21
Después de mi altercado con Clarke ayer, pasar la noche en compañía de Jesse, Ty y Lola es reconfortante.
Cuando los dos chicos se presentaron en mi clase ayer por la mañana, supe que trataban de engatusarme.
Uno utilizó la muerte de su madre y la partida de su hermano, y el otro sus heridas pasadas, infligidas por su propia madre, para conmoverme y desviar mi atención.
Les dejé creer que me habían engañado mientras intentaba descubrir sutilmente sus secretos.
Pero fue en vano. Cuando Clarke me dijo que había trasladado mis cosas, pensé que había enviado a los chicos para distraerme, hasta que Ty y Jesse me pusieron ojitos de cachorrito de nuevo para que aceptara que pasaran la noche conmigo.
Me están ocultando algo y está claro que me toman por tonta, aunque eso no impidió que me lo pasara bien. Lo necesitaba.
El inexplicable comportamiento de Clarke me hirió. Empiezo a entender que su lobo malo siempre estará presente, pase lo que pase. Pero ¿quién puede reprochárselo después de todo lo que ha vivido?
A pesar de lo tarde que nos acostamos anoche, mis compañeros y yo ya nos estamos levantando.
Tal vez sea la falta de comodidad lo que nos impidió dormir hasta más tarde.
Lola y yo colocamos los colchones en el suelo, uno junto al otro, y los chicos robaron uno más de la habitación de al lado.
Los cuatro compartimos lo que parecía una balsa salvavidas.
Y, a pesar de todas las precauciones que tomamos, los colchones se movieron mientras dormíamos y perdí la cuenta de las veces que me caí en el hueco entre ellos.
Nos peleamos por el edredón, los cojines y también por el espacio.
Ty y Jesse son enormes. Por lo tanto, ocupan más espacio.
Tumbados de espaldas, los unos junto a los otros, recordamos las tonterías de anoche. Son muchas, y sobre todo vergonzosas. A decid verdad, estábamos fumados.
Me río por lo bajo y luego a carcajada limpia, contagiando a mis amigos.
Dioses benditos, ¿qué nos llevó a fumar en la habitación con las ventanas cerradas?
La alarma de incendios de todo el edificio se activó y los estudiantes tuvieron que desalojar el lugar.
Aprovechamos ese momento para invadir las duchas comunes, que inundamos con el único fin de montar una fiesta del agua .
El agua llegó hasta el pasillo, y lo aprovechamos para divertirnos deslizándonos…
todo eso en ropa interior. Cuando apareció un vigilante, nos fuimos pitando y nos refugiamos en la lavandería, en el sótano.
Ty robó ropa que nos pusimos a toda prisa antes de colarnos en el despacho del director de la universidad.
Examinamos minuciosamente nuestros expedientes académicos y descubrimos el comentario « intocable » en cada uno.
Al final, bailamos bajo las cámaras de seguridad hasta cansarnos.
Podríamos habernos detenido ahí y haber vuelto a la habitación, pero uno de nosotros tuvo la maravillosa idea de entrar en la sala donde se almacena el material químico.
Las mezclas que hicimos no son nada recomendables; pensé que nos iban a explotar en la cara.
Pero fue el nauseabundo olor lo que nos hizo huir.
Y luego llegó el hambre. Jesse forzó la enésima cerradura, la de la cafetería, y asaltamos la nevera.
No encontré nada mejor que hacer que firmar nuestro crimen en las paredes con salsa de tomate.
Los Devil’s Sons.
—¿De cuántas tonterías creéis que tendremos que asumir la responsabilidad? —nos pregunta Lola.
—Teniendo en cuenta que hay cámaras por todas las zonas en las que hemos allanado, dañado o robado, diría que de todas… —murmuro con voz adormilada.
No estoy preparada para enfrentarme a las consecuencias de mis actos, así que cojo mi almohada, que aplasto contra mi cara, y me enrosco en las sábanas.
—¡No vas a volver a dormir! —se queja Jesse, a quien le acabo de robar la manta.
Tira con tanta fuerza que ruedo en dirección opuesta y golpeo a Ty. Mi codo se hunde accidentalmente en su costado. Gruñe de dolor y me empuja, como si no fuera más que un estorbo.
Desorientada, me lleva un poco darme cuenta de que estoy de nuevo en mi sitio, junto a Jesse. Le doy un beso en la mejilla para ablandarlo, pero una sonrisa traviesa aparece en sus labios.
Me empuja.
—¡Suficiente!
Mis amigos hacen caso omiso. Ty está a punto de replicar cuando nuestros móviles vibran a la vez. Solo puede tratarse de una notificación de los Devil’s Sons.
¡Salvada por la campana!
Cojo el móvil y leo el mensaje que ha enviado Carter.
Reunión en la mansión en media hora.
Los chicos, que tienen la mirada fija en su propia pantalla, se hacen eco de mi resoplido. Estamos agotados, pero no nos queda más remedio que obedecer.
Salgo del calor de la cama, sin muchas ganas. Mientras nos aseamos un poco, Lola nos dedica una sonrisa burlona y vuelve a dormirse plácidamente.
Será zorra.
Preparados para afrontar un nuevo día, salimos de mi habitación asegurándonos de dar un portazo para molestar a mi compañera, y nos vamos al aparcamiento.
Apoyados contra sus motos, nos esperan Set y Justin. Nos ven avanzar hacia ellos, con aire burlón.
—El jefe nos ha enviado a comprobar los daños tras la queja que el director le remitió a primera hora de la mañana —nos informa Set—. Os pasasteis de la raya. Entre la inundación, el grafiti, el olor a putrefacción en los laboratorios…
Palidezco, decepcionada ante la idea de que ya nos hayan descubierto cuando el sol apenas está saliendo. Creía que teníamos al menos unas horas antes de tener que pagar por nuestros delitos.
—Lo hemos pillado —lo corta Jesse—. Estamos jodidos.
—Después de nuestro informe, Carter se apresuró a hacer una generosa donación a esta excelente institución. No está contento.
Me preocupa el mal rato que vamos a pasar, pero no me arrepiento de nada. Necesitábamos comportarnos como críos por una noche.
El móvil de Set suena y agita la pantalla bajo nuestras narices para que podamos leer el nombre del jefe escrito en mayúsculas.
—¡Tal vez tenga que algo que deciros! —se regocija, burlón.
Descuelga y activa el altavoz.
—¿Sí?
—¿Por qué Justin no responde a mis llamadas? ¿Está contigo?
Todo en la entonación y el tono de voz de Carter denota urgencia. Nos reunimos los cuatro alrededor del móvil, receptivos y atentos.
—Sí, está aquí y te oye.
—Tu padre está entrando en este mismo instante en el campus. ¡Quítate la chaqueta de cuero, ya!
El término familia es lo que mejor define a los Devil’s Sons. Nuestros corazones son uno, así que sentimos tanto miedo y preocupación como nuestro amigo. Nos preocupa su situación porque su felicidad es la nuestra, y estamos dispuestos a todo para proteger su secreto, como si fuera el nuestro.
—¡Mierda, mierda, mierda! ¡No debería estar en la ciudad! ¡No me confirmó ninguna fecha!
Tras el divorcio de sus padres, Justin se mudó con su madre a Ypsilanti, mientras que su hermana pequeña, Kenny, eligió vivir con su padre en Pensilvania.
Aunque sus visitas, que tienen lugar varias veces al año, hacen feliz a nuestro compañero de banda, también son una gran fuente de estrés.
Solo su madre sabe que pertenece a los Devil’s Sons, y no debe de ser de otra forma.
—¿Hijo?
Justin se gira sobresaltado y se encuentra con un hombre mayor que tiene sus mismas facciones angulosas y los mismos bonitos ojos de tonos amarillos. A su lado hay una adolescente que tiene el mismo pelo rubio que él.
Por todos los dioses, las Nornas son realmente crueles.
—Papá…
—Esa chaqueta de cuero que llevas…
El miedo paraliza el rostro del señor Coldwell. Y después presencio su transformación y, de repente, los miedos de Justin me parecen comprensibles. El hombre nos mira uno a uno con tanto asco que, por un instante, me siento responsable de la decadencia de la humanidad.
Cuando su mirada vuelve a su hijo, su ira explota.
—¡Pedazo de mierdecilla! ¿Así es cómo nos agradeces la educación que tu madre y yo te hemos dado? ¿Entrando en una banda criminal? ¿Vendiendo droga en lugar de ir a clase?
Va directo hacia su hijo y lo agarra por el cuello de la chaqueta de cuero. Nos preparamos para ayudar a nuestro hermano, pero Justin nos pide que no intervengamos con un vago gesto de la mano. Igual que los chicos, soy una mera espectadora, en plena lucha contra mi instinto de protección.
—No somos camellos.
La desesperación en su voz… Dioses benditos, me oprime el pecho.
—¡Deja de reírte en mi cara! ¿Sabes cuántas vidas estás arruinando?
No vendemos droga, su hijo dice la verdad, pero sí hacemos cosas ilegales. Ningún argumento podrá salvarlo ahora mismo. Tendrá que sobrevivir a la tormenta, sin flaquear, y después ablandar a su padre con los valores que los miembros de la banda compartimos.
Con los puños apretados, Justin tiembla. La tristeza y la ansiedad lo superan. Decepcionar a su padre es su mayor miedo y, por desgracia, es lo que está ocurriendo.
—¡Stefan Coldwell! ¡Te ordeno que sueltes a mi hijo!
Con la respiración entrecortada, la madre de Justin corre hacia nosotros. Su exmarido obedece y ahora dirige su ira contra ella.
—¿Lo sabías? ¿Qué tipo de madre eres que aceptas que tu hijo caiga en la delincuencia?
Encaja el golpe, pero no se inmuta. Tira del brazo de Stefan y lo arrastra a un lado para hablar con él lejos de los vulnerables oídos de sus hijos.
Justin se pasa las manos por el rostro pálido. Tiene los hombros encorvados; parece que carga él solo con el peso del mundo entero. Me da pena este generoso y bondadoso hombre cuyo padre no lo valora. No es algo nuevo. Según él, su padre solo sabe regañarlo.
Kenny, tras echar un vistazo a sus padres, se acerca a su hermano de puntillas, para que no la vea. Salta sobre su espalda y lo cubre de besos, algunos babosos.
Para mi gran alegría, Justin recupera la sonrisa. Es una amplia sonrisa, de una conmovedora sinceridad que nunca ha ofrecido a nadie más que a su hermana pequeña.
—¿Cómo estás, pequeña Kennou?
—¡Puaj! ¡Te he dicho cientos de veces que no me llames así!