23 #3
De parte de mi padrino recibí un cuadro de los Devil’s Sons en el Valhalla.
Y yo estaba a su lado porque ahora, gracias a Carter, tengo una oportunidad de alcanzar ese paraíso.
En cuanto a mí, le regalé una chaqueta de cuero, idéntica a la que llevamos día tras día los chicos y yo.
Lo obligué a quitarse el traje para pavonearse con ella esa noche.
Tengo otro regalo para él, pero todavía no me sentía lista para dárselo.
Temía su reacción, y la mía, sea cual sea la decisión que tome.
Tucker, aunque se encuentra a cientos de kilómetros de nosotros, nos sorprendió.
A través de Justin, repartió sus regalos, cada cual más extravagante que el anterior.
Puedo afirmar sin lugar a dudas que Clarke recibió el peor: un marco kitsch —ovalado y cubierto de pedrería— en el que aparece una extraña foto que nos costó descifrar.
Era el ano de Heimdall. A petición de su mejor amigo, el imbécil de Justin se coló en casa en nuestra ausencia y fotografió el culo de mi pobre gatito.
Nos reímos tanto que nos dolió la tripa.
Recibí otros regalos, todos maravillosos, entre ellos una pulsera grabada con la letra V de parte de Jesse.
Y yo también colmé a mi familia de regalos.
Esos intercambios fueron emotivos, pero también divertidos.
El alcohol corría a raudales y Marie, Carter y Kate se dejaron llevar por la embriaguez. Estas fiestas fueron mágicas.
Quiero a mi familia más que a nada en el mundo, y siempre estaremos unidos.
Estoy tirada en el sofá, con la tripa llena después de una buena comida hecha por mi novio.
Estamos viendo una película y, a pesar de mis esfuerzos, no logro concentrarme.
¿El motivo? El móvil de Clarke no deja de sonar.
Set intenta comunicarse con él, pero no obtiene respuesta, lo que me parece cuando menos extraño.
—¡No entiendo por qué no le respondes! —me quejo cuando suena de nuevo—. ¡Parece urgente!
El atractivo moreno me ignora y manda una vez más a su mejor amigo al buzón de voz.
El nerviosismo, que tanto se esforzaba por disimular hasta ahora, se le nota a leguas.
Siento el ambiente más pesado y empiezo a preocuparme.
Si no está preparado para contarme lo que le preocupa, tendré que descubrirlo por mí misma.
Así que me preparo para actuar. La próxima vez que llame, le quitaré el móvil y hablaré yo misma con Set.
Justo cuando termino de elaborar mi plan, se me presenta la oportunidad. Igual de ágil y rápida que una serpiente, me abalanzo sobre mi objetivo y huyo antes de que su dueño me eche la mano encima.
Descuelgo.
—¡Joder, por fin! —exclama Set al otro lado—. ¡Nos tocas mucho los cojones, Clarke! Tienes que hablar con Avalone, ¡es urgente! Si no le has dicho nada de aquí a mañana, el jefe se encargará.
Mi corazón se salta un latido; mi rostro se ensombrece. Mil escenarios pasan por mi mente, hasta que el asalto del motero me devuelve a la realidad. Intenta recuperar el móvil desesperadamente. Lo evito rodeando el sofá.
—¿Qué ocurre? —le pregunto a Set.
—¿¡Avalone!?
Se atraganta al otro lado de la línea y, cuando me abstraigo de mi alrededor, a la espera de una explicación, Clarke aprovecha la oportunidad.
Salta sobre el mueble que me mantenía fuera de su alcance y me quita el móvil de las manos.
Furioso, lo arroja por la habitación y elimina cualquier oportunidad de hablar con Set.
La situación me supera. No sé de qué se trata y el comportamiento del Devil’s Son no calma mis miedos.
Recorre el salón como un león enjaulado. Tiene los puños cerrados y los rasgos tensos. Lo observo, sintiendo cómo el pánico se apodera de mí.
—¿Qué ocurre? —repito.
Se queda quieto y me dedica una sonrisa tranquilizadora.
—No es nada, preciosa. Veamos la peli, ¿vale?
—Clarke, no lo repetiré una tercera vez. ¡Habla!
No tiene intención de cooperar. Frunce el ceño y aparta la mirada.
¿No entiende que sus característicos silencios me llevan a imaginarme lo peor? El mundo en el que nos movemos es peligroso, demasiado para que las palabras de Set no me alarmen. Necesito respuestas.
—¡Habla! —grito.
Hunde los dedos en el pelo y tira, molesto. También suelta pala brotas, muchas palabrotas. Luego me lanza una mirada llena de preocupación de la que parezco ser la causa.
—Se trata de lo que Charlie te dijo tras el arresto de su padre.
«Él no tenía más opción que actuar de esta forma. ¡Ponéis a toda la ciudad en peligro!».
—Intenté tranquilizarte, pero la verdad es que pensé que me estaban amenazado —continúa—. Hablé con Carter sobre ello, como habíamos acordado, y llegó a la misma conclusión que yo: el jefe de la policía no era más que una marioneta. Y su titiritero anda suelto.
Su confesión me sienta como un puñetazo en el estómago. Doy un paso hacia atrás mientras me quedo sin aire.
Por eso Ty y Jesse se pegaron a mí al día siguiente. Por eso solo me dejan sola en contadas ocasiones. Clarke y Set, con la ayuda de sus cómplices, velan por mi seguridad y usan tretas de todo tipo para no despertar mis sospechas.
¡Ese jueguecito ha durado semanas!
Abrumada, me siento en el sofá.
—El jefe fue a hacerle una visita a Meyer en la cárcel.
No sacó nada. Yo también intenté sacarle información, pero ese desgraciado no quiere hablar con nadie más que contigo…
No quise decírtelo, Avalone, porque me da miedo tu corazón.
¿Quién sabe lo que puede aguantar? Ya has pasado por mucho este año.
Además, tenía la esperanza de que Carter pudiera encontrar la identidad de nuestro acosador sin necesidad de involucrarte, pero sus investigaciones no han llevado a ninguna parte hasta ahora.
Alguien busca sacarme del tablero. No sabemos si es personal o un intento de debilitar la banda…
Mi respiración se vuelve entrecortada; los temblores recorren mis brazos y piernas. Temo que un ataque de pánico se apodere de mí, pero, contra todo pronóstico, sigo anclada a la realidad. La ira que fluye en mi interior hace que mantenga el control.
—Que Carter me organice una visita a la cárcel. Mañana escucharé lo que el jefe de la policía tiene que decir.
—Preciosa…
—¡Cállate! —grito.
Estoy fuera de mí. Reduzco la distancia que nos separa y pongo un dedo acusador en su torso.
—¡Me prometiste que no habría más mentiras entre nosotros!
¿Era para protegerme? Muy bien, lo entiendo.
¡Pero un tipo anda suelto con la firme intención de enviarte de nuevo entre rejas o matarte!
¡Tenía derecho a saberlo! ¡Tenía derecho a saber que nuestros días juntos podrían estar contados!
Además… estás en peligro, Clarke, y soy la única que puede darte respuestas hablando con Meyer.
Manteniéndome al margen, decidiste que mi vida era más importante que la tuya. ¡Y eso no lo puedo aceptar!
En las comisuras de mis ojos se acumulan las lágrimas que no consigo contener. Dejo a mi novio atrás y me encierro en el cuarto de baño para dar rienda suelta a mis emociones.