Amor en el caos (The devil’s sons 3) 20 #2
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Frente con frente, saboreamos nuestra intimidad hasta que Justin nos saca de nuestra burbuja al poner una mano sobre mi hombro.

—¡Disfrutemos de nuestra última noche de libertad! ¡Vamos de fiesta y a deleitarnos la vista en un club de striptease ! ¿Qué me dices?

Mi novia le lanza una mirada fulminante, de esas que asustan al hombre más robusto.

—¿Qué? Abandonas a tu hombre por una noche para pasarla con Lola. ¡Vete a jugar a las casitas y deja que se divierta un poco durante tu ausencia!

Si no fuera por su sonrisa burlona, juraría que Avalone le habría pegado un derechazo. Se lo merecería, después de todo.

—¡Por Odín, respétame! —se rebela—. Tomaré el relevo de Carter dentro de unos años y entonces ¡estarás bajo mis órdenes!

Aunque bromee —en una conversación me confesó que no tiene ninguna intención de dirigir la banda—, todos protestamos.

—Transformarás a los Devil’s Sons en una asociación sin ánimo de lucro cuya misión sea supervisar las negociaciones entre diferentes organizaciones criminales de América para solucionar los conflictos sin usar la violencia… —suelta Jesse, hastiado.

Ella le enseña el dedo corazón y finge estar ofendida, pero no engaña a nadie. Se necesita más que eso para ofenderla.

—¿Bromeas? Nos abandonará para empezar su nuevo blog titulado: «¿Cómo vengarse de tus mejores amigos que te mintieron sobre tu identidad?

» —añade Sean, divertido—. Paso uno: insultarlos de todas las formas posibles y apuntarles con una pistola.

Paso dos: irse de viaje con un desconocido, sin dar señales de vida.

Paso tres: volver a casa y despreciar a los que te hicieron daño presentándote en compañía de su antiguo hermano de armas.

Los chicos se ríen, pero yo siento una punzada en el corazón. Ese todavía es un tema sensible. Creí que me volvería loco con la ausencia de Avalone. Temía que le hubiera ocurrido algo, y ese miedo me mantuvo despierto noche y día.

Para poner punto final a esta conversación antes de que se eternice, Lola nos dice que es hora de acaparar a nuestra jefa.

Inmediatamente, les lanzo una mirada sutil a Ty y a Jesse, que captan el mensaje: su misión, velar por Avalone, continúa hasta mañana.

Así que ponen una falsa apariencia apenada y preguntan a las chicas si pueden pasar la noche con ellas.

La morena se queja. En cuanto a la rubia, tiene presente la supuesta razón por la que la fueron a buscar.

Conmovida, acepta su compañía sin la más mínima duda.

—¿Nos dejan plantados por una pelea de almohadas? —se sorprende Sean—. ¡Menudos gilipollas!

Lola, como un tirano, arrastra a su alegre banda hacia el edificio de las habitaciones. Ni siquiera he tenido tiempo de darle un beso a Ava lone. En su lugar, analizo su bello rostro y memorizo cada uno de sus rasgos cuando ella se gira hacia mí.

—¡Nada de ir al club de striptease ! —suelta por encima del hombro—. Prométemelo.

—No lo prometas —susurra Justin, bajito.

—¡Prométemelo, Clarke! —insiste ella.

—¡No lo prometas, Clarke!

Mi amigo me hace reír. Divertido, le doy un codazo en las costillas para que me deje en paz y traslado la atención a mi novia.

La severidad de su mirada no consigue disimular ni su miedo ni sus celos, dos emociones que reflejan la intensidad del amor que siente por mí.

Puede estar tranquila, es la única mujer a la que quiero ver bailar desnuda.

—Prometido.

Esboza una gran sonrisa de oreja a oreja. Me lanza un beso y sigue su camino, con el corazón más ligero.

Joder, me habría gustado dormir con ella esta noche.

La sigo con la mirada, solo un instante, pues Justin se planta delante de mí y me estropea las vistas.

—Te ha castrado, tío.

—No es el único que está castrado —nos informa Set.

Apunta con el dedo a Sean, que se dirige directo hacia Emily y la llama. Cuando ve a nuestro hermano, palidece y busca una escapatoria, pero es en vano. Sus mejillas se ponen rojas y se mira fijamente las manos, que retuerce con ansiedad.

—¿Qué haces esta noche? ¿Quieres unirte a nosotros?

—¿Va a estar Avalone? —pregunta con voz dulce.

—No… Ella pasará la noche con Lola.

—Ah. Eh… Gracias, eres muy amable, pero tengo cosas que hacer.

Dicho esto, huye. Sus cortas piernas la llevan lejos, con rapidez.

Nuestro amigo vuelve con nosotros, avergonzado, mientras nos burlamos abiertamente de él.

—Eres imbécil —suelta Set—. ¿Es tímida y le propones pasar tiempo con cuatro tíos que, dicho sea de paso, son criminales?

—¡La he cagado, soy consciente! No sé cortejar a una chica y no quiero que piense que solo quiero acostarme con ella.

—¿Y qué quieres exactamente, si no es eso? —pregunta Justin, perdido.

Incómodo, Sean evade nuestras miradas y mete las manos en sus bolsillos.

—Puede que algo serio…

—¡Joder, no vayas a hacernos un Clarke!

¡Menudo imbécil!

Mi mano se mueve sola y Justin recibe una colleja en la nuca.

—Emily me gusta. Pero es la amiga de Avalone, no puedo cometer un error con ella.

Veo claramente su jueguecito, y no me gusta.

Conozco a Sean y sus repentinas ganas de tener relaciones serias.

No es la primera vez que lo hace; ya van varias veces en los últimos años.

Estaba convencido de haber encontrado a la indicada.

Incluso sin conocerla y siendo incapaz de explicar qué encontraba atractivo en ella, se lanzaba a la caza.

Sus presas caían perdidamente enamoradas de él.

En su defensa, él les prometía el cielo y las estrellas.

Con él se sentían diferentes, únicas. Pero después de acostarse con ellas dos o tres veces, declaraba que había sido un error, que no servía para eso, y desaparecía de sus vidas.

Nunca supimos si de verdad tenía la esperanza de que esas relaciones funcionaran o si solo buscaba satisfacer su ego para asegurarse de que no solo era bueno follando, sino también como pareja.

Emily es su nuevo objetivo. Pero, si en su momento me reía de su comportamiento, ahora sé hasta qué punto puede doler el amor. Ya no le dejaré jugar con el corazón de las mujeres.

—Lo que me gusta de Avalone es su franqueza.

Expresa su desacuerdo, nos guste o no, y no se anda con rodeos.

Siempre sabré lo que piensa realmente. —Doy un paso hacia Sean, y aunque aparentemente estoy calmado, siente la amenaza—.

Lo que me encanta de Avalone es su valor.

Nos ha demostrado en reiteradas ocasiones que tiene más agallas que todos nosotros juntos.

Su determinación. Cuando se le mete una idea en la cabeza, no se la podemos quitar y, joder, la admiro por eso, aunque a veces llegue a odiar ese rasgo que la caracteriza tanto, especialmente cuando se pone en peligro.

Me encanta su independencia. No necesita a nadie para salir adelante.

Los Devil’s Sons, sus amigos, sus padres…

no somos más que extras en su vida. —Agarro a Sean por el cuello de la chaqueta de cuero y clavo la mirada en la suya—.

Adoro que crea en las segundas oportunidades.

Nos ha dado una a todos, aunque no la mereciéramos.

Eso denota una bondad que considero innata en ella, unida a su fe.

Tiene fe en la humanidad y esa es su mayor cualidad.

Es tu turno de hacer una lista de los diferentes aspectos de la personalidad de Emily que te gustan.

—Yo… yo no lo sé.

Es lo que pensaba.

Lo empujo sin medir mi fuerza y el Devil’s se tambalea hacia atrás.

—No te acerques a ella. Solo le vas a hacer daño, como se lo hiciste a todas aquellas a las que mentiste.

Dicho esto, voy hacia el aparcamiento, donde nos esperan las motos.

Todos hemos roto algún

que otro corazón, eso es un hecho.

Pero, a diferencia de Sean, nosotros siempre hemos sido honestos con nuestras conquistas.

Lo único que teníamos para ofrecer era sexo.

¿Habría protegido a Emily si no fuera la amiga de Avalone?

Me gustaría pensar que sí, aunque no pondría la mano en el fuego.

Esta chica no es como las otras conquistas de mi estúpido compañero.

Ellas lo perseguían, intentando desesperadamente llamar su atención.

De alguna manera, aceptaban los riesgos.

Pero Emily no muestra ningún interés, aunque es evidente que él le gusta.

Y además… es virgen . Está esperando al hombre que sepa quererla como merece.

Avalone me lo confirmó esta mañana, cuando le pregunté.

—¡Clarke! —me llama Sean.

Ni siquiera lo miro. Soy inflexible ante la situación, y si piensa que no tengo ni voz ni voto, se equivoca.

La cohesión de la banda está en juego. Si no reprime su nueva obsesión por Emily y termina haciéndole daño, Avalone lo culpará.

No es momento de crear tensiones entre nosotros, menos cuando sabemos que los BloodBro podrían estar detrás de mi arresto.

Los dedos de Sean se aferran a mi hombro, obligándome a hacerle frente.

—¿Cuál es tu problema? —se enfada—. Carter te prohibió salir con Avalone; sabes lo que se siente al tener que conformarse con observar a escondidas a la persona que amas.

Suelto una risa burlona y despectiva y me libero de su agarre.

—¿Te atreves a hablarme de amor? ¡Mírate en un puto espejo en lugar de creerte tus propias mentiras! Esa chica podría gustarte de verdad si no te dejaras dominar por tus impulsos o las inseguridades que hayas reprimido en el pasado.

—¡Esta vez es diferente!

—Puede que te crea cuando seas capaz de decir todas las cosas que te atraen de ella. Mientras tanto, no te acerques a Emily.

Sean me mira de mala manera, lo que pone al límite mis nervios.

—¡Vete a la mierda, tío! Se trata de mi vida privada. No puedes darme ninguna orden.