25
Pensaba que mi última noche en Ann Arbor iba a ser triste y sombría, pero Carter quiso que nos olvidáramos del futuro por una noche para centrarnos en el amor que nos une a todos.
Nos citó en la mansión, después de asegurarse a través de sus contactos que los BloodBro aún no habían puesto rumbo a Michigan, y pudimos celebrar todos juntos una última vez.
Incluso Ethan estaba en la fiesta. Sin embargo, mi padrino no invitó a mis padres. Los chicos y yo se lo agradecimos.
Compartimos una cena en la que nuestras desgracias y penas no tenían cabida.
No nos dejamos abatir por que, en unas horas, fuéramos a separarnos.
Solo importaba el presente, y saboreamos cada segundo que pasaba.
Nos permitimos todo tipo de muestras de cariño a las que ningún orgullo pudo oponerse.
Incluso Clarke y Jesse se mostraron dispuestos a compartir abrazos y palabras bonitas.
De algún modo, creo que todos nos arrepentimos de no habernos dicho más a menudo que nos queríamos.
¿Por qué hay que perderlo todo para darse cuenta del valor de las cosas que nos rodean?
Pensé en Tucker y en Alec. Si supieran que los BloodBro nos tienen en el punto de mira, vendrían enseguida a echarnos una mano. Por eso los Devil’s Sons decidieron que era mejor que permanecieran en la ignorancia, para garantizar su seguridad.
Una vez terminada la cena, hablé con Ty y con Jesse para saber cómo se sentían respecto a nuestra marcha.
Les pedí que, si querían, se quedaran aquí, en Ann Arbor.
Me niego a alejarlos de su vida contra su voluntad.
Ty me aseguró que lo hacía por voluntad propia, y no necesitó recurrir a un gran discurso emotivo para convencerme; la sinceridad que mostró en unas pocas palabras fue suficiente.
En cuanto a Jesse, estaba convencida de que se iba a regañadientes.
Después de todo, Carter es un padre para él y su vida se reduce a los Devil’s Sons.
Así que, cuando me susurró al oído que iría adonde yo fuera por la simple razón de que yo era su alma gemela, no pude contener las lágrimas.
Lo abracé tan fuerte que gruñó de dolor.
También quise asegurarme, con Clarke, de que no me seguía de mala gana.
Cuando se lo pregunté, me miró fijamente un buen rato y luego me ignoró para mirar su móvil.
Pensé que lo había ofendido y hasta llegué a pensar que tal vez, en el fondo, me culpaba de dividir a su familia.
Me dolió esa idea, hasta que, veinte minutos más tarde, apareció un tatuador.
Mi novio lo recibió y me pidió que los siguiera a mi habitación.
Nos instalamos y después el tatuador me hizo una línea alrededor del dedo anular izquierdo con tinta negra, a petición de Clarke.
Simbolizaba así la promesa de una boda, la nuestra.
Fue uno de los regalos de Yule que Justin nos hizo.
Después le tocó a mi novio tatuarse. Así fue como respondió a mi pregunta: su vida está conmigo aquí, en Ann Arbor o en la otra punta de Estados Unidos.
Por desgracia, la realidad nos alcanzó al amanecer. Según los contactos de Carter, los BloodBro cruzaron esta mañana la frontera de Kentucky, hacia Columbus.
¿Han puesto rumbo a Ann Arbor? Sea como sea, debemos huir, y rápido. Ha comenzado la cuenta atrás; no tenemos ni un minuto que perder.
Miro fijamente mi chaqueta de cuero con el emblema de la banda durante un largo instante y trazo con la yema del dedo los contornos de la calavera grabada con un Vegvisir.
Respiro hondo y luego la dejo en el armario de la entrada.
No pensaba que separarme de ella me doliera.
Pero, después de todo, representa una parte de mi identidad.
De repente, Heimdall, mi gatito, viene a frotarse contra mis piernas, como si sintiera los tormentos que me asaltan.
Con una débil sonrisa en los labios, me agacho y lo cojo en brazos.
Sea cual sea nuestro destino, no podemos llevárnoslo.
Los BloodBro nos buscarán. Es muy probable que tengamos que huir de ciudad en ciudad, y tener un animal nos ralentizaría.
Así que vivirá en la mansión, con Carter, y parece que ya se ha familiarizado con su nuevo entorno.
Lo acaricio distraídamente mientras recorro la estancia con la mirada.
No puedo creer que no vaya a cruzar la puerta de esta mansión durante un tiempo indeterminado, un tiempo que podría prolongarse varios años, según el jefe.
En mis ojos se acumulan lágrimas que contengo de inmediato.
Aunque Clarke se muestre fuerte por los dos, debo compartir con él el peso de nuestra incertidumbre.
Mientras los chicos cargan las últimas cosas en el maletero del BMW i8, ahora con una matrícula de Nueva York, mi móvil me avisa de un nuevo mensaje. Lo saco de los vaqueros, después de dejar al gato en el suelo, y leo las palabras escritas por Nora.
¿Dónde estás? La capilla está vacía.
Mi madre debió de olvidarse de informarle de la cancelación de la boda, y no puedo reprochárselo. Las noticias de ayer fueron impactantes.
Cuando estaba a punto de guardar el móvil sin responder a mi antigua mejor amiga, me llega un segundo mensaje.
¡No me había fijado! Tu madre y su futuro marido están aquí.
Nos vemos ahora, besos.
Estoy agotada después de la noche en vela que hemos pasado, por eso temo habérmelo imaginado. Me froto los ojos antes de leer por segunda vez el mensaje en la pantalla. Las letras permanecen en el mismo orden y forman palabras que me hielan la sangre.
¡Por las jodidas llamas del Ragnarök, son unos inconscientes!
Suelto una serie de palabrotas llenas de ira, exasperación y rencor.
Mis padres nos están poniendo en peligro, a todos y cada uno de nosotros, por una ceremonia que carece de importancia en las circunstancias actuales. Nunca les perdonaré su comportamiento, sobrevivan o no a su error.
Cierro los ojos unos largos segundos para controlar las emociones que se agitan en mi interior, en vano. Están desatadas, tanto que tengo ganas de prenderle fuego al universo.
Fuera de mí, llego al porche de la mansión a paso ligero. Llamo a los Devil’s Sons, que están alrededor del BMW i8, y después me aferro a la mirada de mi padrino.
—Mis padres están en la capilla. Se van a casar.
Carter deja caer la mochila que llevaba en la mano y cierra los puños.
Su mirada se crispa; está extremadamente molesto.
El golpe que le da a la carrocería del coche va acompañado de un ruido sordo y de un chorro de sangre.
Durante un momento, me quedo hipnotizada.
Nunca lo había visto sangrar, hasta hoy.
De algún modo, habría llegado a creer que el jefe de la banda no era humano.
El respeto que le profeso rivaliza con el que les tengo a mis dioses.
Así que me sorprende que el fluido que le mancha los nudillos sea de color rojo.
—¡Hijos de puta! —exclama.
El jefe, nervioso, se pasa las manos por el pelo y va de un lado a otro como un león enjaulado. Susurra palabras venenosas que no alcanzo a oír y luego, sin previo aviso, se queda quieto y señala con el dedo los diferentes vehículos aparcados delante de la mansión.
—¡Nos pondremos en marcha tan pronto como estéis armados hasta los dientes!
No escatiméis en la cantidad. ¡Os quiero armados con AK-47, granadas e incluso una puta bazuca!
Cogemos a los recién casados y los hacemos entrar a la fuerza en sus respectivos coches.
Si oponen resistencia, no dudéis en dejarlos inconscientes.
No nos demoraremos, ¿entendido? —Los chicos asienten con la cabeza mientras Carter continúa, dirigiéndose solo a Clarke —: Una vez que Claire esté en su asiento, conduces sin volver a mirar atrás y pones a tu grupo a salvo, lejos de Ann Arbor.
Todos se ponen en movimiento. Vuelven a la mansión, se arman y cuentan la munición.
Y a mí se me parte el corazón. Por culpa de mis padres, no puedo despedirme de las diferentes estancias de la mansión.
Por su culpa, no puedo decirle adiós a mi padrino ni a los Devil’s Sons.
La urgencia de la situación no deja tiempo para el sentimentalismo; debemos ponernos en marcha.
No tengo tiempo para lamentarme por mi suerte.
El hombre que quiero entrelaza nuestros dedos y me lleva hacia el BMW.
Nos metemos en el coche, Ty y Jesse se suben detrás, mientras que los otros miembros de la banda montan en sus motos y se lanzan a su vez tras el Mercedes que conduce Carter.
Clarke arranca con rapidez. Me encuentro pegada a mi asiento, moviéndome de un lado a otro.
Con los músculos tensos, cambia de marcha y acelera más a la salida de la propiedad.
Está cabreado con mis padres. Todos lo estamos.
Nuestro grupo ignora los semáforos, las señales y las limitaciones de velocidad a pesar de la presencia de numerosos agentes de policía.
El plan de Carter ha funcionado; han invadido las calles.
Me aferro a la manija de la puerta, lo que delata mi nerviosismo.
Por extraño que parezca, no estoy aterrorizada.
Siento tanta ira que eclipsa el miedo o la aprensión .
La idea de abandonar a mis padres a su suerte se me pasa por la cabeza.
Ya iba siendo hora de dejarlos solos para que afronten sus responsabilidades, para que asuman las consecuencias de sus actos.
Con las emociones a flor de piel, me sobresalto violentamente cuando unas motos nos flanquean, pero solo son los Blue Demons, con Raiz a la cabeza.
Este me dedica, a través de la ventana, una sonrisa diabólica.
Tiene ganas de sangre y espera enfrentarse a los BloodBro hoy.
¿Es consciente de que, a pesar de nuestra alianza, no podemos luchar contra ellos ahora mismo?