17 #4
Se hace el silencio en la estancia; todos miramos a Emily con los ojos como platos. Y después los chicos sacuden frenéticamente la cabeza negando. Piden otro reto, pero la atractiva estudiante se muestra inflexible.
—Lola estará en primera línea. Seguiréis sus movimientos.
¡Joder, ese beso le ha dado una buena dosis de confianza!
—¡Ni hablar!
—¡No cuentes con nosotros!
—¡Vete a molestar a otro!
Las quejas surgen por todas partes; los Devil’s Sons se niegan a sufrir tal humillación. Así que cojo el vaso de Emily y me lo llevo a los labios con la lentitud suficiente para que puedan cambiar de opinión antes de tragarme el alcohol. Las voces se apagan; todos me miran con ganas de matarme.
—Será mejor que te lo pienses —me advierte Clarke.
—Un reto es un reto. No podemos huir, son las reglas de Justin. Bailad o bebo.
—¡Estoy a favor de dejar morir a Avalone envenenada por unos tragos de vodka! —exclama Set.
Suelto una carcajada y le enseño el dedo corazón.
Después, sin dejar de mirar a Clarke, sumerjo la lengua en la bebida.
Un aura asesina emana de él y, cuando da un paso hacia mí, lo amenazo acercando un poco más el vaso a mis labios.
Se queda quieto de inmediato. Si supiera que Emily no bebe alcohol y que, por lo tanto, solo hay agua en este vaso…
Por eso mis amigos se ríen, sin la más mínima preocupación por mi salud.
La ilusión es la única arma que tengo contra los Devil’s Sons y, ya que me creen capaz de lo peor, voy a aprovecharla.
Todo en la postura de Clarke me indica que las represalias que me tiene reservadas serán terribles, así que rezo para que su ira se apacigüe cuando entienda que mi único delito ha sido burlarme de ellos.
—¡Levantaos! —ordena a sus compañeros de fechorías.
Algunos se muestran incrédulos; otros se inclinan más bien al enfado.
—¿Lo dices en serio?
—¡Va a beber si no mueves el culo, capullo!
—Podemos dejarla inconsciente de un golpe —propone Jesse.
Clarke lo fulmina con la mirada y yo me río con más intensidad, ganándome la ira de mi familia. Ante la insistencia del segundo de los Devil’s Sons, los chicos se levantan a regañadientes.
—No me voy a mover de este sofá —nos advierte Jesse.
—¿Vas a dejar que se enfrenten a esta prueba solos? Eso sería una falta de lealtad hacia la chaqueta de cuero.
—Es ruin viniendo de ti, V.
—¡Venga, a la pista de baile! —le animo con una sonrisa traviesa.
Gruñe malhumorado y se une a los otros arrastrando los pies.
Los Devil’s Sons, con caras de pocos amigos, forman una fila horizontal detrás de mi mejor amiga. Daniel teclea en su móvil y la canción Jingle Bell Rock suena en el altavoz.
Comienza el espectáculo.
Lola da varios pasos hacia delante, con cuidado de cruzar las piernas al avanzar, imitada por los Devil’s Sons. Mis amigos y yo no necesitamos más para estallar en una risa incontrolable. Nunca habría imaginado presenciar algo así.
Mi amiga levanta una mano hacia arriba, seguida de inmediato por los chicos, y de repente dan golpes de cadera de izquierda a derecha; después hacen un movimiento circular con las caderas doblando las rodillas.
Me quedo sin aliento. Me río tanto que acabo tumbada encima de Aurora, con los ojos llenos de lágrimas. Ella está en el mismo estado. Todos lo estamos.
Los bailarines se ponen de pie y alzan los brazos por encima de la cabeza. Lola hace un nuevo movimiento circular con la cadera que los Devil’s Sons imitan. Y cuando se da una palmada en los muslos, separados de una forma provocativa, algunos la imitan, mientras otros, como Clarke, maldicen.
—¡Joder, te estás pasando!
Se colocan de lado, mueven el culo y luego giran sobre sí mismos. Justin y Ty incluso acaban sonriendo. Hacen la coreografía con esmero y empiezan a cantar la letra de la canción.
Me llevo las manos a la tripa, dolorida, y Daniel se cae del sofá de espaldas.
—¡Esta noche quedará grabada en mi memoria para siempre! —grita Jackson, doblado por la mitad.
—¡Venga, ya es suficiente! —grita Clarke, molesto.
Rompe filas y camina directo hacia mí, con aire severo. Me trago la risa de inmediato, consciente de las represalias a las que me he expuesto, y trago con dificultad. Me quita el vaso de las manos, se lo bebe de un trago… y pone cara de pocos amigos.
—¡Zorra! ¡Era agua! ¡Nos has engañado como a unos novatos!
Mis amigos y yo tenemos un nuevo ataque de risa. No conseguimos recuperar el aliento, mientras los Devil’s Sons sueltan palabrotas y me amenazan con todo tipo de muertes, cada cual más terrible que la anterior.
Todavía no han dado las doce y ya sabemos quién es el perdedor, el que tendrá que hacer la croqueta todos los días.
Justin y Ty ayudan a Daniel a subir las escaleras y lo llevan hasta el baño.
Por suerte, no vomita hasta que llega al inodoro.
Le tiendo una toalla húmeda a Lola, que la coloca con cuidado en la nuca de su novio.
El pobre está en su peor momento. Y los Devil’s Sons son los responsables de su estado.
Le tenían en el punto de mira y lo hicieron beber por cualquier medio.
Mi amiga arruga la nariz por el fuerte olor del vómito y luego se gira hacia mí.
—Vuelve con tu novio. Yo voy a quedarme aquí ocupándome del mío.
—Déjame ayudarte.
—¡Ni hablar! Me corresponde hacerlo como la buena novia que soy. Tendría menos mérito si me ayudaras.
Me río y pongo los ojos en blanco, pero le hago prometer que me llamará si surge cualquier problema. Después de asegurarme de que no necesita nada más que una toalla, le doy un abrazo.
—¡Venga, vete! Y haz muchos bebés.
—No te quepa duda.
Me dirige una sonrisa pícara y la dejo allí.
Me encuentro con Clarke al pie de la escalera, donde me espera apoyado contra la pared. Reduzco la distancia y lo señalo con un dedo acusador.
—¡Lo has hecho aposta!
—¿De qué hablas?
—¡Deja de hacerte el inocente! Lo has planeado todo desde el principio.
Querías que durmiera contigo esta noche, así que has aceptado la invitación de Daniel con el único objetivo de emborracharlo.
¡Como resultado, su novia está cuidando de él y yo estoy libre esta noche! Esto es lo que querías, ¿no?
Pestañea con inocencia.
—¡Clarke! —le regaño.
—Fue premeditado, lo admito.
Me gustaría mantener una apariencia enfadada, pero no soy insensible a los esfuerzos que hace. Y su expresión culpable lo hace irresistible.
Le rodeo el cuello con los brazos y observo sus facciones con ternura.
—¿Los Devil’s Sons estaban en el ajo?
—Son buenos soldados.
Me conmueve que se haya esforzado tanto por tenerme a su lado.
Acerco mis labios a su oído.
—Te quiero —susurro.
Su agarre sobre mis caderas se reafirma y siento los latidos de su corazón acelerarse contra el mío.
—Ven conmigo —me dice.