Amor en el caos (The devil’s sons 3) 22
79%

22

De vuelta a la mansión, nos reunimos en el salón y le transmitimos la información a Carter. Mis padres están presentes y Mike se apresura a tranquilizar a mi madre afirmando que, por ahora, estamos fuera de peligro. Mi padrino se muestra más reservado. Según él, no deberíamos dormir tranquilos.

—¿Qué piensas hacer con esta información? —le pregunto.

—Mi equipo, el que sigue a los BloodBro día y noche, me ha infor mado de la aparición de una mujer hace unas semanas.

Solo la vieron dos veces, en Bloomington; después desapareció.

Eso despertó mi curiosidad, dado que Danakil no trabaja con el sexo opuesto.

Nunca. —Hace una pausa, pensativo, y continúa—: Raizaqueen empleó el tér mino «rumor», pero estoy convencido de que es real y que ha recibido incluso una invitación de boda.

Puro sadismo… En cualquier caso, tenemos que intentar sacar provecho de la situación.

¿Podríamos usar a esa mujer? Tengo que pensarlo.

Me desplomo en el sofá, exhausta. No sé cómo Carter consigue manejar la situación. Está librando batallas en demasiados frentes a la vez. Su mente está constantemente activa; no tiene ni un respiro.

Mis padres, deseosos de aligerar el ambiente, anuncian que se irán a Canadá al día siguiente.

Para ellos ya es hora de vivir su historia de amor.

Ya nada los retiene en Ann Arbor, según sus palabras.

Creía que se quedarían al menos hasta Yule, para poder celebrar la fiesta en familia, pero, al parecer, ni se les ha pasado por la cabeza.

Sin embargo, mi padre me sorprende haciéndome preguntas. ¿Acaso se dio cuenta de que solo tenía veinticuatro horas para interesarse por mí?

La gran aguja del reloj ya ha dado una vuelta completa. El interrogatorio de mi padre me está cansando. Aunque sé que lo hace con buena intención, a nuestra conversación le falta fluidez.

—¿Y tú habitación en el campus está bien? ¿Puedes estudiar con tranquilidad?

Los Devil’s Sons, que hablaban entre ellos, se callan de repente y muestran demasiado interés por nuestra conversación. Hay un momento de vacilación en el que me sorprende su repentino silencio, pero entonces recuerdo que me he mudado con Clarke.

El sorbo de chocolate caliente que me tomo se me va por mal sitio y me atraganto.

Justin me golpea la espalda y no se contiene.

—¡Ten cuidado! Casi se te sale el secreto por la nariz.

Los Arinson, a quienes no he informado de la decisión que hemos tomado mi novio y yo, parecen sospechar, casi recelosos, y las risas de los chicos no los tranquilizan. Incluso Clarke se ríe a carcajadas.

Me limpio la comisura de la boca con una servilleta de papel antes de responder.

—El campus es agradable, funcional. He tenido la suerte de tener como compañera de habitación a Lola y…

—No te andes con rodeos —me aconseja Justin—. Arráncate la tirita de un tirón.

Cree que lo dice susurrando, pero es todo lo contrario. Por su culpa, ya no puedo evitar el tema.

Lo fulmino con la mirada, lo que le divierte, así que disfruto recordándole que esta noche, frente a su padre, no se reirá tanto.

Busco la mejor manera de anunciar a los Arinson la noticia, que herirá sin duda su sensibilidad. Me demoro pensando y Clarke toma la delantera.

—Le he pedido a Avalone que viva conmigo —dice sin rodeos.

Empiezo a rezar a los dioses para que la sorpresa deje por completo aturdidos tanto a Carter como a Mike, para poder huir.

Pero los dos hermanos adoptivos, firmes como rocas, la soportan sin pestañear.

Con cada respiración que dan, tengo la extraña impresión de que absorben más negatividad.

Podrían atacar a Clarke en cualquier momento si no intervengo.

—¡He dicho que sí! Me ha regalado el apartamento al que nos mudamos ayer. Es increíble, con sus molduras en el techo. Y ya lo hemos bautizado, si sabéis a qué me refiero…

Esta vez, parecen estar al borde del colapso. Es lo que quería: escandalizarlos hasta que perdieran la compostura. Tal vez haya ido demasiado lejos al mencionar mi vida sexual, pero era necesario para la supervivencia del hombre al que quiero.

Su estado de apatía se extiende durante un buen rato y empiezo a preocuparme.

—No vais a clavar nuestras cabezas en una pica, ¿verdad?

Solo me responde el silencio, si omito las risas incontrolables de los chicos y de mi madre. Se divierte mucho con la situación, la muy bruja.

Me remuevo en la silla, incómoda, y observo a los hermanos Arinson recuperar poco a poco el control. Estoy lista para lanzarles mi chocolate caliente, más bien hirviendo, ante cualquier movimiento brusco.

—¿Y no pensaste en pedirnos opinión? —me pregunta Carter, cuyo rostro está marcado por la severidad.

—Eh… Bueno… No. Para nada. Si tengo que ser honesta, no pensé en vosotros cuando decidí involucrarme con Clarke. Ni siquiera había pensado decíroslo…

—Te hundes con todo el equipo —susurra Justin.

Tiene razón, joder.

Mi padrino está echando chispas; sus ojos llenos de ira oscilan entre su hombre y yo. Sin duda se arrepiente de habernos permitido salir juntos. No se esperaba que las cosas avanzaran tan rápido entre nosotros.

Mike también está de los nervios, pero sabe que no tiene ningún derecho a inmiscuirse.

—¿No crees que es un poco precipitado? —me pregunta en un tono precavido.

—Bueno, ya que solo es cuestión de tiempo que los BloodBro se enteren de que estoy viva, es ahora o nunca.

Poco habituado a mi humor negro, mi padre no se toma muy bien mi comentario. Abre la boca, listo para replicar, pero se queda sin palabras. Lo intenta de nuevo, solo para echarse atrás una vez más.

—Lo que Avalone intenta deciros es que le importa una mierda vuestra opinión —interviene Clarke—.

Os compartimos la noticia por educación.

No cambiará de opinión, así que absteneos de hacer comentarios desagradables.

Además, después de haberle ocultado durante casi veinte años su verdadera identidad, no estáis en posición de juzgar sus decisiones.

Asiento, de acuerdo con cada una de sus palabras.

—Yo lo habría dicho de forma más educada —preciso—, pero la idea es esa.

En este preciso instante, Mike y Carter parecen hermanos de verdad. Ponen mala cara y aprietan los dientes a la vez. Mi madre decide que es hora de calmar las aguas y entra en juego. Pasa los brazos alrededor de sus espaldas y les ordena que sonrían.

—En fin, lo que estos dos viejos decrépitos quieren decir es que están muy contentos por vosotros y os ofrecen su ayuda si necesitáis cualquier cosa.

—¡Sabía que los hombres de mi vida se alegrarían de mi felicidad! —exclamo.

La mirada de Mike se suaviza al instante, mientras que Carter intenta resistirse a mis encantos, consciente de que intento manipularlos. En cualquier caso, funciona. Ninguno encuentra nada que objetar.

—¡Marchaos! —nos dice mi madre—. ¡Aprovechad los últimos rayos de sol antes de que la tormenta de nieve nos atrape!

Me sorprende su comportamiento. Que ella, que no veía con buenos ojos a los miembros de la banda, apoye mi relación con Clarke me emociona.

Se lo agradezco con una sonrisa. Entonces los chicos y yo nos ponemos en marcha.

Justo cuando estamos a punto de subir a las motos, el jefe nos ordena ir en coche.

La tormenta de nieve de la que hablaba mamá no era una metáfora, después de todo.

Como era de esperar, los chicos se pelean por los diferentes modelos de lujo. Carter los baja rápidamente de la nube asignándoles el SUV Mercedes. En cuanto a Clarke y a mí, cogemos su BMW i8. No está preparado para confiarme de nuevo su Bugatti Chiron negro. ¡Qué pena!

Cruzamos el pasillo hacia el garaje y nos subimos a los coches. Los motores rugen y la puerta automática se abre. Al pie de la colina, a la salida de la propiedad, hago un saludo militar a los chicos, y Clarke gira el volante llevándonos por un camino diferente del suyo.

La ciudad desfila ante mis ojos; algunos copos de nieve revolotean hasta caer en la acera.

Podría disfrutar de este espectáculo encantador si no fuera por la tensión en el coche.

No tengo ganas de que nos acompañe hasta el nuevo apartamento, pero no sé cómo romper el hielo, a pesar de que creo que no me toca a mí hacerlo.

—Di lo que tengas que decir, Avalone.

Lo tomo como una incitación. Despego la espalda del asiento y pongo un dedo acusador en su hombro.

—En mi opinión, deberías ser tú quien empezara. Ya sabes, para disculparte. Pero, ya que tus habilidades de comunicación son casi nulas, déjame hacerte una pregunta. Responderla no debería costarte demasiado. ¿Eres imbécil o tienes una excusa válida para tu comportamiento?

Concentrado en la carretera, Clarke permanece impasible. No me dirige ninguna mirada furibunda, ninguna réplica mordaz. Es poco habitual en él.

—Lo uno no quita lo otro —murmura.

—¡Oh, eso lo aprendí saliendo contigo!

Esta vez, reacciona. Los músculos de su mandíbula se contraen y gruñe con desaprobación.

—Muérdete la lengua antes de hablar, Avalone. Si intentas arreglar la situación, no funciona.

—Como tú dices, lo intento . ¡Mientras que tú te quedas callado y esperas que el universo nos reconcilie!

Me reclino contra mi asiento y me cruzo de brazos, malhumorada.

—Entonces podemos concluir que ninguno de los dos es bueno para arreglar este tipo de conflictos.

—Hay que pasar página ¡No vamos a seguir distanciados eternamente! Y, Clarke…, hoy empezamos a vivir juntos. No quiero que este día se empañe por nuestra discusión; quiero que sea uno de los mejores días de mi vida.

El Devil’s desvía la mirada de la carretera para dirigirme una de comprensión y cariño. Comparte mi deseo; quiere que todo sea perfecto.

—Siento mi comportamiento. Lamento haberte herido, si supieras…

Me coge la barbilla entre los dedos y me acerca a él para darme un beso rápido, pero de una sinceridad que me hace estremecer. Aún estoy intentando recuperar el aliento, cuando coloca la mano en mi muslo y lo acaricia con la yema del pulgar.