Amor en el caos (The devil’s sons 3) 21 #2
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El ambiente es de lo más agradable; hasta nos olvidamos de la dis cusión de los padres de Justin, que transcurre unos metros más allá.

—¿No me digas que has venido con el imbécil de tu novio?

Kenny vuelve a la realidad y mira a su hermano con esa apariencia hastiada que no debe mostrar por primera vez, estoy segura.

—No, se ha quedado en Pensilvania. Pero, vista la situación, no tienes derecho a sermonearme ni a advertirme.

Los chicos y yo intentamos ocultar la risa tras nuestras manos mientras Justin se venga de su hermana despeinándola. Ella forcejea y le da un puñetazo en el costado con el que consigue liberarse. Estoy segura de que esta chica no se deja pisotear.

—¡Hagamos como en aquel entonces! —exclama el Devil’s—. Si nos basamos en la escala de Beaufort y el viento representa la ira de papá… ¿Qué fuerza crees que tendrá cuando él y yo tengamos una discusión?

—¿Te acuerdas de la vez que te expulsaron del instituto por pegar a un profesor?

Justin asiente con la cabeza, con el ceño fruncido por la aprensión.

—Bueno, yo diría que entonces su ira equivalía a una fuerza de ocho. Hoy creo que deberías esperarte una de once.

—¿Un fuerte vendaval? ¿Con un viento de hasta ciento diecisiete kilómetros por hora? Por todos los dioses…

Nervioso, se arranca los padrastros de alrededor de las uñas. Es algo que hace a menudo, sin siquiera darse cuenta. En una zona de la piel que ahora se ha vuelto más sensible se forma una gota de sangre que Justin se apresura a limpiar de un lametazo.

Kenny intenta tranquilizarlo, y al final es su risa cristalina la que pone fin a las preocupaciones de su hermano mayor. Se abrazan de nuevo, cariñosos, y luego la adolescente centra su atención en mis compañeros de fechorías.

—¡Cuánto tiempo, banda de conspiradores!

No parece sorprendida por las últimas revelaciones, lo que es cuando menos sorprendente. Después de todo, acaba de descubrir que su hermano y sus amigos, con los que se ha cruzado varias veces a lo largo de los años, forman parte de una banda.

—¿Estoy soñando o por fin te han crecido las tetas? —exclama Set, burlón.

Kenny abre mucho los ojos y se pone roja.

—¡Si qué sabes cómo hacer que una chica se sienta cómoda! ¿También te comes con los ojos las tetas de tu madre?

El Devil’s tiene un ataque de tos mientras nos reímos a su costa. ¡Se lo ha buscado, el muy idiota! Y luego la pequeña Coldwell me mira y me dedica una sonrisa a la que le falta algo… ¿Sinceridad?

—Tu debes de ser Avalone. Te lo suplico, dime que eres la líder de esta banda. No le vendría mal a Justin estar bajo las órdenes de una mujer, ya que me trata como a una esclava.

—¡Te trato como a una esclava porque eres mi hermana pequeña, no porque seas mujer!

—Es lo mismo.

Ver cómo se pelean es divertido, incluso emocionante. Podría estar así todo el día si Carter no nos estuviera esperando en la mansión.

—Siento decepcionarte, Kenny. No soy la cabeza de los Devil’s Sons —digo.

Suelta un suspiro dramático, idéntico al de Lola.

—Había puesto tantas esperanzas en ti… Mi hermano me ha hablado maravillas de ti, ¿sabes? Pero, como suele decirse, nunca conozcas a tus héroes: es una desilusión asegurada.

Su tono parece de broma y me gustaría creerlo, pero algo en su entonación me produce rechazo. Además, Justin le da un codazo y le pide que se comporte.

¿Será su hermana una arpía? Sinceramente, espero que no y estar solo imaginándomelo.

—¿Dónde está el guaperas? —pregunta mirando alrededor.

—¿Clarke? Lo siento, hermanita, pero Avalone se te ha adelantado. Salen juntos y están muy enamorados el uno del otro.

Pierde su arrogancia durante un par de segundos, pero luego recupera la compostura.

Esta vez ya no hay caras falsas; muestra la hostili dad que siente hacia mí.

Confieso que estoy sorprendida. No sé qué tiene contra mí.

Y esa ligera apariencia de superioridad que adopta cuando me mira de arriba abajo… Me dan ganas de hacer que se la trague.

—Mi hermano dice que nos parecemos, tú y yo —dice dirigiéndose a mí.

—Eso me ofende —susurro entre dientes.

—¿Tiene razón? No lo sé. Pero estoy segura de ser mejor. Clarke acabará abriendo los ojos y se arrastrará a mis pies. Mientras tanto, caliéntale bien la cama por mí.

Tengo ganas de matar a alguien, y no a cualquiera. Me da igual que sea la hermana de Justin, ha ido demasiado lejos. Alguien debe ponerla en su sitio y yo me ofrezco voluntaria con mucho gusto.

—¿Sabes, Kennou ? Tener descaro en la vida está bien.

Pero hay un límite que no conviene cruzar, a menos que quieras convertirte en una zorra, algo que ya eres sin duda…

Buscas poner el mundo a tus pies por medio de la crueldad porque no tienes las cualidades necesarias para llegar al corazón de las personas.

Es triste, ¿no te parece? Un consejo: deja de comportarte así o nunca te respetarán.

Por ahora sin duda inspiras miedo, lo que te vale el título de «reina abeja», pero ¿qué pasará cuando una persona aún más malvada te robe la corona?

Perderás tu soberbia y fracasarás. Cosecharás toda la mierda que sembraste, y será muy merecido.

Aturdida, la adolescente no sabe qué decir. Parpadea y, de repente, se echa a reír. Los chicos se unen a ella y tengo la sensación de haberme perdido algo crucial.

—Kenny quiere entrar en la Juilliard School —me explica su hermano—. El teatro es su pasión, y tiene la mala costumbre de pulir su talento de actriz con cada nueva persona que conoce.

La joven en cuestión hace una reverencia. De sus ojos centelleantes emana la bondad, y su sonrisa es encantadora. Se ha convertido, en un instante, en el tipo de chica a la que quieres complacer solo para ver un poco más su radiante rostro.

—¿Estabas actuando? —le pregunto, suspicaz.

—¡Sí! No pensaba lo que acabo de decirte, lo siento. Los antagonistas son mis personajes preferidos, me encanta interpretarlos.

Estoy atónita y me siento un poco idiota.

—¡Joder! Tienes talento. Te había tomado por una auténtica zorra.

—Mi hermano me aconsejó dejar este jueguecito un sinfín de veces, bajo el pretexto de que algún día podría meterme en problemas.

No se equivocaba, después de todo. Cuando llevé al límite a Clarke, me empujó contra una pared y me amenazó con matarme si seguía por ese camino.

Y al año siguiente le tiré los tejos y me prometió que nos casaríamos cuando fuera mayor de edad.

Tenía muchísimas ganas de nuestra futura unión, pero, al final, creo que es más adecuado para ti.

La forma en que me has metido en vereda… ¡Ha sido increíble!

Esta chica está loca. Justin me dijo que su personalidad y la mía eran parecidas, pero, desde mi punto de vista, Kenny se parece más a Lola. Ambas son personas desconcertantes. Habría que estudiarlas para poder comprenderlas.

—Deberías seguir su consejo —acabo diciendo.

—¡Ni hablar, es demasiado divertido! ¡Y si me buscan las cosquillas, ahora puedo decir: «mi hermano mayor forma parte de una banda, te va a romper los dientes»!

Divertida, sacudo la cabeza. Estoy convencida de que, si se encontrara en una situación delicada, todos los Devil’s Sons aparecerían.

Continuamos nuestra conversación con despreocupación hasta que nos alcanza la realidad.

Stefan llama a su hija y le ordena que lo siga.

Una expresión increíblemente triste borra la bonita sonrisa de Kenny.

Abraza a Justin, le susurra palabras reconfortantes y, tras despedirse de todos, se dirige hacia el señor Coldwell, que ni siquiera mira a su hijo.

¡Imbécil!

El ambiente decae; los chicos y yo empatizamos con nuestro amigo. Todo esto le va a afectar. Eva, cansada por la discusión que acaba de tener con su exmarido, se acerca a nosotros arrastrando los pies.

—Lo siento, cariño. He venido corriendo en cuanto me dijo que estaba en la ciudad. No sabía que venían; querían darnos una sorpresa…

Justin suelta una risa sin alegría.

—Se podría decir que más bien los he sorprendido yo.

—No quiere saber nada del tema, pero recemos a los dioses para que intente escucharnos cuando se calme. Ven esta noche a cenar a casa. Podemos hablarlo todos juntos.

El Devil’s asiente, sin gran convicción, y su madre intenta tranquilizarlo. Nos pide a los chicos y a mí que lo animemos; luego nos da un beso a todos y vuelve a su puesto de trabajo, que tuvo que abandonar con urgencia.

Justin, desesperado, se rasca la barba.

—Eres un hombre maravilloso —le digo—. Tu padre acabará abrien do los ojos. Verá lo que vemos todos nosotros en ti y estará orgulloso.

Me sonríe y la arruga de preocupación que le aparece en la frente se atenúa un poco. Le doy un abrazo lleno de ternura.

Es hora de ir a la mansión.

Llegamos a la cima de la colina cuando Clarke baja de su moto. Me lanza una mirada desprovista de emoción y entra en la mansión, sin decir nada. Huye de mí, lo que no me sorprende.

Abrazada a la cintura de Jesse, me niego a poner un pie en el suelo. Temo la reprimenda del jefe por los numerosos delitos que cometimos ayer, y la tensión entre mi novio y yo solo empeora las cosas.

—No me obligues a empujarte —me advierte mi piloto.

Murmuro cosas incomprensibles por lo bajo, lo que lo divierte.

Como venganza por su falta de apoyo, cojo su cabeza rapada y tatuada entre las manos y le doy un beso.

No soporta que le toquen la cabeza, por eso me bajo de la moto para huir.

Sus palabrotas me llegan aun cuando entro en la mansión, pero pierdo rápidamente la sonrisa.

La mirada severa de mi padrino está fija en mí; luego pasa a Ty y finalmente a Jesse.

¡Joder!

—No estamos aquí para hablar de vuestras tonterías de ayer, pero sois unos jodidos imbéciles que me hacéis perder tiempo y dinero.

Pasamos de la aprensión al alivio, y del alivio a la incomodidad. Con la cabeza gacha, nos unimos a las filas de los Devil’s Sons, listos para acatar órdenes.