Amor en el caos (The devil’s sons 3) 25 #2
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25 #2

A poca distancia de nuestro destino, Clarke acciona el freno de mano.

El BMW derrapa varios metros y se detiene delante de la vieja capilla.

Salta fuera del coche, armado hasta los dientes, y lo rodea para abrirme la puerta.

Los Devil’s Sons y yo vamos hacia la entrada de la capilla mientras Carter ordena a los Blue Demons vigilar el exterior.

Después empuja las puertas dobles adornadas con vidrieras, movido por una rabia fría.

Ante nosotros está mi madre con un largo vestido blanco.

Frente a ella está Mike, vestido con un traje a medida azul marino.

El oficiante, que trataba no sé qué tema espiritual relacionado con nuestra religión, interrumpe su discurso.

La atención se centra en nosotros, y entonces la pareja pierde la sonrisa al darse cuenta de que esta farsa llega a su fin.

—¡Justo a tiempo! ¡Os habéis perdido el comienzo de la ceremonia! —exclama Nora.

Sentada en un banco, nos lanza una mirada reprobatoria que se desvanece tan pronto como descubre las armas con las que van equipados los miembros de mi familia. Carter le ordena que se calle y juntos recorremos el pasillo hasta plantarnos delante de las dos personas más estúpidas del Yggdrasil.

—¡Id a los coches, ya! —les ordena el jefe.

—No… Te lo suplico, déjanos unos minutos más. ¡Es todo lo que te pido! —suplica su hermano.

En un ataque de rabia, mi padrino coge una silla decorada con un motivo floral y la lanza contra la pared.

—¡Todas nuestras vidas están en juego! —grita—. ¡Seguís tomando una mala decisión tras otra! ¿No sois capaces de aprender de vuestros errores? ¡¿Creéis que sois más fuertes que los BloodBro!? ¿Creéis que podéis sobrevivir a un enfrentamiento con ellos?

—Estás aquí, con los Devil’s Sons… Eres capaz de garantizar nuestra seguridad.

Me hierve la sangre, tanto que me pican los puños.

Podría pegarle, aquí y ahora, aunque me repugne la violencia.

Jamás podría querer a este tipo; no creo que siquiera llegara a sentir algo parecido al aprecio por él.

No es ni un hombre ni un padre, y no se merece el amor de Carter.

Esta vez estoy segura: si fuera por mí, abandonaría a mis padres a su suerte y me llevaría a los Devil’s Sons lejos, muy lejos de aquí, antes de que su inconsciencia termine matándonos a todos.

—¡Ni siquiera Odín es infalible, así que no creas ni un segundo que yo lo soy! —contesta el jefe, furioso.

De repente, una mano tira de mí hacia atrás. Nora. Me libero de su agarre empujándola, sin miramientos. No tiene nada que hacer aquí, aún menos en nuestras vidas.

—¡Vete a casa! ¡No estás a salvo aquí!

Estoy a punto de volver con los miembros de mi banda, que deberían dejar inconscientes a los idiotas de mis padres de un momento a otro, pero mi antigua mejor amiga parece que no ha terminado conmigo.

Me agarra de nuevo la muñeca, agotando la poca paciencia que me quedaba.

Me giro hacia ella y me acerco todo lo posible para que pueda percibir a través de mis ojos la gravedad de la situación.

—¿Tienes idea de quiénes son los BloodBro? —le pregunto, harta.

—Cariño… He oído hablar de ellos, sí. Como todo el mundo. ¿Qué ocurre?

«Cariño». Se me disparan las alarmas ante ese apodo afectuoso con el que siempre me llamaba antes de decir una mentira.

Ya no presto atención a la discusión entre los Devil’s Sons y mis padres. Solo a Nora. Frunzo el ceño e inclino la cabeza hacia un lado, mirándola.

—¿Qué me ocultas?

—¿Yo? ¡Nada! ¿Por qué lo preguntas?

Rehúye mi mirada y se arranca los padrastros de los dedos. En uno de ellos, el anular izquierdo, descansa una alianza de oro engarzada con diamantes. Es entonces cuando recuerdo las palabras de Raiz y, de repente, me entra la paranoia.

«Circula un rumor… El de una unión…».

El tiempo parece ralentizarse, cualquier ruido de mi alrededor queda silenciado por mis pensamientos.

«Danakil, el jefe de los BloodBro, le habría presentado una mujer a su hijo».

Lucho contra esos recuerdos. No es raro que me muestre desconfiada cuando sabemos que hay una banda sanguinaria detrás de mí; no obstante, no tengo que sacar conclusiones precipitadas. Al menos, de eso intento convencerme, pero la voz invasiva de Carter se impone y resuena en mi mente.

«Solo la vieron dos veces, en Bloomington, después desapareció».

Bloomington está al lado de la ciudad en la que Nora y yo crecimos.

Éramos las mejores amigas del mundo, hasta que dijo adiós a nuestra relación.

Estaba en paz con su decisión y no mostró ningún remordimiento.

Pero, de repente, años más tarde, cuando mi familia y yo por fin estamos reunidos, reaparece de la nada en mi vida.

Mencionó la existencia de una tía, con la que se alojaba durante su estancia en Ann Arbor.

Una tía de la que no había oído hablar hasta entonces.

Una tía que creo que no existe. Y esa alianza en su dedo…

Me la habría restregado por las narices si la identidad de su marido no fuera problemática.

La verdad se abre paso poco a poco en mi mente. Aun así, no puedo creérmelo, o más bien debería decir que me niego a creérmelo. A pesar de nuestras diferencias, sé que Nora es una buena chica. No puede haberse casado con un BloodBro y conspirado contra mí. A menos que…

El golpe, parecido a un puñetazo en el estómago, es tan fuerte que doy un paso atrás.

Mis manos empiezan a temblar y pronto esos temblores se extienden al resto de mi cuerpo.

No es por el miedo que siento hacia mi antigua mejor amiga.

Ella no le haría daño ni a una mosca por voluntad propia, estoy convencida de ello.

Pero es muy manipulable. Basta con mostrarle un poco de afecto y tener un par de detalles con ella para cegarla y ganarse su lealtad.

—¿Por qué has venido a Ann Arbor, Nora? Te ha enviado Danakil, ¿verdad?

La he desenmascarado; lo confirmo en el momento en que su rostro se desmorona. Y sus ojos… se abren por el desconcierto. Es entonces cuando se lanza a mis pies para pedirme perdón.

—Tú y tu madre no estáis en peligro. ¡Peter me lo ha prometido, y me quiere! ¡Los BloodBro solo van detrás de los Devil’s Sons, créeme!

Un miedo primitivo, igual de devastador y desatado que un tsunami, se cierne sobre mí. Toca cada parte de mi ser y con su helada mano roza mi corazón. Estoy abatida y conmocionada.

Dioses todopoderosos… Nuestros enemigos vienen directos hacia nosotros. Informados por Nora, saben que estamos reunidos en esta capilla, capilla que será nuestra tumba si no nos largamos ya.

El control que tengo sobre mi propio cuerpo se me escapa de las manos poco a poco. Es la adrenalina la que coge las riendas. Mis piernas se mueven por sí solas hacia los Devil’s Sons.

—¡Ya vienen! —grito con la fuerza de la desesperación.

Un silencio sepulcral nos envuelve de repente. Las miradas se centran en mí y nadie mueve ni un músculo. Podría creerse que la tierra ha dejado de girar, hasta que el rugido de numerosas motos llega a nuestros oídos.

Que Thor nos ayude. Ya están aquí.

—¡Al suelo! —grita Clarke.

Los disparos resuenan y las vidrieras de la capilla estallan una a una, proyectando fragmentos de cristal por todas partes.

Me protejo la cara con los brazos; es el único gesto del que soy capaz porque el miedo me paraliza.

Mi piel se rasguña, se corta, y la sangre fluye por mis extremidades; sin embargo, no siento dolor, relegado a un segundo plano por mi instinto de supervivencia.

Todos esos disparos me ensordecen; solo escucho los latidos de mi corazón en el oído, así como el fino hilo de mi respiración, que, dentro de poco, desaparecerá.

Contengo el aliento, esperando que pase la tormenta.

Entonces Nora se desploma a mis pies, pálida.

Sobre su vestido, en el pecho, aparece una mancha escarlata que florece y se hace más grande.

Creo que grito, no estoy segura. En cambio, veo la mano que le tiendo para ayudarla, justo antes de ser arrojada al suelo.

Un peso me mantiene boca abajo, inmovilizada sin posibilidad de avanzar ni de moverme siquiera.

Solo puedo observar, impotente, cómo la vida desaparece de los ojos de la que una vez fue mi mejor amiga.

—¡No, no, no! —grito, con las mejillas bañadas en lágrimas.

Me revuelvo para apartar a Clarke y liberarme de su cuerpo, pero no soy capaz.

Todo es un caos a nuestro alrededor. Hay partículas de polvo suspendidas en el aire.

Toso, intento percibir algún movimiento a través de ese tupido velo, pero solo el sonido me da información sobre la situación.

Ahora hay un intercambio de disparos entre los BloodBro y los Blue Demons.

Las balas que logran alcanzarnos destruyen todo a su paso.

Algunos escombros salen despedidos y nos golpean.

A este ritmo, terminaremos aturdidos o enterrados vivos.

Clarke pone su brazo alrededor de mi cintura y me acerca a un banco, resguardándome de varias puertas que dan al exterior.

Su cuerpo extendido sobre el mío actúa como escudo.

Está preparado para morir protegiéndome, y ser consciente de eso me da náuseas.

Cuando estoy a punto de forcejear, encuentro su mirada.

Una mirada que nunca le había visto, llena de terror.

Sus labios se mueven. Me dice algo que no entiendo.

Es como si no habláramos la misma lengua.

De repente, Carter suelta un grito desgarrador. Me sobresalto, con el corazón a mil, y lo busco. No veo nada más que trozos de cristal, polvo y filas de bancos, la mayoría destrozados. Esta capilla tan bonita se ha convertido en un campo de batalla.

¿Y si Nora no fue la única víctima? Es posible que algunos miembros de mi familia también hayan perecido bajo la lluvia de balas.

Sacudo la cabeza, una y otra vez, para ahuyentar esa idea sombría de mi mente. No puedo aceptar algo así, por eso rezo a todos los dioses del universo para que vengan a ayudarnos y nos den su protección.