Amor en el caos (The devil’s sons 3) 22 #3
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Llevo meses deseado que Clarke se abra a mí, y ahora que ha encontrado el valor, no estoy segura de ser capaz de sobrevivir a esta historia.

No son palabras pronunciadas con indiferencia.

No. Mi novio se sumerge en sus recuerdos, revive esa tragedia.

Su dolor es palpable; su cuerpo tiembla contra el mío.

—Mi madre se unió a mi padre y juntos me suplicaron que huyera sin mirar atrás.

No los escuché. Fui incapaz de hacerlo. Bajé un escalón y sus gritos aumentaron.

Puse el pie en el siguiente, y fue entonces cuando vi a Freddie Tomson.

Apuntaba con un arma a las dos personas más importantes de mi vida.

Creo que se presentó, pero no estoy seguro.

Mi mente era un caos. Me pidió que me acercara y me juró que no dispararía si obedecía.

Sabía que mentía. Era como si los mismos dioses se hubieran inclinado sobre mis hombros y me hubieran susurrado al oído que toda esperanza era en vano.

A pesar de eso, continué bajando. Noté cada uno de los escalones bajo mis pies desnudos, plenamente consciente de que los segundos que pasaban eran los últimos que vivirían mis padres.

Cuando llegué al pie de las escaleras, el disparo me dejó sordo.

Mi padre se desplomó, con un hueco enorme entre los ojos.

Mi madre… soltó un grito desgarrador, justo antes de perder también la vida.

El dolor que sentí en ese instante… pensé que me iba a matar.

Fue como si me hubieran abierto el pecho en dos.

Freddie cogió una mochila en la que metió todo lo que teníamos de valor y luego me soltó por encima del hombro: «Nunca tomes drogas, pequeño.

Porque, si no estuviera colocado, tus padres aún estarían vivos».

Y se fue, silbando una alegre melodía. Me quedé solo, en aquella habitación donde yacían los cuerpos sin vida de las dos personas que eran mi mundo.

Fue entonces cuando surgió la ira y se me presentó como una amiga.

Me tendió la mano, prometiéndome lealtad.

La acogí en mi interior y borró todas esas emociones que me paralizaban, que me clavaban al suelo: el dolor, el miedo, la sensación de injusticia…

Clarke me aprieta contra él hasta hacerme daño, pero no lo siento. Estoy anestesiada por la ira. Crece en mí, se agita bajo mi piel.

—Me arrodillé al lado de mis padres y los abracé por última vez.

Después llamé a la policía. A pesar de que me pidieron que me quedara al teléfono hasta que llegara la patrulla, colgué.

Volví a mi habitación y preparé mis cosas con una calma que ahora, cuando lo pienso, hace que se me hiele la sangre.

Después de eso, salí de casa. Esperé sentado en los escalones del porche.

Durante esos minutos, la ira insufló su veneno en mis venas.

Me familiaricé con ella, la abracé. Después, el sonido de las sirenas resonó en el barrio y viví el resto de los acontecimientos con indiferencia.

Me interrogaron, me obligaron a contar con detalle el horror que acababa de presenciar.

Las insinuaciones de los agentes de policía y su insistencia me indicaron que era el principal sospechoso.

Me llevaron a comisaría y aguanté otro interrogatorio.

El investigador no me trataba como a una víctima, sino como a un asesino.

Me obligó a contar los hechos de la mañana por lo menos diez veces, convencido de que algún detalle de mi historia cambiaría y me traicionaría.

Buscaba desestabilizarme, acorralarme. Ese desgraciado me interrogó sin descanso; me resultaba cada vez más difícil cooperar.

Ya no quería hablar, ni siquiera pronunciar una puta palabra.

Pero siempre volvía a la carga, hasta que me hundí en un mutismo absoluto.

Habían pasado seis horas. Cuando comprendió que no conseguiría nada más de mí, dejó pasar a una asistente social.

Cuando entró, montó un gran escándalo y ame nazó con demandarlo por abuso de poder.

Era menor; el poli no tenía derecho a interrogarme sin la presencia de una figura de autoridad.

Esa mujer me llevó con ella y me hizo seguir un montón de procedimientos.

Enseguida me entregaron a mi tía. La primera vez que vi mi reflejo en un espejo después de esa tragedia, me di cuenta de que mis ojos se habían vuelto negros.

Y en ese momento supe que haría todo lo posible por vengar a mis padres.

Ahora mismo, mi corazón está hecho pedazos. Se ha roto en un millón de trozos y, por mucho que intente repararlo, nunca recuperará su belleza de antes, la propia de la pureza.

Sabía que Clarke había sufrido, pero no me imaginaba que hubiera sido de una manera tan cruel. No recibió la ayuda que necesitaba ese día. Las fuerzas del orden solo lo traumatizaron aún más.

Algunas cosas están más claras ahora.

Mis pensamientos son valiosos. Muestro lo que quiero revelar. Sin embargo, no digo lo que la gente quiere escuchar.