21 #4
—Tienes la línea del destino más larga que haya visto jamás. Estás destinada a grandes cosas, Avalone. Sin embargo, tu línea de la vida no se encuentra con tu línea del corazón, como si no fueran compatibles. Vivir o querer: tendrás que elegir…
Vivir o querer… Estas palabras me asustan más de lo normal.
Tal vez porque resuenan en mi interior. Por un lado, mi enfermedad, que me arrebatará al hombre del que estoy desesperadamente enamorada, y por el otro, los BloodBro, que matarán a todas las personas que son importantes para mí como castigo por haber vivido.
Afectada, no me resisto cuando Raiz me arrastra para que lo siga. Me siento en la mesa de sus hombres, como me indica, y los miembros de mi banda se unen a mí rápidamente.
—¿Qué queréis beber, amigos?
—No estamos aquí para empinar el codo —objeta Clarke.
Ni siquiera me mira. En cambio, coloca una mano reconfortante en mi muslo. Mi incomodidad no le ha pasado inadvertida.
—Muy bien —suspira el jefe de los Blue Demons—. ¡Dame ese trozo de papel que te lo firmo!
El segundo de Carter saca de su chaqueta de cuero el tratado de paz, compuesto por varias cláusulas que desconozco.
Lo desliza por la mesa hasta Raiz y le da un boli.
Cuando nuestro futuro aliado está a punto de firmar al pie de la página, Clarke le exige que nos dé primero la infor mación por la que los Devil’s Sons han aceptado aliarse con su banda.
No sabía que mi padrino buscaba información que este tipo medio loco pudiera proporcionarle. Me enderezo, atenta, y lo observo de nuevo.
Ordena a sus hombres que se larguen, cosa que hacen sin rechistar. Entonces se trata de una información estrictamente confidencial, que no debe terminar en malas manos.
Raiz no dice nada hasta que por fin estamos solos.
—Todo apunta a que los BloodBro todavía no han descubierto que la chica Arinson está viva. Pero ¿quién puede estar seguro? —Lanza una mirada en mi dirección y murmura en tono grave—: Eres tan joven y, sin embargo, tus enemigos son numerosos… ¡Qué emocionante!
Estoy paralizada. No hay otra palabra para describir mi estado. El jefe de esta banda, a quien los Devil’s Sons consideraban un enemigo hasta hoy, conoce mi verdadera identidad. Podría matarme si quisiera.
Odín todopoderoso, ¿cómo ha podido Carter confiar en él y compartir nuestro secreto?
Superada por la situación, busco contacto visual, no importa con quién, con tal de que sea de un miembro de mi familia. Set me guiña un ojo para tranquilizarme, pero no tiene el efecto esperado. Siento que me ahogo en este pub, que las pareces se ciernen sobre mí.
¿Por qué nadie me lo había dicho? ¡Verse ante un hecho consumado es una crueldad!
—Circula un rumor —continúa Raiz.
—¿Cuál?
—El de una unión. Se dice que Danakil, el jefe de los BloodBro, le habría presentado una mujer a su hijo. La mantienen fuera de los asuntos de la banda y la sobreprotegen. Pocos han podido verla siquiera de lejos.
No veo cómo esta información podría ayudarnos a combatir a estos hijos de puta, a menos que esté demasiado afectada para pensar con claridad.
Cumplida su parte del trato, dejan que Raiz firme el tratado de paz. Garabatea sus iniciales en cada página y después Clarke reúne de nuevo los documentos, que se mete en el bolsillo interior de su chaqueta de cuero, y concluye este encuentro con una invitación.
—Carter os espera en su mansión de Ann Arbor esta noche. Se os presentará a las bandas de la Alianza, así que haced un esfuerzo con la ropa.
Nuestro nuevo aliado pone las manos en su espalda y hace una reverencia que procuramos ignorar.
—¡Vivir o querer, Avalone! ¡Tienes que elegir!
El nudo de mi garganta, alimentado por las preocupaciones, crece y me deja sin aliento.
Mis piernas dejan de moverse de repente; estoy paralizada.
Este estado no dura más que unos segundos, pues Clarke desliza su mano en la mía y me saca del pub.
La pérfida risa de Raiz nos sigue hasta nuestras motos.
Su eco se aferra a mi alma; me siento sucia.
Y pensar que este hombre estará entre nosotros esta noche…
Dioses benditos, ¡tiemblo solo de pensarlo!
Me cruzo de brazos en una postura defensiva.
—¡No entiendo qué es lo que acaba de pasar! —exclamo con voz temblorosa—. ¿Alguien sería tan amable de explicármelo?
Antes de responder, Clarke me insta a apoyarme contra su Harley.
¿Se piensa que me va a dar algo? ¿Por qué me iba a dar algo?
—Los Blue Demons eran una banda rival. Ahora forman parte de la Alianza.
—¿Por qué ahora?
—Hemos descubierto un interés común —me revela Clarke—, o más bien, un enemigo común.
Asiento con la cabeza, desconcertada y bastante cabreada.
—¿Los BloodBro? ¿Por eso le habéis desvelado mi identidad a Raiz? No deberíamos confiar en él. ¡Ese tipo está loco!
—Se volvió loco tras el asesinato de su mujer y sus dos hijas. Su propio hermano las mató ante sus ojos.
Tiemblo de horror, y le sigue una repentina revelación.
Odín todopoderoso, si es lo que creo…
—¿Quién es su hermano, Clarke?
—Danakil, el jefe de los BloodBro.