Amor en el caos (The devil’s sons 3) 19 #2
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—Tus antecedentes penales registran ciento cuarenta y cinco denuncias por agresión, y has enviado a doscientas veintitrés personas al hospital desde que entraste en la banda.

Todavía tengo las facturas. Voy a revisar todos esos perfiles e identificar los que destaquen por antecedentes psiquiátricos u otros elementos que me llamen la atención.

Quiero que me des el nombre de todas las bandas rivales con las que te has cruzado y que tengan cuentas pendientes contigo.

Coloca los dedos sobre el teclado, listo para escribir. Así que busco en los rincones de mi memoria, retrocediendo años atrás, a mis inicios en los Devil’s Sons.

—Los Red Blood. Los Black Blood. Los Corpses Eater.

Los Dead Mothers. Los Demon’s Dads. Los Kings of Hell.

Los Hell Fires. Los Hell Demons. Los Demons from the Depths.

Los Sociopathic Children. Los Snakes… —Los segundos pasan y parece que nunca voy a terminar.

Cuantas más bandas enumero, más suspiros de desaliento suelta mi jefe—. Y por último, los Reapers of Death.

—¿En serio? —me pregunta Set.

—Estabas ahí, imbécil. Desarmé a Kaled hace unos años.

De hecho, volvimos a cruzarnos no hace mucho.

En el restaurante de Poppy, en Canadá. Si Avalone no nos hubiera calmado, seguramente habríamos llegado a las manos, por recordar los viejos tiempos.

Unas horas más tarde, besé a esa mujer por primera vez y, al día siguiente, le hicimos pasar la prueba de la frontera.

—Creo que puedo eliminarlos sin problema de nuestra lista de sospechosos —anuncia Carter—. Noah, su jefe, es un buen hombre.

Asiento, de acuerdo con él. Estos tipos ni siquiera se involucran en actividades ilegales. Aunque manejan armas y a menudo acaban recu rriendo a la violencia, son de lo más legal. Se niegan a cruzar la línea.

—Te daré una respuesta de aquí a esta noche. Mientras tanto, mantente alerta, Clarke.

—¿Y si ninguno de ellos, ni la bandas ni las víctimas de mis puños, es el autor intelectual?

—Ampliaré la búsqueda. El jefe de policía te tenía en el punto de mira, pero puede que solo seas un daño colateral, como Freddie Tomson.

Después de todo, eres mi segundo y el miembro más fuerte de los Devil’s Sons.

Si te perdemos, quedaremos en una posición débil.

¿Su objetivo es la banda? ¿Soy yo? Todavía no lo sé, por eso necesitamos estar alerta en todo momento.

No dejes a Avalone sola bajo ninguna circunstancia. Voy a avisarla del peligro.

—¡No! —exclamo.

Carter se congela con la mano ya encima de su móvil.

—Si descubres que están intentando hacerte daño para debilitarnos y atraparnos, se lo haremos saber. Pero si es una venganza personal contra mí, lo mantendremos en secreto. Me niego a que se preocupe por mí.

El jefe me lanza una mirada de desaprobación y se cruza de brazos.

—No le mentiremos de nuevo. Mira adónde nos llevó la última vez. Casi la perdemos. Y debe estar al tanto de la situación para ser prudente. Podrían ir tras ella para llegar a ti.

Aprieto los puños ante esa idea.

—La protegeré, cueste lo que cueste. Tienes mi palabra. Y, llegado el momento, asumiré la responsabilidad de mentirle.

—Yo…

—¡Quieres protegerla de nuestros enemigos, pero te olvidas del que está en su pecho! ¡Su corazón no es capaz de soportar tanta presión, Carter!

Palidece de repente y pierde la compostura. Está cegado por la luz que desprende su sobrina, hasta el punto de creer que es eterna, como yo hace un tiempo. Este toque de atención es doloroso, pero necesario.

—Le informaremos del peligro si, y solo si, la banda está implica da —concluyo—. Y, una vez más, tendrás que protegerla y enviarla a otra ciudad el tiempo suficiente para solucionar este asunto con total discreción.

Durante su análisis de la situación, los ojos de Carter van en todas direcciones, se posan sobre diferentes objetos, como si eso lo ayudara a conseguir una visión general del asunto. Tras un momento de reflexión, asiente.

—Muy bien. Por el momento, la mantendremos fuera de esto. Elige a dos chicos. Pasarán el día con ella y velarán por su seguridad.

Me gustaría asumir ese papel, pero sospecharía que algo va mal. Es demasiado perspicaz para embaucarla con palabras bonitas como: «Te echaba de menos, tengo ganas de pasar tiempo contigo en clase». Ade más, hoy tengo asuntos que requieren mi presencia fuera del campus.

Llamo a Ty y, después de ponerlo al tanto de todo, le pido ayuda.

Primero, me manda a paseo con un vocabulario abundante.

Se niega a mentirle a su amiga y me echa en cara cometer de nuevo el mismo error.

Pero insisto en la necesidad de cuidarla por su bien y acaba cediendo.

Se pone en marcha lo más rápido posible.

Para que Avalone acepte su compañía sin hacer preguntas, tendrá que poner de excusa que se siente solo desde la muerte de su madre y la partida de su gemelo. Así no se sospechará nada.

Convencer a Jesse resulta igual de complicado.

Juego con sus sentimientos y acabo saliéndome con la mía a fuerza de insistir.

Preocupado por el estado de salud de Avalone y casi traumatizado por mi culpa, no se arriesgará a ponerla en peligro revelándole las últimas novedades.

Me pide el número de su clase y luego se pone en camino.

Cuelgo e informo al jefe de que, en unos minutos, su sobrina estará protegida.

—Bien. Largo de aquí. Tengo trabajo.

—Una última cosa: ¿has pensado en los BloodBro? ¿Crees que podrían esconderse detrás de Meyer? —le pregunto.

Ese nombre, portador de desgracias, silencia la vida a nuestro alrededor. Los pájaros dejan de cantar y nuestras respiraciones no hacen el más mínimo sonido.

Carter se reclina en su silla y posa en mí una mirada llena de incertidumbre.

—Lo he pensado, sí. Fueron a Indiana hace unas semanas y pasaron por la ciudad que vio crecer a Avalone.

Según la información que me ha llegado, no se demoraron y se marcharon rumbo a México.

No obstante, no podemos descartar la posibilidad de que estén implicados, aunque este tipo de maniobras no es habitual en ellos. Estaremos atentos. ¡Ahora, fuera!

Set y yo no nos hacemos de rogar. Salimos del despacho y de la mansión, ambos igual de tensos.

Y pensar que hice esa fatídica pregunta para que el jefe me tranquilizara y liberara mi mente de ese miedo… Dioses, si son ellos quienes juegan con nosotros, Avalone está en peligro más que nunca.

Camino de un lado para otro delante de mi Harley con los puños apretados. Siento miedo por ella. ¡Joder, estoy aterrorizado!

—Relájate —me ordena mi mejor amigo—. Todos hemos sido precavidos. Los BloodBro no saben que ella sigue viva, estoy convencido.

Me detengo, un poco más tranquilo. Aunque no sea adivino, y afirmar una cosa así con tanta seguridad sea una estupidez, necesitaba escuchar esas palabras. Me apoyo en mi moto y alzo la mirada al cielo, animado por un subidón de esperanza.

—Joder… Ojalá tengas razón.

Diviso en la cima de un árbol dos cuervos negros como la noche y observo cómo emprenden el vuelo. Me sorprendo pensando que se trata de Hugin y Munin, y que van a transmitirle a Odín mis deseos más desesperados.

Set desvía mi atención al acercarse a mi lado con una sonrisa curiosa.

—¿Así que… Avalone ha aceptado mudarse contigo?

La noche anterior vuelve a mi memoria y el corazón se me vuelve ligero como una pluma. Me olvido de todos mis tormentos.

—¿Tan poco creías en mí?

La respuesta elocuente le encanta a Set. Me da una palmada en la espalda y después me atrae hacia él. Hago el esfuerzo de contar hasta tres antes de liberarme de su abrazo fraternal.

El contacto físico no me molesta, pero antes de morir mi madre me dio un abrazo.

Los suyos eran los mejores: llenos de amor, apaciguaban los corazones más heridos.

En comparación, los abrazos del resto de las personas me parecen muy insustanciales, así que prefiero evitarlos; de lo contrario, me invade una sensación de decepción.

Solo Avalone está a la altura de mi madre, a menos que el amor que le profeso me ciegue.

Es posible que ese sea el caso, pero ¿qué importa? En sus brazos me siento completo.

—Has cambiado —afirma Set mirándome de arriba abajo—. Te has abierto a una mujer, lo que en cierto modo equivale a abrirte al mundo. Da gusto verlo.

—Cállate. ¿Me ayudas a mudarme?

Pone una expresión herida, como si lo hubiera ofendido, y se sube a su Harley.

—No puedo, tengo una clase importante en media hora.

Arqueo una ceja, tan sorprendido como indeciso. ¿Desde cuándo los estudios se han convertido en su prioridad? Empiezo a pensar que lo he herido hasta que una sonrisa traviesa aparece en su cara.

—¡Pues claro que te ayudo! Llamaré a los chicos para que ayuden también.

—No lo olvides: ni una palabra a nadie sobre la conversación que hemos tenido con Carter.

—¿Y es a mí a quien has elegido para mentirle a Avalone, pedazo de mierda? ¡Me va a enviar directo a las llamas del Ragnarök cuando se entere de la verdad!

Llegamos a Casa Max en poco tiempo. El propietario, que ha firmado un contrato con los Devil’s Sons para proteger su comercio, tiene un camión. Estará encantado de prestárnoslo cuando le recuerde el favor que nos debe.

Sean y Justin, frescos y descansados, nos esperan en la parte trasera. Me reciben con burlas.

—Jamás habría apostado por ti.

—Hay que admitir que me sorprende viniendo de una persona tan emocionalmente incapacitada como nuestro querido segundo.

—¡Lo más sorprendente es que Avalone haya aceptado mudarse con él!

Soporto todo tipo de burlas hasta que decido que es momento de hacerlos callar.

—Os aviso: va a llegar un momento en que no aguantaré más vuestros comentarios y mi puño irá directo a una de vuestras caras, pedazos de mierda.