle sobre mí —bromeó Deirdre.

El pub ya estaba lleno cuando llegaron. La mayoría de los hombres llevaban kilts y las mujeres vestidos similares al de Michelle.

Pero lejos de sentirse fuera de lugar, Deirdre se encontró cómoda.

El ambiente era relajado y acogedor. Aunque notaba que la miraban, no percibía escepticismo ni desprecio en esas miradas.

—Pareces sorprendida —susurró Michelle al oído—. ¿Qué esperabas encontrar? ¿Tan malo creías que sería?

—No, claro que no. Pero debo admitir que me llama la atención la edad de la gente, la esperaba mucho más mayor —respondió Deirdre, sonrojándose ligeramente.

—A mí me pasó lo mismo al principio. Tampoco me lo creía —confesó Michelle, riendo—.

Y me sorprendió aún más Wallace. En el fondo fue divertido ver cómo intentó enseñarme su culo desnudo mi primera noche en el pueblo, casualmente aquí mismo, en el Latern.

Si alguien me hubiera dicho en ese momento que hoy estaría con él, me habría reído en su cara.

Deirdre no quiso contestar que ella no era tan fácil de engatusar como su amiga.

Caminar hasta la barra fue toda una odisea, ya que paraban a Michelle constantemente para saludarla y abrazarla.

Como era de esperar, se aseguró de incluir a Deirdre en las conversaciones para que no se sintiera excluida.

La velada resultó ser sorprendentemente agradable y divertida.

Le costó un poco acostumbrarse al acento escocés, aunque tenía un punto melodioso y llegaba a resultar casi hipnótico.

¿Dónde estaría Stuart?

Durante todo el día, Deirdre había imaginado que esta noche no volvería sola a casa, sino tal vez con él. Pero de momento no había aparecido.

Justo cuando empezaba a perder la esperanza, alguien entró al pub .

Era Stuart. ¡Santa madre de Dios!

Si ya le había parecido atractivo con ropa de trabajo, ahora era diez veces más deslumbrante. Stuart llevaba su kilt con orgullo y dignidad. Sus pantorrillas musculosas, perfectamente torneadas, eran un espectáculo, y su figura, resaltada por el atuendo, parecía diseñada para atraer miradas.

Sus ojos se cruzaron a través de la multitud, como si una fuerza invisible los conectara. Stuart comenzó a caminar con decisión hacia ella. Saludaba aquí y allá, pero apenas intercabiaba más que unas pocas palabras con cada uno.

Venía directo hacia ella.

Su pose decidida no dejaba lugar a dudas: Stuart sabía lo que quería. Y la quería a ella.

El corazón de Deirdre comenzó a latir con fuerza. Se aferró a su vaso de cerveza, mientras una sonrisa se dibujaba en sus labios. No necesitó que él dijera nada sobre su atuendo, podía leerlo en la intensidad de su mirada.

Por un momento, una idea cruzó su mente: tal vez no fuera tan buena idea pasar la noche con él.

Pero cuando Stuart llegó hasta ella y le dio un beso en cada mejilla, ya se había olvidado de buscar las razones, su cercanía hacía imposible pensar con claridad.

* * *

A Stuart no le apetecía ir al pub esa noche.

El día había sido un desastre: lidiar con coches modernos llenos de tecnología innecesaria, clientes complicados y la sensación constante de que el día no tenía suficientes horas lo había puesto de mal humor.

Sin embargo, todo cambió en el instante en que localizó a Deirdre entre los clientes.

De repente, parecía que la noche iba a mejorar.

«Tal vez. Si me salgo con la mía, seguro que sí».

Se abrió paso entre la multitud, saludando a algunos conocidos con una inclinación de cabeza, pero sin permitir que nada lo desviara de su objetivo: llegar hasta ella.

Deirdre parecía haber anclado los ojos a los suyos y lo atraía como si lo sostuviera con una cuerda invisible y tirara suavemente hasta ella. Por fin, llegó para saludarla. Esa mujer no solo tenía un aspecto espectacular, sino también olía de maravilla, un aroma fresco y floral tan único como ella.

—Me alegra verte por aquí —dijo Stuart con sinceridad.

Ella lo miró por debajo de sus pestañas entrecerradas y con una sonrisa traviesa dibujándose en sus labios.

—Pensé que tenías otros planes para esta noche.

Stuart sonrió ampliamente.

—Para nada, y menos sabiendo que estás en el pueblo.

Deirdre rio y echó la cabeza hacia atrás.

Una risa contagiosa y provocadora al mismo tiempo.

Era distinta y excitante y había algo en ella que lo desconcertaba, Deirdre le gustaba más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Dudó un instante. Normalmente no le importaba el carácter de las mujeres con las que quería acostarse.

¿Podría ser que el hecho de ser amiga de Michelle hiciera que se planteara cosas extrañas?

—No te preocupes —dijo Deirdre de repente, como si leyera su mente.

Por un momento, Stuart temió haber expresado sus pensamientos en voz alta, pero ella continuó:

—Me iré de Kiltarff el domingo, así que no tienes que preocuparte por que vayamos a coincidir a menudo.

«Oh, vaya. O podía leer la mente o pensaba igual que él». Aunque ese pensamiento lo irritaba ligeramente, la atracción que sentía era mucho más fuerte que cualquier otra emoción.

—¿Qué tal una copa? —sugirió, manteniendo la calma.

—Estoy bien, gracias —respondió Deirdre, levantando su vaso con una sonrisa burlona—. Aunque si me dices que necesitas beber para soportarme, me marcharé.

Stuart soltó una risa baja y le dio un suave toque en la nariz.

—Sabes de sobra lo hermosa que eres, pero no me importa decírtelo de nuevo —se inclinó hacia ella, lo justo para susurrarle al oído—: eres irresistiblemente sexy .

No puedo sacarme de la cabeza la idea de quitarte ese vestido.

Desde esta mañana, maldita sea, desde ayer, no he dejado de pensar en ti.

Sintió un leve estremecimiento en Deirdre al escuchar sus palabras, y su propio cuerpo reaccionó de inmediato. Tuvo que retroceder un paso para recomponerse. Iba demasiado deprisa, incluso para él.

Estaba a punto de decir algo más, cuando Deirdre fue abordada por Michelle y Maisie que la involucraron en una animada conversación. Ella le lanzó una mirada de disculpa, y Stuart respondió con una sonrisa.

Había algo en ella que le fascinaba, iluminaba a los demás sin eclipsarse a sí misma. Una cualidad, muy poco común, que lo intrigaba profundamente.

«Suficiente, Stuart. Concéntrate».

Se dirigió al barra, pidió una Coca-Cola y charló brevemente con Kendra. No tardó en volver a buscar a Deirdre.

No fue difícil encontrarla. Estaba en un rincón con Maisie, riendo por algo que la librera había dicho. «Dios, esa risa...». Stuart tragó saliva. Quería acercarse a ella y dejar un rastro de besos en su cuello.

—Si sigues mirándola así, tendré que darte una servilleta para que te limpies las babas —comentó una voz femenina a su lado.

Stuart se giró ligeramente, arqueando una ceja.

—No te había visto, lo siento —dijo, reconociendo a Michelle.

Ella se encogió de hombros, divertida.

—Obviamente, tu mente estaba en otra parte.

—No puedo negarlo. Está increíblemente guapa.

Michelle rio.

—Es una vampiresa devoradora de hombres.

—Perfecto —chasqueó la lengua Stuart con una sonrisa—. Suena como mi tipo ideal.

—Sé amable con ella.

—Oh, eso puedo prometértelo. De hecho, seré muy dulce.

Michelle torció el gesto, mirándolo con cautela.

—Ella no quiere un escocés, y mucho menos una relación estable.

—¿Por qué? —preguntó Stuart, aunque ni siquiera él sabía por qué le interesaba tanto saberlo.

—Kiltarff es demasiado rural y tranquilo para ella. Nunca se quedará aquí.

—No tenía en mente casarme con ella.

—Y vuela de regreso a Londres mañana.

Stuart sonrió lentamente.

—Entonces todavía tengo una noche entera.

Michelle lo miró fijamente, frunciendo el ceño. Ella conocía su pasado, pero Stuart no estaba dispuesto a entrar en detalles ahora.

—Solo para que lo sepas, Stuart, Deirdre es importante para mí. Aunque parece fuerte, es más vulnerable de lo que aparenta. Es dura por fuera, como tú, pero ya sabes que se trata solo de una fachada.

La conversación comenzaba a incomodarlo, no necesitaba una charla profunda en ese momento.

—Michelle, aprecio tu preocupación. Pero como dijiste, tu amiga se va mañana. No hay riesgo de que alguien salga herido. Si ella acepta pasar conmigo esta noche, le dejaré claro lo que puede esperar: una noche increíble, orgasmos explosivos y absoluta satisfacción.

Michelle levantó ambas manos, fingiendo horror.

—¡Demasiados detalles, gracias! Estás muy seguro de ti mismo, ¿no?

Se encogió de hombros. Era su forma de evitar conversaciones profundas. ¿Por qué las mujeres no se daban cuenta de que los hombres eran diferentes? La mayoría no quería hablar constantemente de sus sentimientos.

—Si no hubieras elegido a Wallace podrías saber a qué me refiero —bromeó Stuart.

—¿He oído mi nombre? —dijo Wallace, acercándose con su característico aire relajado y rodeando con un brazo los hombros de su novia.

A Stuart aún le resultaba extraño ver cuánto había cambiado su amigo desde que estaba con Michelle.

Los dos se complementaban perfectamente.

Nunca habría imaginado que Wallace, siempre tan reservado, fuera capaz de abrirse a alguien como lo había hecho con ella.

Se alegraba por ellos, pero eso era todo.

Verlos juntos no significaba que él quisiera una vida similar. Era feliz con su vida de soltero.

Su amigo sostenía un vaso de agua, no bebía por su compromiso con los bomberos voluntarios. Stuart siempre lo había respetado. Además, ambos sabían divertirse sin necesidad de alcohol. Sin embargo, la razón por la que Stuart quería mantener la cabeza despejada esa noche era completamente distinta.

Giró la cabeza hacia Deirdre y la encontró mirándolo. Las comisuras de sus labios se alzaron casi imperceptiblemente y él lo tomó como una invitación. No solo por su sonrisa, sino porque Maisie se había marchado y se había quedado sola.

—Si me disculpais —se excusó Stuart con una ligera inclinación de cabeza hacia Michelle y Wallace antes de dirigirse a Deirdre.