24 #3
Cierro los ojos y hago varios ejercicios de respiración. Solo cuando me siento preparada, accedo a la petición de mi padrino y comparto con él la información que me ha dado el jefe de la policía.
A lo largo de mi relato, Carter mantiene una expresión inflexible, excepto cuando menciono las circunstancias de la muerte de su mejor amiga.
En ese momento, una chispa prende en su mirada.
La enfermedad de Élisa era una sentencia de muerte.
Pasara lo que pasara, no habría sobrevivido.
Pero que los BloodBro le robaran sus últimos instantes de vida es inaceptable.
—Se lo contaremos a Ty más tarde. Por ahora, vamos a concentrarnos en nuestro plan, y necesito que esté en pleno uso de sus facultades. Vas a tener que huir de la ciudad, Avalone. Clarke te acompañará y te protegerá, al igual que Jesse y Ty.
Huir .
El miedo y la tristeza me hunden de una manera tan intensa que las lágrimas brotan de mis ojos y resbalan por mis mejillas. No quiero huir y dejar atrás a mi familia. No tengo fuerzas para hacerlo.
—¡Somos los únicos que saben que Avana Arinson no falleció en ese accidente de coche! —grito con desesperación—. ¿Cómo ha llegado esa información a los BloodBro? ¡Hemos sido prudentes en todo momento!
—No tengo una respuesta. No lo sé…
Me llevo las manos al rostro, abatida. Tenía la tonta esperanza de que mis enemigos nunca descubrieran que todavía seguí con vida.
Pensé que podría vivir con mi familia, rodeada de amor y alegría, hasta que mi enfermedad me llevara.
Pero ese sueño se me ha escurrido entre los dedos y lo único que me queda es un puñado de imágenes que creé yo misma una noche en la que el futuro me parecía prometedor.
Esa realidad me destroza. No hago ningún esfuerzo por contener mis emociones; lloro como una niña pequeña, sin reservas.
Porque, tan pronto como regresemos a la mansión, ya no habrá tiempo para llorar.
Tendremos que hacer frente a la situación y actuar.
—Ven con nosotros —sollozo—. Te lo suplico, tienes que venir con nosotros…
El dolor se refleja en la mirada de mi padrino. De repente, pisa el freno y detiene el coche en el arcén. Me acerca a él y me abraza, brindándome un sentimiento de seguridad que desaparecerá tan pronto me suelte.
—No puedo, lo sabes. Pero no te abandonaré, Avalone. Es solo cuestión de tiempo que reúna las pruebas incriminatorias de los Blood Bro. En cuanto estén entre rejas, nos reuniremos para no separarnos jamás.
Su voz, llena de tristeza, tensa más el nudo de mi estómago. Lo perdió todo hace casi veinte años y ahora vuelve a suceder, a pesar de los muchos esfuerzos que hizo para proteger a su familia. Un profundo sentimiento de injusticia me deja un sabor amargo en la boca.
—Has dedicado casi la mitad de tu vida a los Arinson. Tienes derecho a tirar la toalla; nadie te lo reprocharía. Quiero que seas feliz, Carter.
—Estos pocos meses en los que he podido conocerte han sido los más felices de mi vida, Avalone. Que no tengas la misma sangre que yo me importa una mierda. Para mí eres mi hija, y es mi deber exterminar de la faz de la tierra a quienes quieran hacerte daño.
Sus palabras me hacen tanto bien como mal. Es como cuando saboreamos algo que nos gusta mucho porque sabemos que pronto nos lo quitarán.
Respira profundamente para controlar sus emociones, de las que perdió el control en cuestión de segundos, y me coge el rostro entre las manos.
—Sé que te pido mucho, pero tienes que ser fuerte, ¿de acuerdo? Necesito saber que resistirás el golpe.
Me apresuro a enjugarme las lágrimas. Todavía tiene mucho que hacer, tantas preocupaciones en la cabeza.
No puedo permitirme ser una preocupación más; tienen que poder contar conmigo.
Saco la fuerza necesaria para mostrar fortaleza.
Es frágil y corre el riesgo de desvanecerse en cualquier momento, pero, tal vez, si le insuflo la suficiente energía, terminaré creyendo que poseo suficiente valor para enfrentarme a lo que venga.
—Solo es temporal —afirmo—. Juntos los destruiremos.
Una sonrisa orgullosa acaba borrando la expresión de dolor de mi padrino.
Me acaricia el pómulo con la yema del dedo.
—No encuentro ningún parecido entre Mike y tú. Estoy seguro de que me acosté con tu madre una noche de fiesta, cuando el alcohol fluía a raudales. De ahí que no me acuerde.
Ese repentino toque de humor me pilla desprevenida. Por poco me ahogo de risa.
—Imposible. ¡Quieres demasiado a tu hermano adoptivo para acostarte con su mujer, incluso con una cogorza del quince!
—¿Tengo derecho a quererte aún más de lo que lo quiero a él?
—¿Y yo? ¿Tengo derecho a quererte aún más de lo que lo quiero a él? —susurro.
Con los ojos como platos, Carter se queda atónito.
Incluso parece un poco desconcertado, como si se hubiera descolocado de la sorpresa.
Y, poco a poco, recupera la lucidez. Entonces, una ola de emoción nos inunda y flota en la parte delantera del coche.
Su mirada se llena de asombro, como si nunca, ni siquiera en sus sueños más locos, se hubiera imaginado ocupar un lugar tan importante en mi corazón.
Articula una palabra que termina muriendo en sus labios.
No es por no intentar formular la frase.
Abre y cierra la boca, en vano. Tiene un nudo en la garganta por la emoción.
Por eso me dedica un asentimiento de cabeza de una ternura infinita.
Llegamos a la mansión un poco antes de la medianoche y los Devil’s Sons nos reciben. Cuando estábamos de camino, Carter les pidió expresamente que llegaran lo antes posible para que pudiéramos hablar. Mis padres están a su lado y todos nos miran con recelo. Y con razón.
El jefe y su mano derecha les hacen frente con una postura defensiva y un aire sombrío. Yo, por mi parte, estoy disociada. Temo la conversación que va a venir ahora, ya que hará que la situación sea más real. Por ello, intento desconectarme de la realidad por todos los medios posibles.
—El jefe de policía cometió el asesinato de Freddie Tomson bajo coacción —informa mi padrino al grupo—.
Algunos de vosotros ya lo sospechabais. Otros no.
Le ordenaron sembrar el caos en los Devil’s Sons.
¿Podemos concluir que nuestros enemigos, los autores intelectuales, nos temen?
No lo puedo asegurar con certeza. Es probable que solo se hayan divertido a nuestra costa, como un gato con su ratón.
Se hace el silencio, y se prolonga el tiempo suficiente para que quienes permanecían en la ignorancia, como yo hasta ayer mismo, asimilen esta información.
—¿Meyer ha hablado? —pregunta Set—. ¿Quién lo amenazó? ¿Quién está detrás de nuestra banda?
—Los BloodBro. Saben que Avalone está viva.
Una nube negra tapa el sol y tengo la extraña sensación de que la tierra ha dejado de girar.
El viento que hasta ahora mecía mis mechones amaina, los pájaros interrumpen su canto y el polvo que nos rodea flota en el aire, inmóvil.
Entonces las piernas de mi madre ceden y se agarra a la columna del porche.
Solloza con tanta intensidad que le cuesta respirar.
Mientras tanto, mi padre mira fijamente un punto invisible con los ojos muy abiertos.
Está pálido como un muerto y tiene una rigidez casi cadavérica.
Mi mirada se desliza hasta los Devil’s Sons.
Me gustaría disculparme con ellos, suplicarles que me perdonen por haber aparecido en sus vidas, pero me faltan las palabras.
En cambio, observo e identifico las emociones que se reflejan en sus rostros.
Cada una es más devastadora que la anterior, tanto que los paraliza.
Parecen estatuas talladas en mármol. Sus rasgos tienen una seriedad nunca vista, y de sus miradas emana una violencia imprevisible.
—No tardarán en poner rumbo a Ann Arbor.
No tenemos ni un minuto que perder —continúa el jefe—.
Como mencionamos hace unas semanas, Avalone y su madre deben huir.
Y debemos organizarlo todo urgentemente.
Os lo recuerdo: Clarke, Ty y Jesse, sois responsables de acompañarla y de velar por su seguridad hasta el final de su exilio.
Mike, por desgracia, no puedes ir con ellas.
—¿Bromeas? —se queja mi padre.