Amor en escocés (Pasión en el Lago Ness 6) Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

Michelle ya le había contado a Deirdre el pasado de Wallace, incluidos los otros planes profesionales que tuvo una vez.

Ahora parecía haber encontrado el equilibrio entre su talento y su vida en Kiltarff.

Deirdre se alegraba por él y por Michelle.

La vida de esa pareja parecía tan perfecta desde fuera que habría sido empalagosa para cualquiera, excepto para ellos mismos.

Deirdre sintió un pequeño tirón de nostalgia que reprimió de inmediato.

Los hombres que habían llamado su atención siempre resultaban ser ególatras y superficiales.

Por eso, hacía tiempo que había renunciado a la idea del amor romántico.

No todo el mundo estaba destinado a tener un final feliz, por ello Deirdre había decidido disfrutar de su vida sin ataduras ni expectativas.

—¿Vienes? —la llamó Michelle, sacándola de sus pensamientos—. Queremos ir al castillo, he reservado mesa para nosotras.

—¿Con estas pintas? —Deirdre se miró. Para sus estándares, iba mal vestida: leggings ajustados de imitación de cuero, un top corto y una americana extragrande.

En los pies llevaba unas zapatillas blancas que Michelle le había prestado, después de negarse rotundamente a dejarla subir al barco con tacones.

Aunque había cedido, presentarse en un castillo con ese tipo de calzado le parecía un despropósito.

Michelle se colocó a su lado con una sonrisa tranquilizadora.

—Estás estupenda.

Deirdre puso los ojos en blanco.

—¿No puedo cambiar al menos las zapatillas por algo más elegante?

—Créeme, estás perfecta.

—De acuerdo… —Deirdre suspiró, resignada. No quería parecer una diva.

Juntas, caminaron por un estrecho sendero de grava que atravesaba los terrenos del castillo. De vez en cuando, algún conejo pasaba saltando cerca de ellas, mientras que otros retozaban por el césped, tomando el sol o mordisqueando la hierba. También había mirlos picoteando insectos en el suelo.

Cuando las puntiagudas torres del castillo de Kiltarff fueron visibles, las comisuras de los labios de Deirdre se curvaron en una sonrisa.

—Esto es como estar en Downton Abbey —comentó, con un deje de fascinación.

—¡Pues es mucho mejor! —replicó Michelle, entusiasmada—. Pronto lo verás. Además, va a celebrarse una boda de ensueño.

—Oh, ¿sí? ¿Quién se casa? ¿Alguna celebridad?

—De momento no. —Michelle negó con la cabeza—. Son Ellie y Kenneth. La ceremonia será en septiembre, cuando el pueblo esté más tranquilo.

—¿Más tranquilo? —Deirdre arqueó una ceja, incrédula—. ¿A qué te refieres?

—Es temporada alta. Hay muchos turistas. ¿No te fijaste en el embarcadero? Ellie montó allí su restaurante y está desbordada de trabajo.

—Ya… —respondió Deirdre, aunque no estaba segura de entenderlo del todo. Si Michelle consideraba que Kiltarff estaba lleno, no quería imaginarse lo desierto que debía estar en otoño o invierno.

Atravesaron una reluciente puerta giratoria dorada para entrar al castillo.

Un sutil aroma floral impregnaba el aire estaba impregnado.

El suelo, impecablemente pulido, reflejaba la luz que se colaba por los ventanales.

Una música suave, procedente de altavoces invisibles, flotaba en el ambiente, y había plantas verdes decorando estratégicamente el amplio vestíbulo.

Detrás del mostrador, una mujer tecleaba en un ordenador. Al notar su llegada, levantó la vista y sonrió.

—¡Michelle! —exclamó, dejando lo que hacía para acercarse.

—Hola, Ellie —respondió Michelle—. Déjame presentarte a mi amiga, Deirdre.

Deirdre, que había esperado una actitud más distante por parte de la futura esposa de un conde, se sorprendió cuando la abrazó como si fueran viejas amigas. Aunque la tomó desprevenida, devolvió el abrazo con calidez.

—Encantada de conocerte —dijo Ellie, sonriendo amablemente mientras se apartaba.

Ellie tenía una mirada limpia e irradiaba confianza y bondad.

Percibió que era el tipo de persona que haría cualquier cosa por sus amigos.

Por un instante, deseó ser parte de ese círculo, pero desechó el pensamiento rápidamente.

Hacía falta algo más que solo dos días para forjar una amistad verdadera.

—Gracias, el gusto es mío —respondió Deirdre, notando un leve temblor en su voz. Por suerte, ni Michelle ni Ellie parecieron notarlo.

—Venid, os he reservado la mejor mesa en la terraza. —Ellie les hizo un gesto para que la siguieran—. Ahora solo tenemos disponible el menú pequeño, pero si prefieres algo en particular puedo preparar algo especial.

—Por favor, no te molestes —dijo Michelle con una sonrisa—. Esto es lo que teníamos en mente. ¿Cómo estás?

Ellie dejó escapar un pequeño suspiro.

—Para ser sincera, podría estar mejor. Estamos hasta arriba de estrés. No pensé que sería tan difícil encontrar personal adecuado. Pero no quiero aburrirte con mis problemas.

Atravesaron la espaciosa terraza que ofrecía una vista impresionante del lago Ness. El largo lago brillaba oscuro y misterioso, rodeado de interminables filas de árboles que parecían resguardar sus secretos. Deirdre comprendió por qué había tantas leyendas y mitos sobre esa masa de agua.

El paseo en barco había sido interesante, pero la vista desde el castillo era sencillamente espectacular.

Por un momento, su mente profesional no pudo evitar pensar en cómo sería promocionar un lugar tan asombroso.

Sería un juego de niños hacerlo mundialmente conocido.

Pero rápidamente descartó la idea; ese no era su trabajo ahora, de hecho, se suponía que se había cogido el fin de semana de vacaciones.

Deirdre parpadeó un par de veces, se había quedado ensimismada mientras Michelle y Ellie ya habían avanzado. Su amiga le dedicó una sonrisa cómplice desde una mesa, donde ya estaba sentada. Deirdre se acercó y tomó asiento frente a ella.

Ellie regresó con una bandeja y anotó las bebidas. A continuación desapareció dejando tras de sí una energía vibrante.

—Ellie es todo un torbellino —comentó Deirdre, divertida.

—Sí, absolutamente. La adoro.

No tuvieron tiempo de seguir hablando, porque una elegante mujer se unió a ellas y abrazó a Michelle con familiaridad.

—Deirdre, esta es Ava. Ella dirigió la remodelación del castillo —la presentó Michelle.

Ava era guapa y exudaba una gracia natural que llamaba la atención. Llevaba un sencillo vestido hasta la rodilla y sandalias de tiras con tacones finos, pero su estilo tenía un aire sofisticado que Deirdre no pudo evitar admirar.

—Hola, encantada de conocerte —dijo Deirdre, sonriendo cordialmente.

Ava respondió con una cálida sonrisa.

—Yo también me alegro de conocerte por fin. Michelle me ha hablado mucho de ti.

—Espero que solo te haya contado cosas buenas —bromeó Deirdre, devolviéndole la sonrisa.

Ava soltó una pequeña risa.

—¡Por supuesto! Sé que viajas mucho y que tienes mucho éxito. Tu trabajo me parece fascinante. Aunque debo admitir que no me gustan demasiado las redes.

—Gracias —respondió Deirdre con naturalidad. ¿Por qué todo el mundo aquí parecía tan feliz y satisfecho? Incluso la agobiada Ellie irradiaba amor por su vida en este lugar.

—Ava vino a Escocia por trabajo y terminó enamorándose de Colin —explicó Michelle con una sonrisa.

—Sí, pero no fue un flechazo inmediato —admitió Ava con un tono conspirador, acompañando sus palabras con un gesto teatral—. En fin, estoy segura de que no queréis escuchar mi historia de amor. Bastante tenéis vosotras con las vuestras.

Ava se volvió hacia Deirdre con una sonrisa.

—Ha sido un placer conocerte, pero tengo que despedirme. Me voy de vacaciones con Colin. Solo vine un momento para discutir unos temas con Kenneth.

—Te las tienes más que merecidas —comentó Michelle con un tono amable.

Ava se frotó la frente y suspiró.

—¡Y cómo las necesito! Aunque estoy algo preocupada por Ellie y Kenneth. Están agotados y últimamente no han tenido ni un día libre.

—Sí, tienen problemas con el personal. Lo hemos escuchado —dijo Michelle, encogiéndose de hombros.

—Me encantaría poder ayudarlos más, pero es imposible. No sé nada sobre los puestos que necesitan cubrir. Bueno, bellezas, ¡disfrutad de vuestro tiempo! Además, parece que el clima acompaña —añadió Ava con una sonrisa—. Debes haberlo traído tú, Deirdre. —Abrazó a ambas y se despidió.

Poco después, Ellie regresó con el pedido. Colocó cuidadosamente la bandeja sobre la mesa y dejó las bebidas y la comida.

—Si necesitáis algo, no dudéis en decírmelo —dijo, mientras se abanicaba con una mano—.

Es una suerte que aún no tenga el hotel completo, porque no podría con todo.

Aunque por otro lado, nos encantaría tener más clientes, pero no tengo tiempo ni de pensar en la publicidad.

Esta locura diaria me tiene ocupada de la mañana a la noche.

Deirdre apenas conocía a Ellie, pero era evidente que estaba desbordada de trabajo.

—Si puedo ayudarte con algo, házmelo saber —se ofreció Deirdre con sinceridad—. Conozco muy bien el mundo online . Si necesitas ayuda con la web o con alguna campaña, soy la persona indicada.

Ellie la miró con un destello de gratitud y sorpresa, claramente conmovida por su ofrecimiento.

—¿De verdad? Dios mío, eso suena genial. Ahora mismo no sé ni dónde tengo la cabeza. Ni siquiera puedo planear mi propia boda. Solo tenemos la fecha, aún no hemos concretado nada. Estaría encantada de que pudieras ayudarme, aunque estoy segura de que ya tienes mucho trabajo.

—Siempre puedo sacar tiempo para las amigas de Michelle —respondió Deirdre con honestidad.

Ellie pareció percibir que no se trataba de una promesa vacía. Su sonrisa agradecida iluminó su rostro.

—¡Muchas gracias! Ya hablaremos entonces. De momento, disfruta de las vistas y de los manjares. Que aproveche.

Cuando Ellie se alejó, Michelle apoyó la cabeza en una mano y miró a Deirdre con una expresión pensativa.

—Creo que podrías ayudarles. Eres la persona que necesitan.

Deirdre levantó una mano en un gesto tranquilo.

—Que conste que no planeo dejar mi trabajo, que quede claro.

Pero puedo echarles una mano. No me parece complicado dar a conocer este lugar tan increíble o darle a Ellie algunos consejos para la organización de su boda.

Eso sí, con el tema del personal no puedo hacer mucho.

Es un problema general en el sector de la restauración, y en sitios tan apartados más aún —remató con condescendencia.

Michelle frunció el ceño ligeramente y repitió, imitando su tono:

—En sitios tan apartados.

Deirdre resopló, entre divertida y culpable.

—Lo siento, no era mi intención que sonara mal.

Michelle respondió con una carcajada.

—Claro que la tenías, pero no pasa nada. No tiene por qué gustarte Kiltarff como a mí.