Amor en el caos (The devil’s sons 3) 24
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Al despertarme, me sorprende descubrir que mis padres han vuelto a la ciudad para pasar el fin de semana y que tienen una noticia que darnos.

Carter les había pedido expresamente que evitaran las idas y venidas para no llamar la atención, pero ellos claramente han decidido hacer lo que les da la gana.

Su descuido me cabrea. Ya tengo suficientes preocupaciones, no necesito sumar una más.

Las confesiones que me hizo ayer Clarke me mantuvieron despierta la mayor parte de la noche.

Me consumía la ansiedad. Di vueltas en la cama sin parar, interrumpiendo el descanso de mi novio hasta que decidí ir al sofá para darle un respiro.

Pero justo cuando pensaba que me despertaría sola en el salón, noté la presencia del Devil’s a mi espalda con su mano abrazándome.

Debió unirse a mí cuando se dio cuenta de que me había ido de la cama.

Bloqueo mi móvil, después de ver que mi madre me ha citado en la mansión, e intento liberarme de los brazos de Clarke sin despertarlo. Protesta contra mi espalda y aprieta más su agarre.

—No quiero que te alejes más de mí —susurra a mi oído con voz ronca.

—Me daba miedo despertarte de nuevo.

—Prefiero pasar una noche en vela a tu lado que dormir sin ti.

Una pequeña sonrisa se extiende por mis labios. Es sincera, pero le falta intensidad. Y con razón: mis preocupaciones me han dejado sin energía.

Dioses benditos, ¿cómo he podido pasar unas semanas de pura felicidad sin sospechar que el hombre al que quiero corría grave peligro? La atención casi asfixiante que me dedicaban los chicos debería haber me puesto la mosca detrás de la oreja. Velaban por mi seguridad; debe ría haberme dado cuenta.

Me libero del atractivo moreno y me dirijo a la cocina, donde me preparo un café que espero que me espabile, y me siento en un taburete frente a la encimera.

—¿Me vas a seguir guardando rencor mucho más tiempo? —me pregunta Clarke después de estirarse.

—Una noche de sueño no borra un mes de mentiras.

Se acerca y se apoya en la encimera cruzándose de brazos.

—Al menos sigues aquí… —susurra.

—¡Pues claro que sigo aquí! Te quiero y te querré hasta mi último aliento.

Suelta un suspiro de alivio. Este hombre está seguro de sí mismo en todo, excepto cuando se trata de nuestro amor. Soy su punto débil. Cuando discutimos, teme que mis sentimientos por él se debiliten. Si pudiera ver mi alma, se daría cuenta de que su nombre está escrito en ella con fuego.

—¡No! —me advierte cuando me llevo la taza de café a los labios—. Te vas a quem…

Demasiado tarde. El líquido me abrasa; primero la lengua, luego la garganta. Hago una mueca de dolor y enseguida me insulto a mí misma.

¿Nunca aprenderé de mis errores? Esta mala costumbre de quemarme con cada bebida caliente que pasa por mis manos acabará con mis papilas gustativas.

Clarke aprieta los labios para contener una risa burlona y me pone un vaso de agua en las manos, que vacío de un trago para calmar el fuego que siento en la boca.

—¿Mejor? —me pregunta.

—Sí, gracias.

—Dado que fui corriendo a rescatarte… ¿me perdonas?

—Guarda tu sonrisa encantadora. Tendrás que ofrecerme algo más que un vaso de agua para conseguir mi perdón.

Dicho esto, cojo la taza y me voy al cuarto de baño. Dejo el café en el lavabo, de lo contrario, me arriesgo a bebérmelo de nuevo, aunque está claro que no se ha enfriado. Me desnudo y me pongo debajo del chorro de agua con la esperanza de ahogar mi mal humor.

De repente, un pecho musculado se pega a mi espalda.

—Perdóname —me susurra el motero al oído.

No puedo ocultar el escalofrío que siento y eso le encanta.

Sus manos bajan por mis costados, erizándome la piel, hasta posarse sobre mi vientre.

Sus labios carnosos y sensuales me rozan el cuello.

Instintivamente, inclino la cabeza hacia un lado para darle mejor acceso.

Clarke me lame la piel, la besa y la muerde.

Receptiva a su contacto, mi deseo se despierta y me olvido de todos mis tormentos.

—Perdóname…

Me agarra un pecho, prestándole especial atención, antes de descender hacia mi zona más íntima.

Gimo incluso antes de que la alcance. Así que, cuando hunde un dedo dentro de mí, siento que pierdo el control.

Me impone un ritmo suave, adentro y afuera.

Con los ojos cerrados y la respiración entrecortada, saboreo este placer carnal hasta que ya no es suficiente. Todo mi ser pide más.

Pongo las manos contra la pared frente a mí y le lanzo una mirada impaciente a mi novio por encima del hombro.

Necesito que me llene ya. Gracias a los dioses, accede a mi petición.

Me agarra las caderas y me penetra con una lentitud desconcertante.

Creo que podría correrme ya si no estuviera ocupada intentando respirar desesperadamente.

De repente, para mi gran desconcierto, Clarke se aparta. Me siento vacía, abandonada. Acabo rogándole que me complazca. Pero, en lugar de satisfacerme, me coge la barbilla entre los dedos y me mira fijamente.

—Siento mucho haberte mentido. Perdóname.

—Lo que tú quieras…

Entonces me penetra de nuevo y me lleva al séptimo cielo.

De camino a la mansión, Clarke y yo hablamos con una ligereza que no creía volver a experimentar tan pronto. Supongo que el sexo es terapéutico. Mi mente está libre de todos los pensamientos negativos que me asaltaron durante la noche.

Corremos hacia la mansión para refugiarnos del viento y nos reciben los Arinson.

Dejamos los abrigos en la entrada y aceptamos las bebidas calientes que Marie nos ofrece.

Esta vez no me quemaré, y el guiño que me lanza Clarke me indica que estará pendiente de ello.

Intercambio varios comentarios de cortesía con mis padres, que parecen eufóricos.

No dejan de sonreír y soltar risitas. Empiezo a sospechar.

—¿Cuál es la noticia? —pregunto, sin andarme con rodeos.

Entrelazan las manos, comparten una mirada radiante y, de repente, temo que mi madre haya encargado algo a la cigüeña. Que tenga un bollo en el horno. Un grumete en la bodega.

Le echo un ojo a su tripa sin obtener respuesta.

Lleva un jersey ancho; ¿quién sabe lo que esconde debajo?

—Teniendo en cuenta que declarar la muerte de uno de los cónyuges implica la disolución de la unión del matrimonio, ¡Mike y yo hemos decidido volver a casarnos! —exclama entusiasmada.

Debería reaccionar, mostrar alguna emoción, pero no soy capaz.

Incluso el alivio que siento al enterarme de que no está embarazada no consigue sacarme del trance.

Si reaccionara, lastimaría a mi madre, así que ¿de qué serviría compartirlo con ella?

Podemos contar con Marie para disimular.

Grita de alegría y salta al cuello de mis padres.

Algunas lágrimas de felicidad bajan rápidamente por sus arrugadas mejillas.

Carter también los felicita; sin embargo, no demuestra tanto entusiasmo como su empleada.

Entiendo sus reticencias. Comparte mis miedos.

Ahora la atención se centra en mí. Sigo aturdida, sin saber qué decir. Clarke me pellizca los costados, sin duda para empujarme a decir algo, pero no sale nada. Mi mutismo afecta a mi madre; cree que no estoy de acuerdo con su plan. Y, en cierto modo, tiene razón.

—Esta boda no me parece una buena idea en las circunstancias actuales —consigo decir.

El Devil’s me pellizca de nuevo, más fuerte esta vez.

Sacudo la cabeza para recomponerme.

—Lo que quiero decir, es que… estoy muy feliz por vosotros.

Y merecéis vivir vuestro amor. Pero no es seguro.

Estamos a salvo mientras los BloodBro no se enteren de la estratagema que planeasteis hace casi veinte años.

Mike es una figura pública y será el centro de atención en cuanto se haga saber vuestra unión.

¡Joder, hasta tiene una página de Wikipedia!

Él me sonríe de forma reconfortante, pero no está en posición de apaciguar mis miedos. Solo Carter es capaz de ello. Solo él puede evaluar el peligro y protegernos. Así que capto su mirada y reclamo su veredicto.

—Como ha dicho Avalone, Mike es una figura pública. No debe quedar constancia de vuestro matrimonio en el registro civil. Ya podéis despediros de ir al ayuntamiento. No obstante, si tomamos precauciones, podemos organizar una ceremonia íntima.

—¿No habrá certificado de boda? ¿No habrá nada… oficial? —pregunta mi madre.

—No.

¿Cómo pudo imaginar que sería de otra forma? ¡Dioses benditos, me va a volver loca!

—Pero vuestra unión no será menos legítima —continúa Carter.

Ella asiente, aferrándose a sus últimas palabras.

En cuanto a mí, estoy aliviada de que el jefe haya calmado los ánimos.

Tiene la situación bajo control. Por ende, debería alegrarme por mis padres.

Pero no estoy de humor para celebrar este tipo de acontecimientos.

El hombre al que quiero tiene una diana en la espalda.

Aunque nuestro enemigo no se haya manifestado desde el arresto del jefe Meyer, debemos mantenernos en guardia.

Podría atacar cuando menos lo esperemos.

—¿Entonces? ¿Cuándo será el gran día? ¿Habéis elegido una fecha? —pregunto.

Mi madre está encantada con el interés que muestro. Se está recu perando tras la decepción de que su matrimonio no vaya a ser oficial.

—¡Mañana! Hay una pequeña capilla a la entrada de la ciudad… Es espléndida. Un oficiante se encargará de la ceremonia.

No me esperaba que mis padres hicieran gala de tanta impaciencia. Esto me parece precipitado.

—Pero… ¿tienes un vestido? ¿Y las alianzas?

Asiente sin poder borrar la sonrisa de su cara. Está feliz, las lágrimas que se escapan de sus ojos lo demuestran. A pesar de que no comparto su estado de ánimo, no puedo negarme a darle un cariñoso abrazo. Se merece sentir la felicidad de casarse con el hombre al que quiere.