Amor en el caos (The devil’s sons 3) 25 #3
93%

25 #3

—¡Avalone! —grita Carter con una voz ronca por encima del ruido de los disparos—. ¿Estás bien?

Asustada, tiemblo como una hoja, tanto que no soy capaz de articular palabra. Los disparos continúan sin cesar; no tenemos ningún descanso.

—¡¿Avalone?! —grita mi padrino con desesperación.

—¡No le pasa nada! —responde Clarke.

Los sollozos me sacuden los hombros. Son incontrolables y violentos, tanto que no consigo respirar. Además, estoy atormentada por los pensamientos —algunos oscuros, otros incoherentes— que me impiden analizar nuestras diferentes opciones. ¿Cómo debemos actuar? ¿Cómo podemos sobrevivir?

Hundo la cara llena de lágrimas entre las manos y me repito incansablemente que la tormenta va a pasar, que todo estará bien.

—¡Ethan! ¡Necesitamos tu ayuda! ¡Han alcanzado a Jesse! —grita Set.

En cuanto soy consciente de la situación, se me hiela la sangre y suelto un grito de terror.

Forcejeo contra Clarke con la intención de reunirme con mi amigo herido, pero no me suelta.

Más balas atraviesan las vidrieras rotas y se alojan en los respaldos de los bancos que nos rodean; sin embargo, eso no me convence de quedarme a cubierto.

La sola idea de que mis enemigos pudieran alcanzar a Jesse me revuelve el estómago.

—¡Ethan! ¡Tiene una hemorragia!

Grito de nuevo, expresando mi sufrimiento, y doblo mis esfuerzos para liberarme de agarre de mi novio. Le ordeno que me suelte, empiezo a suplicarle que lo haga, pero es en vano; solo consigo que me inmovilice.

El miedo y la impotencia se mezclan y me llevan por el camino de la histeria. Ya no tengo ni juicio ni discernimiento; mis pensamientos son caóticos… Creo que me estoy volviendo loca. Y además me duele el corazón cada vez que late.

—¡Se está muriendo! —se alarma Set.

Una imagen de Jesse tumbado en un charco de sangre, la suya, aparece en mi mente y me desgarra por dentro.

El dolor que siento es insoportable. Lloro, grito, me tiro del pelo.

Y de repente, una vidriera estalla no muy lejos y los pedazos de cristal llueven sobre mí.

Clarke se inclina sobre mi cuerpo para protegerme y entonces me preocupo por su propia suerte.

—¿Estás bien? Te lo suplico, dime que estás bien…

—Estoy bien, preciosa. No te preocupes.

Vela por que sobreviva, pero ¿quién vela por su supervivencia? ¿Quién vela por la supervivencia de los miembros de mi familia? Tal vez Jesse no sea el único herido…

Desde los primeros disparos, mis padres no han dado ni una señal de vida. Y ese grito que soltó Carter… Dioses benditos, ¿por qué gritó de esa forma? Y si…

—¿Mamá? —la llamo.

Percibo algunos quejidos, dos o tres palabrotas, múltiples disparos, pero no la voz de mi madre. Es posible que no me escuche a través de todo este alboroto.

—¡Mamááá! —grito a pleno pulmón.

Su respuesta no llega. No se queja ni solloza. Me gustaría poder asegurarme de su estado, pero la ráfaga de balas me impide levantarme.

—¿Por qué no responde, Clarke?

—¡Sean! —grita de repente mi padrino—. ¡Mantente a cubierto! Este manto de polvo reduce nuestra visión, no podrás alcanzar a nuestros enemigos.

—¡Tengo la bazuca!

—¡Si no tienes puntería, nos mandarás a todos a la tumba! ¡Baja el arma! Los BloodBro pensarán que estamos muertos. Solo están disparando a los Blue Demons.

Rezo por que Carter esté en lo cierto, pero ¿qué pasará cuando los BloodBro hayan matado a todos los miembros de los Blue Demons? ¿Inspeccionarán los escombros para asegurarse de nuestra muerte?

Me sobresalto cuando una bala se aloja en el respaldo de un banco no muy lejos de mi cabeza, y un sabor metálico me llena la boca.

Estoy tan aterrorizada que me he mordido la lengua hasta sangrar.

Me encojo más sobre mí misma y empiezo a contar los disparos.

Llego hasta siete cuando, de repente, todo cesa.

Se hace el silencio; no se oye ni un ruido.

Me tapo la boca con mi temblorosa mano y miro fijamente las puertas de la capilla con terror.

¿Quién va a entrar en este lugar, Raizaqueen o Danakil?

Los segundos se alargan, marcados por los intranquilos latidos de mi corazón. La espera es insoportable, tanto que creo que pierdo la cabeza.

Es entonces cuando percibo a lo lejos las inconfundibles sirenas de los coches de policía. Son bastantes. Veinte, tal vez treinta. ¿Estoy alucinando?

Un instante después, las motos rugen y vemos a través de las vidrieras rotas cómo los BloodBro huyen. Parpadeo varias veces, dudando de mis sentidos, y luego Raiz cruza el umbral de la capilla cojeando. Está en un estado lamentable, cubierto de sangre y hematomas.

—Se han ido —nos dice mientras se echa en un banco.

El aire entra en mis pulmones a raudales.

Me pongo de pie de un salto y recorro la capilla con la mirada, buscando a Jesse.

Distingo su presencia varias filas más allá.

Ethan se afana a su alrededor, listo para prestarle primeros auxilios.

Corro hacia ellos, con el corazón latiendo tan fuerte que temo que me haga pedazos el pecho, y caigo de rodillas delante del herido.

Su camiseta blanca está manchada de un líquido escarlata que me forma un nudo en el estómago.

En cuanto a su rostro… Dioses benditos, parece un fantasma.

Cierro los ojos, de los que se escapan algunas lágrimas, e intento controlar mis emociones para ayudar al cirujano.

Cuando los abro de nuevo, me doy cuenta de que ha dejado de atenderlo.

—¡No pierdas el tiempo! —le ordeno con la voz rota—. ¡Jesse está débil, hay que actuar, y rápido!

Ethan me lanza una mirada llena de dolor, carente de esperanza, de la que me gustaría escapar.

—Vas a conseguirlo —lo animo presionando su mano contra la mía—. Me salvaste la vida el día de la negociación.

No se suelta de mi agarre. Al contrario, entrelaza nuestros dedos y se disculpa bajito. No entiendo por qué no hace algo. Busco una explicación, algo que pudiera aclararme la situación, en los rostros de mis compañeros, que están reunidos a nuestro alrededor, pero todos parecen en estado de shock .

Entonces Jesse llama mi atención rozándome el antebrazo. Me sonríe con una ternura empañada por su débil condición.

—Todo va a ir bien, no te preocupes… —lo tranquilizo—. Ethan va a encargarse de ti. Estarás recuperado en unos días, te lo prometo.

Parpadea. Una lágrima solitaria se desliza por su mejilla y cae sobre las palabras «Devil’s Sons» tatuadas en la base de su cuello.

—Yo… yo… me alegro de… haberte tenido… en mi vida… Avalone Arinson.

Mi visión se nubla; los rasgos de su rostro se vuelven borrosos de tanto llorar. Este hombre, normalmente duro como una roca, apenas puede hablar.

Acaricio la línea de su mandíbula con una mano tan temblorosa como el resto de mi cuerpo.

—No hables, tienes que guardar fuerzas —le ruego—. Los tratamientos de Ethan pueden ser duros, pero estamos todos aquí, ¿vale? Estaremos a tu lado hasta el final…

—No llores, V.

Me tapo los ojos y sacudo la cabeza, incapaz de acceder a su petición. Es Jesse quien está herido y, por extraño que parezca, tengo la sensación de que siento su dolor. Es insoportable.

—Fui sincero… cuando te dije que… eres mi alma gemela —dice con dificultad.

—Tú también eres mi alma gemela, Jesse. Pero esto no es un adiós, ¿vale?

Sonríe de nuevo, sin responder a mi pregunta.

Justin sale de la capilla rápidamente. Una vez que las puertas están cerradas tras él, suelta un grito en el que se mezclan la rabia y el sufrimiento.

Sean y Set no están menos devastados. Sollozan, sin conseguir recuperar el aliento.

No entiendo su angustia. Nuestro amigo va a sobrevivir, estoy convencida.

Centro en él mi atención y le acaricio la mejilla.

—¿Verdad? —insisto con voz rota.

—Sabes que… nos encontraremos después… de la muerte.

Me niego a que aborde ese tema. Es joven y fuerte. Es capaz de recuperarse de una herida de bala. Con la intención de demostrárselo a todos, pongo las manos sobre su herida y ejerzo presión con la esperanza de detener la hemorragia.

Dioses, tened piedad…

Carter, con los ojos rojos por las lágrimas y un nudo en la garganta por los sollozos que se traga, se inclina hacia Jesse. Por un momento creo que me va a echar una mano, pero solo aprieta el hombro de su hombre.

—Lo siento, hijo. Te había prometido una vida mejor… He fallado.

—Me has ofrecido… todo lo que… siempre he soñado.

Nunca podré… agradecértelo lo suficiente, Carter.

—Lentamente, Jesse vuelve el rostro hacia la pared, a la que observa fijamente con una mirada débil.

Una sonrisa aparece en sus labios cuando dice—: Velaré por vosotros…

dondequiera que esté. Os quiero tanto a todos… mi familia…

De repente, la chispa que lo mantenía con vida se apaga.

El cuerpo de nuestro hermano no es más que una cáscara sin vida.

Se fue; se ha ido. La sorpresa de esta triste realidad me ancla en el suelo y deja sin aliento.

Con la boca abierta y los ojos desorbitados, observo a mi padrino empapar la punta de su dedo con la sangre de Jesse.

Toma una temblorosa bocanada de aire y saca de lo más profundo de su ser la fuerza necesaria para continuar con el ritual.

Después, con la mano poco firme, pinta en la frente de su hombre fallecido un símbolo compuesto por tres triángulos enlazados.

Un Valknut, asociado a la muerte y a la liberación del alma.

Se supone que debe guiar al difunto a través de los mundos hasta el Valhalla, según nuestras tradiciones.

Por el Yggdrasil, no…